Me sumo con este relato a la convocatoria juevera de esta semana que nos deja Campirela desde su blog. Pasen por allí para leer todos los relatos.
CONSTRICCIONES
La fiesta avanza y el griterío aumenta. Las composturas fingidas buscan un
remanso y hacia un rincón sosegado la pobre se dirige conteniendo la desesperación
de no soportar más su faja. Que en realidad no es suya. Se la prestó su prima Haideé,
más solvente que ella en eso de resolver redondeces indeseadas con artilugios
no quirúrgicos para situaciones festivas.
Entre chicos inquietos que corretean pateando muebles e invitados ella
avanza, copa en mano, impostando una mueca sostenida ante los muchos conocidos
que se va encontrando a su paso. Imposible buscar alivio en el toilette. Está que
desborda.
-Una esquina poco iluminada- clama en silencio. Con una penumbra poco
concurrida, se conforma. Pero las pocas que encuentra están ya ocupadas:
algunas, por tíos borrachos y otras, por parejitas traviesas enfrascadas en sus
coqueteos. Ella los mira con sorna, sabiendo por su experiencia que lo bueno siempre
concluye. Tarde o temprano, cuando menos se lo espere. Recuerda a propósito a
su novio Abel, el de la cara inflada, y a aquel regordete amigovio que la acosaba a deshoras y terminó siéndole infiel aunque
por suerte no se enteró ni la lora. Farsantes. Inconstantes. Fantoches impresentables
que no merecían las horas invertidas en contentarlos. Como ahora. Esa fiesta tan esperada en la que puso todo de sí aguardando
ser encandilada por algún galán dispuesto que quisiera conquistarla. Ansiosa, anheló
por días el encuentro, bosquejando una sonrisa: unos ojos penetrantes, una voz
gruesa y muy dulce… Tan dulce como ese pastel que no pudo negarse a probar
cuando llegaron los postres. Ayyy qué poco autocontrol se reconocía! Qué flexible
era en sus convicciones! Es que se perdía ante lo dulce, ya se tratara de
tortas o de hombres. Pero nada. Esa noche, ni un suspiro. Ni una mirada
lasciva. Nada que merezca destacarse más allá de dos primos chistosos que la
hicieron sonrojar festejando una caída.
Por fin el sanitario se despuebla. Hacia allí va, como bólido disparado sin
puntería: casi se lleva puesta la mesita con el jarrón que decora la puerta
frente a la cocina. Para el último tramo de la carrera ya ha perdido cualquier
rastro de dignidad que pudiera haberle quedado. Hasta los rulos se le han
desacomodado.
Con desesperación se apresura a desabotonar el vestido de organza recién estrenado
y ya sin pudor, se desajusta la faja. -¡Al fin libre!- Bufa sin tapujos, mientras
uno de los botones sale despedido como su autoestima chocando contra el espejo.

8 comentarios:
Amiga Mônica, boa tardinha de paz!
Quando a autoestima se choca no espelho, tudo pode se transformar em agonia ou não...
Esperemos pela união dos personagens.
Tenha dias abençoados"
Beijinhos fraternos
Bueno, desde luego la mujer tuvo paciencia de aguantar semejante cárcel todo su cuerpo.
Esas fajas no solo te cortan el aire, congestionan la vida.
El botón, como su autoestima, quedó liberada, y al menos fue feliz en ese preciso instante.
Gracias, Neo, por tu aporte.
Un besote y muy feliz resto de semana.
Qué buenooooo!! Mira que la pobrecilla, menudo sufrimiento. Yo creo que de un modo u otro todas hemos ido incómodas alguna vez pensando en atraer. Somos tontas de remate, jajaja.
Un abrazo, me chifló la originalidad.
BAH, Mônica! Pobre coitada presa dentro de um espartilho numa noite que não estava sendo nada boa para ela!
Adorei e pude imaginar o alívio ao ver o botão voar!,rs
Ótima! beijos, chica
Es cierto, Roselia. El espejo es cruel y tirano. Un abrazo y muchas gracias por leer con atención
Una verdadera tortura jaja. Me alegra haber aportado un poquito de humor. Un abrazo Campi
Me alegra que te gustara, Verónica. Un abrazo y muchas gracias por leer con atención
Jaja celebro haber logrado una sonrisa. Un abrazo, Chica, gracias por leer
Publicar un comentario