Mis disculpas por el retraso y por lo forzado -quizás- del texto para adaptarse al tema propuesto. No quise dejar de participar de la convocatoria de Encarni.
De todos los robos, de todos los
hurtos, el peor, sin dudas es el de los sueños. A veces decretado, a veces
solapado, muchas otras cacheteándonos en donde más duele, el ladrón de los
sueños pasa sin hacer ruido y de repente, nos deja sin el futuro que habíamos
creído seguro.
Sorpresivo, se las ingenia para
llegar cuando estamos con las defensas bajas, quizás entretenidos con rutinas
cotidianas, de repente llega y nos deshace sin sutilezas nuestros más anhelados
sueños, hasta los más sencillos… no es exigente a la hora de triturar
esperanzas. Llega, pasa y se lo lleva todo, dejándonos con las manos vacías. Como
una tromba…
Y ante lo inesperado, sentimos
que el mundo se nos pulveriza bajo nuestros pies… y nuestro rumbo, hasta ese
momento firme y definido, sucumbe ante los embates de lo imprevisto poniéndonos
a prueba en nuestra fortaleza.
Cuántas veces, previo a su
ataque, nos hemos descubierto minimizando las flaquezas ajenas en semejantes
circunstancias. Nos creíamos fuertes, astutos, capaces de sortear las dificultades
que sólo veíamos desde lejos, pero cuando ese ladrón ladino llega de repente a nuestra puerta, comprendemos que hacerle frente no era tan fácil; por más
alarmas antirrobos que hayamos instalado, él llega de improviso y logra
traspasar los límites de nuestras defensas: barreras que creíamos
inexpugnables, caen sin más ante su asecho.
¿Qué hacer ante su presencia?
¿Cómo hacer frente al derribo de lo que creíamos fuerte e inalterable?... aceptar
la realidad y construir nuevos sueños: a partir de lo verdadero, de lo poco o mucho que
haya resistido los embates de lo que nos golpeó y pisoteó con fuerza; construir a
pesar de lo doloroso y difícil que se hace remover escombros y reflexionar
sobre las pérdidas, sobre los eventuales fracasos, sobre las equivocados
proyectos. Nunca bajar los brazos desistiendo de lo valioso que aún sostienen nuestros cimientos.
Aprender a remontar la adversidad
del saqueo, del derrumbe, de la intromisión, del infortunio, de los cambios de
paradigmas. No es fácil. No es sencillo, no es indoloro… pero no debemos dejar
que sea imposible. Por nosotros y por quienes amamos, debemos aprender a
reconstruir nuestros sueños.







.gif)
.gif)
