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jueves, 13 de mayo de 2021

CADA JUEVES UN RELATO: EL SÍNDROME DE LA CABAÑA

Sumándome a mi propia convocatoria:



EL SÍNDROME DE LA CABAÑA

En el interior de mi burbuja, sigo en pie. Pese a todo. Después de todo. En soledad absoluta, aislado de lo que fue, de lo que será o puede haber sobrevivido más allá del cristal que me contiene.

El refugio que me acoge lo he construido junto a un abismo, con una alta atalaya desde donde dominar los confines de un horizonte al que le temo. No tengo idea si aún existe algo bueno en lo que llamaba antes mundo exterior y hoy apenas reconozco como un mar de sombras, un universo informe de mil enemigos que me acechan buscando despojarme de lo poco que atesoro.

Diariamente, siguiendo mi rutina de sobrevivencia, reviso mi cabaña buscando sellar cualquier fisura que pueda aparecer en la frágil estructura en la que me aíslo. Temo que pueda escapar por ella un sueño importante o entrar, en cambio, una duda insidiosa queriendo infectarme. Los peligros son miles, y pocas mis reservas para enfrentarlos; pero lo intento. Nadie puede decir que no lo intento. Mi vida es esto ahora, una continua lucha por mantenerme a salvo de los peligros que otros llaman normalidad y a mí me aterrorizan.

Es que ya nada reconozco de lo que existe allá afuera. Me siento muy confundido. Aquí en lo alto, aislado de todo, me he ocupado de resguardar sólo para mí contadas cosas, en medio de este breve prado de ternuras recordadas mecidas por soplos de un viento que no alcanzo a identificar, asido al único árbol por el que suelo trepar, soñado vislumbrar el cielo desgastado de mi fe.

Justo antes del crepúsculo, en ese preciso instante en que el sol parece diluirse en su sangre roja, alcanzo a divisar entre las nubes la silueta de un ave que me sobrevuela, amenazante. Intuyo que es la impiadosa locura que me roza. Es entonces cuando desesperado cierro las puertas de mi cabaña sin hacer ruido, apago las luces y corro las cortinas para que no me vea y piense que ya me he muerto. Intento -como puedo- engañarla. Hasta ahora no lo consigo.


* Para leer todos los textos participantes, pasar por el post anterior.

domingo, 9 de mayo de 2021

ENCUENTRO JUEVERO DEL 13 DE MAYO

Buen domingo para tod@s!

Después de pensar bastante sobre el tema a proponer en este nuevo encuentro juevero que me toca conducir, se me ocurrió que el llamado Síndrome de la Cabaña que en estos días viene estando en boga, sería un buen disparador para distintos relatos. Les dejo más información para ir entrando en clima:

EL SÍNDROME DE LA CABAÑA



"El síndrome de la cabaña, también fiebre de la cabaña, o síndrome de la cueva, se refiere a la angustiosa irritabilidad o inquietud claustrofóbica que se experimenta cuando una persona o un grupo queda atrapado en un lugar aislado o en un lugar cerrado, durante un período prolongado de tiempo, sintiéndose como en una «prisión».

Una persona puede experimentar el síndrome de la cabaña, en una situación en la que está aislada dentro de una casa de vacaciones en el campo, también cuando pasa largos períodos bajo el agua en un submarino, o cuando está aislada de la civilización. Durante el síndrome de la cabaña, una persona puede experimentar somnolencia o insomnio, desconfianza de cualquier persona con la que se encuentre, o sentir el impulso de salir, incluso en condiciones adversas como mal tiempo o visibilidad limitada. El concepto también se invoca con humor para indicar el simple aburrimiento de estar solo en casa durante un período prolongado de tiempo. ​

El síndrome de la cabaña no es una enfermedad en sí misma, y no tiene prognosis. Sin embargo, los síntomas relacionados pueden llevar al paciente a tomar decisiones irracionales, las cuales potencialmente podrían amenazar su vida o la vida del grupo con el que está confinado. Algunos ejemplos serían el suicidio o la paranoia, o dejar la seguridad de una cabaña durante una terrible tormenta de nieve en la que uno podría quedar atrapado. 

En los meses de marzo a mayo de 2021, se ha hablado del síndrome de la cabaña en referencia a reacciones emocionales derivadas del confinamiento por la pandemia de COVID-19, y de las circunstancias derivadas de tener que estar recluidos en casa durante un largo periodo al que las personas no estaban acostumbradas. Como consecuencia de ello y de las medidas adoptadas, se ha podido generar en algunas personas un acostumbramiento a no salir de casa y considerar su hogar como el único lugar seguro. Y aunque se hayan suavizado las restricciones iniciales, sin embargo sienten inseguridad en salir a la calle.

El concepto de síndrome de la cabaña se utilizó como tema en la novela Crimen y castigo de Fyodor Dostoievski de 1866, la película de Chaplin de 1925 La fiebre del oro, la novela de Stefan Zweig de 1948 El juego real, la película de terror de 1980 El resplandor, el episodio de Los Simpson «La montaña de la locura», y el videojuego de 2010 Alan Wake. La película de terror psicológico de 2019 El faro .

Espero les entusiasme la propuesta. Recuerden avisarme de sus posteos a partir del miércoles y siguiendo las normas de Tésalo*

miércoles, 5 de mayo de 2021

CADA JUEVES UN RELATO: EL PIC NIC

 Me sumo con este relato a la convocatoria juevera que, desde su blog, esta semana nos hace Mar. Para leer todos los textos, dar clic aquí.



EL PICNIC

Lo que importa es la actitud, se dijo, y con gusto y dedicación comenzó a juntar algunas frutas maduras de un arbusto bastante espinoso que crecía junto al risco, consiguiendo llenar el rústico cesto hasta la mitad. Después, con la técnica que había perfeccionado a lo largo de tantos meses infructuosos, logró atrapar tres pececitos de aspecto sabroso que mantuvo protegidos del sol con una hoja que arrancó justo antes, cuando trepó la única palmera hasta alcanzar el coco más grande que recordaba haber visto nunca.

Celebró con sencilla emoción lo generosa que se le prodigaba la madre naturaleza en ese día especial -su cumpleaños- y dirigiéndose con presteza al punto más bello de la playa, se dispuso a disfrutar de su picnic tal como lo había planeado.

Extendió la escueta tela a cuadros sobre la arena y allí dispuso los comestibles recién recolectados. Se permitió un momento de íntima satisfacción antes de comenzar el ritual de paladear sus manjares, contemplando con regocijo la magnífica vista que desde allí, la inmensidad del océano le brindaba. Se sintió pleno, afortunado, esperanzado. Y esos pensamientos lograron revitalizar su ánimo, bastante alicaído durante las últimas semanas.

Con sincero gozo fue saboreando uno a uno los pececitos que asó sobre la fogata trabajosamente montada, después, una a una las carnosas frutas, que a esa hora le supieron a mieles, todo oportunamente regado con el agua de coco que calmó su sed bajo el sol tajante. Justo antes del atardecer, se decidió a disfrutar del mar, nadando tranquilamente por un largo rato, dejándose llevar por las olas dóciles que rompían en la orilla. Después, juntó los restos del festín y se felicitó por la insólita ocurrencia de hacer un picnic a modo de celebración. La vida es solo una y merece disfrutarse, pensó, mientras sacudía la tela a cuadros contra el viento, para que la arena no se le metiera en los ojos.

Cuando la luna ya se alzaba sobre el horizonte, volvió, resignado, a desmontar el mástil que había improvisado hacía más de un año en lo más alto de su isla desierta. Ató nuevamente el deshilachado trapo a modo de bandera izándolo hasta el tope y rezó, mientras lo hacía, para que alguna vez la tripulación de algún buque que navegara por esos rumbos lo viera, llegando al fin a rescatarlo.


viernes, 30 de abril de 2021

OTRO RELATO PARA ESTE JUEVES: Curiosidad

 A modo de derivación de mi anterior relato, me tomo el atrevimiento de aportar otra historia juevera para esta convocatoria. Para leer todos los relatos participantes, dar clic aquí

Imagen tomada de la red


LA VALIJA 2

La fuerte tormenta arreciaba con viento y lluvia. Como venía sucediéndole desde hacía varias noches, no podía dormir. Su mente inquieta no lograba alejarse de la ansiedad que le provocaba aquella valija, aguardando detrás del sillón, instándolo a saciar su curiosidad por descubrir su misterioso contenido más allá de las estrictas recomendaciones de su padre.

Intensos relámpagos cortaban la oscuridad de la casa iluminando por breves segundos la mayor parte de la sala hasta la puerta de entrada. Desde su cama lograba, durante esos lapsos, divisar la valija con una claridad seductora, como si la condenada gozara con tentarlo. Pensó que si lograba vencer sus remilgos, ese podría ser el momento propicio para sacarse las ganas de hurgar entre sus misterios mientras todos dormían. Además, no se trataba de algo tan terrible. Ninguna maldad había en sus intenciones, sólo pretendía abrir y mirar -sin revolver nada- simplemente escudriñar inocentemente para sacarse de una vez esa espina en el corazón que lo corroía cada día más.  

El plan era simple: simular una escapada al baño acercándose inocentemente al sillón amparado por el estrépito de los truenos; estaba muy seguro que nadie lo advertiría en medio de aquella tormenta, pero por las dudas, contar con la excusa del baño no estaría de más. Si cobraba un poquito de coraje lo haría. Estaba decidido. Justo con el próximo trueno abandonaría por unos momentos la tibieza de su cama y se deslizaría subrepticiamente hasta el sofá, esquivando la mesita de café. Después la cosa era bien sencilla: escurrirse detrás del sillón y aguardar unos minutos hasta el próximo trueno –seguro que lo habría- y aprovechando la luminosidad del relámpago, destrabaría rápidamente la sencilla cerradura para después curiosear en el interior de la inquietante maleta sacándose las dudas sobre su contenido. ¡Estaba seguro que encontraría algún libro en clave o un par de mapas señalando alguna guarida de espías extranjeros o alguna cosa igual de excitante! ¿Y si hubiera armas? ¡Eso no lo había pensado! ¿Qué haría si encontrara algo peligroso? ¿Se lo contaría a su padre aunque eso pusiera al descubierto su desobediencia? ¡Seguro no le perdonaría semejante falta de integridad! ¡En su momento le había dado su palabra de no tocar aquella valija y aunque su descubrimiento fuera importante y sirviera para desbaratar una banda internacional, la decepción de su padre sería tremenda. ¡Ya no podría mirarlo a los ojos sin hundirse en la vergüenza!

Aquel pensamiento hizo que se le nublaran los ojos de lágrimas y hasta llegó a moquear.

Lo pensó mejor y concluyó que tal vez convendría contener la curiosidad y suspender su arriesgado plan a pesar de la oportuna tormenta. La confianza que su padre tenía en él valía mucho más que cualquier tesoro que pudiese hallar dentro de aquella diabólica maleta y arriesgarse a perderla era de tontos. Nada lo justificaba. 

…además, la tormenta amainaba y ya estaba a punto de amanecer.  


jueves, 29 de abril de 2021

CADA JUEVES, UN RELATO: Curiosidad


 Disculpándome de antemano por no haber podido reducir algo más el texto, me sumo a la propuesta juevera de esta semana, conducida por Moli desde su blog. Los invito a leer todos los textos.

LA VALIJA

La vieja estación se alzaba en medio de la llanura. Las vías paralelas señalaban un preciso punto de referencia más allá del ocre de las espigas. Detrás de los muros de prolijos ladrillos ingleses, se organizaba con ajustada cronometría el ir y venir de trenes, cargas y pasajeros. Tres bancos y un señorial reloj constituían el escaso mobiliario del andén. Junto a la oficina desde donde comandaba la aceitada sincronización de aquel pequeño mundo, el meticuloso funcionario vivía junto a su familia, compartiendo con ellos el orgullo de ser reconocido por su corrección y decencia. 

Un día, entre arribos y partidas, alguien se dejó olvidada una valija sin identificación, por lo que el escrupuloso jefe decidió preservar la maleta en su propia casa, mientras investigaba quién podría haberla olvidado. Apenas cruzar el umbral dio instrucciones para que nadie, por ninguna circunstancia, tocara aquel equipaje que decidió ubicar momentáneamente detrás del sillón junto a la radio que presidía la estancia.

Aquella valija se transformó, desde ese momento, en el foco de tentación de la circunspecta familia, habitualmente desprovista de cualquier emoción fuera de su rutinaria armonía. Sin que nadie se atreviera a confesarlo, cada quien a su manera fue sintiendo la picazón de la curiosidad, comenzando a fantasear sobre lo que la maleta podía contener.

El jefe de estación no podía dejar de pensar que quizás alguien la había abandonado por miedo a portar algo ilegal o inconveniente: tal vez una entrega espuria interrumpida por un imprevisto forzó al cómplice a no acudir a la cita y la carga comprometedora quedó allí en su estación, a la deriva, a merced de quien buscara luego recuperarla. Esa idea le inquietaba demasiado, por lo que su apuro por sacarse de encima aquel problema era evidente.

Su esposa, totalmente ajena a esas preocupaciones, aprovechó el evento para dejar volar su imaginación más allá del incordio que la voluminosa maleta representaba dentro de su sala, fantaseando que tal vez estuviera llena de glamorosos regalos que algún galán de la capital le llevaba a su amada pueblerina, quedando por puro azar olvidados allí, en medio de la nada.

El hijo, incansable lector de novelas de misterio y detectives, forzaba cualquier ocasión para poder tantear la maleta y estimar su posible contenido: demasiado pesado para ropa y muy liviana para lingotes de oro robados, como relataban algunas de sus historias. Tal vez documentos importantes trasladados por espías internacionales perdidos en aquellas pampas gringas. Mil historias volaban ante su mente infantil, ansiosa por divagar más allá de esos muros ferroviarios.

Para la abuela, de gran espíritu práctico, las posibilidades de adivinar el contenido sin abrir la valija se reducían a nada, por lo que era partidaria de destrabarla y darle una inocente y rápida mirada, acabando de una vez con la incertidumbre que a todos perturbaba.

Pasaron varios días y la curiosidad por averiguar algo sobre la maleta no decayó, por el contrario, se consolidó como una inquietante tentación aguijoneando en silencio desde detrás del sillón, poniendo a prueba sus voluntades vacilantes.

Una mañana, cuando el bulto hallado casi se había asimilado al mobiliario de la casa, desde la oficina central llegó la orden de despacharlo hacia nuevo destino: la valija fue trasladada y con el ella el misterio de lo que contenía. Quizás una carga ilegal, quizás encajes, quizás oro o pistas en clave sobre eventuales espionajes. Jamás lo supieron, pero la excitación por descubrir lo que pudo contener quedó por siempre latiendo en su imaginación con fuerza inquisidora.


jueves, 22 de abril de 2021

CADA JUEVES, UN RELATO: mi encuentro con el Mara-verso

Sumándome a la particular propuesta del amigo Demiurgo, (reconociendo que no ha sido fácil) les dejo mi relato. Para leer todas las historias jueveras, dar clic aqui.



POR FUERA DEL MARAVERSO - EL ENCUENTRO

Algo aturdida por el desequilibrio y el impacto que aquel increíble traspaso le produjo, Mara Laira experimentó por primera vez la tercera dimensión de la que tantas veces había escuchado hablar, comprobando -no sin asombro- que aquel aire volátil era efectivamente totalmente diferente al chato espacio interlineal en el que solían desenvolverse los de su especie, seres bidimensionales laboriosamente perfilados a partir de los trazos de algún historietista inspirado urdiendo la trama ingeniosa de sus vidas.

Ella, tan valiente como curiosa, se animó al fin a dar el salto existencial hacia afuera de su acotado mundo bidimensional en donde no existen las profundidades inciertas de esta otra realidad que ahora observa. Sentada allí, sobre el borde del tablero de dibujo donde descansan intercaladas las recientes tiras monocromas que el dibujante ha preparado para enviar a la imprenta, Mara observa, olfatea y escucha todo a su alrededor -indecisa y obnubilada- percibe que, más lejos todavía, existe una ciudad que explota en gritos, bocinas, humos y sirenas en un lenguaje sumamente diferente al que está acostumbrada: aquí no hay onomatopeyas que especifiquen la naturaleza de los sonidos, no hay jerarquía de trazos poniendo énfasis en la ansiedad o en el ímpetu de las voces, hay en cambio profundidad espacial en lugar de la suposición simple de planos en la que habita. Si bien se maravilla ante semejante universo abriéndose ante sus ojos, la carencia de cuadros compartimentados separando las escenas y globos bien dispuestos discriminando voces y pensamientos la perturba y confunde -debe reconocerlo- al punto que se siente totalmente perdida. Casi, al borde de la locura.

De repente alguien irrumpe en aquella inmensa habitación sin darle tiempo a guarecerse nuevamente entre las bidimensiones de su mundo caricaturesco. Sin haberlo visto antes, sabe, por pura intuición, de quién se trata: es “su” historietista. Luego del asombro lógico y esperable, él también la reconoce. No en vano es una de sus más entrañables personajes. Mara y Héctor dejan de lado las preguntas obvias. Ambos conocen las posibles conexiones existentes entre sus respectivos mundos como así también las consabidas diferencias entre una y otra realidad. Se miran profundamente a los ojos sin necesidad de expresar palabras. En silencio se dicen todo. Saben que a partir de ese momento, nada será igual.


miércoles, 14 de abril de 2021

CADA JUEVES, UN RELATO: ANACRONÍAS

 Esta semana me sumo con el siguiente texto a la propuesta que Mag nos hace desde su blog. (Espero haber respondido bien a la consigna jeje).  

Para leer todos los relatos participantes, dar clic aquí.



ANACRONÍAS

Hoy, sin que supiera cómo, de repente el perfume sutil de aquellos mismos jazmines reapareció en mi mente inundando nuevamente todo a mi alrededor y otra vez te sentí, por unos instantes, presente y sin nostalgia.

-No es época- dijiste al entrar, pero pese al calendario que te daba la razón, mi certeza de percibirlo me hizo dudar entonces de la consistencia del tiempo y el espacio, llegando a pensar que confabulando al jardín con la felicidad del momento, el otoño incipiente buscaba camuflarse en un noviembre de jazmines y magia. No supe aquella vez el origen real de la fragancia. Lo comprendí mucho después, cuando te fuiste. Y contigo, el aroma persistente de aquellos jazmines irreales desapareció para siempre de nuestra casa, junto con mi niñez enterrada en tu añoranza.

Sigue marcando otoño el calendario y sin que haya más razón que tu recuerdo, hoy como ayer -por tu gracia- percibo indudable ese aroma a vos que me retrotrae, como en mi infancia,  a aquellas dulces flores blancas.


jueves, 8 de abril de 2021

CADA JUEVES, UN RELATO: VEJEZ

 Sumándome a la propuesta de Dorotea, mi relato. 



VEJEZ

Como todas las mañanas, el rumor del sol la sacó de su ensueño anestesiado. Le pesaban los párpados, sentía entumecidos los músculos. La boca reseca reclamaba algo de líquido para humedecer garganta y comisuras: se sació como pudo con lo que quedaba de agua en el vaso sobre su mesita de luz. Se incorporó con fatiga sobre las almohadas húmedas. La brisa que entraba por la ventana aún no alcanzaba a renovar el aire pesado de la habitación. Sus ojos se fueron acostumbrando a la luz del nuevo día, mientras un dolor agudo en la cintura le hizo sobarse infructuosamente con sus manos aún dormidas, luchando contra el hormigueo incesante que le subía por el brazo derecho desde la punta de los dedos hasta el codo. La curva de su espalda se acentuó sin contemplaciones mientras sus piernas se acomodaban sobre el lateral de su cama buscando instintivamente `las pantuflas. Logró pararse con esfuerzo y con inercia se observó en el espejo: se confirmó inocultablemente vieja.

Con crudeza sintió que su reflejo no era el de la persona que ella aún insistía ser, aquella que en los momentos de mayor enjundia, todavía se sentía capaz de defender imposibles y construir puentes en donde otros se empeñaban en destruir fortalezas. Esa que la miraba entregada desde la frialdad del vidrio plateado, no podía ser ella. ¿A dónde se había ido su añorada juventud? ¿En qué momento sus años habían logrado socavar la que alguna vez se sintió atractiva, con la carne firme y las curvas puestas en los lugares apropiados? Al ver que nada de aquella gastada figura se disipaba con el paso de los minutos, se sintió abatida y desconsolada. Sintió que sus dolores la atravesaban con impiedad por dentro y por fuera. Con matinal angustia, se sintió infeliz.

………………

A medida que transcurre su día, las rutinas cotidianas van diluyendo sus quejas y por momentos vuelve a sentirse positiva y ágil. Los pensamientos se van acomodando junto con sus quehaceres y logra repasar con balance a favor cada una de las etapas de vida que logra evocar. A medida que recuerda sus manos ávidas van construyendo un mundo de sabores improvisados y colores vivos equilibrados con gusto y armonía: el almuerzo para su familia ya está preparado y los platos dispuestos esperando sus destinatarios: cada uno de sus amores representados en el alimento que les aguarda.

……….

Luego de una siesta y una ducha reparadora el mundo se ve algo menos inquietante. Hasta las arrugas llegan a verse menos agresivas si uno se dispone irreverente frente a ellas. Se sienta frente al teclado con el aroma a limpio de su espíritu que se yergue ante la vida con cierta inspiración, y renovada en su fe, muy suelta de cuerpo y alma, escribe… ahora rejuvenece… 


(pasar por aquí para leer el resto de las historias jueveras)


domingo, 4 de abril de 2021

CIERRE DE CONVOCATORIA


Agradeciendo la entusiasta concurrencia y deseándoles a tod@s, amig@s bloguer@s, unas muy FELICES PASCUAS, cumplo en cerrar este jueves dándole el pase a la querida Dorotea, quien desde su blog, será la encargada de conducir el nuevo encuentro juevero de la próxima semana.








jueves, 1 de abril de 2021

CADA JUEVES UN RELATO: EXPRESIONES IDIOMÁTICAS (Mi aporte)

 



Incorporando todas las frases de la lista, éste es mi aporte:

MÁS CLARO, ÉCHALE AGUA!


Nunca, jamás de los jamases imaginé que la aparición de una mojigata me vendría como anillo al dedo, pero así fue. Es que la suerte, cada dos por tres nos sorprende y lejos de hacer llover sobre mojado -como en un principio amenaza- tuerce las cosas y se nos presenta con viento a favor. Te lo cuento ahora, antes que se me olviden los detalles porque a veces tengo memoria de pez y aunque algunos digan que hablo hasta por los codos, sabrás tú que no es tan así, que simplemente no tengo pelos en la lengua y digo las cosas con suma franqueza, aunque sin pasarme de la raya, eso sí. A estas alturas, sin ser vieja –porque como dice mi abuela, viejos son los trapos- he superado hace rato la edad del pavo y no voy a dejar pasar lo que me afecta. No soy como otras, que andan por la vida muertas de miedo, sin pena ni gloria, calladitas la boca sin comprometerse ni ponerse las pilas a la hora de decir lo que piensan… pero bueno, allá ellas. Yo soy como soy y no me arrepiento. Y a renglón seguido paso a contarte cómo se dio el asunto, que ya me estaba yendo por las ramas y aquella escena fue para alquilar balcones… y tú te lo perdiste, pese a haber dado en el clavo el otro día, cuando dijiste que debía echar más leña al fuego para que la semilla de los celos se plantara y el susodicho se sintiera entre la espada y la pared a la hora de decidirse: era ella o yo, así de simple, y al ver como la loca se revolcaba frente a todos en el pueblo asida de los pelos de la otra estúpida, él por fin comprendió que a esa chiflada le falta un tornillo, que tenerla como mujer era como andar siempre con una soga al cuello, celosa enfermiza que lo persigue a más no poder: no lo deja solo ni a sol ni a sombra y le hace pasar vergüenza. Te lo aseguro yo, que para verlo tenía que ingeniármelas buscando una nueva excusa cada vez, disimulando ante ella con la argucia que me caracteriza, ya me conoces. Pero como sé con qué bueyes aro, no voy a dormirme en los laureles. Dejaré que pasen unos días y después atacaré de frente. Le exigiré a mi media naranja que aclare de una vez por todas nuestra situación ante su familia y se defina… aunque -el pícaro-  cada vez que dice “voy a aclarar”… más bien oscurece.


* Para leer todos los aportes, pasar por el post anterior

domingo, 28 de marzo de 2021

CONVOCATORIA JUEVERA PARA LA PRÓXIMA SEMANA

Nuevamente tengo el gusto de coordinar otro encuentro juevero y se me ha ocurrido jugar con distintas expresiones idiomáticas que solemos utilizar comúnmente en sentido figurado. La propuesta es simple, debemos elegir cuatro o cinco expresiones de la lista que les dejo para utilizarlas en la redacción de un relato de temática y género libre que resulte coherente y literariamente interesante y que en lo posible, no supere las 350 palabras. Por supuesto se permite ajustar las formas verbales si fuera necesario. A partir del miércoles me van dejando los enlaces de sus entradas, el jueves armo la lista de participantes. Espero les entusiasme la idea. L@s espero.

 



EXPRESIONES IDIOMÁTICAS A UTILIZAR EN EL RELATO

·        jamás de los jamases
·        como anillo al dedo
·        para alquilar balcones
·        la edad del pavo
·        memoria de pez
·        sin pelos en la lengua
·        (su, tu, mi) media naranja
·        hablar por los codos
·        llueve sobre mojado
·        ponerse las pilas
·        a renglón seguido
·        pasarse de la raya
·        no aclares que oscurece
·        viejos son los trapos
·        cada dos por tres
·        dar en el clavo
·        con la soga al cuello
·        le falta un tornillo
·        dormirse en los laureles
·        entre la espada y la pared
·        sin pena ni gloria
·        echar leña al fuego

miércoles, 24 de marzo de 2021

CADA JUEVES, UN RELATO: CHISMES

Esta vez es la querida San quien desde su blog, nos propone un sugerente tema para nuestros relatos: Chismes. Para leer todos los aportes, dar clic aquí.



MI APORTE

De la noche anterior sólo le había quedado la resaca. Agria, incongruente, impropia. Nada que ver con su habitual imagen medida y conspicua. Varios recuerdos discontinuos brotaban en su memoria como segmentos recortados de una realidad borrosa que no sabía si quería recordar. La excusa de juntarse para despedir al contador fue motivo para que muchos, como ella, se animaran a descomprimir la tensión del trabajo acumulado. De ahí que se excediera en el baile, la bebida, la comida y la charla… ¡la charla!

Como un latigazo le vino a la memoria el momento de solaz distensión que alcanzó con la flaca de contaduría, la chismosa más filosa de toda la empresa, con quien nunca tuvo más cercanía personal que un eventual hola y adiós de obligada cortesía. Pero en la fiesta, alentadas por el alcohol que corrió sin pausa, estuvieron intercambiando confidencias sin que recordara muy bien qué se habían contado. En realidad lo único que le preocupaba era saber qué corchos le había contado ella a semejante indiscreta, famosa en la oficina por difundir los detalles más ínfimos a la hora de criticar vestimentas, miradas insinuantes, alientos y descuidos personales.

Logró recordar que habían estado hablando de trabajo, viajes y mascotas, también de moda y gustos varios. Después el parloteo derivó para lo más obvio: hombres. ¡Por Dios! ¿Le habría contado lo que tenía con su jefe? Nunca habían llegado a nada serio pero el jugueteo estaba presente y los dos sabían que lo que fuera aquello jamás tenía que salir de aquella oficina. Era algo sutil y secreto que nadie tenía que sospechar. ¡Dios Santo! ¿Y si en un descuido se lo había contado a la flaca? ¿Podría el alcohol haberle hecho nublar la razón de tal forma? De ser así, estaba perdida. ¡Hundida literalmente en el barro del escarnio! Aquella chismosa estaría desparramando ahora mismo sus infidencias por cada rincón de la empresa, haciéndolo ver como algo mucho más indecente de lo que en realidad era: un jugueteo, simple y lúdico sin mayor significado, pero aquella arpía lo estaría transformando en algo mucho más sucio y vil… ¡Dios Santo! ¡Cómo pudo ser tan boca floja e irresponsable! ¡Su jefe nunca se lo perdonará! ¡Seguro que la echa! Además de la honra iba a perder el empleo, eso era seguro, y ninguna queja podía presentar… ¿qué iba a decir, si la culpa era toda de ella?… ¡y del alcohol que la mareó hasta hacerle perder la cordura! Nada había ahora que pudiera detener la rueda del chismerío.

Entró a la oficina como un condenado va a la horca, sabiendo que eran pocas las horas de dignidad que le quedaban. Detrás de unos oscuros anteojos para sol, sus ojos enrojecidos por la resaca y la vergüenza buscaban pasar desapercibidos ante todo el personal que ahora parecía mirarla con sorna y malicia: la flaca les contó, era obvio. ¡Cómo podía perdérselo, si se alimenta de chismes y puterío! ¡Es una incontinente verbal, nada se le pasa y lo de ella daba para hacer dulce! ¡Qué estúpida fue! ¡Qué insensata y bocona!

De repente la ve salir de contaduría. Con la sonrisita socarrona con que preanuncia sus confidencias, se le arrima, pegajosamente confianzuda y le recuerda lo bien que lo pasaron en la fiesta y le cuenta -en sincera confesión- que de todo lo que hablaron esa noche poco y nada escuchó, ya que entre saltos y festejos había perdido su audífono –al parecer es totalmente sorda y nadie lo sabe- por lo que en confianza le pide que le guarde el secreto… ¡es que allí en la oficina son una manga de chismosos!


miércoles, 17 de marzo de 2021

CADA JUEVES UN RELATO: AL OTRO LADO DE LA PUERTA

Me sumo con este texto al homenaje a Edgar Allan Poe que esta semana nos deja Mag desde su blog, propuesta juevera a la que espero haber respondido con acierto (aunque con exceso de palabras... me disculpo). 


Mientras se concentraba en definir los pasos a seguir en su escalada de ascenso social, iba recorriendo con ávida frialdad las notas sociales del periódico en donde se resaltaban tanto los negocios como los eventos de lo más granado de la Ciudad Luz. En su calculado papel de viuda joven recién llegada desde el exterior, su aparente virtuosismo era fundamental a la hora de buscar nuevo esposo. –más de tres difuntos tenía en su haber y ningún rastro que delatara sus turbias muertes-

En la columna de nuevos empresarios, un personaje de aspecto casi insignificante se mostraba como prometedor candidato para su nuevo proyecto: un floreciente importador, soltero y novel dentro de la sociedad parisina, necesitado de una esposa que lo complementara en su papel de nuevo rico. Luego de un aparente casual encuentro en el lugar indicado, las consecuencias buscadas llegaron sin levantar sospechas. La sobria boda se publicitó lo indispensable para dar a conocer el feliz acontecimiento, pero sin despertar sospechas sobre los reales propósitos de la “respetable” novia. La nueva viudez le sobrevino a los pocos meses, sin que el entorno o el muerto llegaran a sospechar la intencionalidad. La suerte seguía estando de su lado.

Una noche de tormenta, mientras sin remordimientos jugueteaba con el fuego de la chimenea, la campanilla de la puerta sonó con insistencia. Con imprudencia, abrió sin observar por la mirilla. Su grito de espanto coincidió con el relámpago imprevisto que iluminó el porche: su recientemente fallecido marido estaba ante ella, mirándola sin decir una palabra. Su reacción instintiva fue golpearlo con el atizador de chimenea que aún llevaba entre las manos. Cinco o seis estacazos dieron en el blanco haciéndolo doblegar. El próximo relámpago le brindó nuevamente la luz suficiente para comprobar que en realidad el ahora muerto, no era su muerto. Se trataba de un desconocido que había llegado para entregarle ciertos papeles. Fiel a su estilo, su pragmatismo y frialdad no se hicieron esperar: debía ocultar el cadáver rápidamente borrando toda huella que indicara que había estado allí.

Observó que el entablonado del piso era fácil de desarmar y bajo él había un hueco lo suficientemente amplio como para acomodar un cuerpo. Las recientes remodelaciones de la casa le proveerían la cal necesaria para retrasar el proceso de descomposición, al menos lo suficiente como para ordenar sus asuntos antes de partir nuevamente. Así lo planeó y así lo hizo. Ningún rastro de aquel desgraciado quedó a la vista de propios o extraños mientras ella se dedicaba a buscar un nuevo destino para su raid de herencias provocadas.

La noche siguiente, el silencio de sus pensamientos fue interrumpido por un rítmico sonido que no lograba identificar, primero casi imperceptible, marcando luego un crescendo imposible de ignorar. Se trataba de un latido. Mientras más atención ponía en su ritmo constante, más segura estaba de ello. Un corazón insistiendo en pulsar desde la oscuridad de su encierro bajo el piso, señalándole sus muchas culpas.  

Aterrada, buscó refugio en la planta alta de la casa. Pese a la distancia, el pulso acusador se escuchaba con más fuerza, atormentándola más y más al punto de hacerle ver con claridad los rostros de todas sus víctimas. Era obvio. Desde el más allá sus muertos se habían complotado atosigándola con el martilleo de sus vidas segadas. Un grito agudo brotó de su garganta en el momento en que su mente al fin colapsó haciéndola arrojar por la ventana.

A la mañana siguiente la mucama -espantada- halló el cuerpo ensartado en la verja del frente de la casa. Lloró desconsolada al comprobar los estragos que el desconsuelo por su reciente viudez había provocado en la respetable dama.  

 

Obras de referencia del dibujo:

  • El Gato Negro
  • Los Crímenes de la calle Morgue
  • El Cuervo
  • El Corazón Delator


domingo, 14 de marzo de 2021

CIERRE DE CONVOCATORIA JUEVERA

 Llegamos nuevamente al cierre de otra convocatoria juevera que me ha tocado conducir. 



Agradeciendo tanto el entusiasmo como la manifiesta voluntad creativa de parte de tod@s l@s participantes, doy por culminada esta propuesta con una frase genial de uno de los más grandes escritores de estas latitudes, en cuyas letras, la fantasía ha dejado huella para la posteridad con gusto y maestría.

“Vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”

El Aleph, Jorge Luis Borges



Los invito a sumarse la semana próxima a la nueva propuesta juevera, conducida por la querida Mag, quien desde su blog, será la encargada de proponer el tema. Tengan tod@s una muy buena semana!

jueves, 11 de marzo de 2021

FANTASÍA PURA / PURA FANTASÍA - Mi aporte


Sumándome a mi propia propuesta (dar clic aquí para leer a tod@s l@s participantes), les dejo un relato que espero les guste:

El viejo automóvil estaba allí desde que tenía memoria. Semi hundido en el fango del pantano cerca del camino que iba a su casa. Se encontraba allí arrumbado, abandonado sin ser reclamado, macerado por el escarnio de quienes aún recordaban la tragedia que lo había sepultado: una pelea entre hermanos borrachos que culminó con la inexplicable muerte de uno de ellos atrapado bajo el pesado capot.

Por haberlo visto desde siempre, aquel vejestorio no le resultaba intimidante. Más bien lo veía como una belleza oxidada recuerdo de otras épocas, dejado de lado por la desidia de quienes no apreciaban lo que en realidad era: un Buick Special modelo 53, una verdadera reliquia sobre ruedas esperando ser rescatada por un amante de los clásicos como él.

La fantasía de restaurarlo a nuevo fue ganando prioridad en su cabeza, al punto que en determinado momento se volvió una verdadera obsesión -hasta aquella parrilla grandilocuente se le antojaba simpática y atractiva- 

Luego de un gran esfuerzo para remolcarlo fuera del suelo fangoso y del laborioso proceso de limpieza inicial, con gran entusiasmo se dedicó a desmontarlo pieza por pieza, rescatando lo que aún se hallaba en buenas condiciones y separando las muchos elementos inservibles que debía reemplazar. Cada billete que lograba ahorrar de su magro salario lo dedicaba a comprar algún repuesto original que ubicaba en algún galpón perdido en medio de la nada, o en remates especializados organizados por otros fanáticos de los fierros como él. Resignando tiempo y dinero de otras actividades que no fueran la laboriosa restauración, el joven se fue volviendo cada vez más huraño y reservado, llegando a ser aquel viejo Buick su principal preocupación, el único “amigo” con quien compartía sus horas de placer y entretenimiento.

Al fin el automóvil fue recuperando la pulida apariencia de sus años de gloria, tanto en su motor y en la lustrosa carrocería, como en su interior totalmente re tapizado. Su tan ansiado sueño de andar por los caminos con aquella belleza restaurada, al fin se concretaba.

De repente algo comenzó a comportarse caprichosamente haciendo que el Buick se detuviera sin razón aparente. Lejos de impacientarse, como quien amorosamente trata a un chico que no quiere entender razones, el joven abrió el lustroso capot dispuesto a solucionar el desperfecto. Para hacerlo debía encaramarse sobre el paragolpes reclinándose por completo sobre el voluminoso motor, cosa a la que ya estaba sobradamente acostumbrado.

Justo en el momento en el que la sólida varilla de sostén del capot se quebró en forma inexplicable, también lo hizo la espalda del avezado mecánico cuando la pesada tapa se cerró sobre él con un fuerte impacto. 


Aseguran, quienes vieron el inusual accidente, que en ese momento el Buick acentuó su sonrisa con gran malicia.


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