LOBO SOSPECHOSO
Lo detuvieron al
lobo,
en la estación
terminal
iba con mucho
equipaje,
como queriendo
escapar.
El oficial del embarque,
apenas verlo
arribar
sospechó del
nerviosismo
que él no podía
ocultar.
Cuando el agente
del orden,
cauteloso, le
quiso encarar
al movedizo
fulano
de repente, le
dio por temblar.
Los agentes aduaneros,
revisaron su
equipaje
y al chequear su
contenido,
resolvieron
preguntar:
– ¿de quién es la
caperuza,
roja, suave y bien
pequeña? –
– ¿sabe usted que
el pelapapas
afilado, no puede
embarcar? –
– ¿sufre usted de
fuertes cólicos
que tanto
higiénico decide llevar? –
Al verse jaqueado
de pruebas
y oficiales husmeando
su ajuar
al lobezno, quebrado
y con culpa
descubierto, le
dio por contar:
– He cruzado ayer
a una niña,
en el bosque,
bailando feliz
iba a casa de su
abuela,
que habitaba en un
cuchitril–
– Le he hurtado
yo la cestilla,
con ardides de cuento
infantil
no existe
mejor estrategia
que mi astucia en
clave senil
aunque tonta no era
la niña
y he tenido yo que
insistir:
tironeándome de
la cesta,
se ha azotado
ella la cerviz–
–He huido, después,
de la escena
sin que nadie me
viera partir
no sin antes
hacerme una cena
con lo bueno que hallé
por allí–
–He guardado su capa de seda,
y este filo que puede mondar
que sin dueño y por puro capricho
en el bosque no quise
dejar –
Ofuscados, los dos
policías
por la saña del
lobo bestiario
indagaron con duda y finura
–¿para qué, el
papel sanitario? –
–Verá usted, suelo
andar prevenido
por si causo algún
cambio a mi dieta.
Siempre tengo a la
mano ese rollo
si un evento urgente se diera –

















