Me sumo con esta historia a la convocatoria juevera de esta semana. Para leer todos los relatos, pasar por el post anterior.
INTRIGA EN LA
GRAN CIUDAD
La resolución de mi último caso me había llevado a divagar sobre la
caprichosa naturaleza humana y sus reacciones ante la oportunidad. No podría
concluir si la mayor parte de los crímenes son cometidos por inteligentes mentes
criminales llevando adelante un meticuloso plan de acción o -si por el
contrario- se trata de dementes irracionales que aleatoriamente delinquen por
perversión. Mientras me servía un trago de wiski, afuera, las parpadeantes
luces de neón encendían y apagaban sus hipnóticos mensajes a la par que la
sirena aguda de un patrullero se sumaba al caos de la ciudad noctámbula.
De repente, una insinuante silueta de mujer se recortó sobre el vidrio de
la puerta de mi oficina, justo en el momento en que la letra D de DETECTIVE se despegaba
totalmente de la superficie mugrienta.
—Una esposa despechada— pensé de inmediato, pero a los minutos de escuchar su
solicitud de búsqueda, me di cuenta que la recién llegada al conflictivo
triángulo amoroso resultaba ser ella, y el desaparecido en circunstancias oscuras,
el marido infiel. Así como dos más dos suelen ser cuatro las sospechas
inmediatas caían sobre la esposa engañada y los motivos de la venganza estaban a
la vista -bien a la vista, considerando la profundidad del escote y la
curvatura del resto de la vestimenta que se bamboleaba ante mí como si con ello
garantizara el pago de mis honorarios-. Sospecho que habrá notado hacia donde
se escapaban mis ojos mientras ella hablaba, que sin más palabras sacó el
retrato del fulano evaporado y la dejó sobre mi escritorio.
Sin dudas debía de estar forrado en muchos billetes. De otra manera no se
explicaba cómo aquella mujer despampanante podría ser amante del hombrecito
insignificante que sonreía en aquella foto.
Junto con mi adelanto, la seductora fémina me dejó una lista de datos para
iniciar mis investigaciones y tan súbitamente como llegó, se esfumó… con el sigilo
de un felino escabulléndose entre las sombras.
Había quedado prendado de aquella mujer. Pese a mi edad, mi historial de
desencantos y mi amarga experiencia. Aquellos ojos misteriosos me habían atravesado
marcándome para siempre.
Inmediatamente inicié la investigación con el presentimiento de que el
infeliz ya estaba muerto. Se sabe que en circunstancias especiales los celos
son malos consejeros y la venganza aflora bajo formas muy crueles, aun en
circunstancias domésticas de poco vuelo. Igualmente, si mi presentimiento
resultaba ser erróneo y el infeliz aparecía con vida, dadas las circunstancias -y
las claras sospechas de venganza latentes hacia su esposa- decidí que llegado
el caso… yo no tendría problema en apretar un poco más el nudo, consentir que
se escape un tiro o que resbale bajo un camión en fuga, si hiciera falta un
descuido de mi parte para que aquel hombrecito desapareciera de la faz de
la tierra… abriéndome el camino glorioso hacia la insinuante gata en celo que
quedaría desprotegida… Y hasta podría consolar a la viuda también, que seguro
la principal fortuna la heredaría ella.















