Este texto lo publiqué hace ya unos años, en uno de mis viejos blogs en Spaces –cuando existía esa plataforma- Como la temática se adapta a la consigna de este jueves, quiero volver a compartirlo (con algunas leves modificaciones).
A partir de 1880 se inicia en la Argentina un proceso de inmigración masiva propiciado por el Estado y motivado por la prosperidad que se estaba viviendo aquí en esos momentos.
Con algunas pausas la afluencia continuará hasta los años posteriores a la Primera Guerra Mundial.
Fue tan importante el aporte de esta gran masa de inmigrantes para la formación de nuestro país que se llegó a decir que así como los mexicanos descienden de los aztecas y los peruanos de los incas, los argentinos descendemos fundamentalmente…de los barcos.
De las de origen europeo, las comunidades españolas e italianas fueron las más numerosas.
Como la gran mayoría de mis compatriotas, en mis venas tengo sangre de estas dos colectividades (de Mallorca, Piamonte y Sicilia, para más datos).
Quiere ser esta entrada un pequeño homenaje a todos aquellos que llegaron esperanzados buscando un nuevo futuro; dedicado, entonces, a mis ancestros y a quienes hoy, miran a la tierra de sus mayores, buscando el fin de sus pesares.
ANCESTROS
Cruzando los mares
con bagajes de promesas,
-algunas recién compradas -
que colmaban sus maletas.
Con dolor y en el destierro,
encerrando en sus baúles
añoranzas de otras aires,
arribaron a estas tierras.
Con sus recuerdos intactos
dejando atrás lo vivido,
entre sus manos vacías
nos trajeron nuevos bríos.
Horizonte al fin alcanzado,
-destino hasta ayer incierto-
labrando la tierra fértil
cosecharon su destino.
Construyendo sus promesas
entre alegrías y fríos
entre soles y tristezas
se fueron haciendo un nido.
Sus hijos se hicieron al mundo
desde esta tierra bendita
crecieron por sus esfuerzos
y su trabajo fecundo.
Un día pidieron descanso
y bajo esta tierra lo hallaron,
dejaron entre sus cantos
la herencia de sus mandatos.
Hoy sus nietos se van yendo
a buscar nuevos caminos,
son ellos los que por dentro
se llevan el alma herida.
Haciendo el trayecto inverso
al que hicieron sus abuelos
hoy ellos son los que marchan
en busca de un cielo nuevo.
En historias de emigrantes
se repiten las angustias
al buscar en otras tierras
lo que les niega la suya.
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