Esta semana José Vicente nos conduce, proponiéndonos un tema que me costó encarar.
No fue polio, pero otra enfermedad la privó de caminar desde
muy chiquita. Yo la conocí de adulta ya que era una de las hermanas mayores de
mi papá. Desde chica, fue la consentida de sus cinco hermanos, quienes, por
darle todos los gustos, a veces postergaban sus propios intereses. Si bien era
de carácter jovial, por aquel entonces, y se daba maña para muchas cosas dentro
de su casa, jamás quiso que la vieran en una silla de ruedas, por lo que se
movilizaba de forma muy especial con una silla de paja y madera, balanceándose
de un lado hacia el otro, haciéndola “caminar” hábilmente ayudándose con sus
manos que la sujetaban desde el asiento. Siempre fue muy coqueta. Le encantaba
usar sus uñas muy largas, pintadas de rojo vibrante. También gustaba de usar
muchas pulseras y collares bastante llamativos. Pese a lo poco usual en
aquellos años, fumaba, incluso en presencia de su madre -anciana ya- que hacía
como que no la censuraba. Manipulaba con sofisticada soltura a su entorno, que alentaba,
incluso, su personalidad aniñada y caprichosa. Pese a ello nunca pudo vencer
sus complejos. Jamás logró derribar las barreras que sentía que sus
limitaciones físicas le imponían y por eso se sintió siempre diferente. Nunca logró
aprobar esa asignatura que la vida le impuso y que la sobreprotección de su
familia quizás le impidió confrontar.