NAVIDAD BLOGUERA

NAVIDAD BLOGUERA

CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento
Con paciencia, los invito a buscar los elementos pedidos en cada entrada

FIGURA Y FONDO

FIGURA Y FONDO
Mis fotos

FLIN EN LA LIBRETITA

...un personaje nacido de mi mano...

Cartas que no fueron enviadas

..quedan invitados a conocer el blog de Eduardo, mi papá (que sigue vivo desde sus letras)

LADY DARK

un relato ilustrado

Seguidores

sábado, 13 de junio de 2015

CONVOCATORIA JUEVERA PARA EL PRÓXIMO 18 DE JUNIO

ESTE JUEVES, UN RELATO: UN NUEVO MUNDO


(Ilustración: Stephan Martiniere)

Otra vez tengo el honor de conducir otro encuentro juevero, y reconozco que, ya teniendo preparado otro tema para proponer, a último minuto cambié de opinión y decidí variar mi propuesta. Luego de mucho pensarlo decidí optar por una temática más amplia y con posibilidades de muy distinta interpretación. El título por el que me decidí es UN NUEVO MUNDO y cabe aquí cualquier referencia que se les ocurra: puede abarcar la ciencia ficción, la novela histórica, el género de terror, el de aventuras, quizás la fantasía científica, la novela romántica, el ideario ecológico o la interpretación que quieran darle al tema. Los invito a dejar llevarse por la imaginación para volcar luego su creatividad en un texto de no más de 350 palabras –en lo posible- Las reglas generales ya las saben, pero igual les recuerdo que no deben publicar antes del miércoles. Cuando lo hagan, deben remarcar que el texto pertenece al ENCUENTRO JUEVERO de la semana, acompañar –si gustan- con la imagen que encabeza la convocatoria (por cierto, recomiendo visitar la página web de este artista http://www.martiniere.com/) y enlazar mi post desde donde colgaré la lista de participantes. Queda sobrentendido que la participación incluye el compromiso de leer y comentar, a su vez, el resto de los textos jueveros. Por supuesto que queda firme la invitación para todo el que desee sumarse por primera vez. Cualquier duda sobre cómo hacerlo, me la plantean aquí, en los comentarios. Espero que les entusiasme la idea y seamos muchos los que aportemos con textos y presencia. Los espero.

jueves, 11 de junio de 2015

ESTE JUEVES UN RELATO: LOS SIETE PECADOS CAPITALES

Esta semana Charo nos propone elegir uno de los siete pecados y desarrollarlo en primera persona. Yo he elegido la SOBERBIA. Para leer más textos jueveros, pasar por su blog.



Asomada al balcón de mis éxitos, me siento extasiada ante la visión de mi propio reflejo: adulada y aplaudida por quienes me brindan constante pleitesía (aunque sé que en el fondo son traicioneros y sólo responden a la presión de mi poder y presencia) hasta casi veo el brillo de mi propio halo irradiando a mi alrededor. Sé que soy faro del destino de esta gente, luz entre sus sombras, imprescindible guía espiritual de todos estos ineptos que me necesitan y en mí se cobijan. Me debo a mi pueblo. Lo veo en sus ojos humedecidos por las lágrimas del agradecimiento. También yo he sentido el peso de las privaciones. He sido pobre y he podido superarlo.

Sé que tengo una gran capacidad histriónica. Con unos cuantos gestos estudiados frente al espejo, los conmuevo con facilidad, manifestando mi sensibilidad ante los temas trascendentes que tiro al ruedo en mis improvisados discursos. Me siento satisfecha al comprobar que cada vez los perfecciono más y más, según pasan los años y los acontecimientos.

No hay piedras que no pueda eludir en mi camino, no hay escollo que no pueda superar. No hay tema urticante, ni chisme ni queja que pueda hacerme alterar el rumbo de mi férrea voluntad de gobernante. No hay poder que pueda pedirme cuentas. No hay quien tenga derecho a requerir explicaciones sobre mis contradicciones. Soy pragmática. Soy una preclara estadista. No tengo por qué explicar mis actos o mis decisiones. He sido elegida. Me han votado y con ese apoyo han validado mi título. Quizás haya debido ser coronada, pero por ahora no está en mis proyectos cambiar el carácter del sistema republicano… quizás en un futuro… sería por su propio bien.

Sé que me necesitan. Sin mí, están perdidos. Soy yo o el abismo. Soy yo o la perdición que representan mis enemigos.



(nota: cualquier referencia con algún personaje político de la realidad NO es pura coincidencia)

martes, 9 de junio de 2015

CONTANDO LAS SEMANAS- 24 de 53 ATRAPASUEÑOS



Otra semana me sumo a la convocatoria de la querida Sindel. Esta vez la palabra disparadora es ATRAPASUEÑOS. Mi aporte:


Atrapado entre los hilos
de aquel atrapa-sueños
-olvidado- 
quedó
enredado para siempre
el rastro 
de ese primer mal 
presentimiento.
Creo recordar
que se hizo eco
-como advertencia-
hurgando 
en los pormenores
de un matinal 
entresueño.
No llegó a ser pesadilla
pero se instaló
como alerta prematura
y me inspiró 
a desconfiar
-por traicioneras-
de ciertas miradas
que se presentan 
en la vida
como un mal sueño.

miércoles, 3 de junio de 2015

ESTE JUEVES UN RELATO: No es oro todo lo que reluce (aunque puede serlo lo que se ve opaco)

Me disculpo por la extensión de mi relato. Se trata de dos de los tres capítulos de un cuento que escribí hace ya bastante. Espero que no se desalienten en la lectura.
Más relatos jueveros en lo de Tere.



“Los ángeles más sufridos no suelen tener alas” alguna vez le dijo alguien a modo de fácil e inútil consuelo a sus heridas. Y por algunos breves instantes le creyó…y casi asomó a sus labios una sonrisa.

Pero no es así, concluyó al poco tiempo, y la soledad descascaró la débil esperanza que intentó formarse en su interior a modo de tabla de salvación.

Los hombres suelen apelar hasta a las más indignas mentiras para conquistar o engañar a una mujer, y ella ya las ha conocido todas. Nada puede sorprenderla a estas alturas. Sólo la certeza de poder sobrevivir otro día, y a veces eso no alcanza para persistir en el duro oficio de no caer abatida ante la desesperanza.

Sintiendo la inminencia de algo que no sabría definir, ella camina bajo la llovizna que se inicia en esa mañana, gris y fría como tantas, intentando esquivar los charcos embarrados que se forman entre las grietas del asfalto.

Buscando guarecerse bajo un periódico que encontró en una ventana sucia, se apura para llegar hasta la entrada de un negocio que le brinda, generoso, el cobijo de su alero. Allí se queda unos minutos mirando la lluvia caer con impaciencia sobre la irregularidad del empedrado. El monocorde llanto del aguacero parece querer fundirse con la tristeza de sus evocaciones, que se empeñan en aflorar cuando menos se lo espera.

Un atisbo de la tibieza de otros tiempos despliega sus alas frente a su infinita soledad y en aquel rincón ignoto de una ciudad que recién despierta, ella insiste en guardar sus penas con los cuatro billetes que lleva en su cartera. Se resiste a la tentación de ver de frente sus recuerdos y en clara rebeldía hacia la lógica que le pide que aguarde allí intentando mantenerse seca, opta por seguir su camino atravesando el parque.

Apenas cruza la avenida lo ve. Parece un bulto abandonado. Restos de algo que alguna vez fue útil.

Bajo lo que aparenta ser una frazada un pobre viejo tirita por el frío, la lluvia y la fiebre. Es un borracho más tirado entre los desechos de un mundo que lo ignora. Nada especial. Sólo un gemido en la inclemencia de un día que nace bajo el aguacero. Otro sin nombre que alguna vez fue niño, fue sueños, fue esperanza…o quizás ni siquiera tuvo esa suerte.

Allí está. Semioculto por la vana protección de un árbol que apenas logra brindar refugio a unos pájaros. Aterido de miedo, aguarda, sin más compañía que su inmundicia, a que de una vez por todas se lo lleve la muerte.

Por alguna razón que la joven no alcanza a distinguir, algo en ese pobre ser atraviesa la coraza de su conciencia y le pide ayuda.

No está en ella tender la mano a un necesitado. No suele suceder. No está entre lo que acostumbra. Es ella la que suele estar de ese otro lado, pidiendo sin palabras. Aguardando sin ser oída.

Tampoco hay mucho que esté a su alcance hacer. No sabe cómo aliviarlo. No tiene más abrigo que el que lleva puesto, no hay alguien cerca quien pueda socorrerlo.

Contrario a sus instintos, a pesar de la intensidad de la lluvia que no afloja, ella se aproxima y logra ver de cerca aquel rostro oscuro y sufriente.

Las huellas del tiempo han dejado profundos surcos en lo que ayer debió haber sido piel y ahora aparenta ser tan duro como cuero. Apenas dientes asoman en esa boca que apesta a vino y a dolores viejos. Su mirada lo dice todo y en silencio, implora un poco de compasión.

En vano ella le pregunta su nombre. Su inquietud no recibe respuesta. Una y otra vez intenta que aquel viejo le diga algo, pero sólo gruñidos y lamentos logra escuchar bajo la lluvia.

A esas alturas agota el máximo compromiso que su propia indignidad le permite y decide irse. Apenas unas calles y pronto llegará al certero refugio de su cuarto de pensión, que ahora se le antoja poco menos que un palacio con la calidez de sus paredes sólidas y su lecho seco.

Mientras intenta apurar el paso para no tener que permanecer frente a frente con su conciencia un minuto más, algo en su interior le oprime el corazón y la fuerza a detenerse.

Quizás pudiera hacer algo más por él. No mucho, tan sólo dar aviso. Pedir una ambulancia. Llamar a quien pueda ayudarlo. No se ve a nadie alrededor. No sólo la hora conspira contra sus planes, también la inclemencia de esa mañana inhóspita parece querer implicarla en lo que ahora se le ocurre casi un imposible rescate.

Soportando como puede el peso y el hedor de aquel viejo que ni entiende donde está, consigue con mucho esfuerzo arrimarlo hasta una banca cercana a la avenida y allí logra sentarlo. En vano intenta cubrirlo con el periódico para aliviar en algo la molestia de la lluvia.

Haciendo señas casi desesperadas, mojándose íntegra como no recuerda haberlo hecho alguna vez, la muchacha intenta detener un taxi. Consigue llamar la atención de uno que se acerca, pero, al ver que la joven pretende subir también al viejo, acelera de inmediato sin mediar ni una palabra de disculpa o excusa.

Toma entonces conciencia de la burda situación en la que el destino y su inusual vocación de comedida la han puesto: una prostituta y un viejo pordiosero borracho y enfermo intentando conseguir transporte bajo una lluvia torrencial que se encarga de marcarles sin piedad la crudeza de la realidad: a nadie le importan.

Se ve tentada una y otra vez por lo que en otro momento hubiese sido lo más sensato: ocuparse de sí misma y abandonar a aquel infortunado a su suerte. La calle es así de cruel. Cada quien vela por su propia supervivencia y no se juzgan las miserias humanas. No hay nada que la obligue a seguir adelante con ese incómodo rescate. Se probó a sí misma que lo intentó. No salió bien, eso es todo y no se puede pretender mucho más de alguien como ella. Eso es real…
Pero aunque quiere, no puede marcharse…
…..

Fueron varios los intentos fallidos pero al final, cuando ya casi había perdido por completo las esperanzas, alguien se detuvo, y hasta la ayudó a subir al harapiento viejo enfermo al taxi.

Se ve que era cierto aquello que no todos los ángeles llevan alas porque ése que se compadeció de dos pobres abandonados en la impiedad de una lluvia furiosa ni siquiera pretendió cobrarle el viaje. Ella extendió, no sin dolor, los únicos billetes que había logrado hacer la noche anterior para pagar lo que marcaba el taxímetro, pero él no los aceptó.

Ella no le insistió. Sólo le agradeció con sinceridad y una mirada que no dejaba de ser incrédula y se bajó del taxi sin darle oportunidad de arrepentirse.

Alguna vez, en otro tiempo, se mostró dubitativa, pretendiendo hacer lo correcto y se aprovecharon de ella. No hacía falta otra lección. Ya había aprobado las peores asignaturas. Pero ahora estaba allí. Bajo techo, por fin, escurriendo de su escasa ropa todo un mar de agua que se diría, se le había filtrado hasta las venas.

En el hospital intentaron averiguar algo más sobre la identidad del viejo, pero fue en vano. Sólo balbuceaba algún que otro intento de palabra, quizás hasta en otro idioma, y nadie lograba comunicarse con él.

A ella la asaltaron con preguntas. Sólo lograron marearla más aún. Su habitual entumecimiento matutino empeoraba ahora por el frío infinito que la acosaba. Le ofrecieron un café, pero no quiso aceptarlo. Lo único que quería era sumergirse de una buena vez en algo parecido al sueño. Ese desmayo profundo en el que anhela caer cada mañana, luego de transitar sin consuelo un infierno que no por conocido se le muestra más acogedor. No quería desvelarse aunque a cambio recibiera un trago de calor. Mucho mejor le caería un poco de licor, pero no hay surtidores de alcohol en los hospitales ni parroquianos que paguen con una copa su interesada compañía.

Así que se durmió. En el rincón cercano a la puerta por donde ingresaron al viejo enfermo. Fue pura comodidad. Nada especial la ataba a él ni a su destino.

El que haya decidido exponerse al frío y a la lluvia por tenderle una mano a un pordiosero desconocido era algo que aún no lograba interpretar, pero su vida estaba ya tan llena de sinsentidos que uno más no afectaría ni su letargo ni su falta de cordura.

Quizás por lo inusual del sitio y de lo ocurrido, su duermevela no fue lo que acostumbraba ser. Voces e imágenes recientes se filtraban y mezclaban con otras más conocidas. Recuerdos de un pasado que le susurraba miedos y alegrías olvidadas, inconexos fantasmas que arrullaban su infinita soledad.

Un acre sabor a nostalgia le invadía la boca, se mezclaba con la pastosidad de su saliva y hacía que la infecundidad en la que intentaba sobrevivir día a día le resultara ahora mucho más angustiante.

El desagradable olor a hospital lograba atravesar las barreras de su inconsciente llegando a ser casi protagonista de su sueño: extrañas enfermeras vestidas de camareras recorrían los largos pasillos de hospitales imaginarios empujando camillas que portaban vagabundos desamparados, negros de mugre, chorreantes cuerpos que sólo gemían de pena. Sentada en un rincón, ella misma, cubierta inútilmente por su abrigo que no calmaba su frío, acompañaba con su mirada desesperada y sollozante el paso de cada uno de esos desgraciados. Mientras los miraba, su propia alma pordiosera sólo atinaba a rezar por una botella de alcohol que la hundiera en la insensibilidad de una borrachera salvadora. Al mismo tiempo, aguardando en aquellos pasillos de su tortuosa pesadilla, lograba entender que no habría licor capaz de hacerle desaparecer ese hueco inmenso que se agrandaba cada vez más en su pecho.

Si comprender por qué había decidido llevar al hospital a aquel desconocido era algo que escapaba a su entendimiento, menos explicación hallaba para permanecer aún allí.

Siempre se había esforzado por mantenerse ajena a todo lo que concierne a enfermedades y actitudes solidarias. Nadie siquiera se lo había insinuado como necesario. Sin embargo allí continuaba, dormitando inquieta en aquella incómoda sala de espera aguardando por algo que no tendría por qué importarle.

Mientras intentaba encontrar una postura algo más cómoda para descansar un poco su entumecido cuerpo, en sueños, sus inquietudes más añejas se seguían mezclando con imágenes caprichosas de vagabundos y enfermeras.

No sabe bien cuántas horas transcurrieron hasta que comenzó a despertar. Una incipiente migraña comienza a atormentarla a la vez que su cabeza busca recobrar la lucidez…o lo poca que le queda.

Un rostro amable, con barba recién cortada, aroma de ducha reciente y despliegue natural de buenos modales se acerca hacia ella.

El médico parece tener vasta experiencia. Cabello entrecano, algo mayor, voz firme pero suave, sin la egocéntrica actitud que suelen tener sus clientes con diploma, el hombre la mira hasta con ternura, procurando hacerse entender abriéndose paso entre las nubes de su sueño recién interrumpido.

Ahora se esmera en explicarle algo que ella no entiende muy bien. Términos médicos que hablan de la extrema gravedad en que hallaron al paciente, sus condiciones de vida precarias, lo oportuna y acertada que fue su intervención, la estabilidad actual de la salud del hombre, la desinteresada actitud que la honra y que fue determinante a la hora de salvarle la vida…

Salvarle la vida…salvarle la vida…dicen que su decisión de llevarlo al hospital le salvó la vida…y lo destacan…y la felicitan…salvarle la vida…

Las palabras de aquel médico siguen retumbando lentamente en sus oídos y se le estremece el corazón al comprender el profundo significado de las mismas.

Sus ojos se van llenando de lágrimas…esta vez no de angustia o de desesperanza. Esta vez su llanto es dulce, cálido, profundamente emotivo…lo que quedaba de pintura en su rostro se sigue escurriendo con ese nuevo llanto y lejos de provocar rechazo o lástima, siente que la gente la mira con cálida aprobación.

Médicos y enfermeras le sonríen mientras con paso tambaleante la mujer sale del hospital llevando en su cara un gesto sincero y profundo de emoción.

Sigue temblando, no ya de frío, sino por la inusual fortuna de comprobar que a veces la vida puede brindar una impensada oportunidad de redención. Por primera vez en mucho tiempo puede decir que se siente útil, conciliada con el mundo, verdaderamente feliz…

La lluvia continúa aún bendiciendo ese día especial, cae sobre ella con la delicadeza de una caricia celestial que le renueva y va limpiándola por dentro…por donde su alma más lo necesita.

CONTANDO LAS SEMANAS -Palabra 23 de 53 Tierra

A propuesta de Sindel, esta semana nos inspiramos con la palabra Tierra. En mi caso, un muy breve aporte:

"Polvo eres y en polvo te convertirás"… destino inapelable de todos los que vagamos sobre nuestra madre Gea.

jueves, 28 de mayo de 2015

ESTE JUEVES -YA VIERNES- UN RELATO: Hablemos del destino

Aunque tarde, no quise dejar de participar en la convocatoria que nos propone esta semana Pepe.




DESTINO

Eso
que llamamos destino
es
muchas veces
la excusa perfecta
para entregarnos
simplemente
a la queja
y al conformismo,
a la actitud pasiva
del que se resigna
del que no busca
del que acata todo
sin replantearse
nada en sus días.
La vida no es eso.
Es, en cambio
el camino
que se nos presenta
esperando
ser mejorado
mientras se le recorre.
Es el juego
de interrogantes
que se entretiene
en hacernos
mas interesante
la travesía.
Es
el regalo sorpresa
que nos aguarda
quizás al doblar
en la esquina.
Es el amor inesperado.
La vuelta de tuerca.
El espejo con truco.
La posibilidad
cierta
de arribar a un final
sin tenerlo
antes escrito.

martes, 26 de mayo de 2015

CONTANDO LAS SEMANAS - Palabra 22 de 53: Caricia

Esta semana, la querida Sindel nos propone inspirarnos en la palabra CARICIA para ambientar nuestros textos. Con algo de demora, dejo el mío.





Una caricia del pasado le llegó al verle. No fue un cimbronazo, ni un impacto con estrépito… tampoco fue un fuego o el ardor de un beso apasionado, no. Fue una caricia. Leve, antigua, pura, sutil murmullo alado de otro tiempo. Una caricia que llega sin ser buscada, sin aviso y de repente, cuando menos uno lo espera. Llega y hace su trabajo: emociona, conmueve, trastoca el presente haciéndolo fugar, por unos instantes, hacia otros tardes, tan cotidianas y frágiles como las de ese hoy que su madurez transita sin altibajos, sin angustias gruesas ni errores acumulados llevados a cuestas. Sin demasiadas quejas ni muchas ansiedades, con bastantes sueños cumplidos y otros tantos con la esperanza de poder ser alcanzados en un mañana probable.

Una caricia… ligero roce impensado, rastro inevitable de aquella juventud ida que alguna vez construyeron de a dos con mucha enjundia, con ansiosas chispas surgiendo entre sus miradas y aquella novel atracción estremeciendo sus cuerpos recién descubiertos.

Luego de esa imperceptible incomodidad que cada cual buscó que el otro no notara, vinieron las palabras de rigor… que ¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! ¿Qué fue de tu vida? ¿Te casaste? Tengo dos chicas. Yo una sola. ¿Vivís por acá? ¡Ahora somos del mismo barrio!... y así, hasta completar el sugestivo interrogatorio que sirvió para acortar las distancias que remarca el calendario y las canas no asumidas. La llegada del colectivo ofreció la excusa que ya buscaban, por las dudas otras opciones más comprometidas se les pasaran por la mente.

Al fin el mundo siguió andando y cada cual volvió a su habitual rincón, sin más pena ni gloria de las que ya tenían. Encuentro fugaz que no tuvo mayores consecuencias. Sólo la dulce levedad de esa caricia reencontrada que con tanto poder llegó para instalárseles otra vez en el corazón. Caricia que –muy de vez en vez- cuando el silencio los cobija como cómplice, con inocente picardía los invita a recordar. 


Más caricias, en lo de Sindel

jueves, 21 de mayo de 2015

ESTE JUEVES UN RELATO: Cómo somos de solidarios los humanos


¿Es la solidaridad un instinto primario o una virtud adquirida, bendecida por religiones y costumbres?

¿Existe en realidad una inclinación natural y subyacente que nos hace, como especie, reaccionar en forma solidaria ante la necesidad del otro?

¿Nacemos con ese impulso latente que nos hace reaccionar y se manifiesta cuando vemos al prójimo en momentos de dolor o necesidad extrema? ¿Es real y sostenido o se trata solo de un reflejo condicionado ante el llamado puntual y solidario que se lanza en forma grandilocuente?

¿Es espontánea e inherente esa empatía? ¿Se incrementa ejercitándola y por el contrario, se atrofia por falta de uso?

Ya sea natural e intrínseca o impuesta por credos y costumbres, lo cierto es que mientras no tengamos a la solidaridad como premisa de nuestra acción social, no lograremos construir naciones donde la equidad y la justicia sean los elementos directrices que marquen nuestro rumbo.

Mientras no aprendamos a ponernos en la situación del otro, mientras miremos para otro lado cuando se nos presente algo que lastime, en lugar de pensar cómo intentar solucionarlo, mientras despreciemos a los que llegan por el solo hecho de ser foráneos, nunca cimentaremos sociedades justas y estables, autosuficientes y armoniosas. Porque a la larga, las carencias de los que son marginados terminarán también afectando de una u otra manera el bienestar y la tranquilidad del resto.

La organicidad de nuestras sociedades nos hace funcionar como una verdadera red donde todos nuestros intereses están relacionados, donde lo que nos afecta a algunos, seguramente luego afectará la estabilidad de los otros. Es así de integral la estructura de nuestras sociedades. Es así de fundamental la necesidad de entender que nadie es capaz de vivir solo ni independiente en medio de un mundo poblado de “otros”. Otros con iguales afanes y debilidades, tan dependientes y necesitados, tan valiosos e irrepetibles como lo somos también nosotros.


Más textos sobre la Solidaridad, en lo de Carmen Andújar

Archivo del blog

BLOG REGISTRADO

IBSN: Internet Blog Serial Number 1-958-000-000