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lunes, 5 de enero de 2009

DÉJAVÚ



















Hoy voy a re editar uno de mis primeros cuentos, algo que escribí hace ya bastante y creo que salió bastante "redondo". Algunos de ustedes ya lo conocen, la mayoría no...es un poco largo pero igual espero que se tomen un rato y lo lean. Después me dicen si les gustó...caso contrario...pasen sin decir nada , y listo! jjajajaa




DÉJAVÙ
Mientras pensaba qué vestido ponerse para la ocasión, mirándose con autocrítica en el espejo, llegó a la conclusión que sería bueno un día de estos decidirse y comenzar algún deporte o actividad física que le ayudara a mantener su figura.

No es que estuviera gorda, pero sentía ya que el estrago que dejan los años amenazaba con llegar como suelen sorprendernos las cosas más temidas: sin previo aviso. Mientras se dejaba llevar por esas ideas se le ocurrió pensar qué bueno sería que la vida nos diera segundas oportunidades para corregir los errores que muchas veces cometemos y que determinan, sin quererlo, sucesos que marcan nuestro futuro; malas decisiones tomadas en un momento pueden condicionar en forma catastrófica virajes de la vida de los que no se tiene retorno.

Recordando una frase que hacía poco había leído en un libro de autoayuda decidió ser más positiva y concentrarse en todas las buenas expectativas que tenía para el encuentro de esa noche.

Hacía mucho tiempo que no tenía una cita, y mucho menos casi a ciegas, como sería esa. No comprendía todavía de dónde sacó coraje para aceptar la invitación de aquel hombre a quien sólo conocía por el chat. Si bien habían intercambiado algunas fotos, se sabe que en ese tipo de relación se suele no ser demasiado honesto y más de uno acostumbra a enviar fotos no muy recientes o directamente falsas, con tal de conseguir concretar un encuentro.

En un principio no quiso hacerse muchas ilusiones, pero después, una ansiedad incontrolable había ido creciendo en su interior con el correr de las horas. La foto que él le había enviado era más que prometedora, y la que ella había elegido para retribuirle, la favorecía bastante ya que la amiga que la había tomado era muy buena fotógrafa y entendía cómo manejar las luces y las sombras para disimular pequeños y grandes defectos.

El hecho que la cita fuera de noche la tranquilizaba un poco, porque pensaba que cualquier imperfección de la piel pasaría prácticamente desapercibida.

Optó por el vestido azul, no muy formal, pero elegante; no muy osado, pero provocador; lo suficiente como para crear la adecuada expectativa para un próximo encuentro. Claro que si el individuo en cuestión no resultaba ser lo que esperaba, no dudaría en mostrarse firme y no aceptar otra salida inventando cualquier excusa que no lo lastimara.

Retocó por última vez su maquillaje, tomó su cartera y se dirigió presurosa hacia la calle. Por fortuna habían decidido encontrarse no muy lejos de su casa, así que decidió ir caminando no muy ligero, para no llegar muy puntual. Siempre había sido de la idea de que hacerse esperar un poco despertaba en el hombre cierta excitación extra que podía ser muy beneficiosa.

Con paso seguro se dirigió hacia la esquina. La luna redonda y alta ya, parecía mirarla con picardía, como auspiciosa de aquel esperado encuentro.

Caminaba distraída recordando la letra de una canción que vino inesperadamente a su cabeza cuando una parejita de enamorados pasó junto a ella, y sin darse cuenta, la hebilla de la mochila del joven se enganchó en su chal dejándole un llamativo enganche en un extremo. Tuvo enormes ganas de proferir un insulto pero volviendo a recordar aquel libro de autoayuda logró controlarse y tomó el incidente con filosofía y decidió simplemente ocultar el enganche para que no se viera.

No permitió que el accidente consiguiera empañarle el ánimo y continuó su camino tratando de recordar lo más fielmente posible la foto que el hombre del chat oportunamente le enviara.

Cruzó la calle cuando una nube ocultó parcialmente la luna, que dejó por un momento de iluminar la callecita bordeada de álamos que la llevaba hacia la avenida.

Una moto que dobló casi sin mirar la obligó a apurarse para alcanzar la acera, dando un paso más largo que el habitual con tanta mala suerte que uno de sus tacos se tropezó en una baldosa levantada aflojándose peligrosamente. – Lo que faltaba! – masculló indignada, con tanta furia que casi arranca del todo el taco al darle una puntapié al aire en señal de impotencia.

Debió resignar parte de su elegancia para seguir andando con la sandalia en esas condiciones, mientras en su cabeza ensayaba mil y una maneras de contar en forma graciosa aquel incidente al hombre con el que se estaba por encontrar, consiguiendo así que el mal momento se convirtiera en una anécdota que sirviera para romper el hielo lógico del primer momento.

Se dirigía ya a cruzar la avenida cuando logró ver que su cita estaba ya esperándola en el lugar que habían acordado. Desde esa distancia se lo veía muy bien, alto y del tipo atlético, - vamos bien!- pensó casi en voz alta – quien me dice que no sea el hombre de mis sueños! deseó fervientemente mientras se le escapaba una sonrisa!

La lluvia de esa tarde había dejado grandes charcos barrosos en los pozos del pavimento. Uno particularmente grande se hallaba justo sobre la senda peatonal por donde la joven iba a cruzar cuando el semáforo le diera paso.

Ya casi se estaba por encender la luz roja cuando un automóvil que se dirigía por la avenida hacia la costanera aceleró la marcha para lograr cruzar antes que el semáforo le diera el alto; brutal e impiadosamente las ruedas de aquél bólido atravesaron el charco de agua y barro de tal manera que una impresionante salpicadura terrosa quedó sobre el vestido azul que hasta hacía un minuto era derroche de elegancia y buen gusto. La incredulidad la dejó sin habla, sin siquiera ganas para maldecir.

Recordando una frase que hacía poco había leído en aquel libro de autoayuda decidió ser más positiva y concentrarse en todas las buenas expectativas que tenía para el encuentro de esa noche.

Blandamente cerró los ojos deseando con toda el alma que el tiempo retrocediera un cuarto de hora y otra vez se encontrara contemplándose en el espejo de su dormitorio con su chal intacto, el taco de su sandalia firme y su vestido sin ninguna mancha…

Despacio abrió los ojos. Se miró atónita y complacida a la vez con la elección del vestido azul, porque no era muy formal, pero sí elegante, tampoco muy osado, pero provocador; lo suficiente como para crear la adecuada expectativa para el deseado encuentro.

Retocó por última vez su maquillaje, tomó su cartera y se dirigió presurosa hacia la calle. Por fortuna habían decidido encontrarse no muy lejos de su casa, así que decidió ir caminando no muy ligero, para no llegar muy puntual. Siempre había sido de la idea de que hacerse esperar un poco despertaba en el hombre cierta excitación extra que podía ser muy beneficiosa.

Con paso seguro se dirigió hacia la esquina. La luna redonda y alta ya, parecía mirarla con picardía, como auspiciosa del próximo encuentro.

Caminaba distraída cuando inesperadamente la letra de una canción le vino a su cabeza. Vio aproximarse a una parejita de enamorados a la que tenía la rara sensación de haber ya presentido, y con gran rapidez de movimientos cambió de mano el chal que llevaba, evitando que la hebilla de la mochila del joven se enganchara en él.

Continuó su camino algo sorprendida por la rara sensación de haber vivido ya todo aquello, mientras trataba de recordar lo más fielmente posible la foto que el hombre del chat oportunamente le enviara.

Cruzó la calle cuando una nube ocultó parcialmente la luna, que dejó por un momento de iluminar la callecita bordeada de álamos que la llevaba hacia la avenida. Anticipando que la moto doblaría casi sin mirar esperó a que pasara para luego cruzar hasta la acera de enfrente.

Sin resignar nada de su elegancia continuó su camino, mientras en su cabeza ensayaba mil y una maneras de contar algo gracioso al hombre con el que se estaba por encontrar, buscando una anécdota adecuada que sirviera para romper el hielo lógico del primer momento.

Se dirigía ya a cruzar la avenida cuando logró ver que su cita estaba ya esperándola en el lugar que habían acordado. Desde esa distancia se lo veía muy bien, alto y del tipo atlético, - vamos bien!- pensó casi en voz alta – quien me dice que no sea el hombre de mis sueños! deseó fervientemente mientras se le escapaba una sonrisa!

La lluvia de esa tarde había dejado grandes charcos barrosos en los pozos del pavimento. Uno particularmente grande se hallaba justo sobre la senda peatonal por donde la joven iba a cruzar cuando el semáforo le diera paso.

Ya casi se estaba por encender la luz roja cuando cuando un automóvil que se dirigía por la avenida hacia la costanera aceleró la marcha para lograr cruzar antes que el semáforo le diera el alto; anticipándose a que las ruedas de aquél bólido atravesaron el charco de agua y barro, la joven retrocedió lo suficiente para que la impresionante salpicadura terrosa no la alcanzara.

La incredulidad ante aquella segunda oportunidad que le había brindado la fortuna la dejó sin habla, con una enorme satisfacción por haber conseguido revertir el capricho del destino que parecía haber querido complicar aquel encuentro que ya estaba por ocurrir.

Mientras cruzaba distraída la avenida recordaba una frase que hacía poco había leído en aquel libro de autoayuda que la ayudó a ser más positiva concentrándose en todas las buenas expectativas que tenía para el encuentro de esa noche.

Absorta en sus pensamientos no vio que el semáforo ya había cambiado a verde y que un automóvil brutal e impiadosamente, la elevó por los aires haciéndola caer con terrible violencia sobre el asfalto embarrado.

Mientras sentía que la tibieza de la sangre surcaba su rostro, blandamente cerró los ojos deseando con toda el alma que el tiempo retrocediera un cuarto de hora y otra vez se encontrara contemplándose en el espejo de su dormitorio con su chal intacto, el taco de su sandalia firme y su vestido sin ninguna mancha…



15 comentarios:

LA TIGRITA dijo...

Hola Neo, por aqui visitandote desde mi blogger, aunque lo he tenido muy abandonado creo que me veras mas por aqui, te dejo saludos. Denise.

Ly dijo...

Moni...Ya no lo recordaba...
que triste por favor!!!
Pobre mujer...ojalà pudiera retroceder un cuarto de hora...se em erizo la piel, no sè si por estar mal esta noche...o pq tu hsitoria me llego al alma!!
En todo caso no paso en silencio...ehhh!! :-)

abrazos...estoy con insomnio y tengo que ir a tarbajar en la mañana...helppp!!!

Sinuhe dijo...

Monica, tu relato me ha dejado totalmente maravillado. Podría decirte que es lo mejor que he leído en las últimas semanas. Los caprichos del destino que nunca suelen dar buenos resultados en segundas oportunidades.
Me recordó la peli aquella de el día de la marmota, en el que el prota repite una y otra vez el mismo día hasta que todo lo que hace es perfecto.
Muyyyyy bueno, te felicito.

Besotes

Ardilla Roja dijo...

Tremendo!!!

Todos conocemos la ley de Murphy y es que cuando las cosas están dispuestas para salir mal, ya se le pueden dar vueltas que seguro saldrán mal.

Muy buen relato Neo.

Ankh dijo...

Déjavú ou... cuidado com o que desejas!
As coisas acontecem porque têm que acontecer, tudo tem uma razão... não vale a pena tentar mudar. O que interessa é aprender a viver com as coisas que nos acontecem e tirar delas sempre o melhor...

Fantástico conto, Neogeminis!

Abraço!!!

Penélope dijo...

Ayyy...a pesar de conocer la historia, me ha vuelto a causar una gran impresión!
Es que eres muy bueeeeeeeena! ;)


Un besito


P

Mr. X dijo...

Hola Moni!
Ya me había maravillado al leer el post original es Spaces, y vuelve a hacerlo ahora al leerlo nuevamente.
Sencillamente exquisito!
Besos!

El espejo de mi alma dijo...

Ay Moni!!, pobre mujer, por Dios!!
Pero salvando todas las cosas feas que le pasaron, quizás era obra del destino, ese hombre no era para ella. Por lo menos prefiero pensar asì de la pena que me da...
Hay dìas que uno quisiera volver el tiempo atrás y corregir alguna que otra cosita, no? Si se pudiera...
Besitos.

SHEREZADE dijo...

Muy bueno Neo..pero la pobre mujer,repitiendo una y otra vez la misma escena.Como dice mi hermano Sinu me recuerda a la película.Mira yo me hubiese dejado de libros de autoayuda y le hubiera dicho cuatro cosas a aquél joven...pero eso sería otra historia.Besos.Y pórtate bién esta noche.

ALMA dijo...

Moraleja: acepta los pequeños incidentes de la vida, no intentes cambiarlos para aparentar ser lo que no eres o ser mejor, porque siempre aparecerá alguno mayor que nunca podrás cambiar.

Saludos

LA TIGRITA dijo...

Gracias por darme la bienvenida Neo, es gradable tener por aqui a los "viejos" amigos del space de windows live, que de verdad es insoportable hacer algun cambio por alli, todo es mas complicado aunque nunca lo cerraré porque me trae lindos recuerdos y porque tengo tantos escritos e imagenes bellas que borrarlo sería un pecado.
Me dio mucha risa lo del tigre payaso jajaja, tambien de niña le tuve miedo a los payasos hombres, siempre le vi algo maligno jajajaja, cosas de niños.
Ya sabes, eres bienvenida a mi blogger, que poco a poco va tomando calor de hogar, te dejo mis saludos y nos vemos pronto.Denise.

SHEREZADE dijo...

Ya sé qwue no tiene que ver con tu entrada,pero no creo que tu deja vúhaya causado efecto en mi blog,puesto que no puedo acceder.
¡¡aahhh!!

mitomi dijo...

hola neoooo me encanto tu relato ,pero ojala que ,le dieran otra vez ese cuarto de hora,es muy triste el final....besos princesilla...inma...

Sinuhe dijo...

Si que me llegó tu relato corasón, muchas gracias por tu colaboración. Como aquí vamos adelantados te informo de que están llegando los reyes, en unas horas los tienes por tu casa. :)

smuackss

Solo yo dijo...

Andaba dando una vueltecita por tublog ,en uno de esos dias de frio invierno en que apetece mas estar sentadita leyendo que ninguna otra cosa...Me ha encantado el cuento y aun intento reponerme del final,de todos modos espero que retroceda un cuarto de hora su tiempo, aunque en la vida eso no sucede, casi nunca.
Besos

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