Sumándome al reto de esta semana, propuesto por Mag desde su blog, elijo, de las frases que nos deja, las siguientes:
Bloque 1: una enorme luz que fuera luciérnaga de otra, en un campo de miradas rotas
Bloque 2: Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios.
EL ALMA CALLA
En su pulso vital mi respiración me tiende los hilos para
alejarme de la realidad que entorpece y confunde. Inspiro y exhalo, sumergiéndome
a consciencia en su ritmo vivificante. Huyendo del sonido sientes
que eres sonido
mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Lo sé y lo consigo. Inspiro y exhalo.
Lentamente. Profundamente.
De repente, la oscuridad cerrada lo invade todo. Tenga
abiertos o no los ojos, ninguna silueta leve logro distinguir en la negritud
que se extiende a mi alrededor como único universo, haciendo del todo una nada
que se disuelve en un pozo sin formas en el que me hundo sin posibilidad de
percibir nada más que mi esencia que se asoma desde mi interior, latiendo al
unísono con mi corazón que se reafirma en cada pulso.
Soy yo, existo, aunque nada vea que me dé contorno o
referencia, pero estoy y soy, quizás como lo fui en aquel principio que ningún
viviente logra recordar. Siento que mi alma, en su verdadera magnitud, se ensancha
en medio de aquella oscuridad en donde nuevos sentidos se agudizan llevándome
hasta un estado que recién descubro y jamás imaginé.
De improviso una enorme luz que fuera luciérnaga de otra, en un campo de miradas
rotas se abre paso resquebrajando
cualquier noción de la oscuridad en la que acababa darse mi íntimo renacimiento.
En medio de aquella luminiscencia existencial, sin
necesidad de mirarte, te descubro y te reconozco. Sé quién eres. Habitas los
sueños y cada rincón de lo creado y desde ellos vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra
infinita sin aliento y sin labios. Hablas desde el silencio y desde él
nos contestas. No eludes ninguna respuesta, más bien las confirmas sin
pronunciar palabra.
Celebro tu presencia. Me regocijo ante ella y callo. No
hace falta más. Estamos frente a frente y sólo eso importa, porque al
confirmarte, todo lo antes vivido, aprendido, intuido e imaginado, cobra al fin
sentido… y se me revela.




















