Ante una propuesta de este calibre, trascendente y optimista, mis musas han corrido para otro lado al intentar abordar este tema y no han logrado sacudirse el pesimismo que ahora siento que flota en el aire. Mis disculpas por no respetar el espíritu de la consigna de la convocatoria. Para leer todos los aportes, pasar por el blog de Dafne.
CON POCO OPTIMISMO
Siento que estamos en un momento bisagra dentro de
la historia del mundo, en el que
debemos optar por manifestarnos en forma más
radical y activa de la que pasivamente
hemos estado sosteniendo hasta ahora.
Mientras el valor de las ideas que hemos ido construyendo
a fuerza de consensos y debates
vienen siendo aplastadas por el avance de
prepotencias obsesivas e ignorancias insufladas
a partir de argumentos insolventes y necedades caprichosas,
nuestras propias incoherencias
y fracasos auto infringidos han dado marco
propicio a lo que viene creciendo arrasando con su
escoria: liderazgos payasescos, arbitrarios y
retrógrados sin visiones proyectadas más allá de su
egoísmo, prepotencias y ambiciones, convencidos de
su sino, se proclaman como héroes,
poderosos intocables encumbrados en la gloria que
les brota de su espejo y aprovechan la
incoherencia de los otros, los que somos o ¨nos
damos¨ de sujetos racionales, convencidos
que
en la Historia el avance sostenido de las grandes civilizaciones
no se hace por las guerras o las
fuerzas del mercado sin moral ni ideologías sino
que es con los acuerdos, el consenso y la cultura
que la humanidad progresa, sueña, come y se engrandece en armonía y equilibrio
avanzando hacia un futuro más pacífico y consciente… pero no.
La realidad hoy nos grita que ganaron los que
apuestan al atraso, negando lo irrefutable sin
pruritos ni modales, alentando al ventajero al
obtuso con dinero y al obsceno sin moral.
Ellos gritan sus sandeces y nosotros escuchamos -asombrados
de su infamia- sin respuesta ni
reacción. Ellos siembran sus prejuicios alentados
por los votos que cosechan a su paso pese al
odio con que insultan a quien piensa diferente, atacando
sin piedad.
¿Es culpable sólo el mono que nos corta con navaja
mientras grita que el derecho social es
fraude, y el sujeto sólo vale por lo que pueda
comprar?
No neguemos que nosotros, distraídos por lo obvio -sin
consciencia por los riesgos- le otorgamos
la navaja (que hoy esgrime sin recato) creyendo
que no se pondría a rasurar.
