Me sumo con este texto a la convocatoria juevera de esta semana. Para disfrutar de todos los relatos, pasar por el blog de Tracy, que es quien nos convoca.
OSTRACISMO
Desde la oscuridad más absoluta, evocando los días felices, uno de seis
hermanos gemelos añora los tiempos en que junto a su nutrida familia, -todos
radiantes y sin estrenarse -aguardaban definir su destino desde el exhibidor
más visible de un bazar:
— Recuerdo con claridad aquella tarde en que la vimos llegar, ansiosa
y exultante dispuesta a adquirir vasos y cubiertos para equipar su nuevo
departamento. Apenas vernos nos sonrió, felizmente sorprendida del color rosado
de nuestros cuerpos, detalle fundamental a la hora de definir sus compras.
— Apenas llegamos desenvolvió nuestra caja y nos
vertió con solemnidad en el perfumado baño inaugural con el que nos dio la
bienvenida. Después, frescos y brillantes nos ubicó estratégicamente en el primer
cajón del mueble de la cocina. A mis mellizos y a mí nos correspondió el sitio central, junto a
los cuchillos y a las cucharas mayores. Las otras, las pequeñas, fueron
ubicadas en un compartimento horizontal al pie de nosotros, los adultos. La
familia completa lucía radiante y dispuesta en la nueva casa ¡Qué buenos tiempos!
— Durante los primeros meses el orden se mantuvo
sin esfuerzo. Los seis cuchillos dispuestos y afilados encabezaban nuestro
grupo con suma prestancia, siempre dispuestos para pelar y trozar. Todo un
ejemplo de entusiasmo y funcionalidad. Mientras tanto, nosotros seis, prácticos
y bien dispuestos, exhibíamos nuestros cuatro dientes bien proporcionados junto
a las hermanas cucharas que se henchían de orgullo cuando la casa se llenaba del
potente aroma de algún potaje. Y las pequeñas, golosas y tintineantes se
apresuraban a pasar lista cuando escuchaban que habría postre como fin de
almuerzo.
— Pero aún lo bueno termina, dicen, y para el
festejo de su cumple, el guardado de cubiertos sobrevino en tragedia justo
antes de iniciar la ronda de juegos. Sin que nadie lo advirtiera, en lugar de
quedar a salvo en el receptáculo de los tenedores, uno de mis dientes se trabó en
la cajonera y caí, indefenso y consternado, en este hueco olvidado entre el
mueble y la pared.
— Desde entonces, aguardo aquí junto a ti, amiga
servilleta bordada, dando gracias de tener una compañera de confidencias durante
este difícil trance que, espero, culmine pronto… Cuando nuestra dueña y señora
decida hacer limpieza profunda y retire para limpiar los cajones, rescatándonos
a ambos de este oscuro ostracismo de telarañas y soledad.

1 comentario:
Un hallazgo que esa familia sea un juego de cubiertos.
Y a uno le tocó el olvido, por quedar trabado con el cajón. Por lo menos, tiene compañía.
Un abrazo.
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