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CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

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domingo, 14 de octubre de 2012

COMPLETANDO LA TRILOGÍA

Bueno, dejo ahora el texto que completaría la trilogía retrospectiva. Para quien no esté al tanto, reitero que a consecuencia de las cabos sueltos que surgen en el relato juevero de la pasada semana -Una voz en el teléfono- se me ocurrió completar la historia con dos precuelas sucesivas. La primera e inmediata, ya publicada - La cacería- y la que ahora agrego como punta inicial de la trama desarrollada en ellas. Espero les guste la propuesta.




EL RESENTIMIENTO

Desde que tenía memoria, la figura del Manso se asociaba con la de su niñez. Desde muy chico aquel niño de ojos claros y risa contagiosa se sumó a los juegos que él y su hermana organizaban en el extenso terreno junto a la casona familiar, entre el campo de girasoles y el camino. Tanto ella como sus padres siempre le recibieron  con los brazos abiertos. Aunque él nunca lo sintió demasiado cercano –el Manso gustaba de pasar largas horas libro en mano- sí valoraba mucho la plácida compañía que éste aportaba en la vida de Blanca, bastante enfermiza y poco apta para las correrías y los juegos rudos que él siempre gustaba proponer.

Fue así que desde muy chicos, nació entre el Manso y su hermana Blanca una muy estrecha amistad que con el paso del tiempo se convirtió en previsible noviazgo, transcurrido sin mayores altibajos durante los años en que ambos jóvenes limitaron su monótona vida a los alrededores del pueblo. La ilusión e inocencia de la muchacha se trasuntaba en su mirada, en sus proyectos de futuro compartido y una buena cuota de caricias retribuidas.

La alegría de su hermana le bastaba para sentir por el Manso algo similar a una confiada simpatía que jamás logró ser –pese a todo- amistad profunda. La única actividad que sí solían compartir exclusivamente entre los dos -como cosa de hombres- era la cacería. Largas caminatas entre espinosos matorrales y escarpados riscos, incursiones furtivas hasta lo más profundo del bosque, acampadas de fin de semana junto al lago, siempre alertas ante eventuales presas, ensayando incluso estrategias a dúo a la hora de enfrentar jabalíes, lobos y linces. Su joven sabueso fue privilegiado testigo de aquellas jornadas de  excursiones y aventuras.

Todo cambió abruptamente cuando el Manso decidió irse a estudiar a la ciudad. Sus inquietudes intelectuales comenzaron a contraponerse con el horizonte contenido que la tranquila vida de pueblo le imponía, y en ese marco de expansión, poco a poco, Blanca fue también quedando al margen de sus planes y expectativas.

Luego de la partida, la felicidad y la salud de la muchacha comenzaron a resquebrajarse, y al verla transitar por tal abismo de tristeza, él mismo fue también sintiendo que en su interior crecía un gran vacío. Contemplar la vida de su hermana diluida a causa de la decisión del Manso fue opacando su corazón, haciéndolo un hombre parco, resentido y francamente esquivo. Sólo en el entorno de su limitada vida familiar lograba manifestar cierto grado de ternura. Fuera de eso, su vida transcurría circunscrita a las escuetas relaciones enhebradas alrededor del pueblo y su pequeña comunidad.

El poco aprecio que aún sentía por la humanidad colapsó el día en que recibió la inesperada noticia: después de muchos años alejado del paraje, el Manso volvía al pueblo. Congraciado con su tierra natal, regresaba para instalarse otra vez entre su gente, con un título bajo el brazo y una remilgada chica de ciudad como flamante esposa y futura madre de su hijo.

Quizás la cálida recepción que todo el pueblo le dio al recién llegado y la amistosa reciprocidad con la que el repatriado respondía a tales afectos –como si allí nada le hubiese quedado pendiente- culminó por irritarlo al punto de buscar ahogarse en el alcohol y la vehemencia.

La sola idea de imaginar a su hermana malherida por el cachetazo que suponía el regreso de su viejo amor del brazo de otra mujer, le hacía hervir la sangre al tiempo que la semilla de la venganza se le instalaba tanto en la mente como en el corazón.

Desde ese instante sintió que el único propósito en su vida sería compensar –en algo, al menos- el gran dolor que su querida hermana había ido padeciendo mientras sentía marchitarse su esperanza y su juventud.



TRILOGÍA RETROSPECTIVA

viernes, 12 de octubre de 2012

LA CACERÍA

Luego de releer el relato que escribí para este jueves, se me ocurrió continuar la historia en retrospectiva, ahondando en la culpa que el personaje fue reviviendo a causa de esos misteriosos llamados telefónicos. Si las musas me ayudan -y el público me acompaña (jejeje)- intentaré luego completar la trilogía con los sucesos que dieron origen a los otros dos.
Gracias desde ya por su constante compañía.


Cuadro Perro De Cacería Hacemos Cosas Increibles Chcanos!!


LA CACERÍA

Ese fin de semana sería la cacería. Luego de varios intentos al fin pudieron ponerse de acuerdo sobre los detalles y lograron combinar el día. El pequeño grupo saldría muy temprano hacia las montañas, acamparían, y desde allí se dividirían en dos. El Tuerto y un fulano del pueblo irían río arriba y él y el Manso bajarían hasta el lago para probar –de paso- suerte con la pesca. Él se llevaría al Dingo -ya confirmado como avezado rastreador- de ese modo se aseguraría lo que en realidad buscaba: toparse con el oso que varios campesinos habían estado viendo por las cercanías, atacando incluso a dos ovejas que pastaban en las afueras del bosque.

Pese a lo que en un principio había temido, no estaba nervioso. Más bien se reconocía ansioso por poder llevar adelante su plan tal cual lo venía armando desde que le dieron la nefasta noticia.

Como si desde ese instante nada más hubiera tenido sentido, se dedicó los siguientes días y noches a elucubrar la manera en que pudiese vengarse de aquel desgraciado. Fantaseó con gran placer mil y una maneras de matar al susodicho con sus propias manos, llegando incluso a imaginar con nitidez la expresión que tendrían en ese momento sus ojos vidriosos.

La sola idea de poder aniquilarlo le resultaba íntimamente satisfactoria, llegando incluso a mitigar las laceraciones de antiguos resentimientos. Pero la imagen avergonzada de sus padres y de su hermana se le cruzaba en sus ensoñaciones de venganza, logrando ese hecho cambiar el rumbo de sus pensamientos. No. La revancha no debía realizarse abiertamente. Debía diseñar con gran cuidado lo que debería parecer un accidente y en realidad sería un frío asesinato.

La eventualidad de la aparición de aquel oso por los alrededores le despertó la idea y su merecida fama de cazador experto le dio la fuerza como para organizar, con gran tino, la excusa de esa cacería como velo para ocultar sus verdaderas intenciones: matar al Manso haciendo que parezca un lamentable infortunio.

………..

Llegó por fin la madrugada tan esperada, los cazadores estaban listos, al igual que los perros. Se dividieron los grupos, se alistaron los pertrechos. El Manso siempre le había confiado a él la provisión de sus rifles, no por nada lo llamaba, bromeando, “el gran experto”. Fue durante un breve descuido que cambió los cartuchos: sustituyó municiones buenas por salvas. Como era de esperarse, nadie lo advirtió.

La habilidad del Dingo como rastreador apresuró el encuentro, ambos hombres ubicaron esa misma tarde su presa cerca del lago, en las afueras del bosque, tal cual él lo había conjeturado.

El oso era inmenso, bravo y ágil. Cualquier cazador de aquellos parajes lo consideraría un muy digno oponente. Confiado por sentirse respaldado por su colega de caza, el Manso se adelantó unos pasos intentando ser quien abriera el fuego. Varios fueron los disparos que dio antes que por su mente pasara la sospecha de que algo estaba mal con los cartuchos. Una y otra vez, gatilló en vano antes de gritar desesperado al ver que aquella fiera enorme se le abalanzaba sin contemplaciones. La incredulidad fue más grande que el terror al comprobar que su compañero observaba desde cerca sin dignarse a disparar. Sólo lo hizo cuando la fiera salvaje había realizado ya su faena descuartizando a quien –sin imaginárselo siquiera- había sido presa de un muy bien calculado asesinato.

¡¡¡FELIZ CUMPLE!!!

Hoy mi papá cumple 91 años. Hace poco descubrió a esta jovencísima cantante -Jackie Evancho- que canta como los ángeles, y a partir de ese momento, quedó prendado de su calidez. Vaya entonces este video como regalo especial para su cumple.

(para escucharlo mejor, dar antes stop en el reproductor
que se encuentra al pie del blog)


miércoles, 10 de octubre de 2012

ESTE JUEVES, UN RELATO: El teléfono



La primera vez ocurrió durante una tormenta. Mientras los oscuros nubarrones cubrían el cielo nocturno, cierta inquietud que sobrevolaba en la atmósfera parecía preanunciar la posibilidad de que algo mucho más inusual que rayos y truenos se sucedieran esa noche.

La vieja casona se hallaba en total silencio, ya que nadie más que él la poblaba desde que sus padres murieron y su hermana decidiera mudarse más cerca del pueblo. Su fiel perro Dingo, agotado por las largas jornadas de cacería que habían sobrellevado esa semana, apenas hacía más que estar echado junto al fuego, resoplando las chispas que alcanzaban con persistencia su hocico de adiestrado sabueso, ansioso ya, por su retiro.

Los primeros truenos resonaron quebrando la placidez del galgo y los nostálgicos pensamientos de su dueño. No resultaría exagerado comparar la repentina aceleración de sus latidos con la irrefrenable carrera que emprende una liebre ante un peligro inminente. La lluvia torrencial se desencadenó con tal ansia que parecía ser la última vez que el agua caería sobre aquellas tierras.

De repente el sonido agudo del teléfono culminó por quebrar la pretendida templanza de ambos  solitarios. El hombre notó que la voz le nacía entrecortada desde el abismo de su silencio, se esmeró entonces por procurar mostrar un acento afable en sus palabras. Pese a repetir varias veces –y elevando más el tono- la misma inquisitoria pregunta para averiguar quién le hablaba, nada pudo distinguir más allá de un forzado murmullo y algo muy parecido a un quejido lastimoso que agregó más inquietud a su desconcierto. La llamada no se prolongó más que unos segundos, pero fueron suficientes como para poner a trabajar a pleno sus presunciones y sus miedos.

Lo primero que hizo luego de cortar fue comunicarse con su hermana y algún otro conocido que pudiera haberlo querido llamar en aquella desapacible noche de inquietud y tormenta. Luego de constatar que entre sus cercanos ninguno había intentado telefonearle, su imaginación siguió disparándose a la par de los estertores de la noche inhóspita que ya moría.

Después de aquella primera vez se sucedieron muchos otros llamados tan misteriosos como desconcertantes. Descartó de plano la posibilidad de estar siendo destinatario de alguna broma pesada. Ninguno de los habitantes de aquellos páramos resultaba dar con el perfil necesario para armar semejante parodia de mal gusto. Además los quejidos lastimeros iban poco a poco tornándose algo más audibles, asemejándose cada vez más a palabras pronunciadas con la firmeza de alguna advertencia o de una sentencia anunciándose incumplida.

No podía dejar de reconocer que a cada momento -tanto del día como de la noche- se sorprendía aguardando la chillona campanilla de su teléfono anunciando otro de los preocupantes llamados que aún no conseguía dilucidar. Tanto por su procedencia incierta como por lo encriptado de sus contenidos, aquellas llamadas iban horadándole cada vez más tanto el transcurrir monocorde de sus días, como la ya precaria racionalidad de sus pensamientos.

Quizás por vergüenza o por la certeza de no poder conseguir quien lo ayudara a identificar el origen de aquellos extrañas llamadas telefónicas, a nadie le dijo de sus angustias. A nadie le comentó de sus sospechosas premoniciones.

Lo cierto es que lo único que se pudo reconstruir más tarde –basándose en algunos inquietantes escritos que el hombre dejara garabateados a modo de diario de su infortunio- fue que después de varios meses padeciendo tal grado de tortura telefónica, creyó reconocer en aquella voz lastimosa el rastro de alguien que no debía ya estar en el mundo de los vivos. La presunción de quienes lo encontraron junto al teléfono –con el tubo descolgado y mudo, muy cerca de su cabeza- fue que el infortunado decidió al fin descerrajarse un tiro en la sien, desesperado por la soledad inmensa en que estaba sumergido…o por la locura que comenzó a sembrarse entre sus viejas culpas.


Más relatos telefónicos, en lo de María José

martes, 9 de octubre de 2012

ALGO QUE MERECE SER MEDITADO

"La incomprensión de lo que sucede, vamos a decirlo, es una de las señales de que uno está llegando a la senectud más decrépita".
Juan Aragón

jueves, 4 de octubre de 2012

OJOS MANSOS


(imagen sacada de la red)

Ojos mansos…
Esa era su mejor arma.
A cara descubierta
y el corazón
sin manchas,
ella avanza…
entre resguardos hostiles
y máscaras gastadas,
entre mentiras impunes
y oscuras trampas.
Intentando mantener
su inocencia
a resguardo,
ella avanza…
con la voluntad
siempre lista
y la esperanza en alto.

INDIGNOS






















Atada a la hipocresía
y la arrogancia
vive la mentira.
De la mano de la soberbia
que da el poder
los corruptos juegan
a dar como ciertas
las falacias que
ni ellos mismos creen.

martes, 2 de octubre de 2012

DE HUMEDADES



(imagen tomada de la red)

Hay días en que el pasado
se pone a llover
y retorna entre las gotas
que caen desde el cielo.

La lluvia se hace silencio
que pesa más
si se escucha
con el sentimiento.

Y es que cuando la humedad
nos brota desde adentro
una se hace otoño,
aunque el calendario
marque primavera.

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