NAVIDAD BLOGUERA

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CERCARE E TROVARE, un blog de entretenimiento

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FIGURA Y FONDO

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...un personaje nacido de mi mano...

Cartas que no fueron enviadas

..quedan invitados a conocer el blog de Eduardo, mi papá (que sigue vivo desde sus letras)

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jueves, 14 de enero de 2010

ESTE JUEVES UN RELATO: “Mitos”


Para esta nueva convocatoria del amigo Tésalo, decidí desempolvar algo publicado hace ya bastante en uno de mis viejos espacios.

La primer parte, es un breve texto de Eduardo Galeano en el que habla de un mito en el antiguo Egipto sobre el origen humano. Luego de una nota complementaria, escribí algunos versos que surgieron sumando básicamente esas dos primeras ideas.


DE LÁGRIMAS SOMOS

Antes de que Egipto fuera Egipto, el sol creó el cielo y las aves que lo vuelan y creó el río Nilo y los peces que lo andan y dio vida verde a sus negras orillas, que se poblaron de plantas y de animales.

Entonces el sol, el hacedor de la vida, se sentó a contemplar su obra.

El sol sintió la profunda respiración del mundo recién nacido, que se abría ante sus ojos, y escuchó sus primeras voces.

Tanta hermosura dolía.

Las lágrimas del sol cayeron en tierra y se hicieron barro.

Y ese barro se hizo gente.

(E. Galeano)


Nota:

para los antiguos egipcios, la miel está hecha con lágrimas de Ra (el dios sol) regaladas a los mortales. En concusión, podríamos decir que según esa mitología los seres humanos estaríamos hechos de tierra y miel..o sea, de un barro muy particular.



POLVO Y MIEL

De tierra y miel

así nacimos

el sol al llorar

nos dio su alma

y surgimos mezcla

de polvo y dulzura

de opacidad y luz

de brillo y sustancia.

Somos parte

del barro esencial

que sobrevive

mil generaciones.

Materia mortal mezclada

con lágrimas de dioses.

No más especial

No menos importante.



lunes, 11 de enero de 2010

CIELO Y PELLEJO




Cada cual con su cielo

su infierno y su pellejo

hace lo mejor que puede.


Los consejos, no son siempre sanos...

la experiencia, no se transfiere.



sábado, 9 de enero de 2010

REMEMORANDO!



Para quienes tengan ganas de rememorar los viejos juegos de la infancia, los invito a pasar por el blog del sur. No se olviden de traer risas, colores, caramelos y chocolates!




viernes, 8 de enero de 2010

PENSAMIENTO





Es posible renacer,

sin siquiera un esfuerzo,

aún cuando menos

uno lo imagina:


una flor

un aroma

un recuerdo

una vieja melodía


…sólo hay que disponerse

a cerrar los ojos y creer.




jueves, 7 de enero de 2010

EL DORADO - Capítulo final




LOS NUEVOS DORADOS

Apenas al cruzar el hall de ingreso del museo algo en su pecho pareció estremecerse. Quizás haya sido sólo la primera impresión al sentir de lleno el fresco del aire acondicionado o quizás fue la emoción de hallarse frente a frente con aquellos maravillosos testigos de la historia de su pasado lo que logró conmoverlo.

Decía la inscripción que se trataba de una pieza excepcional. Una balsa ceremonial totalmente facturada en oro macizo. El personaje principal, sin duda era alguien de alto rango. Lo rodeaban otros secundarios que seguramente formaban parte de su séquito. Los rasgos de los rostros eran muy estilizados, prácticamente geométricos, pero ese detalle no era óbice para que es aspecto de las estatuillas fuera indudablemente solemne; irreales pero muy expresivas.

No era de imponentes dimensiones pero algo muy sutil que superaba su indiscutible valor monetario lo hipnotizó desde el primer momento.

Quizás saber que fueron sus ancestros quienes habían moldeado aquella obra maestra de orfebrería tan especial le agregaba mayor carga emotiva, y sin duda haber escuchado de sus mayores las legendarias historias tejidas sobre aquellos antiguos reyes de desaparecidas civilizaciones hacía que se sintiera particularmente afectado frente a todos aquellos mudos testigos de mejores tiempos.

Trataba de imaginar qué habría sentido el orfebre que realizó aquella pieza ceremonial, cuáles habrían sido las intenciones al moldearla, al ofrecerla a los dioses. Buscó interpretar el significado intrínseco de aquellas figuras, los secretos del rito, sus invocaciones, las súplicas concedidas.

Sintió una marcada angustia al pensar que la gran parte de aquellos mensajeros no lograron preservar su cometido, cayendo bajo el saqueo y la mezquindad de quienes se sintieron con el derecho a imponer sus creencias e ideales.

Por aquellas lejanas épocas su pueblo era dueño de su destino. Se trataba de sociedades distintas. No más cruentas que las que les sucedieron, o menos complejas. Simplemente distintas.

Saberse parte de aquella cultura milenaria que dejó profundas huellas en esas tierras fecundas lo hacía afirmarse en su identidad. No ya como la de aquellos primeros rebeldes que cayeron sojuzgados bajo el yugo de soldados y conquistadores, pero sí con la intensidad de quien siente por su tierra, su sangre y sus costumbres el sano orgullo que viene desde adentro como oleadas, como suave aroma que impregna cada gesto, cada palabra, cada sueño postergado.

Estar parado frente a aquellos signos del fulgor de otros tiempos le servía para afirmar sus propios horizontes. Saberse arraigado en aquel suelo por el derecho que dan estirpe y compromiso lo hacía erguirse ante la vida con mayor fuerza, sólido sustento e indudable integridad.

Había nacido muy cerca del lugar que los antiguos consideraban sacro. Aquella laguna de aguas espejadas que, aseguran, guarda en sus entrañas las antiguas ofrendas consagradas al dios sol que los guiara y bendijera desde los tiempos remotos y que, por fortuna, jamás lograron profanar.

Siempre supo que aquellas aguas no estaban allí simplemente para calmar la sed de los cuerpos. Era otra sed mayor la que el poder de aquel lago calmaba…y sus ancestros conocían sus secretos y cómo invocarlos.

Ahora, después de tantos siglos de opresión y persecuciones, esos secretos habían desaparecido. La sabiduría ancestral de los antiguos había sido opacada por el miedo y el desprecio.

No fue intercambio de culturas. No fue interacción. Fue clara imposición, sojuzgamiento, vasallaje, exterminio…

Mientras recorre otra vez con sus ojos los dorados rostros mudos de aquellos dioses del pasado, el hombre recuerda ahora otros ojos, - mudos también - que se cerraron en el mismo sitio en el que nacieron, sin opción de ver sus sueños realizados. Fue su padre, su abuelo, su vecino…todos ellos dejados fuera del mundo que avasalló su pasado y su presente.

Allá fuera son otros, ahora, los blasones que ondean imponiendo su supremacía, pero es la misma antigua sinrazón que oprime a la hora de cerrar caminos, pisotear sueños, derribar esperanzas…

No son hoy, los mismos Dorados los que guían a los actuales conquistadores. No siempre son iguales las estrategias que imponen para derribar fronteras o invadir territorios. Pero están. Siguen estando siempre al acecho, de la mano de corruptos, de traidores o de los ilusos…y son aún, como antes, como siempre, los más desprotegidos los que caen, en primera fila, derribados por los nuevos imperios.


(fin)



martes, 5 de enero de 2010

EL DORADO - Capítulo 2





UN INFIERNO EN LEJANAS TIERRAS

Avanzando como pueden entre la espesa jungla que se esmera en ahogar las pocas esperanzas que le quedan, aquel puñado de aventureros lucha por vencer el hambre, el cansancio y el calor sofocante que los ha diezmado.

Llevan, altivos, cascos y escudos, armaduras y lanzas, aunque el portarlos les signifique un enorme peso extra que conspira con su ya poca resistencia.

Animales y aborígenes salvajes, insectos, fiebre, pestes y tormentos. Uno a uno los hombres van cayendo, sucumbiendo en aquel mundo hostil hacia el que se embarcaron hace ya tanto…los recuerdos de sus respectivas tierras natales se diluyen entre el impenetrable follaje que parece extenderse hacía el infinito.

Pese a todo, aún late intenso e incontrastable el fulgor de la llama que los trajo hasta aquí. La fuerza de los sueños suele ser más fuerte de lo que parece y aunque cueste creerlo su ánimo aún no se ha doblegado ante las adversidades que les han tocado en suerte.

No todas las decisiones han sido acertadas. Las traiciones y las cobardías estallan por doquier y la avidez por las riquezas hace que hasta los hombres más confiables se transformen en fieras salvajes que irrespetan honra y linaje. Son pocos los que aún entienden que es la fortaleza de su espíritu íntegro y cabal los que los mantendrá a salvo, fuera del alcance de flaquezas y banalidades. Es Dios mismo quien los pone a prueba con tantas vicisitudes… y si tamaña es la tentación a vencer, enorme será luego la recompensa. Gloria y riqueza los esperan. Esta vez lo siente a flor de piel.

La distinción del blasón real contrasta con la uniformidad de la jungla. Resulta muy útil verlo allí en lo alto, flameando en su pica, en medio de este territorio hostil que nada sabe de civilización y tradición. Los hombres renuevan su fe y su perseverancia al mirarlo, y las expectativas que los han traído hasta estos rincones remotos, alejados de todo lo conocido, recobran su fuerza.

Cada vez son más precisos los relatos que les llegan de boca de los salvajes: un Rey Dorado, un reino de riquezas inimaginables. Una ciudad de oro y maravillas inconcebibles en medio de la jungla, esperando ser, por ellos, descubiertas y conquistadas. Hacia allí van, luchando contra toda clase de peligros, poniendo a prueba su fe y su integridad, avanzando hacia lo desconocido con la convicción de quienes saben que es la voluntad de Dios quien marca su camino.

No habrá que dejarse vencer por la desazón ni por el hostigamiento de los salvajes que los acechan entre las sombras. No en vano han llegado hasta allí. Es la Fe y la Verdad los que los impulsa y serán ellos los que lleven hasta los rincones más remotos la grandeza de su raza. Es enorme su entrega. Será acorde su recompensa.

De improviso, al bordear por un estrecho camino entre riscos, un enorme valle alcanza a verse en la lejanía. En medio de él, un gran lago se extiende, majestuoso, como espejo resplandeciente que se engalana con el color del cielo reflejado.

Los aborígenes que hacen las veces de traductores han logrado obtener nueva información de los salvajes que van encontrando a su paso. No hay duda ya. Ese parece ser el lago del que hablan las leyendas nativas. Allí, en esas aguas, el Rey Dorado realizaba en otro tiempo su ostentoso ritual de ofrendas áureas. A juzgar por lo que narran los salvajes, el fondo del lago debe estar repleto de piezas de oro. Un digno botín para la Corona. Una merecida gloria para ellos

La palpable proximidad con lo que sin duda es el mítico Dorado despierta en los hombres todo el vigor que ya creían perdido. Las miradas recobran su brillo, los corazones laten con más fuerza…la ansiedad por ver de cerca aquellas aguas los impulsa a apurar el paso aunque sepan que al hacerlo aumentan los riesgos.

Pasan más de dos horas y han avanzado muy poco. Mucho menos de lo que su impaciencia – que ya es desesperación – puede soportar.

Han escuchado que los aborígenes de esas tierras son particularmente crueles. Hasta se comen unos a otros!. Eso los inquieta aún más y hace que el desprecio por esas bestias aumente su esmero por llevar los Santos Evangelios hasta donde aún no ha llegado vestigio alguno de civilización.

Otro hombre ha caído recientemente presa de la fiebre o por la mordedura de alguna serpiente. No importan los detalles. Lo mismo da. A estas alturas la muerte es casi una compañera más del trayecto y sólo sirve para que la expedición retrase más aún su marcha a costa de calmar en algo las conciencias: hay que honrar a los muertos y rezar por sus pecados. Al menos así se allanará en algo su entrada al paraíso cuando sea la hora.

La senda se pierde otra vez tragada por la espesura. Los insectos parecen poder atravesar hasta las armaduras con sus aguijones. El calor ahora aumenta y se hace más húmedo y espeso el vaho que los envuelve.

El hombre se siente afiebrado, agotado…pero no puede desfallecer…no ahora que están tan cerca – lo sabe, lo presiente- de poder realizar sus sueños.

Su armadura lo sofoca, le aprieta su pecho a más no poder, por eso decide sacársela. Es breve el alivio, pero igual lo disfruta. Mengua en algo aquel calor infernal pero no cesan de embotarse sus sentidos.

Sus pensamientos se hacen más desordenados, más lentos, como si su razón se hiciera polvo y su cuerpo fuera apenas un títere sostenido por débiles hilos transparentes. No logra razonar a voluntad. No consigue mover sus extremidades ni reaccionar según le dicta su instinto de conservación. Ve claramente venir la flecha. Hasta logra entrever el color de la pluma que la balancea: es roja. Tan roja como la sangre que ahora mana de su pecho y parece hacerse flor…un rojo intenso, como el del blasón real, ese que ondea en lo alto de su pica y parece ahora despedirlo con una letanía…el Dorado…el Dorado…allí está…por fin…

(continuará)



lunes, 4 de enero de 2010

EL DORADO - Capítulo 1







LA CONSAGRACIÓN

Apenas ha amanecido y el cortejo real se dirige con todo su esplendor hacia el lago de los rituales. La balsa está ya ataviada y listos los fuegos para la quema de los perfumes y las resinas.

El séquito es numeroso y esta vez la ofrenda supera con creces las anteriores. Nunca antes se ha visto tanta opulencia ni belleza en los ornamentos. Cada estatuilla ceremonial refulge y espera ávida para ser ofrecida ante el dios sol – Xue - que se alza lentamente…majestuoso…sobre el perfil del cráter lacustre.

El futuro rey avanza solemne entre dos columnas de guerreros y sacerdotes. Su capa de plumas le otorga esa cadencia irreal que distingue, a los que están destinados a ser reyes, del resto de los mortales. Cientos de servidores lo acompañan en la tradicional ceremonia que se viene repitiendo desde el comienzo de los tiempos. Bellas doncellas lo anteceden abriendo su paso ante el dios que asciende frente a ellos.

Falta poco ya y el heredero iniciará su reinado luego que los dioses reciban su ofrenda de oro y piedras preciosas.

A su paso, el pueblo entero se postra ante sus pies. Ubicados en jerárquica procesión, todos se sienten parte activa del sacrificio que está por concretarse.

El rítmico compás de los tambores se detiene en el preciso momento en que el futuro soberano se detiene a la vera de la laguna.

Según lo establece el ritual inmemorial, los sacerdotes principales y cuatro de los nobles más destacados lo despojan de sus ricas vestiduras y lo van untando con el lodo sagrado que antecede al momento principal del rito de consagración: con suaves toques de brochas y pinceles poco a poco el cuerpo del cacique va siendo cubierto con el polvo de oro ceremonial enviado desde todos los confines del reino.

Desde cada uno de los puntos limítrofes donde el cielo y la tierra se tocan, el polvo de oro ha sido extraído ritualmente de las entrañas de la tierra. A través de su brillo, Xue bendice a las gentes con el regalo de su luz y calor, su don de vida, su espíritu fecundo…

Al pensar en ese poder, un simple orfebre que contempla desde lejos y extasiado tan magnífica ceremonia, se estremece de orgullo. Sus manos, hábiles en ese arte por bendición de los dioses, han tenido el honor de realizar varias de las piezas que serán ahora ofrendadas. Sus manos han sido instrumento para moldear aquel metal que retornará a su origen: el divino.

Llevando entre sus formas el mensaje cifrado que trasciende lo que apenas advierten los ojos, aquel orfebre logró ser partícipe de ese misterio ancestral que otra vez se repite…y eso le recompensa toda la desdicha que su pobre vida de mortal puede llegar a significar: está allí, cerca de los ungidos, de la realeza, de los elegidos… Es parte mínima, quizás, pero valiosa en cuanto a lo que sus limitaciones le permiten.

Mientras tanto, en la mítica laguna, el cuerpo del cacique se torna íntegramente dorado. El fulgor de Xue se hace carne en el ungido y los dioses manifiestan con ello su regocijo.

Corona, collares y brazaletes son nuevamente colocados sobre el cuerpo del soberano quien trasunta su consagración y su devoción hacia el sol que resplandece ya casi en su cenit.

La balsa de la ofrenda ha sido ya cargada con todas las estatuillas, máscaras ceremoniales, cascos, pecheras, cuencos, poporos, jarros, escudos y joyas engarzadas con las mejores piedras. Todo será ofrecido. Todo será pronto arrojado al centro del lago, al punto más sacro de todo el reino.

Allí convergen lo sagrado y lo profano, lo mortal y lo eterno. Pronto, los dioses comprobarán que los hombres les ruegan su cobijo, su protección y sus bendiciones.

Si la ofrenda es grata a los ojos de las divinidades, grande será la benevolencia con que ellos responderán a cada súplica. De eso se trata el ritual: dar lo mejor que se tiene para ser bendecidos con un año de buenas cosechas y fecundidad, tanto de hombres, de siembras, como de animales.

Se escucha ahora la música de trompetas, flautas y ocarinas. La ceremonia llega a su punto cumbre.

Bajo el resplandor de Xue el futuro rey extiende sus brazos hacia el cielo mientras refulge su piel íntegramente cubierta con polvo de oro. Las palabras rituales que pronuncia no alcanzan a ser escuchadas por la gente, que, haciendo coro desde la orilla, repite sin cesar una vieja invocación de adoración y súplica.

La balsa ha alcanzado ya el centro del lago. El estandarte real es izado. Flamea altivo en lo alto del mástil mayor y desde allí señala el momento en que el más absoluto silencio deberá enmarcar el momento central del ritual.

El Rey Dorado y su séquito comienzan a arrojar las ofrendas hacía el corazón del lago. Montañas de estatuillas ceremoniales y objetos del ajuar real son ofrecidos en mágico rito que invoca la esperanza en la nueva era que está a punto de comenzar.

Culminando la ceremonia, el ya rey se sumerge en las aguas sagradas en baño ritual, mientras a su alrededor, el lago se torna dorado como los rayos del sol que refleja.

Los dioses están satisfechos. La ofrenda ha sido aceptada.

Tanto el rey como el humilde orfebre lloran de emoción.


(continuará)



BREVES




Esperando nacer

las palabras no aletean

esta noche,

libres,

como solían hacer

- allá lejos-

buscando fortuna.


Apenas se animan

una a una

estas pobres atrevidas

que se enlazan,

breves,

denotando timidez

andando desnudas.



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