Feliz Navidad 2016!

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domingo, 21 de octubre de 2018

Convocatoria juevera – COMO ARGUMENTO DE PELICULA




Hola a tod@s!

Nuevamente tengo el placer de conducir un encuentro juevero y como siempre intento no limitar la inspiración a un único tema, sino que busco generar distintas alternativas para que cada quien pueda optar por una variante diferente para escribir.

La idea que me surge es narrar historias como si fuesen argumentos de películas, por lo que cada participante deberá elegir un título de la siguiente lista y se lanzará a la aventura de relatar en forma entretenida y detallada la trama de la historia, describiendo el lugar, el tiempo y los personajes con todos los giros literarios que encuentre útiles como para sumergir de inmediato al lector en lo que sería el corazón de su película.

Acatando las normas de Tésalo, deberán intentar no excederse de las 350 palabras. Les recuerdo que la reciprocidad de lectura y comentario se da por sobrentendida entre todos quienes quieran participar. Me avisan cuando suban sus escritos.

L@s espero.

TÍTULOS PARA ELEGIR

Quien conoce su secreto
Brisa de un breve agosto
Infamia
Tan sólo un hombre
Il Capo
De extraños mundos
Recuerdos de un tiempo que ya fue
Danzando hasta que se canse la luna
La casa sobre la colina
Hora de revancha

jueves, 18 de octubre de 2018

ESTE JUEVES UN RELATO: CATÁSTROFES NATURALES

Este jueves nos conduce Pepe, quien nos propone abordar el tema de las Catástrofes Naturales desde nuestra personal perspectiva. En mi historia lo hago desde la fantasía, inspirándome en ciertas leyendas que me resultaron muy atractivas y simbólicas (Libro de Enoc). Para leer todos los aportes, pasar por su blog.




CATÁSTROFES NATURALES

Fueron los Vigilantes los que quisieron intervenir ilícitamente en la primera Historia de la humanidad, acelerando lo que en el plan de los Dioses estaba pensado para transcurrir lentamente por proceso natural y al ritmo de la simple evolución de las antiguas culturas, sin influencias externas que pudiesen alterar lo que debía fluir sin apuro. 

Y es que la observación del proceso debía hacerse sin atajos, sin mediar intervenciones extrañas o influencias avanzadas que irrumpieran en la evolución de las primeras civilizaciones. Pero la impaciencia de aquellos que sólo estaban habilitados para observar sin influir, afloró de repente y quebró la naturaleza de lo proyectado.

Aquellos Observadores primigenios no se contentaron con el rol pasivo que se les había otorgado y buscando sentirse protagonistas, queriendo asumir el papel de Dioses, hicieron llegar a los hombres conocimientos fundamentales, técnicas avanzadas  para las que no estaban aún capacitados para comprender en su verdadera magnitud.

Esa desincronización, esa interrupción del ciclo evolutivo humano proyectado fue generadora de caos y grandes tragedias. Al ser descubierta aquella osadía, la ira divina estalló contra los causantes de ese desorden colosal, y decididos a desandar el camino erróneo hacia el que había sido empujada la humanidad, los mismos Dioses que habían creado a todas las criaturas vivientes, decidieron enviar como correctivo un gran Diluvio que pusiera en su lugar las cosas, preservando un puñado de individuos de cada especie y retrotrayendo así la situación a su estadio previo.

Era el castigo para los que pretendieron contrarrestar la Voluntad suprema alterando los ciclos naturales. Si bien algunos Vigilantes lograron escapar a la fuerza inaudita que alcanzaron por ese entonces las aguas, inundando casi toda la superficie terrestre habitable, fue muy efectiva la manera que idearon los Creadores para imponer su voluntad.

Es por eso que aún -de vez en vez- cuando la estúpida soberbia humana consigue igualar la que en aquel momento demostraron tener los inescrupulosos Vigilantes, los Dioses deciden hacernos recordar lo sucedido invocando la destemplanza del rayo y de los vientos o la descontrolada furia de las lluvias y las olas. Es su manera de hacernos reflexionar sobre lo que venimos destruyendo sin piedad, en nombre de nuestra propia impericia al contrariar las reglas de la Madre Naturaleza.

jueves, 11 de octubre de 2018

JUEVES LITERARIOS: FINAL DE VERANO

Esta semana Molí nos propone escribir sobre el final del verano, mi aporte se extiende un poco más del total de palabras sugeridas, espero sean tolerantes. 
Para leer todas las historias participantes, pasar por su blog.

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Imagen https://micordobaargentina.blogspot.com/2013/08/sierras-de-cordoba.html


FIN DE UN VERANO

Sabía, desde el inicio, que aquel último verano compartido con mis tíos y primos en su casa de las sierras, sería muy especial. Ese mismo año había terminado de cursar en el instituto y mi estreno en el mundo laboral sería inminente. El paso de la breve adolescencia de aquellos  tiempos hacia el mundo de la adultez se adelantaría en mi caso, ya que la ajustada economía familiar necesitaba que yo, el mayor de cuatro hermanos, me independizara con cierta premura.

Esa presión intrafamiliar, ese desconocimiento de lo que pronto vendría, si bien no me angustiaba en demasía -ya que la contención y tolerancia de mis padres seguía siendo indestructible- sí comenzaba a ser un picor agridulce que se me iba instalando en la boca del estómago  preanunciando una nueva etapa en mi vida, etapa incierta que lograba alterar mis últimos sueños veraniegos en aquel paisaje serrano archiconocido, atado a mi alma en su fresco verdor desde mi primera infancia. 

Las largas caminatas trepando hacia las cumbres, las arriesgadas cabalgatas entre senderos escurridizos, las zambullidas en los arroyos caudalosos, las largas guitarreadas con amigos alrededor de esas inolvidables fogatas nocheras, estaban prontas a ser guardadas para siempre entre los tules de la nostalgia. Esa noción de la tristeza próxima y definitiva se me instalaba en el corazón por primera vez, sin hallar cómo disimular las lágrimas.

Faltaban aún tres días para nuestro viaje de retorno cuando la conocí. Increíblemente nunca antes la había sentido nombrar entre mi grupo de amigos serranos, si bien ella era tan nativa de aquellos lares como el más atorrante de mis estivales compinches. El motivo por el que jamás antes nos hubiéramos cruzado era el marcado apego al mar por parte de su familia: todos los veranos, con precisada justeza, partían hacia la costa marplatense apenas descorchadas las sidras navideñas y recién retornaban ante el inminente inicio de clases, justo a tiempo para preparar útiles y guardapolvos. Esta vez nuestras fechas habían coincidido y allí estábamos por primera vez, frente a frente, obnubiladas las miradas por el marcado fragor de nuestros corazones juveniles que recién se descubrían. Su rubia cabellera ondulada aún parecía sostener algo de la espuma del mar que hasta ayer cubría sus curvas apenas estrenadas. Aún siento patente la envidia que me dieron esas olas, imaginándolas acariciar su piel bruñida.

Ese encuentro fue un camino de ida que aún, pese al paso de los años, felizmente no ha tenido retorno: junto a su lado me quedé, terminando el que fuera aquel inolvidable verano, para allí luego transcurrir otros diez -maravillosos también- con sus correspondientes primaveras, inviernos y fantásticos otoños.

jueves, 4 de octubre de 2018

ESTE JUEVES UN RELATO: RITOS INICIÁTICOS

Esta semana Juan Carlos nos propone hablar de Ritos iniciáticos. A falta de inspiración fresca, para participar en su convocatoria recurro a la segunda parte de una historia narrada en tres capítulo que alguna vez subí completa a este blog y que de alguna manera responde al tema, ya que habla del inicio de la vocación chamánica de un joven, integrante de una perdida civilización aislada en la selva. Para leer todos los textos jueveros de esta semana, dar clic aquí


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(imagen tomada de Panorama Cultural)


EL APRENDIZAJE (segunda parte de mi trilogía El mensajero de los Dioses)

Varias lunas han pasado desde aquella, la primera vez en que la piel del jaguar mostraba sus enigmas bajo las estrellas.

En este tiempo el joven ha recorrido uno a uno los caminos ya andados por su abuelo. Se reencuentra con las señales que el viejo chaman dejó, sutilmente disimuladas entre la espesura de la selva. Va descubriendo e interpretando a su tiempo, cada secreto guardado, cada símbolo escondido, cada signo develado.

Recolecta hierbas, cortezas, piedras, plumas de aves de las más variadas especies. Desentraña las simientes de arbustos y enredaderas. Corta hojas y tallos dejando sangrar la savia que brota de ellos. Se sumerge en aguas profundas, se hace uno con la tierra, escudriña ávido las estrellas.

Cae en místicos trances, vaga por soñadas praderas. Se eleva en vuelo sin despegar sus pies del suelo y se inunda del aroma a tierra, a vida, a jugos perpetuos.

En su búsqueda incesante crece por dentro, tanto o más de lo que su cuerpo madura en experiencia, en magia, en conocimiento, en hallazgos de certezas.

Acompañando todo ese proceso de reencuentro con los secretos de sus ancestros, la piel del jaguar lo escolta siempre. A modo de capa cruzada sobre sus hombros desnudos, los enigmas que persisten sobre el mensaje de sus manchas continúan esperando el momento de ser descifrados. Ya llegará la hora. Será cuando deba ser. No antes.

Mientras se intensifica su aprendizaje su presencia y sus actitudes resultan ser más enigmáticas para la gente de la aldea. Si bien su ya clara pertenencia a la estirpe de los chamanes es innegable y como tal, es respetado, su persistente inclinación a la introspección y al casi total alejamiento del resto de la gente hace que muchos de ellos, quizás por celos, quizás por miedo, comienzan a mirarlo con desconfianza.

Recorriendo la espesura de su selva se encienden las voces interiores que van respondiendo a sus interrogantes.

Bajo sus pies descalzos, la tierra, las hojarascas, la hierba, los insectos… la vida. Rozando el resto de su cuerpo, a su paso, ramas, hojas, flores, brisa, sol, polen, aire, aromas… más vida.

Sus ojos escudriñan con sigilo y meticulosidad cada árbol, cada arbusto, cada pájaro, cada fuente, cada piedra, cada escarabajo, cada grano de arena… la diversidad de la existencia.

Su olfato logra percibir cada aroma que el viento transporta. Los identifica, uno a uno, logrando que hasta sus poros presientan la presencia de cada ser vivo de la selva.

Su agilidad aumenta, la delicadeza de sus movimientos se confunde con el aire. Su sigilo logra ser tan agudo, que las hojas que encuentra a su paso casi ni advierten su presencia.

Parecería que hasta la plasticidad del propio jaguar, cuya piel lo cubre por su espalda, ha logrado traspasar su propia piel, logrando que su cuerpo se haya asimilado completamente al del animal.

Llega la noche y la luna realiza otra vez el embrujo que aquella primera vez lo encandilara.

Mientras la magia del plenilunio actúa, sus sentidos se agudizan más aún, su tacto, su vista, su olfato, su instinto primordial penetran la noche con la seguridad de quien recorre sus propios caminos. Nada le es ajeno. Todo pasa a ser parte de su propia identidad.

Logra sentir la unidad que comunica todo lo creado, incluido su propio ser que no es más el de un simple hombre… ha adquirido la conciencia de chamán, sin siquiera buscarla.

Comprende ahora, sin asombro, que su propio abuelo fue quien se fundió con el jaguar. Debía ser necesaria su muerte para que lograra transmitirle todo su conocimiento, y el jaguar fue el instrumento, no ya el mensajero.

Su inquietud y persistencia para lograr descubrir lo que su significado entrañaba, lo impulsaron para ahondar en su propia sensibilidad, su capacidad de observación, su búsqueda interior, logrando hallar el hilo conductor que une a cada ser con todo lo creado.

Como chamán, su propia identidad había ahora transmutado, logrando ser uno con aquel jaguar que fue también su abuelo, que es la luna, que son los dioses, que es la misma creación. Y con en esa transformación… el conocimiento. Allí estaba. En él… y debía transmitirlo.

Comprendió que no sería su propio pueblo el destinatario de su mensaje. La certeza que el mundo es mucho más extenso de lo que su gente ha conocido desde siempre le atravesó su mente y su corazón y trasponer las barreras infranqueables de los acantilados más remotos, esos que han sido por generaciones los límites de su particular universo, pasa a ser ahora su prioridad y compromiso.

viernes, 28 de septiembre de 2018

ESTE JUEVES UN RELATO, Línea 20

Esta semana Mag, desde su Trastienda, nos propone narrar incluyendo la línea 20 de una pagina cualquiera de algún libro que caiga en nuestras manos. En mi caso, a partir de la frase subrayada en el cuento Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges he intentado armar una ficción tratando de no pasarme de las 350 palabras. Para leer todos los textos participantes, dar clic aquí.


LA LÍNEA 20

Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Supo enseguida la hora porque se fijó de inmediato en su reloj pulsera. La cama en la que se encontraba tendido no era la suya, como tampoco lo era el cuarto del que fue adivinando las paredes desnudas y el piso helado. La única luminosidad en medio de la despojada oscuridad penetraba por un ventiluz enrejado que se encontraba demasiado alto como para obtener más datos del exterior. Se  sentía obnubilado, desconcertado e inconsistente. Su mente perdida, como si le fuera totalmente ajena. No conseguía ubicarse en tiempo y espacio y por más que lo intentaba, no lograba determinar ni dónde estaba ni cómo había llegado allí. Palpó su cuerpo como por instinto y la sensación que percibía al hacerlo era como si toda su carne hubiese estado anestesiada por mucho tiempo y recién en ese momento, luego del involuntario sobresalto, comenzaran a recircular sus fluidos vitales.

A medida que intentaba aclarar sus pensamientos algunos detalles comenzaban a percibirse dentro de la penumbra. Logró distinguir un pequeño espejo, iluminado por un débil haz de luz.

Se incorporó al borde del camastro moviendo sus extremidades muy lentamente, ansiando vencer el pétreo entumecimiento que lo embargaba. Después de varios intentos fallidos logró ponerse de pie, luchando para que sus piernas no se doblaran ante su propio peso. Torpemente se dirigió hacia el espejo sobre el muro, ya que seguía siendo el único detalle perceptible de su entorno que alcanzaba a ubicar con cierta nitidez. Sin pensarlo demasiado se acercó a la superficie espejada, esperando encontrar un rostro mucho más sórdido que su habitual mañanero, ya de por sí hinchado y marmóreo.

El espanto fue mayúsculo. Una especie de máscara cadavérica informe adherida a su cráneo con torpes costuras quirúrgicas reemplazaba la que fue su cara y las cicatrices recientes -algunas aún sangrantes- demostraban a las claras que el perverso cirujano que allí había actuado no había tenido ninguna intención de hacer un trabajo pulcro y prolijo, más bien todo lo contrario. Sintió la poca sangre que le quedaba helarse de terror, mientras un grito inconsolable atravesaba su garganta emulando aquél del pájaro que lo había despertado.   

jueves, 6 de septiembre de 2018

ESTE JUEVES UN RELATO: CON EL PIE IZQUIERDO

Esta semana Mujer Virtual nos propone escribir sobre esos días nefastos en que todo parece salir mal. Mi relato es ficcional, como casi siempre y esta vez me excedí bastante, por lo que pido disculpas, pero no lo pude acortar sin que se perdiera esencia. Para leer todos los relatos participantes, pasar por aquí.


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(imagen tomada de la red)



UN DÍA NEFASTO

Esa mañana todo parecía verse mal, más oscuro, más descascarado. Si bien desde siempre la casa en que nació y creció fue tal cual la percibía en ese momento, fue justo ese día en que tomó conciencia que vivía en un lugar lúgubre y maloliente. Pero sus prioridades eran otras y tratando de no darle demasiada importancia a la confusa sensación que presintió apenas abrir sus ojos, desperezándose  sin apuro se lanzó a la incertidumbre diaria de buscar sustento. No eran muchas las opciones que podían presentársele a un muchacho como él, sin ninguna preparación, sin más destreza que su ingenio, siempre al borde de lo marginal, rodeado más de delincuentes que de gente trabajadora.

Raspando lo que quedaba en el tarro de yerba se preparó media taza de mate cocido y enseguida se montó en su vieja patineta, esa que una vez encontró abandonada junto a un contenedor de basura en  un barrio del centro y que a estas alturas dominaba con lujos y agilidad. A toda velocidad, esquivando las delgadas chapas que cubrían el pozo profundo que quedó con los hierros a medio asomar después que su vecino -don Lázaro- suspendiera la construcción, se fue por el barrio buscando alguna changa. Nada de lo que se le ocurría tuvo buen resultado.

Escuchando sus tripas sonar, decidió terminar la tarde con algo que pudiera manotear por la zona de quintas. Con su patineta bajo el brazo, tuvo la intención de robarse alguna mandarina, cuando de repente un ruido fulminante lo detuvo en seco. Pensó que un disparo era demasiado para intimidar a un potencial ladrón de frutas, por lo que enseguida supuso que el tiro no era para él. 

Tal como lo pensaba fue de otro el pecho atravesado por la bala aunque si resultó ser el propio quintero el disparador. El cretino se tomó todo su tiempo en vaciarle los bolsillos al fulano antes de tirarlo al aljibe, seguro y confiado de que ningún testigo habría de aquel asesinato. Pero se equivocaba, había uno, y era él… el mismo al que se le erizaban los pelos de la nuca al darse cuenta que el asesino lo había visto y ahora avanzaba decidido, buscando hacerse de un segundo muerto.

Durante los primeros cien metros de su carrera se sintió seguro, pensando que su juventud le daría ventaja, pero la ilusión no tardó en esfumarse cuando vio que la persecución seria en camioneta. Los tendones de sus piernas parecían rompérsele por el supremo esfuerzo mientras sentía su corazón agitado sobresaliéndole del pecho. Cuando al fin pudo llegar al pavimento, sintió que era una fortuna conservar todavía bajo el brazo su patineta, por lo que sin casi detenerse saltó con desesperación sobre ella y comenzó a impulsarse con toda la habilidad que mil años de andar por la calle le habían dado. 

No tenía en claro hacia dónde dirigirse, su mente se dividía en intentar buscar un refugio seguro y saltear con rapidez todos los obstáculos que se le iban presentando. Ninguna de las maniobras que intentó para perder a su cazador dieron resultado: cuando no pudo ya seguir en camioneta, comenzó a correrlo a pie ¡Y era rápido el desgraciado!

De repente se encontró frente a su propia casa. Se le ocurrió entrar, escapar por los fondos saltando hacia la otra calle y después perderse por la estación de tren. Muchas veces lo había hecho y sabía el camino de memoria. La oscuridad total del lugar jugaría a su favor. Sin tiempo para decidir o mirar atrás, atravesó a mil por hora el pasillo de entrada sintiendo que su perseguidor lo seguía cada vez más de cerca. Con la destreza irreflexiva de quien no tiene qué perder, saltó los casi dos metros de chapas flojas como si volara, maniobra ésta que seguro fue un inútil alarde a los ojos de su perseguidor.

Un minuto después, chasquido y grito fueron al unísono. Aterradores ambos, por la velocidad con que los curiosos aparecieron luego que se corriera la voz que un desconocido armado con pistola terminara atravesado por los hierros -esos que quedaron después que don Lázaro suspendiera la construcción-

De la destreza suprema del muchacho de la patineta, esa noche nadie habló.

jueves, 30 de agosto de 2018

ESTE JUEVES UN RELATO, Un lugar mágico

Sumándome a la propuesta juevera que esta semana nos hace Inma, desde su blog MOLI DEL CANYER. Para leer todos los relatos participantes, dar clic aquí.




UN LUGAR MÁGICO

Los ojos absortos en el verde primaveral de las hojas nuevas. La tenue brisa fresca trayendo perfume de lejanas tierras que su espíritu ansioso desea pronto recorrer. El rumor del agua que baja sin apuro hacia los valles inferiores. Los prados inmensos salpicados del rojo de las leves florecillas que parecen danzar invitándolo a su festejo. Se sumerge allí decidido y con placer, embelesado en ese íntimo instante percibiéndose uno con la fecundidad de la tierra y la naturaleza.  Se siente feliz, leve, ilimitado y poderoso, libre en el más amplio sentido de la palabra.

La inmensidad de su éxtasis es sólo comparable con la secreta satisfacción que le produce lograr sentirse así más allá del dolor y la desesperanza que le rodea: rotas las cadenas de su prisión a pura fuerza de voluntad, trascendiendo el encierro de esos muros húmedos y malolientes que lo hunden en la oscuridad perpetua, sumergido entre sus propias heces y la de otros tantos desahuciados sin futuro y sin nombre, el prisionero  decide seguir peleando con el único poder que aún lo sostiene: la libertad que alcanza su espíritu gracias a la fuerza de su imaginación.

jueves, 23 de agosto de 2018

ESTE JUEVES UN RELATO: De corbatas y pañuelos

Esta semana la amiga Rhodea conduce nuestro encuentro juevero y nos propone escribir un relato libre, cuya única condición es que en él aparezca una corbata o un pañuelo. 
Para leer todas las contribuciones, pasar por su blog.


Mi aporte: 



CORBATA

Odiaba sus trajes oscuros, sus camisas inmaculadas ostentando pulcritud y opulencia. Sus pañuelos al tono asomándose en tres picos cuidadosamente ubicados en aquel bolsillo inútil que atildaba a cada rato, sobre ese lugar preciso en el que debiera haber corazón y en cambio sólo portaba, de vista a la sociedad, una formalidad heredada que constantemente aggiornaba para asimilarse a los usos de su selecto entorno, ese gentío vacuo en el que registraba su identidad buscando ser respetado.

Pero de todos aquellos atributos de sobriedad reforzada, lo que ella más detestaba eran sus infinitas corbatas. Decenas, muchas, iguales, aunque -por detalles- diferentes: a rayas, lisas o con pintitas, de seda o rayón, rasadas o con más brilloso acabado. Allí estaba su tarjeta de presentación, su símbolo de jerarquía, su sello, su reafirmada hipocresía. Además de su cuello, las corbatas llevaban atado siempre el rastro de su perfume, ese vaho acre y persistente que sobrevolaba los ambientes por los que transitaba aún bastante después de haberse retirado.

Junto a su voz impostada,  aquellos lazos de tela decorada eran lo que más reflejaba su falsa corrección. Con cuidadosos gestos estudiados solía reubicar de memoria el nudo, centrándolo rigurosamente en virtud del botón del cuello de la camisa, a la vez que aprovechaba la oportunidad para mostrar -como quien no quiere- los brillos del costoso anillo con piedra negra que llevaba en su anular. 

Días y días contemplando gratuitamente sus ceremonias fatuas, su falsa modestia, su decidido e inocultable desgano al tratar a sus subalternos. A esas alturas ella, tipeando sin parar en el rincón más oculto de la oficina -observándolo siempre sin ser notada- ya le conocía cada una de sus mañas a la hora de inventar evasivas, mientras -con descaro- él simulaba sentidas excusas para escapar de lo que consideraba intrascendente en su carrera desembozada de especulación y ascenso.

Siempre había podido adivinar con mucha anticipación sus reacciones, sus escurridizas salidas, sus mentiras obscenas. Pero esa última vez logro sorprenderla. Tenía que reconocerlo.

Jamás hubiese sospechado aquel desenlace. La posibilidad que algún día -abrumado por las consecuencias de su espuria vida- el tipejo tuviera que huir cobardemente, siempre había estado dentro de sus consideraciones… pero el hecho que decidiera matarse ahorcándose en su oficina con la más cara de sus corbatas, jamás llegó a cruzar por su cabeza.

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