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jueves, 3 de agosto de 2017

ESTE JUEVES, CARTA A MÍ MISMO

Sí, sé que me pasé largamente en la cantidad de palabras, pero creo que cuando las musas se despiertan, no conviene cortarles las alas. Sepan disculpar. 
Para leer todos los relatos jueveros, pasar por el blog de Encarni





NO DEJES DE LEERLA

¡No abras la puerta roja que aparecerá a la mitad de tu sueño esta noche! ¡Por favor no lo hagas! ¡Hazme caso, aunque no comprendas bien el significado real de mi advertencia!

Recurro a escribir esta carta dirigida a mí mismo (o sea, tú, que -espero- estás leyendo) como último recurso después de muchos vanos intentos de alterar este inexplicable círculo vicioso en el que -sin quererlo- me he metido y del que no consigo, pese a mi desesperación, lograr salir.

Te explico un poco más. Si no sigues mis instrucciones, este día que está por comenzar se desarrollará más o menos igual que cualquier otro día de tu rutinaria vida: ducha, desayuno, oficina, almuerzo ligero, otra vez oficina y vuelta a casa. Entrarás en el negocio de al lado y comprarás algo dulce como para alivianar la soledad que te espera en tu casa. Harás zapping frente al televisor más o menos una hora, como todas las noches mientras esperas que el hambre te impulse a preparar algo rápido con lo que encuentres en la heladera. Leerás un rato hasta que te llegue el sueño. Acomodarás suavemente la cabeza en tu almohada… ¡y allí recomenzará todo otra vez, irremediablemente!

Verás, el sueño siempre comienza igual: un páramo ceniciento en un mundo indefinido sin sol, sin ninguna señal de vida más allá de tu conciencia que parece agudizarse fuera de toda lógica en aquellos instantes preliminares en los que vislumbras, de repente, algo rojo en medio de aquel gris blanquecino que te envuelve y contiene. Es una puerta. Roja, algo más grande de lo que suelen ser las puertas en el mundo real. Sostenida por sí misma en medio de la nada sin que haya un muro que la contenga. Te acercarás a ella atraído por su porte y la intensidad de su color en medio de aquella indefinición que te rodea.

Curioso y sorprendido darás vueltas alrededor de aquella imposible visión comprobando que nada hay detrás de ella y nada diferencia los lados de su única hoja. Buscarás detalles que te den alguna pista sobre su origen o sobre su función en aquel universo onírico en el que te encuentras. Nada hallarás escrito sobre ella. Ningún cartel, ninguna marca, ningún aviso. Centrarás tu atención entonces en las perillas doradas que se destacan a ambos lados de la puerta, por sobre la cerradura por las que ya has espiado infructuosamente. Supones que la puerta está cerrada con llave y eso aumenta tu intriga. De repente, allí al costado, sin que la hayas visto antes, te encuentras con la llave, también dorada, también suspendida en la nada, como la enigmática puerta. ¡No la tomes! ¡No te dejes vencer por la tentación de meterla en el hueco de la cerradura porque una vez que lo hagas no tendrás vuelta atrás! Atravesarás en forma irremediable la puerta de un infierno imposible de describir en sus flagelos y castigos, sucediéndose uno tras otro a medida que irás cayendo en un loop sin fin por un lapso que no serás capaz de medir.

No voy a detenerme hablando de los horrores que allí encontrarás porque no hay palabras capaces de describirlos. Sólo diré que nada de lo que puedas imaginar logra acercarse a lo que son en realidad. Tampoco puedo enumerarlos. Creerás que son infinitos, que nunca acabarán. Desearás desesperamente que llegue el final, que todo culmine aunque eso implique tu muerte. Y cuando menos lo esperas, caes súbitamente en la realidad, para reiniciar otra vez, apenas precedido por unos instantes de lúcido recuerdo, el más rutinario de tus días. Pensarás, con el paso de los minutos, que todo fue una pesadilla y que por suerte jamás volverás a experimentar algo tan espantoso. No es así, porque al final del día, cuando ya lo has olvidado todo y te abandonas al placer reparador del descanso nocturno, vuelves a reencontrarte con esa inquietante puerta roja que te atrae otra vez hacia ese laberinto interminable en el que nada puedes hacer más que dejarte arrastrar. Es allí que tomas conciencia de que eso ya lo viviste, una y otra vez, repetido hasta el infinito.

Por eso hoy, como alternativa al recurso extremo de quitarme la vida, sabiendo que nuevamente con el sueño recomenzará ese espantoso periplo de locura, he decidido -mientras conservo aún el recuerdo vívido de lo padecido- escribirme esta carta de advertencia y dejarla justo sobre mi cama para leerla antes de sucumbir bajo la telaraña espesa de ese submundo onírico que tanto me viene torturando. Junto a esta carta, escribo también una lista. Una lista que llevaré conmigo como guía para lo que debe ser una muy diferente jornada, buscando recordar lo que me espera si no altero los sucesos que me han atrapado en este loop infernal de perpetuas reiteraciones.

Quebraré entonces –intencionalmente- mi consabida rutina: esta vez tomaré un largo baño de inmersión, desayunaré luego y sin apuros junto al río disfrutando de ver pasar a la gente. Avisaré a la oficina que llegaré tarde, daré una excusa verosímil para no levantar sospechas. Recorreré, ávido, los lugares de la ciudad que aún no conozco. Almorzaré con amigos, sorprendiéndolos incluso con algún regalo. Disfrutaré la tarde de sol escuchando música en el parque. Daré una vuelta al final de la tarde por la oficina, aunque esquivando todo lo previsible. Luego iré al cine, o al teatro, caminaré más tarde sin que importe mucho el rumbo. No repararé en gastos y cenaré sin prejuicios en ese lindo restaurante que han abierto sobre la avenida. Paladearé el postre como niño goloso. Volveré caminando a casa abierto a nuevas experiencias.

Alteraré lo más posible lo que una y otra vez vengo repitiendo desde que caí en esta trampa inexplicable. No tengo, por supuesto, la certeza de que funcionará mi estrategia, pero es la única manera que se me ocurre para intentar vencer este nudo del destino. Quizás el universo haya recurrido a este intríngulis nefasto para darme un fuerte sacudón y sacarme de ese pozo anodino en el que fui convirtiendo mi propia vida.

20 comentarios:

Maria Liberona dijo...

wOMMM !!!

me has sorprendido con tu relato, creo que parece realmente todo un verdadero infierno, no se la rutina , no nos deja ser ni disfrutar lo que realmente la vida nos entrega, esas aquellas cosas simples que nos hacen vivir, creo que muchos caen sin querer en ese abismo infinito en ese infierno poderoso que nos inhibe y nos atrapa, si alguna vez encontráramos una pequeña carta para simplemente darnos cuenta en lo que realmente a nosotros mismos nos hemos hecho, atrapándonos en el nudo sin sentido de la rutina y el deber ser, me a gustado mucho tu relato y aún espero que muchos y muchas traten de buscar y de encontrar esa pequeña carta de aviso y no quedarse en esa rutina que tanto nos mata

Tracy dijo...

Magnífica carta de la que todos podemos sacar consecuencias para nuestras vidas, ya sean de un tipo u otro.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Tuve la intención de que, además de poder leerse como una simple ficción, el relato pudiese interpretarse como una metáfora de lo que puede resultar ser la rutina en nuestras vidas. Me alegra que te haya gustado. Muchas gracias. Un abrazo, María.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Muchas gracias Tracy por leer y comentar. Un abrazo

Encarni dijo...

Me ha encantado tu carta, por eso te perdono que se haya excedido en las palabras, porque la lectura se hace tan amena, y tan intima que ha merecido su extensión. Has dibujado muy bien, la pesadilla de la rutina en la que estamos inmersos y la cantidad de tiempo que nos dejamos en vivir esas medidas controladas del reloj. He visto varias lecturas en tu relato: la rutina, la vida, el mundo onírico, y el soñar despierto, la pesadilla y la libertad de elegir.

Me alegro que hayas traspasado esa puerta roja para abrirla o para cerrarla,, según se mire.

Un beso grande

Gracias por esta carta de 'ensueño'

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Muy generosas palabras que agradezco de corazón, Encarni. Me alegra que te haya gustado y que hayas perdonado la extensión del relato. Me pone contenta saber que la lectura te resultará amena. Un abrazo

María Perlada dijo...

A través de la carta hacia uno mismo encuentra uno la calma y la paz.

En verdad tu carta me ha encantado, Neo.

Besos enormes y feliz tarde.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

En el caso del protagonista no creó que haya sido mucha la calma que encontró al leer la carta, más bien lo contrario jeje. Gracias por pasar. 😊

Mar dijo...

¡CHAPEAU! ¡Genial Mónica! Tu imaginación a veces no tiene límites. ¿Largo? Bueno mujer, no todo lo bueno en la vida es breve ;) jeje Ritmo trepidante que acompaña la angustia desbocada del protagonista. La música de Amy detrás, adorable, le hace compañía, le va super bien.
Me permito hacerte el comentario de que "loop" puede ser una palabra del inglés muy nueva para algunos. Aquí en España no se usa. Yo usaría una palabra del español, aunque no sea la traducción exacta: nudo, bucle... Pero, a veces, una palabra de otro idioma, denota y connota exactamente lo que queremos nombrar.
Por favor, no te molestes por la sugerencia. Como decía aquel, yo no sé nada.
¡Un abrazo linda!
Mar

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Muchas gracias Mar el comentario y la sugerencia. Reconozco que por aquí, los términos en inglés, como loop, resultan ser de uso bastante común, mucho más que por allí, es que, lamentablemente estamos mucho más influenciados por la colonización del norte! Me siento halagada de que te haya gustado. Gracias otra vez
😁

Yessy kan dijo...

Hola, Mónica
Una poética e introspectiva carta, donde nos hace pensar lo fácil que es quedar atrapados en la rutina de la vida diaria, obsesionados tanto con las preocupaciones y la ansiedad. Es interesante el detalle de ambos caminos a escoger la que ofrece esta misiva en su final.
!Abrazo!

Leonor dijo...

Me ha encantado tu narración, la extensión ha sido necesaria y no ha afectado negativamente ya que el ritmo la hace amena. Los préstamos de otras lenguas son algo a lo que nos estamos acostumbrando, qué remedio si la lengua la hacemos los hablantes. Y en cuanto a tu historia creo que muchas veces las pesadillas son fruto de una vida que se nos hace pesada, bien por excesiva rutina o todo lo contrario, por querer vivir demasiado y tener la necesidad continua de hacer cambios.
La última vez que fui la anfitriona de los jueves, estuve a punto de proponer hacer escritos en los que se incluyeran al menos 10 palabras del vocabulario propio de la zona donde vivimos, y creo que será mi propuesta para la próxima ocasión. Es una forma de no perder el uso de algunos términos que poco a poco se van excluyendo. En un evento literario que organicé con mi tertulia, hicimos un juego con el público dando definiciones de palabras de uso local y ellos las tenían que descubrir. Fue muy divertido.

Perdona la extensión del comentario.

Un abrazo.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Muchas gracias Yessy por tus palabras. Me alegra que te haya gustado
Un abrazo

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Me siento aliviada al saber que la extensión no haya resultado ser desalentadora para la lectura. Te agradezco mucho la comprensión y el comentario. Un abrazo

San dijo...

Una carta Neo como ya han comentado con muchas lectura. La vida puede llegar a hacerse tan tediosa que no se encuentre salida, pero me gusta el final que le has dado, porque encontrandose en la rutina más espesa siempre hay una alternativa y esta no tiene que ser negativa.
He disfrutado.
Besos.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Me alegra que así haya sido, San! Muchas gracias 😁

Esther Planelles Arráez dijo...

Las rutinas nos ayudan a echar raíces, a sentirnos seguros, sin embargo, nuestra naturaleza sigue siendo nómada y darle la espalda a nuestros instintos significa negarnos la supervivencia.
En cuanto a la extensión, eso es algo que difícilmente controlamos, a fin de cuentas, somos meras transmisoras de historias que se nos susurra desde algún lugar indefinido del cosmos humano. Ante lo que sí protesta mi vista cansada es al rojo sobre negro, pero yo no le hago mucho caso y leo despacito, para que no se me escape nada.
Un abrazo.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Me gusta eso de ser transmisora de historias que se nos susurra, Esther, me honra y me alegra. Sobre el color de la fuente, Lo reconozco. Dudo muchas veces sobre seguir manteniendolo, pero ya lo siento casi parte de mi identidad bloguera 😀. Te agradezco mucho visita y comentario. Un abrazo

Myriam dijo...

Este fragmento, Mónica, es a mi juicio, excepcional:
"Por eso hoy, como alternativa al recurso extremo de quitarme la vida, sabiendo que nuevamente con el sueño recomenzará ese espantoso periplo de locura, he decidido -mientras conservo aún el recuerdo vívido de lo padecido- escribirme esta carta de advertencia y dejarla justo sobre mi cama para leerla antes de sucumbir bajo la telaraña espesa de ese submundo onírico que tanto me viene torturando."

UN abrazo y mil gracias por tus felicitaciones y cariñosas palabras
por el cumpleaños de mi hija, fuente de mi mayor alegría, felicidad y amor,
(que me multiplica en cada nieta).

Besotes

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Muy generoso comentario de tu parte, Miriam. Te lo agradezco mucho. Un fuerte abrazo... Y otro para tu hija 😊

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