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miércoles, 29 de octubre de 2014

2º RELATO PARA HALLOBLOGWEEN (más sutil y menos truculento que el primero)

Esta vez las musas me acompañaron y un segundo relato surgió para aportar a la convocatoria de Teresa Cameselle. Me disculpo si resulta algo extenso.


Imagen que ilustra este post, Laurent Seroussi




METAMORFOSIS (no como la de Kafka… o sí)

De forma inusual el sol la despertó al entrar por la hendija de la ventana de la habitación. Reaccionó ante la molestia apenas con un giro que la puso de espaldas a la luminosidad matinal. A los pocos segundos cayó en la cuenta que no debiera ser así, ya que hacia la derecha debía estar el placar y no la ventana de su dormitorio, cosa que se relacionaba con la premisa de su marido de dormir siempre del lado contrario a la puerta.

Se incorporó y se sentó al borde de la cama de inmediato, haciendo un esfuerzo supremo para aclarar la visión bajo las arenas del sueño que aún cubrían sus ojos. Parpadeó una y otra vez mientras apuraba el proceso frotando con sus manos los ojos hinchados, que no querían responder ante la insistencia de su cerebro clamando por averiguar la causa de aquella anomalía.

En un acto instintivo buscó sin mirar sus añejas pantuflas, siempre listas y alineadas como a ella le gustaba dejarlas cada noche antes de acostarse. No las halló. Ni tampoco la alfombra peluda que le regaló su tía y que debería estar cubriendo la desnudez del piso de su dormitorio. Aumentada su confusión buscó a su marido a sus espaldas y no lo halló. En su lugar, un desconocido de cabellos oscuros roncaba plácidamente cubierto con las mantas que antes la habían estado calentando a ella.

Saltó de la cama con la desesperación de quien no logra hilvanar dos ideas seguidas con calma y raciocinio. De espaldas a la pared miró aterrada todo a su alrededor y comprobó que nada le resultaba conocido. Ni el cuarto, ni la cama, ni su camisón, ni las cortinas, ni el espejo, ni el extraño que ahora se desperezaba y la miraba con ternura dándole con naturalidad los buenos días mientras se dirigía hacia el baño y le recordaba que esa mañana deberían pasar por lo del escribano luego que llevaran a Carlitos al dentista.

¿Carlitos...? ¿Qué Carlitos…? ¿Qué dentista, qué escribano…? ¡Por Dios…! ¡No reconocía nada y sin embargo tenía muy en claro quién era ella y cómo era su vida…! Por absurdo que le pareciera tuvo que repasar cada una las puntualidades de su vida para reafirmarse a sí misma que no estaba loca... Se llamaba Clara, y tenía un marido algo panzón y pelado, que se levantaba de mal humor por las mañanas y tenían una sola hija que se llamaba Inés y que ya cursaba la universidad, y también tenía un par de pantuflas viejas que siempre alineaba de su lado de la cama cada noche antes de dormirse, sobre la alfombra peluda que le había regalado su tía en la última Navidad…

Los gritos de espanto se quedaron sin salir de su garganta al mirarse al espejo y ver que en lugar de su reflejo, otra era la imagen que le devolvía el cristal biselado. Una mujer de cabellos claros con mirada verdosa y dos lunares en la mejilla izquierda, quizás con menos arrugas de las que solían poblar su frente y con labios mucho más finos que los suyos. Las manos, más blancas de las que solía tener, llevaban las uñas pulcras y cortas, bien cuidadas como a ella le gustaba, pero no eran las suyas… No las reconocía. 

Todo su cuerpo era otro, ni más ni menos joven, ni más ni menos grácil… Simplemente distinto. Era otro. Totalmente ajeno. Como le eran ajenas todos los cuartos de la casa que ahora recorría, todos los muebles, todos los rincones, el jardín, la chimenea, las puertas. Y ajeno ese niño pecoso que sumamente cariñoso le extendía los brazos esperando que su madre lo acogiera en su calidez dándole los buenos días. Su desconcierto se mezcló con un primer atisbo de instinto maternal que afloró en forma involuntaria, respondiendo tibiamente al filial saludo, al que no quiso lastimar.

Luego de dar como forzada excusa un fortísimo dolor de cabeza que nunca existió, se liberó del compromiso del escribano, del marido de cabello oscuro, del dentista y del pecoso Carlitos. Se quedó sola entre esas cuatro paredes desconocidas, con su aturdimiento, su identidad cambiada y ese espejo que la contemplaba con la misma incredulidad que ella sentía.

Hurgó entre las ropas de esa otra mujer que se suponía era ella misma, se vistió sin siquiera combinar los colores –como hubiera sido su costumbre- y salió a la calle esperando encontrar algo o alguien que la ayudara a vislumbrar una posible explicación a todo lo que le estaba pasando.

El resultado no fue el esperado. La ciudad no era su ciudad. Era otra, completamente distinta, ni más armoniosa ni menos cuidada, ni más vital ni menos populosa… Ni peor ni mejor, simplemente, diferente.

La gente, desde su anonimato, pasaba junto a ella como si todo estuviese bien, como si esa mañana no se hubiese dado vuelta el mundo. Y de repente pensó que quizás podría llamar a alguien que sí la conociera, alguien que la extrañara, alguien que la ayudara a re-ubicarse dentro de ese caos en la que se había trastocado su existencia. 

Se esforzó en recordar uno a uno los números de los teléfonos de sus allegados –desde que usaba teléfono móvil ya había perdido su habilidad para retenerlos con la facilidad que antes los recordaba-
Intentó desde una cabina hablar a su verdadera casa, cosa que le fue imposible. Marcó el número de su hermano, el de su mejor amiga, por último el de su trabajo. No tuvo éxito. Todos los números marcados correspondían a otros abonados. El terror la invadió ya por completo, reemplazando al elemental desconcierto original.

La posibilidad de haberse vuelto definitivamente  loca se le planteó más de una vez como la única explicación posible. Pero cada vez que estaba a punto de aceptarlo, otra vez la íntima convicción de saber perfectamente quién era y cuáles habían sido hasta el momento su lugar y su gente le reafirmaban su certeza de no estar demente. Debería ser otra la explicación, aunque cualquier otra opción implicaba la necesidad de alguna intervención no convencional, fantástica o sobrehumana.

Su sangre se heló al pensar que toda su anterior realidad se había diluido para siempre para pasar a ser sólo una sombra delineada en su memoria. Su nombre, su identidad, su vida, su familia, sus afectos, sus rutinas… Todo había sido reemplazado por otros, tan aparentemente normales como los suyos, pero distintos. Así, de repente, como si algo o alguien quisiera divertirse borrando de un plumazo lo que ella siempre creyó permanente e inalterable.

Estuvo deambulando largo rato sin saber qué hacer, absolutamente desorientada, intentando hallar un posible hueco en su razón por donde se le hubiese podido escapar la verdadera esencia de su ser, alguna causa más o menos lógica por la que terminara siendo otra persona totalmente distinta.

Recordó algo sobre aquellas teorías de universos paralelos que jamás terminó de comprender. Se le ocurrió que tal vez, por alguna circunstancia que no advirtiera, hubiese podido atravesar hacia otra dimensión de una forma impensada, imperceptible para la mente humana. Pero el hecho de que todo fuera tan similar a lo que era habitual en su propio mundo la desorientaba. No tendría sentido. Al menos ella no lo creía.

El nudo que sentía dentro de su garganta se soltó y un súbito llanto se derramó incontenible sobre sus mejillas.

Una extraña sensación de relax la invadió después en forma impensada. Algo dentro de su interior pareció terminar de acomodarse.

Cuando el sol estaba ya cayendo sobre el horizonte, se secó las últimas lágrimas y pensó en Carlitos y en ese marido de cabello oscuro regresando de sus actividades. No se le ocurrió pensar ya en aquella lejana hija universitaria ni en aquel otro marido panzón y pelado.

Pensó que ambos, el marido de cabello oscuro y el pecoso Carlitos, se preocuparían por ella al llegar a casa y no encontrarla. Decidió que sería mejor volver, para no inquietarlos.

Quizás podría preparar algo rico para agasajarlos después, en la cena. Se daría un buen baño y se cambiaría la ropa. Se pondría algún vestido lindo que combine con un par de chinelas cómodas. Quizás hasta tuviese ganas de leer un poco luego de lavar los platos. Al salir de la casa había alcanzado a ver un libro, junto a la lámpara del living, que parecía interesante. Antes de la medianoche se iría a la cama. Los sucesos del día habían sido complicados y seguramente esa noche su cuerpo le reclamaría por un buen descanso. Si no dormía lo suficiente, al otro día no podría cumplir con su rutina habitual.


martes, 28 de octubre de 2014

ANTICIPÁNDOME AL HALLOBLOGWEEN

Dejo, antes de tiempo, un relato acorde a la convocatoria anual de Teresa Cameselle, el Halloblogween. Espero les guste.




ACCIDENTE CÓSMICO

Quizás por un accidente cósmico que no lograba aún comprender, lo que antes resultaba ser normalidad para aquel insulso muchacho, repercutió de repente, en lo que comenzaría a ser un ineludible infierno.

No supo por qué, pero mientras volvía caminando -como todos las noches- de su rutinario trabajo de oficina, empezó a sentir que todo a su alrededor comenzaba a mutar hacia una realidad mucho más siniestra, sobrecogedora, terrorífica.

Las ventanas de los edificios parecían oscurecerse más de lo habitual, apagándose luego, una  a una, las luces de los departamentos que solían encenderse a esa hora, anunciando hacia el exterior el reencuentro familiar.

Asomándose sobre el río, la luna, dejaba de lado su acostumbrado velo amarillo para teñirse sospechosamente de un rojo intenso que recordaba –inevitablemente- a esa luminosidad irreal y sanguinolenta con la que suelen presentarla en las más tenebrosas películas. Todo parecía confabularse para puntualizar los detalles de un terrible presagio.

Levemente primero, con más evidencia después, los sonidos de la ciudad fueron desapareciendo de la percepción del solitario caminante que, a esas alturas, descubría ser el único transeúnte por aquellas calles, cada vez más extrañas e inhóspitas. Sin que lo pudiera controlar, su corazón comenzó a acelerar increíblemente sus latidos, llegando a una velocidad tal que –creyó- culminaría en un estallido.

La perspectiva de que pasara justo en ese momento algún ómnibus que lo acercara  a  su casa -poniéndolo a salvo de lo que intuía y no lograba definir- resultaba ser totalmente improbable, por lo que no quiso correr mayores riesgos aguardando a solas en alguna esquina y prefirió acelerar el paso, llegando a un ritmo tan intenso, que le hizo sentir agudos tirones en todos los músculos de sus piernas.

Al rato debió detenerse para reponer fuerzas. Para colmo de males, un viento gélido comenzó a soplar desde el este, haciendo aullar el follaje de los árboles como si se tratase de sollozos de almas sufrientes que no encuentran su destino.

La luna se hallaba ahora en su cenit, e inexplicablemente continuaba tan rojiza y enorme como cuando la viera nacer sobre el río. Algo andaba mal, eso era evidente, e imaginar una a una las posibles causas de aquella alteración desacostumbrada de la naturaleza, lo retrotrajo inevitablemente a aquellas noches de su infancia en la que leía a escondidas historias de terror, leyendas espeluznantes que le hacían temblar de miedo hasta los huesos.

Un estremecimiento repentino fue surgiendo desde sus entrañas haciéndole retorcer con fuertes espasmos y leves gemidos. Cayó al suelo a consecuencia de una especie de latigazo que le azotó sus piernas de improviso. Su boca se entreabría por el dolor mientras babeaba copiosamente. Le ardía todo el cuerpo como si un fuego ancestral luchara por quemarlo desde adentro. Intentó varias veces incorporarse, pero no lo conseguía.

De improviso, una silueta pequeñita se fue recortando sobre el tapial de una iglesia. Con impreciso andar una anciana mujer se dirigía, presurosa, a la que sin dudas resultaba ser su casa, justo por delante de donde él se encontraba. Pasó a su lado sin advertirlo, ya que durante su caída, el aturdido muchacho había quedado semi oculto dentro del cerco perimetral de un jardín.

Un súbito impulso que no fue capaz de controlar le hizo dar un brinco extraordinario sobre aquella mujer indefensa. Sus manos, como garras expertas, se aferraron al cuello de la que pasó a ser su víctima sin mediar palabras. Los ojos aterrorizados de la escuálida viejecita parecían salirse de sus órbitas mientras, en vano, intentaba gritar pidiendo ayuda. Nada pudo hacer mientras el otrora oficinista -ahora ya transformado en sanguinaria bestia descontrolada- la destrozaba a dentelladas, sin razón, culpa o miramientos… Simplemente porque algo desde en su interior así se lo dictaba.

Detrás de algunas espesas nubes de tormenta, la luna -único testigo de la inesperada masacre- se iba tornaba extrañamente más rojiza, augurando ya sin dudas una interminable noche de sangre, misterio y anómalas transformaciones.


lunes, 27 de octubre de 2014

CONTANDO LAS SEMANAS EN 52 PALABRAS. Palabra 44 : Horizonte

Me sumo a la nueva propuesta de Karina Sindel con una re edición






Observa la tarde,

el sol y el crepúsculo...


El rojo horizonte,

haciéndose musa,

inspira la hora

que sangra poesía.


En sólo minutos,

ya ves, será noche...


y el manto de luces

que estrellas invoca

irá, poco a poco,

de luna y de sombra


...haciendo derroche.



Nota: 

¡Faltan sólo ocho semanas-palabras para llegar a la meta!...cómo se nos ha volado el año!


jueves, 23 de octubre de 2014

ESTE JUEVES UN RELATO: COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA

Tarde y con un reflexiones algo apretujadas, pero no quería dejar de participar. Más textos periodísticos en lo de Lucía.





Los sucesos mediatizados resultan ser la única realidad que cuenta. Por el poder de los medios, del periodismo tendencioso que todo lo inclina hacia uno u otro lado, tomamos nota de lo que pasa a nuestro alrededor. Lamentablemente llega a ser más condicionante lo que vemos por la caja boba que lo que apreciamos por nuestra propia experiencia. 

En cuanto a lo que pasa a la distancia, suele ser que el filtro que nos ponen a la hora de informarnos resulta ser difícilmente traspasable para las noticias que resultan ser incómodas para el poder. Atrás ha quedado el compromiso y la ética periodística. De nada nos enteramos si lo que sucede no afecta en forma directa el interés de quien nos manipula. Se ha llegado al punto, que resulta ser más destacado por la atención mediática, un accidente de tránsito en la capital que la guerra en tierras lejanas. 

Y en cuanto a la investigación, esa rama fundamental del periodismo destinado a escarbar sin prejuicio, buscando llegar al corazón de la verdad sin condicionamientos ni presiones, hoy –triste y dolorosamente- resulta ser una verdadera rareza.

martes, 21 de octubre de 2014

CONTANDO LAS SEMANAS EN 52 PALABRAS



PALABRA  43: Agua

Mi aporte para esta semana es un texto que reedito en el que se hace referencia a una de las formas más vitales que tiene el agua, el río.




El hombre se despierta sin un ruido
aún antes
que haya muerto la noche
aún antes
que llegue a nacer el día
aún antes
que se desperecen una a una
las garzas rosadas en el río.

Apenas unos cuantos mates, en silencio
y ya parte
en su canoa cargada de estrellas
y ya parte
aguas arriba, dejando atrás la isla
y ya parte
cuando el sol nace en la ribera
entre los sauces, escondido.

Los remos se hunden en el agua
y revive
los pájaros surcan el cielo nuevo
y revive
el azul le gana a lo negro de sus días
y revive
apenas unas nubes se entrelazan
atándose en un hilo a lo perdido.

El hombre arroja las redes
y el río corre
deja caer con ellas, los recuerdos
y el río corre
el agua luce escamas de bronce
y el río corre
transformándose en serpiente
que lo mece con calma en el olvido.


Más textos y agua, en lo de Sindel

miércoles, 15 de octubre de 2014

ESTE JUEVES UN RELATO: MATRIMONIO IMPUESTO

Para esta convocatoria, publico un extracto del primer capítulo de una historia que escribí hace un tiempo, referida a un matrimonio sin amor, acordado por cuestiones económicas entre la familia de una joven y su rico pretendiente. La historia se ubica en la Italia rural de principios del siglo XX y tiene la particularidad que cuenta con tres posibles finales. Si tienen interés en leerla completa, les dejo los links de referencia.



(...) La idea de casarse con alguien mucho mayor y que apenas conocía no le despertaba miedo ni tristeza, sólo le apagaba en su pecho esa luz de esperanza que alguna vez creyó tener en su corazón, hasta ayer creyente en amores tan maravillosos como los de sus novelas.

Cuando llegó al fin la hora de aprontarse para la ceremonia, lejos de sentirse agitada y ansiosa, se sintió serenamente resignada. Se contempló en el espejo de la que hasta entonces había sido su habitación y no atinó a reconocerse. 

Parecía ser otra la que la contemplaba desde su reflejo, ataviada con aquel envidiable vestido de encaje francés y botones de perlas. No se veía como una novia radiante y feliz, esa que tantas veces había imaginado ser, como las protagonistas de sus ficciones en los capítulos culminantes. Más bien se sentía como una muy recatada futura esposa, mujer sumisa y decente dispuesta a concretar lo que es deseable y conveniente que ella acepte: el inicio de una vida madura y estable asumiendo la responsabilidad social y moral que se espera de toda mujer que se respete, pidiéndole a Dios que la bendiga, tanto a ella, a su familia, su futuro marido y a los hijos que según sea su voluntad, Él dispusiera que tuviera.

Contemplándose por última vez antes de salir hacia la Iglesia, dio gracias por ser tan afortunada, pudiendo hacer realidad tan dignamente lo que se esperaba de ella.

Antes de subir al carruaje, en el vestíbulo de su casa, su madre la bendijo y la abrazó con real emoción y poniendo entre sus manos su más querida reliquia (un pequeño crucifijo de oro que en su casamiento le regalara su propia madre), sin mediar palabra, la despidió con un beso.








Más relatos de matrimonios impuestos, en lo de Maribel

domingo, 12 de octubre de 2014

CONTANDO LAS SEMANAS EN 52 PALABRAS: Palabra 41 y 42: Oportunidad y abrazo



Quizás, única, la oportunidad
que les tendió la vida
hubiese merecido
coronarse
con un beso
o eternizarse
en un sentido abrazo
pero no…
triunfó el pudor
y lo que estaba presto
para detenerse
siguió su curso…
lamentándose luego
el reloj por ser constante
y no haberle hecho un guiño
más rotundo al amor
para que aprovechara
mucho mejor la circunstancia.


Más Palabras, en lo de Sindel

sábado, 11 de octubre de 2014

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