Feliz Navidad Bloguera!

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

ESTE JUEVES UN RELATO: OBSESIONES



* basado en una historia real

Siempre fue puntilloso en extremo para los detalles. Su obsesión mayor era lograr que cada pieza pareciera conservar la vida que alguna vez había contenido. Para lograrlo, había desarrollado cuidadosas técnicas de disección y rellenado que recreaban a la perfección la voluptuosidad de las musculaturas vigorosas, la tersura de la epidermis más delicada, el brillo de las pupilas diáfanas y vitales.  

Debido al grado extremo de naturalidad buscado en cada una de sus obras, su renombre como taxidermista había sobrepasado el pequeño círculo de entendidos y hasta había sido entrevistado más de una vez por el principal diario local. Su calidad como profesional se igualaba al altísimo rigor organizativo con el que lograba concretar cada uno de sus proyectos – que siempre resultaban ser originales y arriesgados – Pero el que entendía era su mejor logro y mantenía bajo estricto secreto, resultaba ser la fórmula de una solución muy particular con la que conseguía preservar los cuerpos flexibles por muchísimo tiempo, libres de toda corrupción, siempre y cuando la misma comenzara a aplicarse cuanto antes, inmediatamente sucedida la muerte del espécimen.

El amor y la obsesión por su bella y devota esposa no eran menos que la dedicación por su trabajo. Desde que la conoció, se enamoró perdidamente, adorando cada uno de sus rasgos y aún sus sutiles imperfecciones. 

Pero la felicidad les sonrió apenas unos años, ya que una enfermedad definitiva atacó a la joven mujer coartando su esperanza y su destino. La sola idea de tener que vivir sin su compañía hizo que el hombre se sintiera también morir. Por ese motivo apenas el taxidermista presintió que la dolencia de su esposa iba llegando a su conclusión fatal, entremezcladas con los medicamentos que la mujer venía tomando, decidió suministrarle pequeñas dosis de su solución embalsamadora secreta, para que la misma fuera actuando con tiempo, preservando para la inmortalidad la delicada belleza que aún conservaba intacta, pese al desgaste provocado por la larga convalecencia. Si la muerte iba a arrebatarle la vitalidad de su amada esposa, él conservaría incólume al menos el cuerpo que la contenía.

La anunciada muerte no llegó de inmediato, por lo que el suministro del fluido momificante se extendió por varios días, actuando lenta y convenientemente para que el resultado final de la que sería sin dudas su obra maestra rayara la perfección que él siempre estuvo buscando para sus trabajos. Al fin sus dos obsesiones mayores concluyeron en un único y magistral objetivo: el cuerpo de su mujer estaría para siempre junto a él, haciendo gala de la excelencia profesional que al fin lograra como taxidermista.


Más relatos y obsesiones jueveras, en lo de Leonor

lunes, 17 de noviembre de 2014

CONTANDO LAS SEMANAS EN 52 PALABRAS: Palabra 47, Infinito

Esta vez, traigo un muy breve aporte, extraído de un poema con el que hace tiempo intenté reflexionar sobre nuestra temporalidad vivencial. Más textos sobre el infinito, en lo de Sindel.


¿Qué cosa somos
más que momentáneos
puntos de conciencia
en el infinito?

sábado, 15 de noviembre de 2014

TARJETA NAVIDEÑA 2014



Sin que casi nos hayamos dado cuenta, se voló otro año y estamos cercanos a vivir otra navidad. Como ya es costumbre, pretendo organizar otra vez la confección de la ya tradicional tarjeta navideña bloguera, para lo que los convoco a sumarse con su foto si quieren ser parte del proyecto. Si bien aún no tengo definido cómo será el diseño de la de este año, les pido que me vayan enviando sus fotografías con tiempo, para ir trabajando sin apuro y ordenadamente.

Les ruego que las fotos sean más o menos actualizadas (si puede ser, distintas a las que me enviaron en anteriores oportunidades, así variamos jejeje) con buena definición y a color, como mínimo que sean de medio cuerpo -de la cintura para arriba, obvio– y si gustan, llevando algún elemento navideño distintivo (gorro, adorno, etc). Para los tímidos, se admitirán rostros semiocultos siempre y cuando se advierta una intención graciosa que lo justifique =)

Les pido encarecidamente que acompañen las fotos CON SU NOMBRE Y/O SEUDONIMO Y URL DE SU BLOG, para facilitarme luego el enlace de la lista de participantes con sus páginas web. Sería lindo que esta vez superemos la cantidad de bloguers del año pasado, que, si mal no recuerdo, rondaban los 50.

Espero se entusiasmen nuevamente con la propuesta que, aclaro, se extiende  A TODOS LOS BLOGUEROS que quieran sumarse (no sólo los jueveros o gente del círculo cercano que suele visitarme). Me parece que éste resulta ser, a la vez que un ya clásico evento de salutación e intercambio de fin de año, una buena oportunidad para extender sus círculos de contactos dentro de la web.

Hecha formalmente la invitación, les reitero mi dirección de correo moni_fr_123@hotmail.com donde deben enviarme sus fotografías con sus datos blogueros.

Desde ya, gracias, y espero que logremos una muy buena cuota de participación.

P. D
Hay propuestas para que, además de la tarjeta, se arme un video con todas las imágenes recibidas, pero por ahora eso queda como posibilidad pendiente. Les aviso luego si se concreta.

P.D 2
Fecha máxima para la recepción de fotos: 15 de diciembre

jueves, 13 de noviembre de 2014

ESTE JUEVES, UN RELATO: Supersticiones

Este jueves nos convoca María José, para leer más relatos sobre el tema, pasar por su blog.





Sólo en dos puntos no coincidían: en fútbol y en el tema de las supersticiones, y ambos los utilizaban como motivo para hacerse bromas  y afianzar su compañerismo. Por lo demás, eran excelentes agentes de policía que, confiando ciegamente uno en el otro, eran capaces de sobrellevar los duros trances por los que su profesión los hacía transitar.

Pero a veces a Marco se le iba la mano en provocar a su compañero y conseguía sacarlo de quicio. El apego que éste sentía por las cábalas para intentar mantenerse a salvo de peligros y malos efluvios, hacía que muchas veces Marco se dejara llevar con sus incitaciones y lograra ponerlo realmente nervioso. Como esa mañana que debían patrullar por primera vez aquella zona en la que la violencia solía estallar a cada paso en reyertas y agresiones.

Apenas asignado el nuevo recorrido, Marco notó que su compañero iba reforzando su acostumbrada estrategia de refrescar cábalas y amuletos durante el camino, para reafirmar con el destino esa especie de pacto de no agresión que desde siempre promulgaba, mediante el cual él remarcaba su sumisión con gestos de buenos augurios y la buena suerte respondía en concretar su protección sobre ambos.

Marco, con su acostumbrada sorna mañanera, se ocupó de distender las tensiones burlándose de las creencias de su compañero y amigo haciéndole tanto reír, como reafirmar sus convicciones. Pero se dio cuenta que había pasado la raya de las chanzas inocentes cuando notó que su compañero ya llevaba el ceño fruncido y reaccionaba con marcada agresión a cada una de sus nuevas provocaciones.

Quizás fue el último gato negro al que Marco obligó a cruzar por delante de su trayecto, o aquella escalera que insistió en atravesar impunemente por debajo. Quizás haya sido aquél empujón que le prodigó a su amigo como gesto conciliador y en cambio, le hizo caer la cruz de ruda que llevaba en su bolsillo y que, para colmo de males, pisoteó sin querer… pero después de esos incidentes la buena conexión que los unía pareció desaparecer bajo la inseguridad de su compañero, que, sin dudas, asumía que el cinismo de Marco conseguiría quebrar el pacto de no agresión que él venía logrando entretejer con la buena suerte.

Atravesando un descampado y en silencio, los dos compañeros eran conscientes que en aquel territorio de marginales y delincuentes era fundamental que la buena sintonía entre ambos restableciera el ajustado equilibrio de profesionalismo y confianza que, como equipo, acostumbraban obtener.

Mientras Marco cavilaba preocupado por el asunto, algo entre los yuyos de aquel terreno llamó su atención: un lustroso trébol de cuatro hojas lucía su esplendor de buen augurio entre los restos de basura y excremento que los pies de los policías  venían esquivando. Sin meditarlo demasiado, decidió que ese sería una buena ofrenda de reconciliación para obsequiarle a su supersticioso compañero de patrulla, por lo que de improviso se agachó para recogerlo.

El estruendo pareció quebrar hasta la sutil estructura del aire que los rodeaba. Sin que tuviera tiempo para reflexionar vio caer a su compañero junto a sus pies, con los ojos en blanco y la sien atravesada por la bala que vino desde su izquierda, justo desde donde él se encontraba y que, de no haberse agachado a recoger aquel trébol de buena suerte, ahora estaría sin dudas alojada en su cabeza en lugar de estarlo dentro de la de su amigo, quien, con tanto esfuerzo y dedicación, había venido luchando infructuosamente para desbaratar, con sus amuletos y especulaciones, las caprichosas consecuencias que el destino fuera armando -quizás hasta con burdo placer- hacia ese desenlace fatal. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

CONTANDO LAS SEMANAS EN 52 PALABRAS Palabra 45: Libertad

LIBERTAD CON LÍMITES (nueva versión)





Los límites
de mi libertad
son bien claros,
precisos: 
se inician
en mi identidad,
en mi condición de ser,
por el mero hecho
de haber yo nacido.
Se extienden,
en tren de igualdad,
hacia los demás,
aunque por fuera
seamos todos distintos. 
Culminan,
con justa equidad
en el mismo punto
donde da comienzo
la libertad, 
tanto de amigos
como de enemigos.


Más palabras sobre la libertad en lo de Sindel

viernes, 7 de noviembre de 2014

ESTE JUEVES -POR AYER- UN RELATO: El abc de la Dimensión desconocida

No quise dejar de participar en la convocatoria que este jueves nos hace Yessy, aunque más no sea con una re edición.





UNA EXTRAÑA SENSACIÓN

Había algo que no encajaba. No sabía qué, pero algo estaba mal. Quizás esa extraña sensación en las cercanías de la boca de su estómago, quizás esa sequedad inusual en sus manos…

La noche anterior había cenado solo. Comió mal, apenas logró encontrar sobras en una heladera tan desierta como su cama y antes de acostarse la soledad lo atrapó sin piedad entre los pliegues de las sábanas gastadas.

Esa mañana se mostraba más fría que lo habitual para esa época del año. El sol ya estaba alto sobre el horizonte pero no lograba sentir la tibieza matinal que solía endulzarle los prolegómenos de sus días. Esa breve sensación que precedía a las que siempre resultaban ser ingratas jornadas laborales tras su escritorio poblado de pilas de facturas esperando ser despachadas.

Mirándose en el espejo del ascensor no lograba reconocerse. Algo en su mirada le producía la extraña sensación de hallarse frente al reflejo de un desconocido. Una inmensa vacuidad interior descendía desde su garganta haciéndole presentir que un hecho extraordinario había sucedido o estaba a punto de acontecer. Quizás sólo fueran suposiciones suyas pero en su interior despoblado ya de sueños y expectativas lograba percibir que algo en su entorno estaba cambiando, o quizás lo que había cambiado fuese él mismo y aún no lograba entender de qué se trataba.

Ensimismado en sus pensamientos se dirigió como todas las mañanas hacia el kiosco de la esquina. Miró impávido los titulares de los principales diarios, como de costumbre. Como de costumbre no lo sorprendieron los títulos catástrofe sobre hechos de violencia y guerras lejanas.

Pese a esmerase en intentar reconocer como habituales las cosas y la gente que lo rodeaba, esa rara sensación que lo embargaba crecía más y más a medida que avanzaba hacia su trabajo y el tiempo parecía estirarse a su alrededor como un chicle pegajoso.

Sobre el empedrado sucio de las callecitas malolientes esa mañana sus pasos no sonaban como todos los días. Aunque no lograba entenderlo, algo en su andar le resultaba ajeno, irregular, distinto. La gente misma, que iba y venía como todos los días apurados por sus urgencias, parecía ignorarlo, cruzando frente a él con displicencia, como si no lo notaran, como si de improviso habitara un mundo paralelo en el que él resultaba ser menos que una sombra.

La ansiedad por llegar a su oficina y sentarse al fin frente a su acostumbrado nido de papeles le resultaba sospechosa, extrañamente reconfortante. Saberse protegido entre los rincones de su rutina en ese momento se le antojaba más que agradable, quizás hasta imprescindible. Intentando infructuosamente mirar a los ojos de los eventuales transeúntes con los que casi se tropezaba, no hizo más que confirmar lo que estaba sospechado desde el momento en que comenzó a sentirse hueco por dentro, deshabitado, fatuo, ajeno: algo a su alrededor –o en su interior – (no lo sabía aún con precisión), había alterado su relación con el mundo y aunque pareciera irreal, tenía la convicción que pronto iba a lograr dilucidar de qué se trataba con exactitud.

Al fin el temor se apoderó de él. Un frío inmenso lo recorrió íntegramente desde la base de la nuca a lo largo de toda su espalda. Intuyó que la verdad estaba a punto de estallar frente a sus ojos y supo también que esa verdad le iba a doler.

Mala señal fue ver a Molina revolviendo impunemente los cajones de su escritorio. Peor aún fue lo que presintió cuando escuchó cuchichear, irreverentes, a las chicas de contaduría mencionando una y otra vez su nombre frente a él, como si nada. Terrible sensación fue la que lo traspasó cuando otro de sus compañeros, haciendo un guiño y señalando su escritorio ya vacío de expedientes y papeles comentó con sorna –“lo vamos a extrañar”-

Pálido se quedó –más aún de lo que ya imaginaba estar-cuando de reojo logró ver en el diario que leía su jefe, entre los obituarios del día, su propio nombre junto a la fecha de su reciente defunción.

lunes, 3 de noviembre de 2014

CONTANDO LAS SEMANAS EN 52 PALABRAS: Palabra 45 , MITAD

Como todas las semanas, conduce Sindel desde su blog.



- Mitad y mitad - respondía ante la pregunta sobre la cantidad de café y de leche.
- Más o menos – respondía cuando alguien se interesaba por sobre cómo le iban las cosas.
- Con raya al medio –se solía peinar desde la infancia
- Media napolitana - solicitaba al delivery regularmente los sábados por la noche.
- Una mitad de manzana - sólo comía de postre, por miedo a engordar.
- En el justo medio – interpretaba siempre que quedaba la actitud de vida más segura.
- En la mitad de la película - seguro se quedaba dormido.
- De clase media -  se consideraba a la hora de dividir la sociedad en capas.
- Si es posible, en el medio – pedía los asientos a la hora de ir al cine o viajar.
- Mitad despierto, mitad dormido – iba cada mañana a un trabajo que ni amaba ni odiaba.
- Medio oriente – un sitio que no pensaba jamás visitar.
- Medio vacío – era como siempre veía el vaso.
- En la mitad de la noche – se despertaba siempre sin sueño que conciliar.
- En medio del “despelote” –siempre evitaría estar.
- A media máquina – jugaba cuando sus amigos armaban un picadito los domingos
- Un gol de media cancha – una hazaña imposible que ni se permitía imaginar.
- En medio del cortejo – se iba siempre apenas después de saludar.
- Medio grisecito – pintaba las paredes de su casa para no desentonar.
- De medio pelo – resultaba ser su máxima aspiración.
- A medio camino – era donde quedaban siempre abandonados sus muy eventuales proyectos
- A media voz –contestaba tímidamente si alguien le preguntaba su opinión.
- Sin medias tintas – la gente hubiera querido que alguna vez hablara sin dubitar.
- En mitad de la nada – terminó solo y olvidado por miedo a definirse y animarse a arriesgar.

sábado, 1 de noviembre de 2014

ANTE LA INTROSPECCIÓN QUE CONDICIONA UN DÍA NUBLADO...



En el escenario de las trascendencias (re edición)

Desde el punto de vista de la verdadera  trascendencia, lo que llamamos realidad resultaría ser tan sólo una ilusión. Un breve paréntesis de apariencia transitoria en el que nuestras conciencias pierden la noción fundamental de la naturaleza real de su propia existencia, dejándose llevar por las contraposiciones constantes que nuestra mente interpreta dentro de este mundo material en el que aprendemos a movernos.

La vida, en definitiva, sería ese constante transitar hacia nuestro punto inicial de conciencia que dejamos de reconocer, y en ese mismo proceso de valoración interior vamos encarando –a lo largo de los años- lo que sería el camino hacia el profundo conocimiento de nuestro yo y sus enlaces sustanciales, en relación a nosotros mismos, nuestro pasado, nuestro futuro, nuestros congéneres, nuestro entorno, la naturaleza, el mundo que vamos modificando, el sentido de las cosas…

En ese contexto de descubrimiento nos sentimos vulnerables. Nuestras identidades se despiertan frente a los demás y nuestro ego cae en la tentación de asumirse en forma desproporcionada. Por miedo o por obligación, por sobrevaloración o indefinición, vamos construyéndonos máscaras. Insustanciales roles que interpretamos como definitorios, inconsistentes apariencias que ejercitamos según las pautas aprendidas como instrumento de integración dentro de una sociedad que tantas veces contribuye a aumentar nuestro desconcierto natural ante la incertidumbre que dibujan nuestros miedos.

La noción de nuestra propia caducidad va resaltando entre la telaraña de construcciones intelectuales que vamos tendiendo como red de salvación a medida que maduramos nuestra experiencia y lejos de dar por cierta una pretendida respuesta, presentimos que la búsqueda constante hacia algo más certero, trascendente  e incontrastable se halla allí, en nuestro interior, esperando que nos hagamos tiempo para salir a buscarlo fuera del teatro de representaciones que nos contiene.


No resulta entonces ser la muerte la escena final de nuestra existencia. Resultaría ser tan solo la caída de nuestras máscaras aparentes –ya desgastadas e inútiles- permitiendo resurgir al fin nuestro verdadero ser renacido. No llega el final tras la bajada irreversible del telón de nuestros días. Sería más bien el retorno hacia ese otro estadio más sutil de nuestra conciencia, donde el tiempo y el espacio no hacen valer su lógica ni sus reglas y donde el sentido primordial de lo que aún no comprendemos se abre allí, absoluto y permanente, para cobijarnos otra vez dentro de su trascendencia.

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