NAVIDAD BLOGUERA

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CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

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Con paciencia, los invito a buscar los elementos pedidos en cada entrada

FIGURA Y FONDO

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...un personaje nacido de mi mano...

Cartas que no fueron enviadas

..quedan invitados a conocer el blog de Eduardo, mi papá (que sigue vivo desde sus letras)

LADY DARK

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

TIEMPOS DE ILUSIÓN





Arcanos tiempos

en que la ilusión

y la ternura

no sucumbían

ante los filtros

que la edad,

el pudor

y la arrogancia

le imponen,

sin piedad,

a la inocencia

que se empaña.


Quisiera poder

ser yo otra vez

aprendiz fiel

de la emoción,

primera

y esencial,

que gusta de volar

sin prisa

ni impiedad

asida del fulgor

de ese rayo de sol

que se extraña.


martes, 10 de noviembre de 2009

MATEMÁTICAS DEL QUERER TANGUERO (Todo un divague)





A veces uno más uno

no es sólo dos,

es mucho más

que esa cantidad

y crece…


y es que,

cada dos por tres

no da seis

sino sorpresas,

y aún mejor,

si llueve…


por la misma razón,

que dos por dos

no es cuatro

sino una habitación

que guarece…


porque si se brinda

el cien por cien

se espera todo

cuando se entrega

el corazón

y se quiere…


es en esos casos

que el dos por cuatro

resulta tango

y se hace ocho

en el firulete.



sábado, 7 de noviembre de 2009

SÁBADOS LITERARIOSDE MERCEDES: El lugar desde el que escribo



Dicen que uno es uno,

y sus circunstancias…

y es cierto.

Pero entre ellas,

es el lugar

- nuestro lugar -

el que nos marca

nos imprime huellas,

rastros,

cicatrices…

Nos hace ser

de particular manera.

Nos da identidad.

Nos cobija.

Nos referencia.

Y mi sitio es este:

Rosario.

Ciudad junto a un río

- o río junto a una ciudad –

(da lo mismo)

y entre ambos surge

la sintonía que

me da sentido,

me potencia

y me hace partícipe

de sus propias circunstancias.


ROSARIO (Argentina)















Hoy conduce Ardilla Roja



viernes, 6 de noviembre de 2009

INNOVANDO TUS PASOS




Ven.

Crúzate a la vereda

del “otro lado”

de los disconformes

de los inquietos

de los raritos…

…con afán de innovar.


No te mantengas inerte

siguiendo tal cual

los viejos pasos

de los que vienen mandando

y te entrenan marcando

el ritmo y el compás.


Atrévete a ser diferente

a andar a saltitos

a quedarte trotando

a arriesgarte volando

o a pasar de costado…

…con toda levedad.


No dejes que ellos te impidan

aunque sea, a intentarlo

disfrutar por tu cuenta

brincar por tu senda

iniciar tú el camino

guiñarle a tu sombra

…con toda libertad!



jueves, 5 de noviembre de 2009

NORMALES SERES CUERDOS




Ante la dura perspectiva

de ver matar los sueños

- primero, aún, que nazcan.-

en un mundo que recorta

las alas del que vuela

y se asume diferente,

me angustio y me pregunto,

si quienes hoy se llaman

“normales seres cuerdos”

no vedarán caminos

porque, en verdad envidian,

tal vez esa locura

que inspiran unos pocos.





martes, 3 de noviembre de 2009

TODO PASARÁ




Cuando la vida no se vea

tal como esperamos,

cuando nos parezca

que ya no da calor el sol,

- o el corazón -

vale intentar

cambiar de perspectiva:

mirar desde otro ángulo

lo que se nos muestra inmenso,

enorme y aplastante…

sin duda entenderemos

que desde lo ínfimo

hasta lo más extenso,

todo es relativo:

aún el tamaño de las montañas,

vistas a vuelo de pájaro,

tiene una dimensión

muy distinta

a la que se percibe

observando desde su falda.


…y por supuesto,

es de sabios recordar

que todo,

ya sea grande o pequeño,

cuando llegue su momento

tendrá que culminar…



domingo, 1 de noviembre de 2009

UN ALMA EN PENA (parte final)





A SOLAS, BAJO LA LUZ DE LAS VELAS

Sólo queda en pie el que gusta de sentirse líder de esa sarta de aprendices demoníacos. En un rapto de inesperada lucidez - quizás fuera muy intuitivo - el despreciable personaje gira raudamente sobre sus pasos y retorna a la capilla.

Por alguna señal que quizás supo interpretar en su furiosa mirada espectral o tal vez por simple especulación masculina, en un desesperado recurso para intentar preservar su vida, el vandálico sujeto presiente que no es gratuita la intervención fantasmal en defensa de la que casi fuera por ellos ultrajada y asesinada.

Asiendo por los cabellos a la pobre muchacha que ya estaba volviendo en sí, pone con violencia y desesperación ante su garganta la afilada navaja que el desgraciado guardaba entre sus ropas. Con mirada inquieta y sonriendo nerviosamente, desafía al espectro sin necesidad de decir palabra, teniendo la certeza que el motivo de aquella irrefrenable intervención sobrenatural se ha debido a algún tipo de atracción especial que el fantasma siente por la muchacha.

La respuesta no se hace esperar. Con inusitada rapidez, haciendo gala de la capacidad que exclusivamente alcanzan las ánimas más expertas y sin darle tiempo ni para que aquel cobarde se asombre, extiende lo que otrora fuera una mano y lo toma firmemente por el cuello. Mirándolo fijamente a sus ojitos ahora ateridos por el pánico, abriendo su boca sepulcral, deja salir por ella el fluido pestilente de su aliento añejado por siglos… y gozando enormemente con semejante ocurrencia, simplemente le exhala en la cara hasta que el infame se desvanece.

Pese a no haberla buscado, el destino le brinda la ocasión previamente soñada. Se halla así, frente a frente con su enamorada, a solas, iluminados apenas por unas cuantas velas encendidas y la romántica presencia de la luna que se filtra, mágica y bella, por entre los vitrales.

El efecto logrado no fue el esperado…o sí…la joven se deshace en un grito agudísimo, asustada a más no poder a pesar de haber presenciado la forma elegante con que aquel ignoto fantasma le acababa de salvar la vida.

Lamentablemente otra vez se desmaya. Es ahí cuando el pobre comprende plenamente que ya nada le queda por hacer en este mundo de vivos.

Al contemplarse junto a ella en el espejo que enmarca el altar de la capilla, aquella ánima en pena recuerda claramente la que fue alguna vez su vida. En aquellos años, cuando en la plenitud de su juventud de niño rico y privilegiado gustaba de seducir jóvenes incautas y sensibles, alguna vez no reaccionó con el coraje y la caballerosidad que su honorable cuna le hubiese dictado y huyó…como un absoluto cobarde, dejando a merced de un par de borrachos a la muchachita que en él había puesto su corazón y su confianza. Durante su huida, mareado por el alcohol y apremiado por las ansias de ponerse a salvo, calculó mal la distancia que lo separaba del bote que lo aguardaba y cayó al río…muriendo absurdamente, ebrio y pusilánime, mientras en su interior lo seguía carcomiendo la indigna actitud con la que había procedido.

Sin duda fue su culpa la que, hasta entonces, decidió mantenerlo prisionero en su propia tumba, aguardando el momento indicado para que el destino le brindara la oportunidad de redimirse alcanzando así, la anhelada liberación de su alma.

Luego de destrabar las puertas -su impecable técnica de abrir cerrojos le fue por fin sumamente útil - cubriendo el cuerpecito delgado y suave de su enamorada con un cortinado, se dirige hacia el ingreso del cementerio llevándola en sus brazos. Cruza el hall principal y se dirige presuroso hacia la oficina del custodio que suele, en lugar de mantenerse alerta, dormitar la mayor parte de la noche. Con suma delicadeza acomoda a la muchacha en una de las bancas de la cercanía y acariciándola apenas con las puntas de sus dedos espectrales, la contempla tiernamente mientras la delicada criatura vuelve en sí.

Esta vez el miedo no se apodera de ella. Quizás ahora logra atisbar en aquella mirada algo que ya no la inquieta…o quizás, a estas alturas, ya se ha acostumbrado a verlo cada vez que se despierta de sus desmayos…lo cierto es que no grita. Más aún, se mantiene serena.

Intenta, entonces, quien alguna vez fue galán y ahora es apenas débil rastro en el mundo material en el que quedó atrapado, confortarla y animarla.

Se apresura para explicarle que no todos los muertos permanecen como él en aquella condición imprecisa. Se esmera en aclararle que no son flores y llantos los que mantendrán vivo el recuerdo de sus abuelos, ni que es la tristeza perpetua la manera de honrarlos. Se esfuerza por hacerle comprender, que la vida es breve y merece ser vivida en plenitud, a conciencia, con la alegría de quien se sabe íntimamente acompañado por quienes lo amaron, aunque ellos ya no formen parte de este mundo.

Mientras su identidad se hace luz y transmuta al fin, definitivamente, logra ver por breves instantes y por última vez, la imagen de su propio rostro reflejado en las pupilas de la muchacha.

Ella, agradecida, con toda la ternura de su corazón, le sopla un beso desde sus labios y le regala la mejor de sus sonrisas.


(fin)



UN ALMA EN PENA (parte segunda)



ATRAPADOS ENTRE MUROS

El golpe seco sobresalta a la muchacha, que interrumpe bruscamente sus rutinas de lamentos y oraciones. Lógicamente reacciona con desesperación. La idea de quedar encerrada entre aquellas paredes y tumbas no se le presenta como tentadora y sin resguardarse en sus pudores habituales, comienza a gritar desesperada. Nadie le responde. Corre hacia el ingreso del cementerio y golpea insistentemente el portón metálico mientras clama infructuosamente para que alguien la ayude.

El cielo ya está mostrando sus rojizos más tenues. La noche se abre paso entre las lejanas luces de la ciudad que se enciende. Y ella se encuentra allí…inmensamente sola y aterrorizada.

Comienza a llorar con impotencia golpeando sin cesar el inexpugnable portón de ingreso.

Mientras tanto, entre la penumbra de los álamos más alejados, algo extraño se mueve, apartando sin cuidado ramas y hojas.

Ocultos por las sombras, los ya habituales vándalos sacrílegos avanzan lentamente hacia el camino central del cementerio. Traen velas, mazos y alcohol, mucho alcohol. Están terriblemente borrachos y sin siquiera preocuparse por que alguien pudiera escucharlos comienzan a escuchar música en sus insufribles aparatos. En realidad no es música. Son burdos ruidos y sonidos guturales, palabras indescifrables que repiten a modo de aullidos mientras mueven sus cabezas al unísono.

El hecho de verlos llegar, en ese estado, con sus extraños modos y gestos obscenos le resulta particularmente incómodo a su habitual serenidad. No puede dejar de pensar que la pobre muchachita está muy cerca, indefensa y asustada, clamando por la ayuda que no llega. Nada bueno se puede esperar si se produce el inevitable encuentro.

Sin que su inquietud logre aún movilizarlo, desde lo alto del ángel custodio, apenas logra escuchar algunas palabras de las que esos bárbaros le dicen a la joven, que intenta ahora gritar más fuerte para que alguien, del otro lado del portón, venga en su ayuda.

Burlas, insultos, juegos violentos. Uno de los ebrios del grupo empuja intencionalmente a la desgraciada joven, haciéndola rodar por las escaleras. Eso basta para sacarlo de quicio. Su ira aumenta aunque aún no logra manifestarse fuera de su continente de piedra.

A alguno de los más desquiciados se el ocurre ahora forzar la puerta de la capilla. Consiguen abrirla golpeándola con palos y pies. Arrastran hacia el interior a la que ya han elegido como víctima y se disponen a iniciar lo que se les ha ocurrido llamar un sacrifico satánico.

Nunca le había tocado presenciar algo tan siniestro y espantoso. En todo el tiempo en que su ente fantasmal debió acostumbrarse a convivir con lo tenebroso y macabro jamás imaginó que algún mortal pretendiera tentar con semejantes atrocidades el oscuro poder de las tinieblas.

Atando de pies y manos a la aterrorizada muchacha que grita infructuosamente pidiendo socorro, los desalmados salvajes comienzan a arrancarle las ropas mientras riegan con alcohol y orín el lugar más sagrado de la capilla.

Coincidiendo con el chillido agudo con el que, quien parece ser el cabecilla, incita a los demás para que destrocen y profanen cada rincón del oratorio, la gracia de su liberación se concreta y por fin su íntima condición de fantasma se hace visible.

Su ira no puede ser más grande. La gran carga de ansiedades acumuladas a lo largo de siglos de reclusión forzada le estalla por dentro, sumándose a la inmensa indignación que siente ante la barbarie descontrolada de esa horda de imberbes irreverentes que no respetan ni a muertos ni a vivos.

La energía de su etérea naturaleza fluye a su alrededor haciendo que su aura se torne intensa y radiante. Los contornos apenas delineados del que fue su cuerpo van poco a poco cobrando definición y la expresión de su rostro se muestra realmente terrorífica. El estallido incontenible de su furia se manifiesta como nunca antes había experimentado. Se podría decir que rayos y truenos brotan de su ser, provocando un estrépito inesperado que quiebra el silencio sepulcral de aquel campo santo.

La orgía de desborde y barbarie desatada en el interior de la capilla cesa de inmediato. En ese preciso momento, en el cielo, negrísimos nubarrones cubren la luna, que hasta entonces, había acompañado como mudo testigo el burdo intento de aquelarre.

Sin más dilaciones irrumpe, como inesperado convidado sobrenatural, dentro del recinto profanado.

Los rostros de los bravucones se tornan tan blancos como el mármol de las lápidas que rodean al oratorio. Casi al unísono, los que eran aullidos de lujuria desenfrenada pasan a asemejarse a gritos de infantes aterrorizados.

La joven víctima, maniatada sobre el altar, ahogada en sus gritos por los jirones de su propia ropa, a punto casi de ser ofrecida en sádico ritual de sexo, sangre y desenfreno, se desmaya al verlo. Mejor así. Él no quiere que se impresione más aún por lo que vendrá.

Lo primero en salir disparado a modo de saeta es un estilete con el que uno de los sacrílegos atravesó una imagen religiosa que ornaba de piso a techo una de las paredes.

Con toda su furia desatada y utilizando sus mejores técnicas en manipulación de objetos, la cuchilla destellante atraviesa más de cinco metros, impulsada con una fuerza tal que lo sorprende a él mismo. Con gran precisión, culmina su trayecto de muerte clavándose en medio del pecho del que fuera su dueño.

Llega el turno de un candelabro de bronce. Pesada y valiosa reliquia que se encuentra en la capilla desde que una familia muy encumbrada de la ciudad lo donara a modo de homenaje en nombre de su hijo fallecido hace ya varias décadas. El voluminoso artefacto se alza impetuoso, respondiendo a su voluntad, elevándose firme por sobre el altar. Mientras la estupefacta banda de imbéciles ni siquiera logra articular alguna posible estrategia de defensa, el lujoso candelabro es impelido con suma violencia hacia uno de ellos, que cae aparatosamente hacia atrás, siendo atravesado, desde la espalda hasta su frente, por un filoso trozo de vidrio que sobresalía de uno de los ventanales rotos.

Son tres los que aún siguen con vida. Uno de ellos reacciona y consigue lanzar el candelabro contra su etérea apariencia incorpórea. Como era de esperar, de nada sirve. El candelero lo atraviesa sin hacerle mella. Esto hace que el pánico de los improvisados profanadores aumente conforme van tomando conciencia que la naturaleza fantasmal es inmune a todo lo que la insignificancia de sus recursos intente consumar.

Por fortuna la joven aún continúa inconciente y aprovechar esa circunstancia es lo que ahora él asume como prioridad. Deberá concluir su tarea lo más rápido posible para que la pobre no sufra más de lo que ya ha padecido.

El grupo de bastardos irreverentes huyen fuera del oratorio con la absurda idea de intentar guarecerse en la oscuridad de la noche. Rápidamente caen en la cuenta que es allí donde menos favorecidos se verán sus vanos intentos de escape.

Las tinieblas son desde siempre el ambiente más propicio para cruzarse con algún ánima solitaria que intente aliviar su eterna condena. Sumémosle a eso que el lugar donde uno se encuentra es un cementerio y más aún, transitando la Noche de Difuntos, cualquiera sabrá concluir que esa será una velada que nunca podrán olvidar.

Los primeros en toparse con ellos fueron los siameses. Dos pobres ánimas gemelas que aún perduran unidas por el ectoplasma a la altura de la cintura y realizan en forma permanente extraños vaivenes en sus desplazamientos. Eso les otorga un particular dramatismo, inusual aún hasta para un espectro.

Luego fue la vieja Candelaria. La pobre ánima vaga sin sentido, cada Noche de Difuntos, desde la inauguración del cementerio. A estas alturas está tan perdida que ni siquiera advierte por donde levita. Hasta es capaz de atravesar otra ánima si el azar hace que se crucen en alguna sendero estrecho. Su cara esquelética está tan raída que hasta luce colgajos putrefactos a cada lado de lo que alguna vez fueron mejillas. Para colmo de males las órbitas de sus ojos lucen vacías, detalle este que le quita el poco resquicio de humanidad que hasta hace unas décadas le sobrevivía.

Sin duda fue el indescriptible terror que sintieron al verla, lo que provocó que uno del trío se arrojara de lleno sobre una verja muy elaborada que circunda el panteón de los Fernández Fuentes. Esa ilustre familia, de destacada trayectoria, desde siempre se dedicó a la manufactura de bronces y herrajes, llegando a estar sus enrejados dentro de los más reconocidos de toda Latinoamérica. Por ese motivo, haciendo quizás un gesto de innecesario alarde, su panteón familiar está rodeado de una triple hilera de astas anudadas culminando cada una en una aguda punta de lanza finamente labrada, confeccionada con el bronce de mejor calidad que se pueda conseguir en toda la región. Fueron esas tres hileras de punzantes alabardas las que ensartaron, con la facilidad con la que se perfora la manteca, el flácido cuerpo del más insignificante de los aspirantes a adoradores de Satán.

Si aún fuera posible, se diría que el pánico de los dos sobrevivientes se duplica al escuchar el desagradable crujido de los huesos del gordito ensartado en la verja. Uno de ellos queda literalmente seco por el espanto…el que, paradójicamente, al mismo tiempo provoca una profusa humedad en sus pantalones.

(continuará)



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