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jueves, 2 de abril de 2009

CABARET - (otro cuento en tres partes)










Bueno, hoy tengo ganas de reeditar un viejo cuento, escrito en tres partes (no podía ser de otra manera, jejeje) aunque sé que algunos ya lo han leido (aprovecho para disculparme con ellos, jejeje).

Les dejo la primer parte. Espero que les guste








CABARET (primera parte)


Era un pueblo no muy grande, junto a un mar siempre frío que lo aislaba del resto del mundo.

La gente era cordial y correcta. Religiosa en su mayoría. Se conocían casi todos porque estaban ahí desde siempre.

Doña Resignación nació en ese paisaje hacía ya casi medio siglo…siempre igual, la misma rutina, los mismos sueños postergados.

Se casó muy joven, como todas las mujeres del pueblo. Apenas con diecisiete años la desposó el que luego fue su marido. Diez años mayor que ella, diferencia suficiente como para guiarla y protegerla. Así le dijeron sus padres cuando le comunicaron que su compromiso estaba próximo. Así lo entendió ella cuando nació su primer hijo y debieron emigrar al norte por falta de trabajo. Así lo volvió a recordar cuando regresaron al conseguir él un puesto en la usina que se inauguró en las afueras.

En esa época eran ya tres los hijos y entonces ella comenzó a trabajar de modista, sin salir siquiera de su casa.

Desde que tenía memoria los domingos comenzaban preparándose para la misa. Sin desayunar, para poder comulgar como Dios manda, toda la familia se dirigía hacia la iglesia, acicalada como corresponde, saludando brevemente y sin euforias a los demás, apenas intercambiando algunas novedades que siempre resultaban ser las mismas. Luego de la bendición, el cura los despedía y reconfortados por la reconciliación obtenida hostia mediante, regresaban a su casa dispuestos a concluir el domingo entre las cuatro paredes de su hogar.

A veces ella soñaba. No mucho, porque eran pocos los momentos en que se encontraba a solas. Pero desde que sus dos hijos mayores se enlistaron como tripulación de un barco y se fueron, ella comenzó a pensar en viajar: conocer otros lugares, otras vidas y otra gente.

Sabía que no eran muchos los horizontes que estaban a su alcance, pero descubrió que en su mente los límites eran otros.

Una vez se animó a plantearle a su marido la posibilidad de pasar unos días en algún lugar más cálido, quizás con una playa donde sol perdura mucho más que por aquellas costas. El hombre le reprochó su locura. Su situación económica, siempre estrecha les impedía hacer cualquier gasto. Bastante trabajaba él de sol a sol, haciendo guardias nocturnas y horas extras para que pudieran todos los días tener pan sobre la mesa y no pasar necesidades. Sus hijos más pequeños todavía iban a la escuela y su educación generaba muchos gastos.


En esos momentos comprendía lo afortunada que era al tener junto a ella a aquel hombre tan sensato guiando y protegiendo su vida y la de sus hijos. Pensando en ello volvía a sus tareas y se esforzaba doblemente frente a la máquina de coser desde la mañana hasta el ocaso.

Un domingo después de misa se enteró de algo impensado: frente a la plaza, a metros de su propia casa, se iba a inaugurar un cabaret. La palabra ya la inquietó, a pesar de que no sabía bien de qué se trataba. Parecía ser que era un lugar de entretenimiento exclusivamente para hombres y por ello, no podía ser nada bueno.

Los días se sucedieron y prontamente pudo ver como el viejo teatro que estuvo casi abandonado por muchos años se rejuvenecía y cobraba una extraña belleza que incitaba a contemplarlo. Las quejas del cura y de la Comisión de Moralidad no lograron impedir que el cabaret abriera sus puertas más rápido aún de lo que todos los buenos ciudadanos temían.

Su marido, como era de esperar, le recomendó no tratar a los dueños, gente extraña que sin duda no conocía las costumbres de aquellos lugares. A pesar de ello, no pudo evitar toparse con los que parecían personajes sacados de las revistas que alguna vez había curioseado en la peluquería, mientras esperaba que le cortaran el pelo a su esposo: hombres extravagantes con ademanes casi femeninos y mujeres vestidas con colores llamativos comenzaron a verse con frecuencia caminando por la plaza principal.

Pero la mayor provocación venía por las noches, con al música, que sin pudor, trastornaba el silencio habitual sin tener contemplación por el sueño de la gente trabajadora y tranquila que atesoraba su descanso. Daba gracias, entonces, porque su marido hubiese aceptado por aquellos días tantas guardias nocturnas en su trabajo, así no tendría que ver su sueño interrumpido por aquel griterío impertinente.
Al principio intentó dormir tapando sus oídos con algodones, pero tuvo miedo que eso le impidiera escuchar si en el medio de la noche la llamara alguno de sus hijos. Obligadamente despierta a horas impensadas se veía tentada a espiar por una hendija de su ventana lo que ocurría en aquella casa de luces, risas, música y desenfreno.


Haciendo un esfuerzo, a veces llegaba a ver a las mujeres que trabajaban allí, atrevidamente ataviadas, vociferaban desde los balcones a algunos de los clientes que se alejaban alegres luego de haber disfrutado del espectáculo.

Casi con culpa, regresaba a la tibieza de su cama sin poder alejar de su mente la extraña atracción que aquel lugar iba despertando en ella a pesar de su empeño en rechazar aquellas imágenes casi ofensivas hacia su propia vida.

Más de una noche el desvelo continuaba hasta la hora en que su marido retornaba de su trabajo, evidentemente agotado y sin siquiera fuerzas para quitarse la ropa antes de quedar profundamente dormido. La mujer lo contemplaba en silencio, compadeciéndose de lo injusta que venía siendo para ellos la suerte: a esas alturas ya tendría que haber sido promovido y la llegada de mejoras económicas tendrían que haber premiado el esfuerzo mal pago de tantos años, pero no quería perder la fe y se conformaba pensando que a pesar de todo, nunca les faltó lo básico y habían podido sobrevivir sin demasiadas privaciones.






(continuará)







9 comentarios:

Cecy dijo...

Ya me atrapo, no lo habia leido asi que seguiré a la espectativa del cuento.
Ademas me encantan los cuentos.

Besos.

Martín dijo...

Soy un nuevo lector de tu blog... asi que ya estoy esperando la continuación. Muy bueno! Saludos

Sinuhe dijo...

Por mí como si los quieres reeditar todos los meses. Siempre es un placer volver a leer tus relatos y disfrutar de nuevo. :)

Besotessssssssssss

Ardilla Roja dijo...

A que Resignación deja de resignarse y se pone a trabajar como vedette? jajaja

A ver...

Mª JOSE. dijo...

Neo...que me marcho el martes de descanso y el fin de semana no estoy...¡¡¡Ainsss,siempre me pasa igual!!!
Con lo bueno que se está poniendo.
Besooooo

ShaO dijo...

Me abstengo hasta el capítulo tres, ya sabes que me van en tacada jaja. Un abrazote y como dice sinuhé como si reeditas todos los meses... Un abrazote bien fuerte cielo y buen fin de semana

amelia dijo...

como siempre monica, escribes de escandolo, precioso cuento monica,
todo un regalo,
abrazos

SILVIA dijo...

Moni, mmmmmm que lindo viene esto¡¡¡ me parece que es uno mas para captar nuestra atencion
espero la otra parte¡¡¡
besote de vienres , te gustaron los mates?

21 GRAMOS DE ALMA dijo...

neogeminis , para mi es nuevo el relato y me engancho en el primer capitulo , asi que esperando me quedo a que publiques el proximo ,
como me gusta la espera jajajaj desde mis 21 gramos mil besos tesoro .

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