Me sumo con este particular relato a mi propia convocatoria. Para leer todos los aportes, pasar por el post anterior.
SIN EXCUSAS
De aquella mañana evoco con claridad el rocío sin luna acumulado tras
horas de espera y me transporto: agazapado entre sombras al margen de la urgencia, aguardo mi presa mientras un suspiro inquietante y febril me delata.
Soy como jaguar agazapado con ínfima
clemencia, que ataca de repente sin que haya causa alguna más que mi capricho.
Soy cruel, lo reconozco. Alguien sin paz, ni arraigo, ni sosiego, que ante el juez que le acusa, alega demencia
con total impunidad.
De tu recuerdo, apenas,
sostengo una sombra. Una
silueta en sepia dibujada en mi
memoria casi con desconcierto. Aún
hoy no hallo razones contundentes para
haberte elegido más que la oportunidad: sólo
tú en la esquina, mis manos
temblando ansiosas de sangre, añiles
figuras danzando en mi mente y una voz en mi cabeza, con impronta negada susurrándome con maldad.
Como una flecha atravesada en mi
costado, la marea inconstante de
arrepentimiento que viene y va, me
revela la candidez de algo que casi fue
y ahora, sin culpas, me interpela en
el poniente de mis días. No es poco,
viniendo de alguien sin juicio y sin alma.
Yo pude haberte amado. Lo supe de inmediato cuando tus ojos inmensos se
volcaron en los míos con incierto coraje
ante el final cruento y sin aviso que, en mis manos te aguardaba.
Yo pude no matarte. Haberte construido un mínimo
refugio en vez de doblegarte.
Pero no lo hice. El amor y la ternura son bosque inexplorado en donde temo adentrarme. Lamento no lograrlo. Tal vez
esa estrategia me hubiese emancipado de esta eterna condena y de hambre de
matar.


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