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FIGURA Y FONDO

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viernes, 5 de febrero de 2016

UNA CURIOSIDAD QUE QUIERO COMPARTIR

En septiembre del año pasado tuve la suerte de volver a Italia. Roma fue nuestra primera ciudad a visitar. Cuando estábamos recorriendo Villa Borghese junto con mi marido, nos topamos con el camioncito de Google Street View. Recientemente noto que en dicho sitio, actualizaron las vistas en esa fecha. Obviamente pasé a curiosear si me veia y efectivamente aparezco en varias tomas! jeje... bastante deformada (aclaro) por las distorsiones de rigor, pero estoy, y eso es lo que cuenta. Les dejo algunos links y capturas de pantalla. Para que me ubiquen les digo que estoy con sombrero y cámara al cuello. Mi marido está cerca (es pelado) y va con jeans y camisa celeste. 

P.d
estaré ausente unos días a partir del domingo. Vamos a visitar las tierras de la querida Cass (Vivian) Espero que tengamos oportunidad de encontrarnos. Besos para tod@s!




https://www.google.com.ar/maps/@41.9138685,12.491819,3a,53.3y,14.36h,75.22t/data=!3m6!1e1!3m4!1sHXSfEMdR-N7znrVqGY8giw!2e0!7i13312!8i6656



https://www.google.com.ar/maps/@41.9111208,12.4889384,3a,75y,90h,80.4t/data=!3m6!1e1!3m4!1siwmmTLhUIFV4N98i4e-6Fw!2e0!7i13312!8i6656

jueves, 4 de febrero de 2016

ESTE JUEVES UN RELATO: Mis horas en la peluquería

Esta semana Alfredo nos propone animarnos con relatos ambientados en una peluquería. Me he tomado la libertad de desarrollar un relato totalmente de ficción con personajes inspirados en los de una película que quizás hayan visto. Saludos para tod@s!

EL BARBERO

Tenía acordada para esa tarde una importante entrevista. Visitar la casa del vizconde ameritaba una cuidadosa afeitada y fue por ello que decidió no rasurarse él mismo, como lo hacía habitualmente, sino que la ocasión sería propicia para conocer las dotes del nuevo barbero, recién llegado a la ciudad. Si bien no tenía referencia previa de la calidad del servicio, pensó que el aspecto del exterior del nuevo negocio hablaba de alguien que conocía el oficio y por lo que anunciaba en su cartel de presentación, el precio era muy aceptable.


Sin dudarlo se dirigió hacia allí con aire de suficiencia, muy propia de la jerarquía social a la que pretendía pronto acceder. Se predisponía a pasar un rato agradable mientras le recortaban la barba y le hacían un buen corte de pelo. Quizás pediría algo novedoso, al estilo de la capital.

Probablemente el barbero recién llegado haría un buen trabajo, especulando con el valor de su recomendación posterior, si salía satisfecho con su labor. Le remarcaría, eso sí, que cuide algunos detalles con ciertas protuberancias de su rostro durante la afeitada y sobre todo, que sea cauteloso con la fragancia que debería colocarle como toque final. No quería resultar para nada vulgar ni ostentoso ante su anfitrión y el tema de los aromas resultaba ser un detalle primordial entre el círculo de los nobles… aún entre los venidos a menos, como resultaba ser el aludido vizconde.

Apenas entrar en el recién inaugurado local algo particular en la mirada del barbero le impresionó en forma que no sabía explicar. Se lo veía serio y opacado, quizás por alguna pena que lastimaba su alma, pero a la vez, no le cabían dudas sobre la solvencia que tenía en el oficio: la manera en que manejaba ágilmente las tijeras y las navajas demostraban  indudable su habilidad y competencia. No se ajustaba a la imagen por demás solícita y extrovertida que suelen afamar a los barberos. Más bien se trataba de un sujeto callado y taciturno, cualidades que no le resultaron inconvenientes.


Tras las presentaciones de rigor, la charla entre ambos se fue abriendo paso luego del silencio tajante de los primeros momentos. Ciertos registros sobre el pasado de ambos fueron mostrando extrañas coincidencias. Lugares comunes que frecuentaron en sus juventudes, similares círculos sociales, algunas amistades concurrentes, hechos puntuales, aunque con diferentes ángulos de evocación y resonancia. Y de repente… un nombre. Un rememorado nombre de mujer se asomó entre las nieblas de aquella charla de compromiso compartida.


A partir de allí, destellos de indignación fueron tornando en fuego los ojos antes apagados del ignoto barbero, a medida que la distendida verborragia  de su cliente se dejaba llevar por la libertina sorna que brotaba entre risotadas, evocando aquella fémina casi olvidada. El mismo nombre que para uno sonaba apenas como recuerdo borroso y extraviado, para el otro resultaba ser una dolorosa herida aún abierta.


De repente sucedió lo inevitable: la navaja experta se dejó llevar por el indignado vengador, truncando sin piedad el cuello del otrora disoluto mujeriego. La sangre surgió a borbotones intentando expiar los antiguos traumas pendientes del recién llegado. No lo logró, pero, al menos, sirvió para amortiguar algunas amadas voces de su pasado… y sus postergados deseos de venganza.

lunes, 1 de febrero de 2016

CONTANDO LAS SEMANAS 5 de 52



QUIZÁS

Quizás haya algo
más allá
de esa nada
que todos un tanto
- o mucho- tememos.

Quizás – qué sé yo-
la muerte  sea sólo un traspaso
en lugar
de ser el final absoluto
y perpetuo del ciclo
que nos marca
con el juego
de altibajos de la vida…

y quizás más allá
todo nos muestre
- después de cruzarlo-
para bien
su inusitado sentido.

Más  'quizás"en lo de Sindel

miércoles, 27 de enero de 2016

ESTE JUEVES UN RELATO... Entrevista con Adán y Eva

A propuesta de la amiga Mirella, traigo este jueves parte de una entrevista que oportunamente 'realicé" a los míticos Adán y Eva, primeros habitantes de aquel Paraíso que nos fue vedado -precisamente- por sus reprochables conductas. Cada quien nos cuenta su propia versión de los hechos 





(...) ¿Qué sintió cuando se topó con su pareja por primera vez?

ADÁN -Cuando menos lo esperaba, la vi. Era bella, inquieta, esquiva. Ella me miraba de lejos, tratando de esconderse detrás de unas hojas. Algo me resultaba muy tentador y me incitaba a querer tocarla. Muy torpemente y con gran curiosidad me decidí a enfrentarla. Cuando me acerqué, vi que ella dejaba de mirarme. Se distrajo con una hermosa Flor que crecía junto al lago, ella la cortó y se la colocó entre sus cabellos, mientras la brisa los hacía mecer suavemente y el Sol parecía quedarse en ellos. Inesperadamente ella comenzó a correr, desapareciendo entre la espesura. Nunca antes había visto algo que se pareciera a mí y esa criatura, a pesar de ser muy distinta tenía algo que me impulsaba a querer estar junto a Ella. En el rincón de los latidos de mi pecho, el ritmo se aceleraba. No entendía qué era eso que sentía, pero supe que era bueno y que me hizo olvidar la Soledad que experimentaba desde que abrí mis ojos por primera vez.

EVA -Una mañana bajé corriendo una colina, simplemente me dejé llevar por mis impulsos y de repente descubrí muy cerca de mí a Uno que se me parecía, pero que a la vez era muy diferente. Me intrigó desde que lo vi. No quise acercármele enseguida, decidí mirarlo de lejos, tratando de esconderme detrás de unas hojas. Algo de esa criatura me emocionaba en forma especial y si bien me sentía  atraída, a la vez me complacía la idea de mostrarme algo esquiva. Lo noté torpe e inseguro y eso me hizo sonreír. Me di cuenta que Él me había descubierto y que no podía dejar de mirarme. La idea de desorientarlo me producía un sutil placer que nunca antes, en mi corta vida, había experimentado. Decidí que sería divertido hacerle creer que lo ignoraba. Aparenté distraerme con una Flor que crecía junto al lago, la coloqué entre mis cabellos para llamar su atención. Me sentí seductora, bella, deseada y eso me complació. Comencé a correr de improviso, alejándome de Él pero cuidando que no me perdiera de vista para que así se animara a seguirme. En el rincón de los latidos de mi pecho, sentí que el ritmo se aceleraba, tuve la seguridad que no era sólo por el hecho de correr, y eso me excitaba más. No entendía qué era aquello que sentía, pero supe que era bueno y que me hacía olvidar mi Soledad.

¿Cómo fue el encuentro con la Serpiente?

ADÁN - La Serpiente se deslizó sigilosa trepando por el tronco hacia las ramas más gruesas de aquél árbol desconocido y rozando  con su cuerpo el más maduro de los frutos, hizo que éste se desprendiera de la rama y cayera al Suelo. Fue Eva quien lo alzó y como era su costumbre, quiso compartir conmigo aquel nuevo descubrimiento. Tomándolo de un extremo lo sostuvo frente a nuestras bocas y los dos lo mordimos al mismo tiempo. El jugo de aquel fruto resultó ser dulce y gustosa su pulpa. Con sorpresa, nos sentimos muy complacidos y satisfechos, y mientras permanecíamos frente a frente, nos miramos uno en los ojos del otro y aún con el sabor delicioso de aquél fruto entre los labios, nos fundimos en lo que juntos luego, nombraron como Beso. A partir de ese momento entendí mi realidad de modo diferente: tuve conciencia de que estábamos en ese lugar por alguna determinada razón, aunque nunca logré entender bien cuál era, desde ese momento me sentí en falta… como si hubiera hecho algo que no debía hacer, y fue así que por primera vez experimenté la Culpa, ese intangible límite que más de una vez hizo que llorara en secreto.

EVA - Estaba yo tratando de encontrar el nombre más adecuado para un pájaro cuando sentí que algo frío se deslizaba entre mis pies. Era la Serpiente. Aquel contacto me hizo estremecer de pies a cabeza y a pesar que tuve un extraño presentimiento mi curiosidad pudo más y comencé a seguirla. Adán caminaba junto a mí. Vimos un árbol de una extraña belleza que se encontraba en el medio de un claro. La Luz se filtraba entre sus hojas haciendo que sus frutos brillaran tentadores. Eran grandes y rojos y por algún motivo que no comprendía parecían ser más apetecibles que los de las otras plantas. A pesar de ello, no nos decidíamos a probarlo. Algo nos decía que era riesgoso, que no eran como los demás frutos de los que disponíamos libremente. La Serpiente, se deslizó sigilosa trepando por el tronco hacia las ramas más gruesas de aquél árbol y empujando con su cuerpo el más maduro de los frutos; hizo que éste se desprendiera de la rama y cayera al Suelo. Tuve la impresión que se trataba de una invitación que nos hacía y guiada por una fuerte tentación lo tomé y como siempre, quise compartir con Adán aquella experiencia. Lo sostuve frente a mi boca y los dos lo mordimos al mismo tiempo. El jugo era dulce y gustosa su pulpa. Nos sentimos muy complacidos y satisfechos, y mientras permanecíamos frente  a frente, con el sabor delicioso de aquél fruto entre los labios, nos fundieron en lo que juntos luego, nombramos como Beso. Luego sentí que todo era diferente. Tuve la certeza que estábamos en ese lugar por alguna determinada razón aunque aún no la descubriera. Después de ese encuentro Adán comenzó a experimentar una extraña mezcla de Deseo y Culpa que lo trastornaba hasta llevarlo a pensar que eso que antes había sido tan natural, era en realidad una debilidad despertada por aquel fruto al que comenzamos a llamar Prohibido. Desde ese momento, cuando la Razón pasó a dominar nuestra Emoción, el sentido de las cosas dejó de ser tan claro y sencillo como en un principio.
(...)

(Para leer otras aportaciones jueveras, dar clic aquí)

martes, 26 de enero de 2016

CONTANDO LAS SEMANAS 4 de 52 'No hay lugar"

Esta semana Sindel nos propone inspirarnos en el título de un tema musical NO HAY LUGAR. Algo demorado, pero este es mi aporte.



No hay lugar factible
para resistir
cuando el corazón
se estruja por la desesperanza.
Cuando nadie
sostiene nuestra mano
ni alienta
con sinceridad
esa chispa interna
que amenaza con apagarse
a causa del dolor y destemplanza.

miércoles, 20 de enero de 2016

ESTE JUEVES UN RELATO: Sucedió a bordo...de un tren

Esta semana Pepe nos propone narrar una historia (real o ficticia) de un suceso ocurrido a bordo de algún medio de transporte. Traigo a propósito de la convocatoria, parte de una historia que escribía hace bastante y que tal vez muchos no hayan leído. Mis musas están últimamente algo aletargadas. Espero sepan disculpar mi falta de inspiración fresca.
Un abrazo.


Foto tomada de la red


(...) Lo que mejor recordaba de ese último día, era la costa. Ese mar helado siempre desafiante burlando los sueños y las esperanzas de quienes buscan, al menos con sus pensamientos, alejarse de allí. Las olas rugientes rompiendo bravas sobre el espigón. El horizonte impávido, el cielo blanco. Dos o tres gaviotas haciendo de vigías conteniendo el silencio eterno de aquel páramo de viejos marinos añorando siempre otro mar. Si la desolación hubiera podido elegir un lugar para anidar, sin duda hubiera sido allí, entre esas rocas.


Después resurgían, dispersas, algunas imágenes borrosas en un tren. Viejos vagones zarandeándose al unísono a medida que el paisaje invernal se desplazaba ante sus ojos resignados. Por más que lo intentaba, no recordaba el motivo por el que había emprendido aquel viaje, pero sí la inequívoca sensación de haberse sentido sumamente inquieto durante el trayecto. De improviso venían a su mente algunos de los rostros macilentos de los otros pasajeros: un cura somnoliento, una oscura dama que viajaba con un niño quejoso, dos o tres extraños que hablaban un idioma que no lograba identificar…
Hurgando con dificultad en lo más solapado de sus borrosos recuerdos logró adivinar al fin una presencia estremecedora en todo aquello que con dificultad iba reconstruyendo luego de su prolongado letargo. Unos ojos muy grises fueron abriéndose camino entre las nubes de su disuelta memoria. Grises. Tan grises como el camino de humo que el viejo tren iba dejando tras su marcha. Por un momento logró evocarlos en toda su magnitud, en todo su misterio. Unos ojos tan intrigantes como la voluptuosa dueña de aquella mirada que lo traspasaba sin piedad aún en el recuerdo. 
Aquella mujer que apareciera de improviso sentada junto a él en el desvencijado camarote logró estremecerlo de pies a cabeza, descolocándolo de cuajo de su elaborado rol de hombre silencioso y circunspecto con el que acostumbraba enfrentar el mundo. Por un momento perdió todo sentido del decoro y las buenas costumbres -ahora lo recordaba bien- no podía dejar de mirarla, aún a riesgo de resultar grosero e irrespetuoso. Algo en ella le resultaba  terriblemente atrayente. Maliciosamente atrayente. Se sintió desfallecer ante aquella mirada posesiva, de la que -tuvo la certeza- no podría apartarse ya más.
Después todo se hizo bruma en su cabeza. Todo confusión, niebla, angustia, miedo e imprecisión. Como si él en su integridad se hubiera disuelto en un abrir y cerrar de ojos…un abrir y cerrar de aquellos ojos grises que lo trastornaron al punto de disolverlo como hombre y como persona.
Y ahora él estaba allí, en aquel extraño cuarto entre penumbras, perdido y lastimoso, solamente iluminado por una débil y temblorosa flama, intentando recomponer en su memoria los hechos que le sucedieron a aquel encuentro fatal que lo dejara casi inmóvil, postrado y loco, internado como estaba en una clínica perdida en medio de la nada. Donde nadie iba a verle, más que esos deshumanizados enfermeros que lo inyectaban cada seis horas y lo forzaban a comer esa papilla amarillenta que sabía a medicamentos y que tanto le asqueaba(...) 

lunes, 18 de enero de 2016

CONTANDO LAS SEMANAS 3 de 52: Héroes

(extractado de algo que escribí hace bastante)



HÉROES SIN CAPA

Cuando pensamos en héroes, quizás por influencia de las historietas y el cine, nos imaginamos a seres excepcionales, (quizás hasta con algún poder especial, si abarcamos con esa término a aquellos superhéroes de fantasía) que se destacan entre el resto de los mortales por su actitud esforzada y valiente, casi sin debilidades, capaces de arriesgar su vida para salvar la de otros.

No muy a menudo se piensa en los héroes como seres normales, con virtudes pero también con defectos, con flaquezas, miedos y complejos, hasta con rencores y miserias.

Quizás lo más meritorio en cuestiones de heroísmos sea precisamente la capacidad de vencer los miedos naturales y no la carencia de los mismos; mantenerse en la lucha, a pesar del cansancio.

No sería de demasiada valía el arrojo de alguien que se supiera indestructible, al contrario, es de mucho mayor mérito el saberse vulnerable igual que cualquier hijo de vecino y a pesar del lógico instinto de supervivencia, decidirse a arriesgarlo todo por una causa justa, un ideal o por evitar el dolor de un semejante. Mucho más valioso si el amenazado es alguien totalmente ajeno a nosotros y si el riesgo no lleva implícito recompensa alguna.

Pensar que cada uno de nosotros, seres rayanos con la masiva normalidad, puede llegar a constituirse por alguna extraña razón en un héroe o algo parecido es algo que no se piensa frecuentemente.

Pero si lo analizamos desde el punto de vista del transcurrir de la historia de nuestras sociedades, se puede llegar a la idea de que gracias al esfuerzo y la lucha cotidiana de miles de seres anónimos (que jamás tendrán expectativa de sobresalir por sus virtudes de entre sus pares también anónimos) la humanidad sigue, a pesar de todo, andando y evolucionando; se puede entonces, aceptar el hecho que se trata de verdaderos héroes, porque su entrega no tiene mayor recompensa, porque continúan esforzándose a pesar de las injusticias, aún en contra de lo que se podría suponer debido a la explotación a que desde siempre han sido sometidos por aquellas minorías que sobreviven gracias a que ellos siguen, con su esfuerzo, manteniendo en funcionamiento los engranajes de nuestro mundo. No dejan que la cruda realidad mate sus esperanzas.

Por que se es héroe cuando se continúa educando a pesar de que no se construyen escuelas, se es héroe si se sigue yendo a la fábrica aún a sabiendas del magro salario, se es héroe si se sigue luchando contra el desalojo aún cuando no exista esperanza de tener un techo propio, se es un verdadero héroe si no se deja la responsabilidad de la tarea asignada aunque su existencia sea menospreciada, se es héroe si se decide seguir teniendo esperanzas en un mundo donde el engaño es la moneda corriente, donde el que roba vive mejor que el que nunca lo ha hecho, se es, en definitiva un verdadero héroe si se sigue apostando por la vida aunque casi nunca sonría la suerte. (...)

Más Héroes en lo de Sindel

sábado, 16 de enero de 2016

DE LA GENTE QUE RÍE POR LA CALLE



Bendita la gente que ríe por la calle
sin aparente razón
ni filtro ni temor
por lo que podamos pensar los demás
obnubilados siempre
en nuestras propias contradicciones.
Ellos nos tienden
-sin que lo sepan-
inesperadas muestras de esa felicidad
que por voluble
acaba a veces por hacernos pensar
que se encapricha
cuando se burla
esquivando nuestros corazones.

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