Me uno con este relato de historias paralelas a mi propia convocatoria, me disculpo por no haber logrado acortarlo más. Pasar por el post anterior para leer todos los aportes
EL FORASTERO
El viento azota sin piedad las pocas matas que crecen entre las piedras. La
silueta turbia de un jinete se recorta sobre el horizonte alterando la
tranquilidad de una lagartija solitaria que se asoma entre las grietas.
El rostro del hombre se parece a una de las rocas que se perfilan desde lo
alto: tajante e inmutable resguarda su templanza junto a antiguos secretos que
ha sabido ocultar.
Avanza hacia el pueblo que se adivina a lo lejos, entre las nubes del polvo
que se arremolina a su paso. Los años han labrado su paciencia con silencio y
constancia, forjando su carácter como las aguas de un rio que fluye sin apuro
entre las piedras que socava.
Junto al último trozo de tabaco que encuentra en sus alforjas, mastica sin
apuro la vieja venganza que espera -en breve- poder concretar.
UN ALMA DESTERRADA
Allí, arrinconado en la destartalada casucha de piedra que corona su trozo
de tierra, él aguarda sin resistencia la muerte. Sólo algunos asuntos
pendientes asoman en su conciencia intentando alertar su instinto dormido. Se sabe
traidor. Hacedor de mil bajezas que seguramente resurgirán del pasado buscando
cobrar venganza. Un rostro conocido resucita desde ese otro tiempo que intentó
olvidar. Alguien, alguna vez muy cercano, al que abandonó en el peor momento y
que –presiente- aparecerá de pronto reclamando cobrar lo que se le debe.
UN ROSTRO PÁLIDO
Entre los personajes del pueblo ella debe ser la más invisible. Si bien algunos
conocen su nombre por haberlo oído en forma indirecta, pocos saben quién es en
realidad y qué hace allí. Su invariable atuendo oscuro de extrema sobriedad remarca
la imagen circunspecta que su rostro pálido proyecta. Una extraña pieza fuera
de lugar ajena al desparpajo que brota de la taberna por la que insiste pasar con
regularidad, como si intentara buscar algo, o constatar desde lejos la impudicia
de ese mundo salvaje y violento que tanto le repugna.
LA HORA SEÑALADA
Al fin, la suerte y las circunstancias han hecho que acreedor y deudor
coincidan en tiempo y lugar para cerrar viejas heridas. Frente a la taberna, hoy,
uno de ellos caerá tras el estampido de un disparo, sellando el final de su
vida.
El más rápido de los dos desenfunda y vierte, de inmediato, la sangre de su
contrincante sobre la calle barrosa. Con la misma mirada gélida de antes de empezar
el duelo, el ganador enfunda, nuevamente su arma asesina. Se apresta a alejarse
del pueblo luego de concretar impávido, su venganza.
Inesperadamente, una potente voz de mujer rompe el silencio mortal del
final del duelo y grita, desafiante, el nombre del forastero que recién ha
obtenido su desquite. El recién llegado se detiene, sorprendido, buscando entre
el puñado de curiosos la voz que lo intima. La ubica, la reconoce, intenta
sojuzgarla con su mirada más impía. No lo logra. Ni logra tampoco desenfundar
antes que ella saque -de entre sus ropas parcas- el arma con el que otra
postergada revancha cancelará su vida.





































