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viernes, 13 de enero de 2012

FINAL DEL CUENTO


NO TODO ES LO QUE APARENTA




















(imagen tomada de la red. Desconozco el autor)



Parte 3: SUSPENDIDO EN EL TIEMPO (sala de terapia intensiva de un hospital, miércoles 25)

El ritmo del monitoreo cardíaco estaba por fin regularizado. Los constantes altibajos de sus registros de un primer momento habían desaparecido, pero la consecuencia tan temida se había al fin producido: el paciente había entrado en coma.

A raíz de la fuerte descarga eléctrica que sufriera la noche anterior, cuando un cartel luminoso cayera sobre él arrastrando en su derrotero varios cables del alumbrado público, aquel hombre, todavía sin identificar, había sufrido una fuerte conmoción que lo mantuvo, por varias horas, al borde de la muerte. Ahora, a pesar del esfuerzo de los médicos, no se podía hacer más que esperar.

Mientras la desafortunada víctima estaba recibiendo los primeros auxilios, un empleado de la agencia de turismo, (cuyo cartel fuera, el causante de la tragedia) se acercó hasta la ambulancia y le informó a los paramédicos que creía conocer a la víctima. Estaba seguro de haberlo visto antes por el barrio, además comentó que hacía apenas unos minutos el hombre había estado contemplando con mucha atención el nuevo afiche de la vidriera, ese tan llamativo, el de la playa y las palmeras. Si bien el dato no aportó gran cosa, no dejaba de ser un indicio para saber si se trataba de un vecino de la zona o de un transeúnte casual.

Al fin, esa mañana, alguien consiguió contactarse con algunas personas que aportaron datos sobre su filiación y el desconocido pudo ser identificado. Se trataba de un hombre solo que vivía en las cercanías de donde había ocurrido el accidente, al parecer trabajaba como empleado en una compañía importadora bastante importante.

Sus compañeros de oficina casi ni se inmutaron cuando desde el hospital se solicitó que alguno de sus allegados se acercara para informarse de su estado y demás trámites. Solamente se hizo presente un joven con aspecto tímido, quien por lo menos aparentaba tener una sincera preocupación por su estado de salud y su posible evolución.

Ante su inquietud, los médicos le informaron que el paciente estaba en coma, con casi nulas posibilidades de despertar, aunque la experiencia decía que cada caso era distinto y no se podía ni asegurar ni descartar nada.

Al parecer, el joven sentía un sincero aprecio por su infortunado compañero de trabajo, porque al enterarse de ese negro panorama, evidentemente se sintió muy mal y hasta se le llegó a escapar alguna lágrima de compasión.

Una de las enfermeras, conmovida al ver que el muchacho, a pesar de lo que se le había informado, se disponía a aguardar en la sala de espera por si ocurría alguna novedad, le preguntó si quería ver al paciente. El joven asintió y agradecido, se aprontó a ingresar a la sala de cuidados intensivos.

Cubierto de pies a cabeza con guardapolvo, gorro y barbijo, se ubicó al pie de la camilla con visible temor de incomodar. Con cautela se acercó al oído de su colega y le susurró unas palabras. Algo ruborizado por demostrar así su candidez, consultó a la enfermera sobre qué posibilidad había de que una persona en ese estado pudiera escuchar o sentir algo. La mujer sonrió y respondió que sólo Dios lo sabía.

Pensativo, el muchacho se despidió de su compañero tocándole apenas la mano. Antes de irse, y para su sorpresa, en el rostro del comatoso se dibujó una sonrisa, profunda y serena que se prolongó por unos instantes.

A modo de consuelo, la enfermera le sugirió que al menos, el pobre parecía hallarse feliz y a gusto, fuera donde fuera que estuvieran suspendidas su mente y su alma en esos momentos…


EPÍLOGO (en el mismo paradisíaco lugar, miércoles 25)

El hombre otra vez despierta, esta vez sobresaltado, cubierto en sudor. Esa extraña y angustiosa ensoñación de la que no puede salir por completo se funde con la realidad que tiene ante sus ojos. Arrullado por el mar y las palmeras decide dejar de lado las preguntas, la contabilización de insignificancias, las ansiedades…simplemente se dispondrá a distenderse, a descansar, dejándose llevar por el aire fresco que le llena los pulmones…



(fin)

7 comentarios:

San dijo...

Magnífico final Neo, menos mal que al pobre hombre se le fijo en la mente esa última imagen de playa y palmera al menos así se sintió en el paraiso.
Mi felicitación,Neo.
Un abrazo.

Ricardo Miñana dijo...

Muy buenas las narrativas.
feliz fin de semana.
un abrazo.

mariajesusparadela dijo...

Buen final: cuando creí que ibas a contarnos lo que le dijo el compañero, nos sorprendes de nuevo.

En castigo, voy a estropearte el cuento "conocí a ese hombre en un viaje a un paraíso de hermosas playas solitarias. Solamente él y yo.
Me aburrí mucho: se pasaba el día contando palmeras y arena en vez de disfrutar del sol, el paisaje, las aguas y las texturas..."

RGAlmazán dijo...

Estupendo relato con un final que merece. Me ha gustado. El triste suceso le proporciona un viaje final que no habría podido llevar a cabo en la realidad. Y es que los sueños, son, a menudo, cómplices de la felicidad.
Besos

Salud y República

La sonrisa de Hiperión dijo...

De nuevo por tu casa amiga.

Saludos y buen fin de semana.

ShaO dijo...

A veces la frase esa de que los deseos se cumplen da más bien miedo... una vez más fabulosa tu narración, ainsss! Un besazo : )

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Quién sabe el poder de los sueños...
Besos.

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