NAVIDAD BLOGUERA

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CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

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lunes, 11 de octubre de 2010

COMO ARAÑANDO LA LUNA (nueva versión)

















Entre la noche y el día
en el silencio
como arañando la luna
te encuentro
subida a tus sueños
te descubro
y en un abrir y cerrar de ojos
te liberas
resplandeciendo por dentro
y me sorprendes
llenándome de preguntas

esperando así aclarar
todas tus dudas.

Y entre la noche y el día
que ya comienza
como arañando la luna
me liberas
subida a tus sueños
al fin huyes
escapando por tus rincones
me dejas
resplandeciendo por dentro
y me sorprendo
respondiendo preguntas

mientras busco aclarar
mis propias dudas.

sábado, 9 de octubre de 2010

CONVIVENCIA

Vista previa




(Aunque llego aquí también rezagada, no quería dejar de aportar un post al respecto)

Aprender a convivir…
menuda tarea!
elemental desafío
que no hemos aún
logrado construir
en forma coherente.

Después de milenios
de ejercitarnos
en guerras y disensos
habitar en armonía
se nos presenta
al menos “sorprendente”.

Decidirse a aceptar
que somos iguales
-aunque diversos-
y como tales
derecho tenemos
de hacer, decir y pensar
de manera diferente.

Convivir en libertad,
legitimo derecho
que cada cual
debiera asumir
en su realidad
en forma inherente.


viernes, 8 de octubre de 2010

ESTE JUEVES UN RELATO (más vale tarde que nunca!) pag 24, línea 3







































Sé que se aceptan rezagados y por eso me animo a sumarme, hoy viernes, a esta convocatoria de los jueves!

Libro elegido: Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Lainez (el párrafo corresponde al cuento La sirena) (página 24 línea 3)

…le besa los labios esculpidos, los ojos pintados.


La última sirena surca el río de aguas doradas mientras el sol se hunde en él y se desangra.
Recortados contra el horizonte tres bergantines de velas hinchadas de aire húmedo se dirigen hacia el sur, buscando el mar que los espera.
El mayor de los navíos lleva enroscado en su popa un magnífico vigía, alguien distinto al resto de los hombres que pueblan inquietos las cubiertas malolientes de aquellos barcos mal entrazados.
De inmediato la solitaria criatura siente que en su pecho late algo nuevo, mágico, esperanzador…¿será quizás ese ser alguien tan distinto y necesitado como ella?…quizás no sea de agua su naturaleza pero tal vez sienta, tan vacío y triste como el suyo, el lento transcurrir entre olas y espuma.
Cae la noche sigilosa como el mismo nado de la sirena, que se acerca cautelosa buscando mimetizarse en la oscuridad. Los hombres son crueles, ávidos de sangre y emociones y bien sabe que no deben verla…o será capturada.
Bajo la luz helada de luna misteriosa, la bella sirena se asoma, apenas, entre algas y camalotes, disimulado su rostro por su larga cabellera.
Desde allí logra ver en detalle la figura majestuosa de aquel colosal gigante que yergue su pecho hacia el horizonte. Torso firme, rizados cabellos coronados con diademas de hojas. Su rostro tallado en nostalgias y silencios logra conmoverla. Ansía ver de cerca esos ojos tristes, necesita enjugar las lágrimas que de ellos se desprenden…
La sal en el viento ya le avisa que el mar está próximo y quizás ese ímpetu que surge del salitre le anima a asirse con fuerza de uno de esos brazos potentes. Lejos de sentir que son correspondidos sus reclamos la sirena advierte que aquel ser no es como los que ha conocido, es quizás más cercano a lo inmortal, más intenso, más perfecto…y en su desesperación por lograr tocar la sensibilidad de ese alma impasible recurre a su más delicado y mágico canto lastimero, aún sabiendo que enorme es el riesgo de ser descubierta…como si fuera hecha de mieles su voz susurra cerca del oído de aquel titán silencioso, que, impertérrito no parece darse por aludido. Lejos de sentirse vencida, se esfuerza ahora por llegar a aferrarse del cuello del coloso, apelando a su último y más efectivo recurso …le besa los labios esculpidos, los ojos pintados…y con esos besos, le hace entrega de su corazón. 




(más relatos en lo de Gustavo)



jueves, 7 de octubre de 2010

FELICITAS - Final de la historia


















Parte Final: PASIONES DERRAMADAS



Conocer el amor luego de enviudar y perder hijos en las circunstancias que ella lo había padecido fue un remanso que la vida le propuso. Dejarse llevar por semejante sentimiento tan esperado y profundo fue la respuesta inmediata con que su corazón apasionado le respondió.


El sopor la transporta otra vez hacia aquellos ojos que la encandilaron, tan mansos, tan protectores, tan intensos… y otra vez las sensaciones renacieron intactas, tal como surgieron aquella noche, mientras desde afuera, la lluvia agudizaba sus sentidos…


Samuel no tardó en proponerle matrimonio…y ella menos en aceptarlo. Mientras la felicidad se acomodaba en los rincones de su alma, la otrora muchachita forzada a contraer enlace, disfrutaba por primera vez de festejar su destino.


No distingue ya a ciencia cierta si fue ayer o hace siglos que decidieron comunicar a todos su compromiso. Sus pensamientos brotan ahora libremente sin que ella pueda ya guiarlos…


Se ve nuevamente rodeada de sus sirvientes, disponiendo la casa, enviando las invitaciones, organizando el agasajo en el jardín, renovando su vestuario.


Los carruajes fueron llegando, también algunos obsequios. Uno en particular le llamó la atención: una enorme caja, perfectamente embalada y con sellos y timbres indicando que había sido enviada desde Paris.


Su curiosidad pudo más que su mesura y se apuró por ver su contenido: un bellísimo vestido de novia de vaporosos encajes, preciosas perlas enhebradas en la delicada tela, nubes y nubes de tules finísimos con un maravilloso tocado de azahares y perlas…y haciendo juego con tanta belleza, una cascada de similares maravillas a modo de ramo nupcial…su corazón casi se le salta del pecho al leer la tarjeta: lejos de lo que jamás hubiese imaginado y para su desazón, la firmaba Enrique Ocampo, y le dedicaba: “Para mi futura esposa”.


Los sucesos recientes se repiten aún más desordenados en su mente. No logra recordar en qué momento supo del inesperado regreso de quien para ella sólo había sido un festejante, uno más en su larga lista de admiradores…lo cierto es que al saberlo un presentimiento áspero se apoderó de ella y algo en su interior le avisó que debería estar prevenida.


Quizás por eso al verlo atravesar el hall de su casa decidió alejarlo del resto de los invitados proponiéndole conversar a solas en la sala junto al recibidor. Supuso que el hombre no sabría enfrentar sin gritos ni incómodos reclamos las palabras que ya tenía elegidas para hacerlo entrar en razón, para intentar recomponer su confuso papel en la página de su historia que pretendía fuera diáfana y sin complicaciones. No quería escándalos en su casa, menos aún en ese día especial.


Ahora en estos últimos instantes -que parecen haberse trocado en eternos- mientras su vida se reduce a un puñado de recuerdos borrosos, Felicitas se desangra sobre la alfombra, tan roja como las pasiones recién derramadas. Comprende, ya sin remedio, que no debió haber sido tan confiada, tan ciegamente ilusa, suponiendo que un caballero jamás le dispararía a quien dice amar…y menos aún por la espalda, como sólo matan los cobardes… los que ponen el honor como excusa para someter a su voluntad a quien intente defender su derecho a elegir por su cuenta…sobre todo si ese alguien es "tan sólo" una mujer.


(fin)


Nota complementaria:


Felicitas Guerrero viuda de Álzaga fue asesinada por Enrique Ocampo en su propia casa, luego de comunicarle a éste su compromiso con Samuel Sáenz Valiente. Los primeros en entrar a la sala donde Felicitas agonizaba tendida tras la puerta, fueron su pequeño hermano de catorce años (a quien Ocampo también dispara, rozándole la cabeza) y un primo de ambos, de diecinueve años, quien, enfurecido, se arroja sobre Ocampo, forcejea con él hasta que logra matarlo con su propia pistola. Para preservar a los dos muchachos, la familia de Felicitas convence a las autoridades que el mismo Ocampo se suicidó luego de disparar contra la mujer. Felicitas agoniza durante veinte días. Sáenz Valiente jamás concurre a visitarla, a pesar de su insistencia pidiendo verlo.


A modo de homenaje póstumo (¿tal vez intentando menguar su culpa por haberla obligado a casar contra su voluntad?), los padres de Felicitas mandan construir una iglesia (Santa Felicitas) en homenaje a su hija, en el lugar donde se alzó la casa donde habitó y fue asesinada. Una estatua de ella con su pequeño hijo le fue dedicada a modo de monumento conmemorativo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

FELICITAS - 2º parte




















Segunda Parte: DESPUÉS DEL LUTO




Como un relámpago que atraviesa la noche ante sus ojos, Felicitas se recordó de negro riguroso durante más de un año, madurando en él su plena juventud. Por fin, cuando los tiempos prudenciales establecidos para el luto transcurrieron, se animó a dar los primeros pasos por su cuenta.


Con gran culpa primero, logrando superarla después, volvió a frecuentar los más distinguidos salones literarios de Buenos Aires, las reuniones sociales más selectas, las fiestas más elegantes…y allí volvió a descollar. Transitando apenas sus veintiséis años, Felicitas se convirtió en una bella y acaudalada viuda, respetada y con la posibilidad cierta de decidir su vida por primera vez.


Revivió otra vez, nítidas e intactas las sensaciones que experimentara por aquellos tiempos en que comenzó a tomar sus propias decisiones, cuando se animó a disfrutar de su propia fortuna, a satisfacer sus postergadas ansias de viajar…


Recordaba la liviana felicidad de haber sentido otra vez la sonrisa aflorar a su rostro.


Fue reina en aquellos salones aristocráticos, fue señora plena en su casa, fue dama respetada en los más altos círculos de la sociedad, patrona cabal en sus estancias, hermana mayor entre los suyos, mujer sensata e independiente entre quienes, con envidia, soñaban con emularla.


Lejos de lo que imaginó cuando apenas se despegaba de su infancia, -cuando por fuerza la obligaron a casarse- Felicitas descubrió por aquellos años de viudez que el dinero bien puede contrarrestar la postergación a la que la mujer debe enfrentarse en un mundo de hombres. Haberse sabido desenvolver era algo que la llenaba de orgullo. Debió luchar para ello, no le fue fácil, pero la seguridad que le aportó su inmensa fortuna logró compensar el enorme renunciamiento y sacrificio que debió sobrellevar en los días más cándidos de su juventud.


Fueron breves los años de total independencia, - en ese momento le parecieron tan efímeros como un suspiro-, pero dulces, muy dulces…y no se arrepentía por ellos, todo lo contrario. Intentando sostener sus pensamientos en el recuerdo de aquellos tiempos, sentía que pese a proponérselo no lograba -como otras veces- alejar de su mente las viejas angustias… los hijos muertos… las grandes frustraciones…


Como si se tratase de una cuestión de supervivencia, insistía, persistente en la rememoración de aquellos días en que los caballeros más galantes, los más distinguidos, se disputaban sus atenciones. Juventud, belleza y fortuna se conjugaban para hacer de ella la dama más codiciada y festejada… y recordarse así, la complacía.


Si bien siempre se esmeró por dar una imagen respetable y para nada disipada, no se privó de ejercer todas las actividades de las que su influencia social le permitía disfrutar, pero quizás por coquetería, cayó en una trampa que no supo desenredar. Entre sus flirteos alguna vez le dio algo de inútil esperanza a uno de aquellos enamorados que intentaban ganar sus favores. Viéndolo a la distancia ella ahora reconoce su descuido y comprende que esa fue sin dudas la mayor equivocación que cometió en su vida de mujer emancipada.


Enrique Ocampo era un hombre firme, de fuerte carácter y decidido, eso ella lo sabía. No se andaba con vueltas y aquellos juegos seductores de salón sin dudas le hicieron creer que lo que era sólo un entretenimiento resultaba ser un compromiso.


Cuando él partió hacia Europa prometiéndole pronto regreso, ella no advirtió cabalmente lo que esas palabras significaban… por el contrario, se sintió liberada de su exigente y a veces molesta presencia, y jamás imaginó cual podría llegar a ser el desenlace de lo que supuso apenas un leve flirteo.


La vista vuelve a nublársele. Tal vez las lágrimas cubren en ese momento sus ojos pero ella se empeña en que no se trate de lágrimas de tristeza, sino de felicidad…


Cuando el destino hizo que se asomara el verdadero amor a sus días, Felicitas sintió que podía reconciliarse definitivamente con la vida. En aquella noche de tormenta, cuando su carruaje se empantanó en ese aquel lodazal del bajo, sintió por primera vez que la vida decidía mostrarle todas sus mieles.


Mirando hacia atrás logró volver a sentir el latir agitado de su corazón descontrolado. Volvió a revivir el alivio que experimentó al ver llegar en plena tormenta a aquella figura caballeresca ofreciéndole su ayuda desinteresada. Volvió a sentirse halagada, gratamente conmovida. Su hospitalidad fue tan sincera que la emocionó. Y aquella mirada…esa mirada tan intensa buscando la suya, enlazándose para siempre…pero ¿dónde estaban ahora esos ojos?...no lo entendía…querría volver a verlos y no lo consigue…


Otra vez la niebla de sus recuerdos se despeja y retorna a esa noche mágica donde el amor logró hacer reverdecer los brotes de su felicidad.


Samuel Sáenz Valiente era un joven terrateniente, heredero de tierras linderas a las suyas, pero por extrañas circunstancias no se conocieron hasta aquella noche de tormenta.


El cielo se descargó a cántaros. Truenos, viento y relámpagos a más no poder…y ella, junto a algunos sirvientes fue amablemente acogida como huésped en aquella estancia vecina, tan acogedora, tan bien dispuesta, tan cálida como su dueño.


(continuará)

FELICITAS (versión novelada de una historia real





















Primera Parte: TRENZAS PRIMOROSAS

Por un instante logró verse otra vez junto a sus hermanos, jugando allá, bajo la sombra de las glicinas del patio de su casa natal y disfrutando del perfume de los naranjos recién florecidos. Los momentos más definitivos de su vida, los más queridos, los más odiados, desfilaban con inusitada nitidez frente a sus ojos. Volvió a revivir sensaciones, recordó lo olvidado, comprendió las razones de sus padecimientos…

Extenso como la llanura recordaba haber deseado que fuera el cielo de sus sueños. Pero a los quince años y en aquellos tiempos en que Rosas recién dejaba de gobernar Buenos Aires, una muchachita de buena familia como la suya no debía pensar más que en aceptar el futuro que sus padres fueran disponiendo para ella.

Recién salida de su infancia, la que se perfilaba como una particular belleza se iba dejando ver tras sus trenzas primorosas, por lo que su encanto fue rápidamente ganando admiradores entre lo más selecto de la aristocracia porteña. Por aquellos años ser bella, sumisa y portadora de un apellido respetable era la mejor tarjeta de presentación para sobresalir en sociedad y en su caso, la primera de esas cualidades superaba por mucho los atributos con los que contaba el resto de las aspirantes. Por lo menos eso era lo que siempre oyó decir y por el impacto que logró causar entre lo más granado de la aristocracia porteña debió haber sido cierto.

A pesar que su éxito social se vislumbró desde un principio, recordó con claridad la gran conmoción que se produjo en su familia el día que uno de los más grandes estancieros de la pampa húmeda se decidió a pedir su mano. Los casi cuarenta años de diferencia entre la niña y su pretendiente no fueron impedimento para que doscientas cincuenta mil hectáreas de las más ricas tierras bonaerenses resultaran argumento suficiente para que su padre aceptara casi de inmediato la solicitud del viejo potentado. Quizás también aportó lo suyo el gesto magnánimo de don Martín de Álzaga de ofrecerle a su futuro suegro el privilegio de ser, además, su albacea… pero lo cierto es que Felicitas no tuvo la menor oportunidad de discutir siquiera la crucial decisión paterna.

El negocio se cerró aquella nefasta tarde de invierno en el estudio de su padre, don Carlos Guerrero. Recordaba como si hubiese sido ayer la tristeza que la embargó cuando lo supo. A pesar de tratarse de su propia vida, nadie la consultó. Simplemente fue informada al día siguiente sobre las condiciones del acuerdo. Nada le quedó por hacer más que aguardar, llorar, y rezar para que Dios y el destino se apiadaran de ella.

Aquella inmensa amargura de no poder decidir o cambiar su suerte volvía a asomar otra vez hasta su garganta a medida que, blandamente, iba reencontrándose con esos ingratos recuerdos.

Pocos meses transcurrieron hasta que, inapelable, llegó el día de la boda. La majestuosidad de la ceremonia, los magníficos encajes, la pureza virginal de la novia, el orgullo de sus padres, la satisfacción del futuro esposo, la selecta alcurnia de los invitados, la sacralidad del rito… todo se conjugó para que aquel acontecimiento fuera el evento social más destacado del año. Lástima que la felicidad de aquella niña de dieciséis años no fuese considerada entre los preparativos a tener en cuenta.

Las campanadas de la iglesia tocaban a duelo…por lo menos así lo sintió aquella mañana…y cada vez que evocaba, muy a su pesar, el momento cumbre de su desdicha.

Por varios años, cada noche revivió una y otra vez con angustiosa lucidez el miedo inmenso que la embargó la noche de bodas. Desprovista totalmente de amparo e información, simplemente cerró los ojos y se dejó hacer, según la habían instruido. A aquella incontenible repulsión inicial le siguió, luego, la aceptación incuestionable de su destino: la inerte resignación de sus sueños.

Recordó muy bien cómo intentó volcar sus fuerzas en el consuelo de la maternidad luego que fueron destruidas sus juveniles ilusiones de amor y romanticismo. Como su madre y las demás mujeres de su estirpe buscó realizarse a través del mandato ancestral que toda esposa aspira cumplir. Pero también esa felicidad se vio truncada dos veces: un pequeño se le murió apenas dar los primeros pasos, el segundo, no alcanzó a nacer. Dolor infinito es tener que enterrar un hijo. Infierno incomparable es tener que hacerlo dos veces…

A partir de allí, la tristeza de su anciano marido por sus hijos muertos superó la alegría de tener una joven esposa…y fue así que, sin haberlo siquiera considerarlo, una luz de esperanza entró en su vida, paradójicamente, de la mano de la muerte.

Con punzante sinceridad rememoró haberse sentido culpable por aquel alivio que invadió sus días, luego que su esposo muriera. Haber enterrado seguidamente dos hijos y un marido no eran motivo para sentir que se abrían ante sí deseados horizontes…pero no pudo evitar en aquellos meses siguientes comenzar a respirar más profundo, a sentirse más ligera, como si el gran peso que venía cargando sobre su espalda hubiese por fin desaparecido.

(continuará)

martes, 5 de octubre de 2010

LA LIBERTAD QUE PRETENDEMOS























Entre nuestra libertad
y la contundencia
de la libertad
de los otros
existe la cordura
de equilibrar
las disidencias
con la equidad
del derecho de todos.

Insistir en imponer
a nuestros pares
lo que creemos justo
sin considerar que 
podemos estar 
equivocados,
es actuar con la soberbia
que pretendemos
contrarrestar.

sábado, 2 de octubre de 2010

SOBRE LA INSURRECCIÓN EN ECUADOR

A estas alturas creo que todos tenemos opinión formada sobre lo que implica un golpe de Estado, más terrible lo es aún para los que tenemos fresco el recuerdo de las últimas dictaduras sufridas en forma casi simultánea a lo largo de nuestro territorio sudamericano.


Sobre lo ocurrido en estos días en el país hermano de Ecuador hay muchas especulaciones, mucha información y abundante material documental que intenta esclarecer la situación que se vivió durante la jornada del 30 de septiembre. En general la condena hacia los insurrectos ha sido generalizada, aunque no son pocos los que han aprovechado la oportunidad para denostar a un gobierno que, si bien puede tener enormes carencias y aspectos criticables, ha sido democráticamente elegido y como tal debe respetarse y sostenerse.


Como complemento del panorama que cada cual se irá formando en la medida que se informe sobre lo ocurrido, los invito a leer la crónica que una amiga bloguera - chilena de nacimiento y que actualmente vive con su familia en Quito - ha dejado en su blog sobre su experiencia personal durante esa trágica mañana de septiembre. Lejos de contar lo que debió vivir desde una óptica política  ideológica determinada, lo narra como lo que quizás sea más demostrativo y objetivo: desde el punto de vista de una ciudadana común que sale un día de su casa y sin comprender lo que sucede, se ve sumergida rápidamente en un caos que no alcanza a dilucidar ni sabe bien cómo enfrentar.


Les dejo el enlace de su post.

Nota agregada: leer también la completa constestación que Mabel me dejó en su blog en respuesta a mi inquietud sobre cómo y por qué se produjo el levantamiento.

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