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CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

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jueves, 12 de marzo de 2009

HISTORIAS EN PARALELO 2 - Parte final (para los impacientes! jeje)












...A VECES EL DESTINO JUEGA CON NOSOTROS



La noche anterior no había podido dormir. Ni siquiera la pastilla que le prescribió su médico dio resultado. Estaba inquieta, como si presintiera que iba ocurrir algo increíble e inesperado.

Esa mañana su hija estaba particularmente irascible. No es que necesitara motivo para estarlo, pero el no haber encontrado uno de sus libros fue la excusa que la hizo salir dando un fuerte portazo que seguramente se sintió hasta en la planta baja.

Amaba a su hija más que a nadie en el mundo, no sólo por el lógico amor que toda madre siente por un hijo sino además, porque en su caso, haber decidido tenerla había sido su más grande desafío. Lo había asumido a conciencia, a pesar que era muy joven y que no estaba preparada cuando se descubrió sola frente a ese embarazo no esperado.

Lo decidió sin dudarlo, sin siquiera comentárselo a sus padres. Lo hizo antes aún de que aquel amigo que siempre la quiso desde lejos le ofreciera ser quien asumiera, frente a todos, la paternidad de su bebé para que no se encontraran totalmente desprotegidos.

El destino y su inmadurez hicieron que no fuera su gran amor quien ocupara el lugar que ella hubiera deseado, pero la sola idea de ver nacer a su hijo hizo que le brotaran más fuerzas de las que creía tener para seguir adelante, aunque eso significara casarse sin estar enamorada.

Dieciocho años después, su hija, igual de rebelde que ella misma cuando tenía su edad, parecía estar cada día más distante, y eso le dolía mucho más de lo que podía soportar.

Desde su separación, inevitable desde hacía tantos años, la joven parecía cuestionar cada uno de sus actos, quizás adjudicándole a ella la mayor parte de la culpa del fracaso del matrimonio y de la consecuente ruptura de la familia.

La traición de su marido no le dolió tanto como la actitud de incomprensión de su hija y eso se encontraba clavado en su corazón como una espina.

Mientras terminaba de lavar las tazas del desayuno, se sorprendió recordando la chica que ella misma había sido hacía ya tanto tiempo. Se reconocía en el carácter de su hija, aunque hoy, después de tantas resignaciones, la vida le había apagado el entusiasmo que le desbordaba en aquellos años. Lo decidida y lo verde de sus ojos eran quizás lo más notorio de lo que le había legado.

Con nostalgia recordó aquellos años dorados, de tantos proyectos, de tantos sueños compartidos, de tanto amor y tantas ilusiones. No quedaba ya nada de ellos. Los había decidido enterrar para siempre cuando supo que él se había marchado sin despedirse siquiera, después del berrinche que ella había tenido y que provocó aquella pelea estúpida. Aquella última tarde, cuando se encontraron en el parque, iba a contarle por qué los últimos días había estado tan reacia y temerosa, tan callada y reflexiva.

Cuando lo vio llegar hablando entusiasmado porque había concretado ya casi el viaje que tanto soñaba, en lugar de alentarlo, como venía haciéndolo hasta ese momento, o de contarle sin más dilaciones lo que sucedía, su mal genio estalló armando una escena de celos por una tonta nota que encontró en su agenda.

Se marchó llorando de aquel banco sombrío, angustiada y enojada más con ella misma que con él.

Pasaron unos días y no quiso atender sus llamados. Mientras él hacía tantos planes para recorrer el mundo, ella sentía que una cárcel se cerraba en torno suyo y no quería que él se quedara obligado por las circunstancias. No lo quería junto a ella de esa manera.

El día que él partió, el mundo terminó por aplastarla; vencida, asustada y vulnerable aceptó la propuesta de quien pronto fue su marido y poco a poco fue renunciando a sus sueños, siendo solamente su hija el motivo por el que la vida continuaba teniendo sentido.

El teléfono sonó, arrancándola con brusquedad de los viejos recuerdos.Pareciendo que los pensamientos y los dioses que manejan los destinos se hubiesen confabulado, reconoció de inmediato aquella voz que atravesó los mares y el tiempo y consiguió que otra vez su corazón latiera acelerado.

No lograba articular una palabra…no podía creer lo qué estaba pasando. Era él. Le hablaba tembloroso, se intuía. Como antes… Lo sentía tan cerca como antes…
La emoción los traicionó a los dos y demostraron sin reservas lo que seguían sintiendo el uno por el otro. No escuchó su propia voz cuando quiso abreviarle su historia. No habló de su gran secreto, claro…para ello debía mirarlo a los ojos.


Sin saber muy bien cómo, quedaron en verse. –Ya mismo - dijo él, impaciente. – En el parque- logró decidir ella.

Los minutos pasaron con tanta lentitud como todos los años que se había sentido sola. La hora del encuentro parecía no llegar nunca. ¿Cómo lo enfrentaría? ¿Lo reconocería? ¿Habría cambiado mucho? No quería hacerse ilusiones, y sin embargo, no dejaba de hacérselas.

Saboreó, eufórica, el hecho de comprobar que aún lo quería…o tal vez quería solamente su recuerdo…que no es lo mismo. Debía averiguarlo y lo haría enseguida. Bastaría con mirar otra vez de frente aquellos ojos de miel que fueron a la vez su pasión y su ternura.

Ahora, veinte siglos después de aquella última tarde, volvió a sentirse la misma muchacha inquieta y vital. Se puso su mejor vestido, se concilió con la imagen que le devolvió el espejo y fue a su encuentro.

Cruzó la avenida. El aire suave le despeinaba con tibieza su cabello, y ese gesto de la Naturaleza bastó para reconciliarla con la humanidad. Intentando respirar profundo mientras caminaba, se puso a observar a la gente que iba y venía por los senderos, bajo los árboles enormes que refrescaban con su sombra la mañana de noviembre.

El sitio que acordaron para encontrarse era el centro del parque, junto a la fuente, donde había muchos bancos junto a una enredadera que trepaba por una pérgola. En ese mismo lugar… donde se habían visto por última vez, hacía tanto tiempo.

La vida se encargaba de hacerle un guiño de complicidad y evocación que la hacía ser optimista. Esa era una buena señal, no tenía dudas.

La brisa le trajo el perfume de la enredadera. Entrecerró los ojos para concentrarse en aquel aroma, recordó, de repente, que aquella tarde también la había conmovido su fragancia. Al inspirarla con delicia, se renovó por dentro, y abriendo los ojos suavemente, dejó escapar una sonrisa.

Una nostalgia dulce la envolvió casi como en un sueño, y con increíble claridad lo reconoció, a pesar del impiadoso paso de los años.

En ese momento se dio cuenta que no estaba solo, a su lado se encontraba, inexplicablemente, su propia hija…la hija de ambos. Alegre y bella, lo miraba sin tapujos y marcadamente extasiada. Él le sonrío y le sostuvo la mirada y de repente, extendió su mano regalándole la flor que tenía entre sus dedos.

Maravillada, deslumbrada casi por el sol del mediodía, la mujer notó que las miradas de ambos se dirigían ahora hacia ella, también notoriamente sorprendidos.

Su corazón se aceleró sin aviso, poniendo en evidencia su torpeza.
Comprobó en ese segundo, cómo a veces, el destino se empeña en jugar con nosotros.


(fin)



miércoles, 11 de marzo de 2009

HISTORIAS EN PARALELO 2 - Segunda Parte






VEINTE SIGLOS DESPUÉS


Aquella mañana había arribado su avión.

Hacía tanto tiempo que vivía lejos que le costó reconocer la ciudad en la que había nacido. Lo primero que hizo después de reencontrarse con aquel cielo del sur fue conseguir una guía telefónica. Recordando la dirección de su casa paterna y su apellido pensó que si la suerte lo ayudaba, no iba a demorar en ubicarla. No se trataba de una gran metrópolis, además tenía referencias precisas de que ella nunca se había marchado. Siguió viviendo en aquella ciudad que los vio crecer juntos, donde descubrieron también juntos el primer amor y el primer pecado.

¿Cuántos siglos hacía de eso?¿veinte ya?... uno por cada año casi…sin embargo, la recordaba tan bien!...aquellos ojos verdes tan amados…nunca hubiese podido olvidarlos: tan claros y seguros, con la firmeza y el encanto de la juventud que cree en lo que hace, en lo que dice y en lo que siente.

Lo que sí ya no recordaba claramente eran los proyectos de los que juntos habían hablado. No recordaba bien si ella hablaba de estudiar derecho o comunicaciones. Él desde siempre quiso ser ingeniero, pero la vida y los sinsabores que uno no prevé lo llevaron a cambiar su sueño transformándolo en uno más del plantel de aquella multinacional que en su juventud idealista le provocaba escozores. Las vueltas que tiene la vida!- pensó – mientras sus dedos recorrían uno a uno los apellidos de la página de la “pri”. Esa era la antigua casa... no tenía dudas... marcó decidido y una voz que no reconoció le dio los datos que buscaba, la nueva dirección y el teléfono de la que hacía veinte siglos había sido su amada.

Esta vez reconoció la voz…supo que el teléfono no registró el paso de los años y le trajo con toda claridad la voz de la que fue por primera vez suya. Ese amor que no se olvida nunca, el primero y el más querido.

Después que el nerviosismo inicial les produjera una mudez casi total, lograron articular palabras y consiguieron entenderse. Ella estaba bien, según le dijo, separada hacía dos años (- qué oportuno –pensó él) del que luego de una vida compartida terminó traicionándola con su secretaria ( – típico – ironizó ella).

Luego de dudar por unos minutos, ella aceptó verlo, pero no quiso que fuera en su casa ni tampoco en un bar, prefirió que la esperase en el parque que estaba cerca de su casa, cruzando la avenida, la casualidad hizo que fuera el mismo sitio en que se encontraron la última vez.

Cuando colgó el teléfono sintió que el corazón se le aceleraba como en aquellos días, previo a cada encuentro; - como hace tanto tiempo – pensó.

Y el recuerdo de aquellos ojos comenzó a trastornarlo; la recordaba tan bien…su alegría, su entusiasmo, su dulzura. Era la mujer de sus sueños, la que siempre quiso, y a la que por miedo o por inseguridad abandonó casi sin despedirse, después de una actitud tan infantil como caprichosa que nunca llegó a comprender.

En realidad los dos eran demasiado jóvenes, apenas con dieciocho años sin estrenar, se atrevieron a lanzarse así al vacío, sin pensar en los riesgos, solamente dejándose llevar por la profundidad de lo que sentían.

Después, el tiempo se encargó de impedir que se volvieran a encontrar, aunque reconoció su parte de culpa por la demora en volver. No podía negarlo. Fue egoísta al principio, cuando quiso recorrer el mundo sin la responsabilidad de una vida compartida y lo fue también después cuando se cansó de rodar y decidió establecerse lejos, donde la oportunidad se le brindó más tentadora.

Unos años más tarde escuchó, por boca de amigos comunes, que ella se había casado al poco tiempo de su partida; eso lo confundió y entristeció tanto que se propuso dejar de pensar en ella, pero nunca pudo olvidarla.

Ahora, después de casi veinte años se animó a volver, buscó un pretexto laboral que le sirviera para excusarse de su propia culpa, y allí estaba, por fin, a punto de reencontrarse con quien marcó definitivamente su vida.

Temblaba de miedo pensando que tal vez ella le guardara rencor, pero decidió no amargarse antes de comprobarlo. Le bastaría con ver otra vez sus ojos.. los conocía tan bien... nunca supieron mentirle…para qué, si era como mentirse a ella misma, solía repetirle cuando lo atacaba la inseguridad y la celaba por alguna tontería.

El pasado regresaba con la claridad de lo que no se ha ido. Si la vida quería que se volvieran a juntar, nada ni nadie lograría esta vez que se separaran.

Con paso firme se dirigió hacia el lugar del encuentro. No estaba lejos de allí, así que tenía bastante tiempo para esperar la hora de la cita. El sitio que acordaron para encontrarse era el centro del parque, junto a la fuente, donde había muchos bancos junto a una enredadera que trepaba por una pérgola.

En ese mismo lugar donde se habían visto por última vez... hacía tanto tiempo. La vida se encargaba de hacerle un guiño de complicidad y evocación que lo hacía ser optimista. Esa era una buena señal, no tenía dudas.

Se sentó en un banco que creyó era el más adecuado, muy cerca de la enredadera que perfumaba el aire. Tomó una flor que había caído sobre el banco y la sostuvo entre sus dedos.

Una nostalgia dulce lo envolvió casi como en un sueño, y con increíble claridad creyó verla venir, caminando con esa seguridad que siempre recordó, alegre y serena, pareciendo saborear hasta el aire que la rodeaba.

No podía ser ella… Era tan joven como la recordaba! Sin duda que era una extraña coincidencia…Cómo pueden dos personas alejadas en el tiempo ser tan parecidas? – se preguntó – mientras distraída, la joven se sentaba a su lado sin verlo, tan concentrada estaba en aspirar el perfume de las flores de la enredadera.

Mientras él la contemplaba incrédulo, ella entreabrió los ojos…esos increíbles ojos verdes que con tanto amor recordaba. No podía ser ella!...pero eran sus ojos…sus mismos ojos!

Sorprendido, deslumbrado casi por el sol del mediodía, sintió que la mirada de la joven se encontraba con la suya en cálido acercamiento. Su corazón se aceleró sin aviso, poniendo en evidencia su torpeza. Aquella joven había conseguido sin palabras y de improviso, transportarlo veinte siglos atrás en el tiempo, haciéndole recordar el ayer con la emoción que creía perdida.

Sintió que podía llegar a renacer.


(continuará)

HISTORIAS EN PARALELO 2 (reedición - Primera parte)









LA CAÍDA DE LA FORTALEZA



El portazo se escuchó hasta en la planta baja. Siempre hacía lo mismo cuando se enojaba sin motivo aparente. En realidad la bronca era más contra sí misma que contra su madre.


Si bien no compartía su forma de ser, casi entregada a la rutina en la que parecía querer protegerse, la quería mucho; aunque ella, su única hija, era muy distinta. La pasión y el entusiasmo que ponía en cada posibilidad que se le abría ante sus ojos eran contagiosos, pero a pesar de ello no conseguía arrancar de su madre una palabra franca de aliento sin reparos: siempre aparecían los “peros” y los “cuidado” que desde hacía un tiempo, le resultaban intolerables.


Con sus dieciocho años a cuesta pensaba que el futuro estaba en manos de quien se decidía a tomarlo, como una manzana madura que está en lo alto de una rama, esperando que alguien se decida a arrancarla. Se sentía fuerte, segura en sus convicciones, y la lastimaba esa constante indecisión por parte de su madre, esa duda permanente que limitaba cualquier impulso que quisiese asomar. Esa característica tan irritante se había acentuado desde que se había separado de su padre.


Si bien ella, como hija, había sufrido mucho por esa crisis que tuvo que enfrentar, había decidido no dejarse caer por la depresión ni el dolor. Su madre, en cambio, parecía cada vez más destruida y acobardada.


Quizás ese empeño de ver todo como un constante desafío, fuera una actitud propia de su juventud en rebeldía frente al conformismo de los mayores, así lo entendía; aunque también la exasperaba por otra parte, ese descontrol desmedido y el paso acelerado de la euforia al desinterés abúlico que solía encontrar en la mayoría de la gente de su edad. Por esa razón era quizás que no tenía muchos amigos, no era una persona solitaria ni introvertida, pero sí se consideraba muy selectiva en cuanto a sus afectos.


No se abría ante cualquiera. Sin ser desconfiada, creía que la conexión entre dos personas era una cualidad casi química que se daba de inmediato, y en caso contrario, para nada importaba el tiempo que se compartiera: si la magia no se había dado desde un principio, creía que no se daría nunca.


Con su madre la relación era buena, o por lo menos así había sido hasta ahora; de un tiempo a esta parte se alternaban los largos silencios sin palabras o el griterío con quejas sin motivos importantes. En esas circunstancias, como ahora, ella prefería salir a caminar sin rumbo, tratando de aclarar la mente y despejarse. Un reencuentro consigo misma del que regresaba casi siempre sin conflictos.


Esa mañana tenía simplemente ganas de sentarse al sol. Decidió de repente, faltar a clases, y sin pensarlo mucho, se desvió de su habitual camino para dirigirse hacia el parque cercano, cruzando la avenida.


El aire suave le despeinaba con tibieza su cabello, y ese gesto de la Naturaleza bastó para reconciliarla con la humanidad.


Intentando dejar las preocupaciones de lado se puso a observar a la gente que caminaba por los senderos, bajo los árboles enormes que refrescaban con su sombra la mañana de noviembre.


Pensaba en su madre, que joven aún, se había dejado vencer por la vida, limitándose a suspirar y ceder cuando se enteró que su marido pensaba abandonarla. Ella, pensaba, habría actuado diferente; habría luchado con uñas y dientes para defender lo que era suyo; su madre, en cambio, ni protestó cuando su padre se marchó casi sin dar explicaciones. Siempre le recriminó su falta de decisión frente a la adversidad, la creía una mujer casi sin carácter y siempre se prometía a sí misma que nunca ella sería así.


Consideraba que su fortaleza y convicción eran su mayor virtud. Creía en el amor, pero nunca lo había experimentado como lo soñaba. Muchas veces, al mirar las parejas que caminaban abrazados o se hacían arrumacos en los bancos de las plazas, había sentido celos. Se sentía sola, pero con una soledad profunda, no la que se siente por ejemplo las tardes de domingo después del almuerzo cuando uno se aburre mirando sin mirar alguna película vieja en televisión. La soledad que sentía en aquellas ocasiones era mucho más interna y preocupante; provenía de sus rincones más íntimos, de aquellos en donde guardaba sus secretos más sentidos, aquellos que no se había animado nunca a contarle a nadie.


Algo cansada por la caminata, casi sin mirar, sumergida en aquellos pensamientos, se sentó en un banco del parque, junto a una enredadera que perfumaba el aire con su dulzura de flores nuevas.


Entrecerró los ojos para concentrarse en aquel aroma, buscando averiguar a qué le hacía recordar. Al inspirar con delicia aquella fragancia, se renovó por dentro, y abriendo los ojos suavemente, dejó escapar una sonrisa.


En ese momento se dio cuenta que no estaba sola, a su lado se encontraba un hombre mayor que ella, joven aún y muy atractivo, que la miraba sin tapujos y marcadamente extasiado. Le sonrío y le sostuvo la mirada y de repente, extendió su mano regalándole la flor que tenía entre sus dedos.


La primera impresión fue de sorpresa, como si la hubiera descubierto en una situación muy íntima que la delataba sin pudores. Mientras aceptaba la flor, sintió que se sonrojaba y que sus ojos se encontraban con los de él en cálido acercamiento. Su corazón se aceleró sin aviso, poniendo en evidencia su torpeza. Aquel hombre había conseguido sin palabras derribar la aparente fortaleza y seguridad de su arrogante juventud.


¿Qué era lo que la atraía tanto?¿por qué se sentía tan turbada? Ella misma no podía responder aquellas preguntas que la desorientaban totalmente.


Se sintió extrañamente más niña y más mujer, todo mezclado, con la maravillosa sensación de que el mundo, en ese instante se volvía más hermoso y más bueno.


Nunca se había sentido así, sorprendida en su descuido por alguien extraño y a la vez casi conocido, con una profunda y dulce mirada color miel.


Sintió que todo a su alrededor se podía llegar a desplomar.




(continuará)

martes, 10 de marzo de 2009

MI POSTURA SOBRE LA HUELGA DE BLOGS EN SPACES









Creo que todo suma, independientemente de los malentendidos y de las rencillas personales.

Yo tengo mis dos espacios personales en huelga permanente desde los últimos cambios, luego que el Evento contra la Censura Indiscriminada (estimo que el más representativo en cuanto a participación y firmas reunidas) fue literalmente borrado del mapa.

Nuestras acciones constantes habrán podido catalogarse de más o menos acertadas, de más o menos prolijas, pero tengo el convencimiento de que todas han sido promovidas por intenciones desinteresadas en cuanto a la repercusión personal de quienes las promovían.

Si por excepción, alguien pretende llevar con esta excusa agua para su molino, allá ellos!...yo he tenido siempre mi conciencia tranquila y sigo creyendo, como en un principio, que si se parte del hecho de considerar a la desnudez en sí, (independientemente de la intencionalidad con la que se la muestra) como algo básicamente reprobable, a la larga se podrá comprobar que nada va a cambiar, a lo sumo se acotarán un poco las censuras, pero el problema de raíz seguirá estando.

Eso pienso y eso sostengo, sin insultos ni descalificaciones a quien piense diferente.

Así mismo apoyo todo gesto que en alguna medida se manifieste contra una censura absurda que tanto ha dañado a los usuarios de esta plataforma. Espero haber sido clara.


Mi solidaridad para todos los que han sido, están siendo y seguramente seguirán siendo censurados en nombre de una moralidad hipócrita que muestra una actitud en sus publicidades y otra en exceso puritana para nuestras manifestaciones.


Saludos, y gracias a todos los que han decidido remar en pro de la libertad de expresión.



lunes, 9 de marzo de 2009

RIESGO DE VIVIR











Apenas al nacer,
las sendas de la vida
se nos muestran anchas.
Parecieran sin fines
el cielo, el mar
la tierra
y nuestra identidad
que aún no entiende de nostalgias.

Al paso de crecer
el punto de partida
bien nos deja marcas
y todo lo que en breve
con la experiencia
daña
la libertad de las alas
nos recorta... y un poco de esperanzas.

Con riesgo de vivir
de miedos y prejuicios
las mentiras ajan
y todo lo importante
que la vida da,
trastoca
su sentido
por la fuerza… que la ignorancia gana.



CENSURAS (perdón si el tema resulta reiterativo)














Hoja pudorosa
que oculta
aquello que, parece,
a la mediocridad asusta,
en nombre del “respeto”
a los que distinto piensan
los brujos coartan
la libertad de expresión
y el arte
(a los que temen)
y con la absurda impunidad
de su ignorancia
acallan
la herencia cultural
que se sustenta
en lo que ellos
(sin razón)
se niegan a aceptar
y con hipocresía
matan.


(dedicado puntualmente a la censura en spaces)



domingo, 8 de marzo de 2009

PARA TODAS










Siempre ten presente que la piel se arruga

el pelo se vuelve blanco

los días se convierten en años…

pero lo importante no cambia.

Tu fuerza y tu convicción no tienen edad.

Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.

Detrás de cada línea de llegada hay una de partida,

detrás de cada logro hay otro desafío.

Mientras estés viva, siéntete viva.

Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.

No vivas de fotos amarillas.

Sigue, aunque todos esperen que abandones.

No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.

Has que en vez de lástima, te tengan respeto.

Cuando, por los años, no puedas correr, trota

cuando no puedas trotar, camina

cuando no puedas caminar, usa bastón

…pero nunca te detengas!


(Madre Teresa de Calcuta)





sábado, 7 de marzo de 2009

VIVIR DESPEINADA - Algo que me llegó por correo









Todos deberíamos atender esta frase con intensidad, sin poses, disfrutando cada momento, cada experiencia, cada afecto. Sin lugar a dudas, seríamos mucho más felices.

Hoy he aprendido que hay que dejar que la vida te despeine, por eso he decidido disfrutar la vida con mayor intensidad…
El mundo está loco. Definitivamente loco… Lo rico, engorda. Lo lindo sale caro. El sol que ilumina tu rostro arruga. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina…- Hacer el amor, despeina.- Reírte a carcajadas, despeina.- Viajar, volar, correr, meterte en el mar, despeina.- Quitarte la ropa, despeina.- Besar a la persona que amas, despeina.- Jugar, despeina.- Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina.- Bailar hasta que dudes si fue buena idea ponerte tacones altos esa noche, te deja el pelo irreconocible…

Así que como siempre cada vez que nos veamos yo voy a estar con el cabello despeinado…
Sin embargo, no tengas duda de que estaré pasando por el momento más feliz de mi vida.
Es ley de vida: siempre va a estar más despeinada la mujer que elija ir en el primer carrito de la montaña rusa, que la que elija no subirse.

Puede ser que me sienta tentada a ser una mujer impecable, peinada y planchadita por dentro y por fuera. El aviso clasificado de este mundo exige buena presencia: Péinate, ponte, sácate, cómprate, corre, adelgaza, come sano, camina derechita, ponte seria… Y quizá debería seguir las instrucciones pero ¿cuando me van a dar la orden de ser feliz? Acaso no se dan cuenta que para lucir linda, me debo de sentir linda… ¡La persona más linda que puedo ser! Lo único que realmente importa es que al mirarme al espejo, vea a la mujer que debo ser.

Por eso mi recomendación a todas las mujeres:
Haz el amor, Entrégate, Come rico, Besa, Abraza, Baila, Enamórate, Relájate, Viaja, Salta, Acuéstate tarde, Levántate temprano, Corre, Vuela, Canta, Ponte linda, Ponte cómoda, Admira el paisaje, Disfruta, y sobre todo, deja que la vida te despeine. Lo peor que puede pasarte es que, sonriendo frente al espejo, te tengas que volver a peinar.



FELIZ FIN DE SEMANA PARA TODOS!





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