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CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

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viernes, 13 de enero de 2012

FINAL DEL CUENTO


NO TODO ES LO QUE APARENTA




















(imagen tomada de la red. Desconozco el autor)



Parte 3: SUSPENDIDO EN EL TIEMPO (sala de terapia intensiva de un hospital, miércoles 25)

El ritmo del monitoreo cardíaco estaba por fin regularizado. Los constantes altibajos de sus registros de un primer momento habían desaparecido, pero la consecuencia tan temida se había al fin producido: el paciente había entrado en coma.

A raíz de la fuerte descarga eléctrica que sufriera la noche anterior, cuando un cartel luminoso cayera sobre él arrastrando en su derrotero varios cables del alumbrado público, aquel hombre, todavía sin identificar, había sufrido una fuerte conmoción que lo mantuvo, por varias horas, al borde de la muerte. Ahora, a pesar del esfuerzo de los médicos, no se podía hacer más que esperar.

Mientras la desafortunada víctima estaba recibiendo los primeros auxilios, un empleado de la agencia de turismo, (cuyo cartel fuera, el causante de la tragedia) se acercó hasta la ambulancia y le informó a los paramédicos que creía conocer a la víctima. Estaba seguro de haberlo visto antes por el barrio, además comentó que hacía apenas unos minutos el hombre había estado contemplando con mucha atención el nuevo afiche de la vidriera, ese tan llamativo, el de la playa y las palmeras. Si bien el dato no aportó gran cosa, no dejaba de ser un indicio para saber si se trataba de un vecino de la zona o de un transeúnte casual.

Al fin, esa mañana, alguien consiguió contactarse con algunas personas que aportaron datos sobre su filiación y el desconocido pudo ser identificado. Se trataba de un hombre solo que vivía en las cercanías de donde había ocurrido el accidente, al parecer trabajaba como empleado en una compañía importadora bastante importante.

Sus compañeros de oficina casi ni se inmutaron cuando desde el hospital se solicitó que alguno de sus allegados se acercara para informarse de su estado y demás trámites. Solamente se hizo presente un joven con aspecto tímido, quien por lo menos aparentaba tener una sincera preocupación por su estado de salud y su posible evolución.

Ante su inquietud, los médicos le informaron que el paciente estaba en coma, con casi nulas posibilidades de despertar, aunque la experiencia decía que cada caso era distinto y no se podía ni asegurar ni descartar nada.

Al parecer, el joven sentía un sincero aprecio por su infortunado compañero de trabajo, porque al enterarse de ese negro panorama, evidentemente se sintió muy mal y hasta se le llegó a escapar alguna lágrima de compasión.

Una de las enfermeras, conmovida al ver que el muchacho, a pesar de lo que se le había informado, se disponía a aguardar en la sala de espera por si ocurría alguna novedad, le preguntó si quería ver al paciente. El joven asintió y agradecido, se aprontó a ingresar a la sala de cuidados intensivos.

Cubierto de pies a cabeza con guardapolvo, gorro y barbijo, se ubicó al pie de la camilla con visible temor de incomodar. Con cautela se acercó al oído de su colega y le susurró unas palabras. Algo ruborizado por demostrar así su candidez, consultó a la enfermera sobre qué posibilidad había de que una persona en ese estado pudiera escuchar o sentir algo. La mujer sonrió y respondió que sólo Dios lo sabía.

Pensativo, el muchacho se despidió de su compañero tocándole apenas la mano. Antes de irse, y para su sorpresa, en el rostro del comatoso se dibujó una sonrisa, profunda y serena que se prolongó por unos instantes.

A modo de consuelo, la enfermera le sugirió que al menos, el pobre parecía hallarse feliz y a gusto, fuera donde fuera que estuvieran suspendidas su mente y su alma en esos momentos…


EPÍLOGO (en el mismo paradisíaco lugar, miércoles 25)

El hombre otra vez despierta, esta vez sobresaltado, cubierto en sudor. Esa extraña y angustiosa ensoñación de la que no puede salir por completo se funde con la realidad que tiene ante sus ojos. Arrullado por el mar y las palmeras decide dejar de lado las preguntas, la contabilización de insignificancias, las ansiedades…simplemente se dispondrá a distenderse, a descansar, dejándose llevar por el aire fresco que le llena los pulmones…



(fin)

...Y SIGUE EL CUENTO...


NO TODO ES LO QUE APARENTA




















(imagen tomada de la red, desconozco su autor)

Parte 2: FRENTE A FRENTE CON UN SUEÑO (centro de una ciudad, martes 24)

Esa mañana llegó a la oficina más temprano que de costumbre. La noche anterior no había podido dormir pensando en una diferencia que había descubierto esa tarde. Dos datos que había revisado varias veces no coincidían y necesariamente deberían ser iguales. Llegó al colmo de chequear enteramente las compras de todo el mes y nada…no lograba descubrir en qué cifra se había equivocado. A esas alturas estaba tan saturado que sentía que su mente se hallaba embotada de números y verificaciones. No veía la hora de terminar con ese encargue especial que le había hecho su jefe para dedicarse de lleno a resolver esa divergencia de cifras que lo preocupaba en demasía.

Había llegado a un punto en que deseaba estar en cualquier lugar menos en esa cárcel de papeles y cuentas, y a pesar de eso, esa mañana se apuró en llegar cuanto antes, precisamente, para intentar acabar de una vez por todas con ese infierno anual de balances y cierres.

Apenas saludó al portero y a la señora de la limpieza que seguía con su rutina silenciosa de trapos y aspiradora. Casi los envidiaba. Qué daría por tener un trabajo calmado y con la simpleza de los que tenían esas almas afortunadas! La cuestión del magro sueldo que debían cobrar, pasaba sin duda a segundo plano. En ese momento de su vida no encontraba nada más deseable que tener un trabajo rutinario en el que no fuera necesario el despliegue mental al que él estaba siendo sometido desde hacía más de diez años. Al fin de cuentas lo suyo no era vocación, era sólo la mala fortuna de haber caído allí por la recomendación de un familiar que pensó estar haciéndole un bien y terminó sentenciándolo al esclavismo.

Pero nada ganaba con dejarse llevar por esos pensamientos, el apuro por resolver lo que tenía pendiente sobre su escritorio lo desbordaba. Para colmo de males no tenía buena relación con ninguno de sus compañeros de oficina. Más bien, todo lo contrario. Ni él los soportaba, ni ellos a él. La situación de molestia era recíproca. Salvo con el nuevo. El pobre infeliz se veía más perdido de lo que se había sentido él en su momento, y de lejos se notaba que su ineptitud era enorme: no servía ninguno de sus ardides para intentar disimularlo y sus pobres estrategias de despertar simpatía habían sido más que patéticas. Quizás por eso, a veces, le dedicaba unos minutos de charla explicándole pormenorizadamente algunos detalles de las que eran sus tareas. Pero no le servía como aliado. A la hora de sumarse a un bando, siempre elegía el de los ganadores, y por supuesto, ese no era el suyo. El muchacho hacía muy bien. Para qué arriesgarse a ser otro perdedor pisoteado por la arrogancia de los que están bien posicionados?

La montaña de expedientes estaba como la había dejado el día anterior. Los gritos de su jefe, le dieron la bienvenida, como todas las mañanas. La displicencia de la secretaria, se convertía ya casi en compasión al contemplarlo sumido en ese fárrago de papeles mientras ella se esmeraba en limar con muchísimo cuidado sus uñas recién pintadas.

Después de tres horas de revisión minuciosa no había logrado ubicar la desgraciada diferencia, hasta que casi en forma casual ubicó la dichosa factura faltante sobre el escritorio del contador, quien en más de cinco ocasiones ignoró por completo su sugerencia de que quizás ese fuera el sitio en el que se podría hallar el dato que necesitaba.

La satisfacción por haber puesto fin a ese suplicio que no lo había dejado dormir la noche anterior fue más grande que la indignación por la actitud del fulano, que ni siquiera se disculpó por el tiempo y el agobio que le había causado, por el contrario, su mayor preocupación era la máquina de café se había descompuesto, por lo que debía recurrir a la cafetera de las oficinas del otro piso.

En un momento de respiro sintió que sus sienes latían como desaforadas y un dolor agudo de cabeza se extendía hasta su nuca. Pero a pesar de eso no se dio el lujo de perder tiempo y destinó lo que quedaba de la jornada a resolver el encargue puntual que le había dado su jefe. Los formularios para los permisos podrían ser resueltos más tarde, al igual que las facturas por archivar. Lejos de ser simple, la gestión se complicó y entre las idas y vueltas que implicó la resolución del asunto su dolor de cabeza se extendió hasta los hombros, que ya se sentían como si fueran de madera.

Su necesidad de descanso era imperiosa y la envidia hacia la suerte de su jefe fue imposible de disimular cuando la secretaria comentó en voz alta que ese día le había cancelado el último pago para hacer un crucero por las islas del Pacífico.

Mientras tanto el tic tac del reloj se empeñaba en transcurrir más lentamente de lo que debía, sin duda buscando que su impaciencia creciera más allá de sus límites en la espera de que se acabe de una vez por todas aquel día demoledor.

Por fin terminó su desgraciada jornada.

Salió a la calle como quien se reencuentra con la libertad luego de años de prisión y torturas.

Quiso sentir el aire fresco en su cara como un chico la caricia de una madre. Hasta la suciedad y el bullicio del tránsito le resultaron un remanso luego de aquel fatídico día.

Manejando su autito desvencijado se detuvo a comprar algo de comida en una rotisería cercana a su casa. Casualmente al lado, en la agencia de viajes, vio un afiche del que se enamoró a primera vista: era una lámina inmensa con efectos casi tridimensionales colocada estratégicamente baja una lámpara que simulaba con maestría un dorado sol tropical. Era la imagen de una playa de arenas blancas y mar azul, muy transparente. Tres hermosas palmeras enmarcaban ese trozo de paraíso al que su corazón cansado y su mente exhausta ansiaron conocer.

Inmediatamente le vino a la mente el detalle del crucero que su jefe estaba a punto de realizar y una sensación de ahogo y rencor lo recorrió por dentro haciéndolo sentir miserable y deprimido.

El cartel de neón azul de la agencia de viajes se encendía y apagaba frente a sus ojos, como haciéndole guiños a su suerte de ignoto oficinista solitario, mientras sosteniendo la media docena de empañadas recién compradas, su cansancio sofocante contemplaba otra vez, extasiado, el afiche de sus sueños.

Seguía el pobre aún hipnotizado por el neón y aquel paisaje de ensueños cuando un chasquido, como de látigo que se hace sonar en el aire, o quizás una sucesión de chispazos repentinos lo arrojaron, con impiedad, desde su fantasía hasta el abismo.


(continuará)

HOY REEDITO UN CUENTO

A veces tengo la mágica experiencia de empezar a escribir palabras sin saber hacia dónde me irán a conducir y de repente lo que surgía en forma natural y arbitraria, va tomando forma rápidamente y se hilvana, coherente, en una historia. Es el caso de esta trilogía (publicada por primera vez hace bastante) que surgió sin que me lo propusiera, simplemente porque ella misma decidió nacer.



NO TODO ES LO QUE APARENTA

























(imagen encontrada en la red. Desconozco su autor)


Parte 1: UNA ISLA EN EL PARAÍSO (en algún lugar, miércoles 25)

Recordar lo que había pasado la noche anterior no sería fácil. Su cabeza le daba vueltas y un zumbido como de sirena de barco le retumbaba en los oídos. No tenía noción de haber bebido tanto. Es más, ni recordaba haber bebido siquiera un vaso.

Tampoco reconocía el lugar en que se encontraba. Parecía ser una casucha alejada de cualquier poblado. Ni siquiera se alcanzaba a ver algún camino entre la espesura. Solamente se insinuaba una pequeña senda entre la frondosa vegetación que parecía querer devorarlo todo.

No supo por qué, pero aquella extraña situación de no saber dónde estaba no había conseguido hasta ahora atemorizarlo. Tal vez se debiera a que aún no se sentía totalmente en sus cabales y en ese estado de confusión, el hallarse solo en medio de la nada, sin saber por qué, ni desde cuándo, no le resultaba tan angustiante como en realidad debería serlo.

Se sentó en el camastro en el que, apenas hacía unos momentos, había despertado. Buscando razonar calmadamente sobre cómo había llegado hasta allí intentó una y otra vez atar los pocos cabos sueltos que venían a su memoria: algunas luces, predominantemente azules…tal vez un chasquido, como de látigo que se hace sonar en el aire, o quizás hayan sido chispazos repentinos, no podría asegurarlo. Recordaba también una extraña sensación en la boca del estómago, como de vértigo. Como si algo lo hubiera oprimido desde adentro… quizás una gran angustia, una inquietud punzante, la certera sensación que algo terrible estuviera a punto de suceder.

Pero sus recuerdos vagos no pasaban de allí. Por más que intentaba no lograba recordar nada más. Ni siquiera lo que había hecho al llegar a su casa después del agotador día de oficina. 

Eso sí en cambio, lo tenía muy nítido: la montaña de expedientes, los gritos de su jefe, la ineptitud del nuevo, la displicencia de la secretaria, mirándolo sumirse en ese fárrago de papeles mientras ella se esmeraba en limar con muchísimo cuidado sus uñas recién pintadas. También tenía muy presente el tic tac del reloj que se empeñaba en transcurrir más lentamente de lo que debía, sin duda buscando que su impaciencia creciera más allá de sus límites en la espera de que se acabe de una vez por todas aquel día demoledor. Recordaba también con mucho detalle el número de carpetas que esperaban ser completadas con su firma: diez y siete. ..y treinta y nueve eran las facturas que habían quedado por archivar…once eran los formularios que había llenado para tramitar un permiso y siete las veces que el contador se había levantado esa tarde con la excusa de hacerse un café.

Cómo podía ser que su cabeza se ocupara de esos detalles tan insignificantes de su jornada anterior y nada pudiera repasar de las horas más recientes!

Aún con la horrible sensación de no poder mantenerse en pie, mientras en su mente todo seguía confuso y errático, decidió salir de la cabaña para intentar averiguar dónde estaba. No lo consiguió. No sólo no vio ningún punto de referencia que lo guiara sino tampoco divisó signo alguno de otro ser humano en los alrededores.

No quiso desesperarse. Trató de poner calma en sus acciones, que, a esas alturas seguían resultando inconexas con la voluntad de hacerlas: cada uno de sus movimientos se le antojaban cono si los viera en cámara lenta, la respuesta de sus reflejos era más que extraña y la sensación de no tener tacto lo alentó en la idea de que su extraño malestar fuera producto de alguna sustancia que hubiera ingerido. Jamás había consumido droga alguna, tampoco solía cometer excesos con el alcohol y ahora que lo pensaba con detenimiento, esa sensación de desconexión con la realidad tan particular no tenía nada que ver con sus muy escasas experiencias de resacas alcohólicas.

Mientras se internaba con mucha precaución en la espesura de lo que parecía ser casi una selva, intentaba otra vez, en vano, reconstruir cómo diablos había llegado hasta ese lugar.

La pesadez de sus párpados le impedían ver en detalle el colorido de los pájaros que sobrevolaban los árboles más altos, mientras el sol, con sus rayos apenas cálidos, parecía entretenerse en desvirtuar la forma de las cosas.

A cada paso (fueron doscientos cincuenta hasta que el sendero se desvió bordeando una colina) el peso de su cuerpo parecía diluirse más y más en esa especie de sopor que continuaba distorsionando sus sentidos, logrando que por primera vez sintiera algo de temor de hallarse enfermo y perdido en un extraño lugar deshabitado.

Después de atravesar un pequeño arroyo (pisó doce piedras negras que sobresalían del agua para evitar mojarse sus zapatos) logró divisar algo que le parecía conocido. Era una playa. Una hermosa costa de arena blanca bañada por un mar azul que lo invitaba a refrescarse en él. Tres altas palmeras encuadraban la vista desde el ángulo en que observaba y mientras involuntariamente contaba una a una las hojas que pendían de cada tronco, recordó - de improviso - de dónde conocía semejante paraje tropical: era exactamente esa imagen la que recordaba haber visto, la tarde anterior, en la vidriera de una agencia de turismo sobre la avenida que está a tres cuadras de su casa. Sin lugar a dudas era precisamente la misma playa, el mismo mar, las mismas palmeras…

La certeza de reconocer de esa manera aquel paradisíaco lugar, lejos de darle un punto de referencia para ubicarlo en tiempo y lugar terminó por confundirlo por completo. Si mal no recordaba el afiche en cuestión era de una isla en el Pacífico. Un sitio alejado de toda su cotidiana realidad que precisamente ayer - lo recordaba ahora sin ningún tipo de dudas - había deseado secretamente visitar alguna vez, buscando alejarse para siempre del ruido, la mugre y la tensión de la ciudad que lo vio nacer y a la que nunca abandonó por más de un día. Cómo diablos podría ser que ahora estuviera allí, solo y vistiendo el mismo traje de oficinista que ayer llevaba puesto al emprender el regreso hacia su casa, (después de haber soportado ocho interminables horas de maltrato y hastío) era algo que ya lograba inquietarlo en forma preocupante.

Se dejó caer, como pudo, sobre la arena que, sin más preámbulos se terminó escurriendo dentro de su calzado, poniendo en evidencia que su atuendo no era para nada el apropiado para ser usado en esa geografía. Se detuvo un instante contemplando los granos de arena que quedaron sobre la capellada de uno de sus zapatos…si contaba bien, eran cincuenta y cuatro…y ahí tomó nota de lo absurdo que era fijarse en ese detalle… y más aún, dedicarse a contarlos! Sin duda esa actitud era producto del loco estrés al que había estado sometido las últimas semanas, imbuido en un mar de cifras y datos que habían superado largamente su capacidad de resistencia.

Se aflojó la corbata (de la que recién tomaba conciencia de llevar) se quitó la chaqueta (a la que dobló cuidadosamente, como era su costumbre), los zapatos y las medias (para colmo llevaba puestas las más abrigadas!).Dejó que sus pies disfrutaran al hundirse en la calidez de la arena y con gran dificultad intentó recomponer los límites de lo que su vista alcanzaba a ver, con grandes esfuerzos, a pesar del persistente sopor que aún lo embargaba.

Quiso gritar, fuerte…, como último recurso para intentar comprobar si alguien lo escuchaba, pero casi se queda petrificado de espanto al verificar que ningún sonido salía de su garganta. Aterrorizado, pretendió volver a intentarlo, una y otra vez pero fue absolutamente en vano: estaba mudo, por completo, ni siquiera lograba articular algún leve sonido, algún murmullo, un gemido…nada.

Era solamente el mar, en soliloquio, quien susurraba, impertérrito, su cántico inmemorial de espumas y olas.

No alcanzaba  a comprender cómo ni por qué, pero a pesar de todo, se sintió feliz…

(continuará)

jueves, 12 de enero de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO ...Profecías del fin del mundo
















Desde el principio de los tiempos, desde que el primer ser humano se alzó sobre la Tierra, ha habido un ejército de seres maléficos intentando hacer sucumbir a la humanidad hacia los abismos de la perdición en donde ellos reinan.

Quizás por celos, quizás por pura maldad o quizás para su propio disfrute estos demonios han venido intentando tensar los hilos de las debilidades humanas para precipitarlos hacia un fin que quizás esté pronto.

Entre las malsanas propuestas urdidas por las fuerzas demoníacas para acelerar el final,  quizás los que más temprano se han pretendido utilizar para exterminarlos han sido los desastres naturales. Tormentas, terremotos, ciclones, inundaciones…una y otra vez han asolado los rincones de la Tierra buscando amedrentar a la humanidad en su impotencia por dominar la violencia de la Naturaleza, pero lejos de ceder en la lucha, las gentes que padecieron semejantes azotes vieron fortalecidos sus espíritus luego de los primeros momentos de espanto y desolación. Con increíble persistencia los intentos de sobreponerse han tenido siempre buenos frutos, mejorando su tecnología, agudizando sus capacidades predictivas, despertando el ingenio para minimizar los riesgos.

Como era de suponer, con el tiempo, surgieron nuevas tácticas de exterminio entre los ingeniosos demonios, quienes, apelando a lo más bajo de los instintos humanos, hicieron de las guerras su más efectiva arma contra su propia especie. Primero resultaron ser tribales, luego religiosas, más tarde como excusa de dominación imperial. Nacionalismos, supremacías, odios ancestrales, luchas fratricidas, acciones preventivas y antiterroristas, enfrentamientos por el control de fuentes energéticas…todas las formas posibles de violencia bélica han sido manipuladas por las huestes infernales buscando desatar en el espíritu humano la barbarie descontrolada que lleve a hombres y mujeres a un pronto final.

Es cierto que en esta instancia las fuerzas del abismo han estado muy cerca de lograr su objetivo, pero, pese a sus enormes esfuerzos, siempre ha habido hasta ahora un gran caudal de humanos pacifistas por convicción que se siguen encargando de torcer el rumbo de lo que parecería ser un final predecible.

Por ello ha sido que también se han venido ensayando otros artilugios para acelerar el final de los tiempos: la estupidez humana les ha venido facilitando las cosas al dejarse llevar por el desenfreno de la explotación y el despilfarro de los recursos naturales y nunca antes como ahora  la Tierra ha estado al borde del colapso ecológico debido al desequilibrio al que los seres humanos la han venido sometiendo. Pese a haberse puesto a festejar con antelación, los diablos exterminadores no se hallan tranquilos aún, porque han visto con inquietud que las nuevas generaciones humanas vienen trayendo algo más de conciencia ecológica que sus antepasados y temen que sea esto suficiente como para frenar lo que en sus ansias de victoria ya daban por sentado.

Dicen que, entre las innovaciones estratégicas que aportan los nuevos integrantes de las huestes infernales, hay algunos recursos que suenan muy prometedores: ellos apuntan a destruir la semilla de esperanza que anida en los corazones humanos, ese último baluarte que sobrevive aún en las circunstancias más adversas y que se ha venido encargando hasta ahora de hacerle sobrellevar a la humanidad los más terribles castigos, las más despiadadas guerras, los más difíciles trances que como especie viene soportando. 

Aseguran los demonios más entendidos, que, de ser posible semejante logro, si  consiguen de una vez por todas erradicar ese espíritu de ilusión y utopía, será cuestión de esperar muy poco tiempo y entonces sí, por fin, después de tantos siglos, el pronto final de la humanidad estará asegurado.


Más historias del Fin del Mundo, en lo de San

martes, 10 de enero de 2012

HISTORIAS DE AMORES




Hay historias de amor
muy tibias… pequeñitas…
de romances simplones
y sin relámpagos
ni campanas
ni conjuros
ni fuegos de artificio.

Hay otras
que en cambio relucen
destellantes de colores.
En árbol tallado
dos nombres,
se entrelazan
alejando decepciones.

Hay historias
de amores inciertos,
conjugados –tan sólo-
por sus protagonistas.
En solitario entrenados
son  vividos, añorando
una mirada fugitiva.

Existen historias
sangrantes de amores,
desgarradas
con vibrantes  estertores.
Amores que encienden
mil fuegos
desoyendo las razones.

Hay también amores tiernos
de esos donde halla hueco
para siempre la dulzura.
En ellos, los besos
son cuento de hadas
las miradas, luz de estrellas
haciendo maravillas.

También hay amores impuros
de esos que crean llagas
restregando las heridas.
No nacen por bien ni entrega,
perjuran amor
y celan
desvirtuando con mentiras.

Hay también amores secos,
de esos que cuesta regar
entre desiertos y estepas
con  piedras no removidas.
Allí sobreviven –apenas-
sostenidos, en tierra estéril
y sueños no perseguidos.

Suelen verse amores sin cielos.
Amores rupestres,
concretos, arraigados
en tierra firme
por mera sobrevivencia,
siempre volando bajo
y apenas comprometidos.

Hay amores persistentes
que hacen gala
del esmero y la paciencia.
Son amores laboriosos
que no surgen de la nada
y construyen su día a día
con esfuerzo compartido.

Hay, por cierto,
amores eternos…
Esos, que al cabo subsisten
aún estando distanciados.
A ellos…
no les hace mella el tiempo,
ni envejecen los sentidos.

Hay sin duda variedad
de amores y de historias
para siempre refrendadas.
Hay sinfín de dudas
y ansiedades
en las curvas vívidas
que ellas trazan.

pero todas esas historias
en que despuntan
diversos amores
tienen cuota de igualdad
desde su esencia:
cada cual, irrepetible…
y merece ser recordado.

lunes, 9 de enero de 2012

CON CALOR, MUCHO CALOR...

Con más de 33º a las diez de la noche, el calor me tiene secas las neuronas, por lo que me disculpo por la falta de inspiración...y vuelvo a reeditar.










POR DOS POBLADA


A veces me veo muy dentro,

por dos mujeres habitada

ambas, cambiantes, distintas

en pugna por gobernarme;

será por ser geminiana

que ellas desdoblan mi alma,

 será por ser como soy

que se empeñan en complicarme.

A veces una de ellas es niña,

chiquilla que viste y calza

la otra se esconde por vieja

temiendo por su inconstancia.

A veces la una es dicha,

calor, ensueños, esperanza;

la otra la intima y reta

a dejar las añoranzas.

Un día la que es práctica gana

y la otra, se pierde en la nostalgia.

Con distintas ansiedades

ellas me juegan con trampa

al rato la una es sabia,

al otro...

me deja sin que halla causa.

viernes, 6 de enero de 2012

NO HAY QUE DEJAR PASAR CIERTAS COSAS



NO SE PUEDE CAMBIAR LA HISTORIA PERO SÍ HAY QUIENES PRETENDEN CAMBIAR LA FORMA DE CONTARLA

En Chile jamás hubo una "dictadura" sino un "régimen militar", según el Consejo Nacional de Educación (CNED), que decidió cambiar un término por otro en los textos escolares para referirse al sangriento gobierno del general Augusto Pinochet (1973-1990) que dejó 40.000 víctimas, incluidos 3.095 opositores muertos o desaparecidos.

El presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, ironizó sobre la decisión: "Tiene orejas de gato, cuerpo de gato, maúlla como gato y algunos quieren que se llame perro".

Los niños que cursen entre primero a sexto básico, entre los seis y los 12 años, no aprenderán que Chile vivió una dictadura sino un régimen militar, término más acorde con la visión de la derecha política sobre el pasado reciente. Al igual que una parte el país que se refiere a la sublevación militar de septiembre de 1973 como "pronunciamiento militar" mientras la otra lo llama "golpe militar".

El ministro de Educación, Harald Beyer, dijo que el Consejo decidió en noviembre "usar un término más general que es régimen militar", aunque admitió que "yo reconozco que fue un gobierno dictatorial, así que no tengo problemas".

Justificó el cambio al señalar que "este fue un procedimiento donde participaron muchos educadores y se cumplieron todas las instancias que existen en este tipo de casos".



QUEDA ATRÁS DE LA HISTORIA

El cambio pasó desapercibido hasta que el diario electrónico El Dínamo lo reveló en su edición del miércoles. Precisó que la sustitución se concretó el 9 de diciembre durante una sesión extraordinaria del CNED, donde se aprobó la indicación enviada por el Ejecutivo junto con varias más.

Alejandro Goic, miembro del CNE, sostuvo que durante el debate "ni los expertos ni los consejeros se dieron cuenta cuando se discutió".

Agregó que el cambio "es un tema sensible. Me parece que debiese ocuparse el término dictadura. A las dictaduras hay que llamarlas dictaduras y a las democracias, democracias".

En cambio, su colega del CNE Elizabeth Lira declaró a El Dínamo que la modificación "no la encuentro relevante, porque creo que es una discusión que no tiene destino."

El ex presidente y actual senador opositor Eduardo Frei (1994-2000) dijo que "en la realidad de Chile y en la realidad internacional Chile vivió una oprobiosa dictadura y nadie va a cambiarlo con un texto o una declaración".

Para el ex ministro de Pinochet y actual diputado oficialista Alberto Cardemil, el cambio constituye "un esfuerzo técnico y profesional del Ministerio de Educación de dar una versión equilibrada de nuestra historia".

Agregó que "los países tienen que ir revisando con el paso del tiempo su historia para dar una versión equilibrada".

Su colega Iván Moreira, uno de los más fanáticos pinochetistas, sostuvo que "el hecho de se hable de dictadura es una forma de estigmatizar a un gobierno que entregó democráticamente el poder y eso en ninguna dictadura del mundo se ha dado, sólo en Chile".*

Pero no todos en el oficialismo derechista están de acuerdo con el cambio que se introducirá en los textos de estudio. El diputado Cristián Monckberg, del centroderechista partido Renovación Nacional, indicó que "si se denominaba dictadura y ahora pasa a denominarse gobierno militar producto de que unos técnicos encerrados en una oficina así lo deciden, no va a cambiar el curso de la historia. Yo prefiero que sean los historiadores, los que escriben, los que interpretan, los que le den su denominación".

AFP | Fecha: 01/05/2012




* éste, además de no ser demócrata, está mal informado. También en Argentina, en 1983 el paso desde la dictadura hacia la democracia fue tras un proceso electoral

miércoles, 4 de enero de 2012

MENSAJES (nueva versión)






















Desde aquí, en un nuevo principio
frente a un año, recién estrenado
se renuevan las viejas promesas,
se transforma la magia guardada.
Prometiendo auxiliar a la suerte
brindaré por los logros ganados.
Honraré a mis viejos ausentes
celebrando lo que es bien amado.
Lucharé por un mundo plausible
construyendo futuros deseados.
Soñaré, aunque suene a imposible
enfrentando al prejuicio indeseado.
Pugnaré a que con nuevas palabras
mi optimismo se quede engarzado.
Desde aquí sembraré mis semillas
(y que el viento virtual las reparta)
con profuso reguero de estrellas
entre versos e historias contadas,
hasta a ti, mis mensajes y sueños
llegarán como aves que pasan.

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