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miércoles, 1 de julio de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: Escaleras

Esta semana es María José, quien desde su blog, nos propone inspirarnos en escaleras para lanzarnos a escribir. Para leer todos los aportes, pasar por su Lugar de Encuentro.


LA ESCALERA ESPIRALADA

Era su primer día de trabajo y aunque la paga era poca y las tareas esporádicas y variables, haber conseguido aquel empleo le pareció providencial. Su primer encargo consistía en entregar un sobre en una oficina de un señorial edificio céntrico que siempre había querido visitar. Ubicado en una muy transitada esquina, la antigua construcción de varios pisos lucía con orgullo y distinción sus múltiples ventanales coronados por elaboradas guirnaldas. Sobre la terraza, una elegante torre con cúpula tapizada de tejas cobrizas se alzaba hacia lo alto, rematada por una esbelta aguja en la que giraba, movida por el viento, una delicada figura de ángel que parecía tocar una trompeta.

Apenas trasponer el ingreso, un portero enfundado en sobrio uniforme le indicó con desdén la escalera por donde debía ascender: el vetusto ascensor estaba descompuesto y la oficina donde debía entregar el sobre se encontraba en el quinto piso. Lejos de resultarle una contrariedad, aquella circunstancia le pareció una oportunidad para curiosear con más detenimiento los interiores de aquel lujoso edificio que en nada se parecía a las sencillas construcciones que solía frecuentar.



De blanco mármol labrado y curvilíneas barandas decoradas, la imponente escalera espiralada se elevaba majestuosa hacia un luminoso domo de vidrio que lucía límpido en el cenit. Con entusiasmo comenzó su ascendente derrotero disfrutando el espectáculo que aquellas elaboradas formas iban desplegando ante sus ojos a media que sus pies avanzaban ágiles y bien dispuestos. Manteniendo su vista hacia lo alto mientras sus manos se deslizaban sin esfuerzo por el pasamano lustroso, la cadencia de aquella escalera iba cobrando un encanto singular bajo los irreales chorros de luz que la embellecían al punto de no parecer de este mundo.  

A medida que ascendía ensimismado por las gloriosas elipses, el hombre iba perdiendo la noción del trecho recorrido. Asombrado por su despiste y levemente mareado, decidió detenerse para verificar entre qué pisos efectivamente se encontraba. Resolvió  continuar hasta el siguiente rellano y allí averiguar. Para su sorpresa, ninguna interrupción encontró alterando aquella impensada sucesión de peldaños curvos, a la ver que sus piernas comenzaban a sentir el esfuerzo.

Decidió asomarse por sobre la baranda y evaluar por el ojo de la escalera el tramo recorrido. Según sus cálculos hacía rato que debería haber llegado al quinto piso. Logró callar un grito de asombro al comprobar la inesperada distancia que lo separaba del punto de partida, muchísimo mayor de lo que suponía. La inmediata reacción ante aquella comprobación fue -por oposición- mirar hacia arriba comparando el tramo restante. Tremenda fue su sorpresa cuando corroboró que lo que quedaba por ascender resultaba ser similar a lo que en un principio estimó deberían ser unos siete pisos.


Peleando con su razón intentó no caer en el engaño de lo que –sabía- era imposible: las escaleras son artilugios simples que la arquitectura utiliza para salvar acotadas distancias en altura y de ninguna manera podía suceder que lo que no debería medir más de veinticinco metros se hubiese trastocado de repente en una altura mucho mayor. Alguna alteración de su percepción debería de haberse disparado para que, desde su perspectiva, la escalera pareciera haberse extendido inexplicablemente en su recorrido.

Decidió, pese a lo absurdo, volver a la planta baja para reintentar después el ascenso, contando con exactitud las vueltas de las curvas a medida que las iba recorriendo. Comenzó a descender apresurado sin poder controlar los agitados latidos de su corazón. Debieron pasar más de cinco minutos desde que iniciara el trayecto en rápida bajada pero lejos de disminuir, el tramo de escalones que tenía por delante  parecía dilatarse más allá de toda lógica. A estas alturas la desesperación se apoderó de él y sin ningún pudor, clamó a gritos por ayuda. Nadie pareció escuchar.

Asomado otra vez sobre la baranda helicoidal pudo comprobar, jadeante, que la imponente escalera parecía virar ahora sobre su eje con lenta y constante torsión, a modo de un sacacorchos gigante e infinito que sostenía su giro a la par que en vano él intentaba bajar o subir sus escalones. Se había transformado en una trampa sin fin de la que le resultaba imposible escapar.

Abrumado por la insólita situación, totalmente confundido, agotado y mareado por tan prolongada sucesión de giros, el pobre hombre trastabilló sin control rodando escalera abajo, golpeándose fuertemente la cabeza en varias oportunidades.

Cuando el portero del edificio lo halló sin vida al pie de la escalera, el desdichado llevaba aún asido entre sus manos el enigmático sobre que lamentablemente nunca logró entregar.

jueves, 25 de junio de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: Mudanzas

De la mano de Inma y con el tema de las mudanzas, me sumo a la convocatoria juevera de esta semana con el siguiente texto. Para leer todos los relatos pasar por su blog 




"No es posible escapar de uno mismo": éste es tanto el temor como la esperanza de la gente que se muda. ANNE FADIMAN

A medida que empaquetaba copas y platos con el cuidado que las cosas frágiles merecen, pensaba en los íntimos sucesos del pasado atados a cada una de ellas. El jarrón heredado de la abuela Clara, los platos que compró junto con su madre antes de casarse, el espejo redondo de su habitación desde donde vio reflejadas sus únicas y deslucidas experiencias amatorias… cada pieza de vidrio o porcelana que iba envolviendo cuidadosamente con varias capas de hojas de periódicos y acomodando luego en una sólida caja de cartón, resultaba ser testimonio invaluable a la hora de hacer el repaso mental que semejante decisión ameritaba. Abandonar de cuajo la vida conyugal después de tantos años construida, seleccionar e intentar apartar los malos recuerdos de los que bien merecen conservarse no era una tarea fácil, tampoco satisfactoria.

Haber llegado hasta ahí, hasta ese punto de la vida en que mirar atrás resultaba ser más un ejercicio impúdico de tristeza que el repaso de una etapa de crecimiento, no era algo que le sirviera para juntar fuerzas abriendo ilusionada las alas hacia nuevos horizontes. Aquello había sido una decisión no buscada, algo no deseado, tan solo la forzosa consecuencia de haber tenido que comprobar que lo que nunca quiso ver era totalmente cierto, que la traición de quien debía respetarla –al menos- llegaba más hondo de lo que hubiese imaginado, y partir dejando todo atrás se volvía ya inevitable.

Aunque la felicidad no resultaba ser el lazo que lamentaba romper -ya que nunca había existido- el miedo a tener ahora que repensar su vida y su propia condición la aterraba. Estaba acostumbrada a dejarse llevar, aparentando ser lo que se esperaba que fuera, siempre flotando a favor de la corriente entre quienes no tienen ya esperanza de hacer algo en esta vida más allá que sombra, bulto e intrascendencia. Sentía que la etapa de soñar había pasado ya, pisoteada por la resignación de aquella chatura gris a la que llamaba vida de hogar y en la que ciegamente había buscado refugio y protección por tantos años, por lo que a la hora de empacar, poco y nada encontraba entre aquellas cuatro paredes que de verdad hubiese sido realmente suyo, tampoco deseos vitales para rescatar y volver a encender después de tanta apatía.

Acomodando viejas fotos se encontró, de pronto, frente a alguien que alguna vez fue y ya no recordaba. Con la frente alta contemplando ilusionada un horizonte de cielos abiertos, la sonrisa franca y gestos irreverentes de niña traviesa, aquella que en otro tiempo supo garabatear unos versos aún legibles en el envés de la vieja foto, le extendía desde lejos un conmovedor mensaje:

“No digas que son los otros
la causa de tu fracaso
ni tu impotencia la excusa
para quedarte en la trampa.
Abre los brazos y salta
cuando estés frente al abismo
verás que el viento te eleva
mientras te nacen las alas
si es que te guían los sueños
...y si te alivias de cargas.”

domingo, 21 de junio de 2020

LA PLAYA DE LA VIDA



Se despierta frente al mar pero no recuerda haberse dormido. Tampoco haber llegado hasta allí. Su inadecuada vestimenta lo delata y contrasta con todo lo que tiene registrado en su memoria como apropiado: traje oscuro, camisa blanca, corbata negra y zapatos lustrados que se hunden en la arena húmeda mientras intenta, como por instinto, llegar hasta la orilla. Se descalza, la molestia es grande y quiere estar cómodo. El oleaje acuna al sol que se abre paso entre las nubes. Todo a su alrededor lo conmueve en su arrullo, lo serena, lo hipnotiza. Libres gaviotas surcan los cielos graznando hacia el infinito, invitando a sus pulmones a inspirar hondo. La sal del aire lo reanima mientras la humedad marina atraviesa su piel aún debajo de su acicalada vestimenta. La sorpresa inicial se disipa completamente. De inmediato se afloja la corbata como queriendo respirar más profundo y así atrapar con intensidad la energía vital de ese momento. Su mente se aclara dejando atrás las trivialidades, las urgencias, las tensiones, las absurdas contradicciones en las que vamos cayendo a medida que avanzamos por la vida. Su percepción busca ir más allá de los sentidos, más allá de lo aparente, esmerándose en atravesar hacia la esencia de ese extraño mundo. Se deja llevar, liviano, por los arrebolados giros del aire que eleva su alma hasta las nubes. Íntimas preguntas afloran en su interior buscando certeras respuestas. La esencia de su ser intuye que frente a ese mar confluyen todos los orígenes y todos los destinos y no será su razón quien logre dilucidar los nudos de los porqué con que se ha venido interrogado a lo largo de su existencia.

Respira. Hondo. Pausado. Profundo. Concentrado su ser en ese sencillo y esencial acto primordial. Respira. Mientras, con los ojos cerrados, la levedad de una flama vital se asoma rompiendo la oscuridad en la soledad de su corazón. Dibuja el fuego cambiantes nebulosas, difusas nubes, ondeantes galaxias de maravillosos colores descubriéndose ante él,  abriéndole camino a su espíritu. Las puertas del infinito se abren en ambos sentidos: hacia afuera, hacia la enormidad del cosmos que lo embelesa y hacia adentro, buscando la intrínseca universalidad de su esencia. Todo confluye. Todo se muestra. Todo se prepara para ser descubierto. Respira otra vez. Hondo. Pausado. Profundo. Concentrado en la determinación de su propio ritmo.

Otra vez el mar. El oleaje acunando. El viento y el sol arrullados por la paz que lo abarca y completa todo. El aroma a salitre penetrando todas las cosas. Blanquísimas gaviotas y albatros suspendidos en el aire van surcando hacia un horizonte rojizo. La luz crepuscular se filtra en su interior con cada nueva inspiración. Percibe al fin su propia identidad tal cual le fue dada en los inicios. Se descubre. Se reconoce. Dibujadas entre la bruma marina que se diluye, alcanza a divisar otras siluetas. Libres y armoniosas van caminando hacia ese mar que a todos convoca. La espuma del agua besa los pies desnudos de quienes allí se saben íntegros y protegidos. Extienden ellos hacia él sus manos, saludándolo. Leves y sinceras sus sonrisas. Reconoce miradas, algunas, nunca antes vistas. Son sus pares. Sus prójimos. Los que fueron antes que él. Los que le amaron. Los que le aman. Los que llegarán luego. Los que persisten. Entre ellos se siente vivo. Se sabe cierto. Se reconoce puro. Se confirma inmortal.


(Fotograma de la película El árbol de la vida)


sábado, 20 de junio de 2020

CIERRE CONVOCATORIA JUEVERA

Agradeciendo a tod@s quienes se han sumado con entusiasmo -escribiendo y leyendo- a esta convocatoria juevera que hoy culmina y me ha complacido enormemente conducir, cumplo con la formalidad de darle el pase a nuestra amiga Inma, quien desde su blog, será la encargada de conducirnos y proponer nuevo tema para el jueves que viene. 

Tengas tod@s una estupenda semana!


jueves, 18 de junio de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: FRAGMENTOS



Sumándome a mi propia propuesta, un delirio que surgió:


ESTIRPE

A todos, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso.  En mi caso, la revelación se produjo una tarde de abril mientras hurgaba en el desván de la casa de mi abuela, desempolvando en soledad viejos papeles, suvenires desgastados y fotos amarillentas.

Rastros fieles de épocas y rostros lejanos, aquellos testimonios se fueron abriendo ante mí con una coincidencia tan evidente que cerca estuve de pensar que en realidad, alguien o algo -con manifiesta intencionalidad- se las ingeniaba desde otro mundo en disponer ante mis ojos aquellos registros, como un abanico de piezas claves previamente dispuestos para completar por fin el rompecabezas de incógnitas que había sido -hasta aquel momento- el origen y la naturaleza de mi familia.

De lo que fuera nuestras raíces sólo conocía algunos datos genéricos, puntuales y desorganizados que poco y nada decían, más allá de lo elemental sobre mis antepasados lejanos. Sus sueños, sus conflictos, sus esperanzas, sus miedos antes de decidirse a emigrar, nada de todo eso había yo llegado a conocer hasta esa tarde en que el destino quiso que confirmara mis sospechas.

Adelantados a su época debieron partir junto con lo poco que consideraron esencial luego de malvender sus haciendas para comenzar lo que sería un largo peregrinaje debido a la incomprensión de quienes respondieron con odio y persecución a lo que sólo era búsqueda de conocimiento y reflexión filosófica. Primero partieron hacia un lugar de nombre impronunciable más allá de la frontera, más tarde cruzaron el mar, llegaron a estas tierras trayendo sólo lo esencial, lo que por fortuna hoy llega hasta mí en este polvoriento  desván como testimonio de lo que en mis genes se conserva, aguardando ser potenciado y preservado en nombre de los más elevada quintaesencia que le da sentido al alma humana.

Aquí, en estas páginas, con el encriptado trazo de quien se sabe perseguido e incomprendido por la barbarie humana, se hallan reflejadas las características de nuestra estirpe, tan temida como vilipendiada a lo largo de la historia a causa de nuestro distintivo y sobrenatural talento: escudriñar el corazón de la gente al punto de llegar a intuir a flor de piel sus más oscuros pecados, sus penas pasadas, los riesgos futuros. Una cualidad tan riesgosa como peligrosa, tan peculiar como complicada, tan angelical como demoníaca. La habilidad de percibir -como más de alguna vez me pasara sin proponérmelo y por puro temor no me animaba a aceptar y comprender- la íntima condición de las personas con sólo mirar intensamente sus manos y sus ojos y así saber con certeza, qué parte de Dios y qué proporción del Diablo se encierra en su interior… para después, si así ellas mismas lo deciden, poder sobrellevar o superar su destino mediante nuestra solícita intervención.

(para leer todos los relatos participantes, pasar por el post anterior)

domingo, 14 de junio de 2020

CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL JUEVES 18 DE JUNIO

Bienvenid@s tod@s!

Nuevamente me corresponde conducir otro encuentro juevero y esta vez se me ocurrió invitarl@s a escribir a partir de algunos FRAGMENTOS literarios de escritores reconocidos. La idea es elegir uno de los trozos que aquí les dejo y -ya sea utilizándolo textualmente dentro del texto narrado o simplemente inspirándose a partir de él- cada quien deberá armar una historia tratando de no superar las 350 palabras, evidenciando el fragmento elegido para escribir. Me avisan apenas suban su aporte y el miércoles a la tarde comenzaré a armar la lista de participantes. Para más detalles, leer las recomendaciones aquí.



FRAGMENTOS




jueves, 11 de junio de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: Cuentos de botica

Esta semana nos convoca Dorotea, desde su blog Lazos y Raices, invitándonos a aportar relatos relacionados con farmacias o viejas boticas. Para leer todos los aportes, pasar por aquí.




CUENTOS DE BOTICA

El hecho que la única botica de aquel pueblo fuera atendida por una mujer no dejaba de ser, en sí mismo, una curiosidad, pero la circunstancia de que ella fuera además, atractiva, inteligente y muy independiente, le agregaba un plus que contribuía a que el suceso fuera considerado por aquellos años como algo notorio y digno de destacar.

La boticaria en cuestión era una mujer venida desde lejos, soltera, de mediana edad y de porte sobrio y elegante que contrastaba con el semblante rústico de la mayoría de las señoras de la zona. Se destacaba sin proponérselo, aun cuando caminara por las calles sin su habitual y pulcro guardapolvo, señal inequívoca de distinción y estatus. De inmediato logró ser considerada entre los personajes más respetados del lugar, junto con el juez de paz, el médico, el jefe de estación y el intendente.

Un buen día un joven abogado arribó al pueblo desde la gran ciudad. Llegó para cobrar una herencia y se quedó instalado en la pensión cercana a la botica. De aspecto jovial, distinguido y desenvuelto conquistó inmediatamente con su simpatía y buena disposición a todos quienes lo trataron. Particularmente a la boticaria, quien quedó prendada de él apenas cruzaron sus miradas un domingo por la mañana, caminando, frente a la iglesia. Si bien ninguno de los dos tenía compromisos, la relación entre ambos se fue dando lejos de los ojos de los curiosos, quizás por pudor, quizás para preservar sus respectivas intimidades, lo cierto es que el apasionado romance se dio a escondidas, sin que nadie, ni las más conspicuas chismosas del lugar llegaran a notarlo.

Pasó el tiempo y la autosuficiencia inicial de la boticaria fue menguando, su inseguridad aumentó al paso que fueron naciéndole las primeras canas. Los primeros recelos asomaron lastimando la confianza que venía sosteniendo con su secreto amante. Las dudas sobre su fidelidad surgieron a medida que vistosas jóvenes abordaban al susodicho en los lugares que frecuentaba. La sospecha más acotada se fue centrando en la hija del panadero, coqueta ella y vivaz, de andar gatuno y pechos abundantes. De esa forma los celos se instalaron definitivamente en la vida de la boticaria, - anteriormente tan medida y segura de sí misma y ahora indisimuladamente afectada- al punto que los gritos y los cuestionamientos alejaron a su galán por varias semanas. Aguardando en soledad su regreso, angustiada por saberse ya mayor y pensando en el engaño al que su amante supuestamente la sometía, la mujer se fue transformando en alguien totalmente irracional e inseguro, imaginándose traicionada y humillada por dos jóvenes rebosantes de lujuria y pasión.

Un día, la esposa del panadero acudió a la botica solicitando un preparado para los dolores de estómago de su hija. La celosa boticaria reaccionó ante la oportunidad que se le brindaba como lo hacen las personas más desequilibradas y despechadas: sin dudarlo le agregó al fármaco solicitado una buena cantidad de arsénico disimulado con esencia de eucalipto para atenuar su olor. Los efectos del veneno fueron contundentes y la joven falleció dos días después.

La mañana del entierro acudió al responso toda la gente del pueblo. También la boticaria y el abogado, cada cual por su lado y con sus respectivos remordimientos. Fue después de la ceremonia que el abogado aprovechó para despedirse de quien había sido su amante por tanto tiempo, anunciándole su regreso a la ciudad, esta vez acompañado por la hija del médico del pueblo, con quien pensaba casarse apenas llegar.

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