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jueves, 5 de diciembre de 2013

ESTE JUEVES UN RELATO: El convento

(me disculpo por la extensión del relato, me surgió así y no quise cercenarlo)



Se alzaba coronando una montaña, en las afueras del pueblo donde naciera él y toda su familia. Era como un símbolo, un vigía, una presencia misteriosa, un recuerdo del olvido que no podía ser.


El convento se hallaba abandonado desde épocas remotas, oscurecido su nombre por viejas leyendas que espantaban con sólo evocarlas. Habiendo sido protagonista de una de las páginas más siniestras del oscurantismo medieval, aquella ruinosas paredes levantadas sobre la roca viva del acantilado encerraban mucho más misterio del que resonaba por lo bajo entre la gente del lugar.

Quizás por miedo, pudor o una vana estrategia para la tranquilidad de la memoria colectiva, aquello que con recelo se contaba sobre los trágicos hechos acontecidos entre aquellos muros, sin duda era mucho menos siniestro de lo que en realidad había sucedido allí varios siglos atrás.

Se decía que había habido una monja especial entre las novicias de otras épocas. Se contaba que era muy bella, jovencísima, entregada a la vida conventual obligada por el mandato paterno, tirano y cruel, insensible ante los ruegos de aquella hija indeseada y molesta que le recordaba sin duda a su primera esposa -muerta durante el parto de la niña- y que luego, ante la presencia de una nueva cónyuge, no resultara bien recibida en su propia casa.

Parece ser que aquella muchacha, hija rechazada y novicia por imposición, ni siquiera halló tranquilidad en el seno de aquel refugio religioso. No se supo nunca bien por qué, aquella pobre murió trágicamente entre esos claustros, antes de tomar los hábitos definitivos y lejos de lo que supondría ser la mansedumbre propia de un lugar de retiro y oración.

A partir de ese momento, la vida del monasterio comenzó a declinar en forma inexplicable. Una serie de trágicos sucesos fueron dando origen a lo que con los años trascendería por los alrededores como la maldición de la novicia y poco a poco se transformó en un hecho que amenazaba con romper la tranquilidad de los habitantes de la zona. El paraje se fue despoblando, las actividades económicas fueron decayendo y toda la región comenzó lentamente a morir.

Alertado en sueños de que algo muy sutil enraizado en la historia de aquella desdichada novicia -de la que había escuchado hablar desde pequeño- sobrevivía aún en las entrañas del convento bajo un manto de secretos, miedo y misterio, una mañana fría de agosto tuvo el irrefrenable impulso de ir hasta allí, convencido de poder descubrir la causa de lo que sin duda fuera una tragedia que clamaba por salir a la luz. Sentía que de esa manera lograría dar algo de paz a aquella atormentada muchacha que muriera bajo quien sabe qué desafortunadas circunstancias, y quizás, a la vez, lograra desatar su propia tristeza existencial, inexplicable y pertinaz, ajena a toda posible causa que pudiera hasta entonces desentrañar.

Fue así que impelido por una íntima sensación de urgencia y convicción comenzó a excavar en lo que -decían- habían sido los muros de la que fuera la celda de aquella desgraciada novicia. Casi sin herramientas, lastimando sus manos hasta el punto de astillarse varias uñas, logró aflojar algunos de los bloques de piedra que conformaron alguna vez una sólida pared. Con espanto y sorpresa descubrió detrás del muro, lo que hacia siglos había sido belleza y juventud y ahora se mostraba como restos de huesos secos envueltos en los harapos del que fuera a la vez hábito y mortaja.

Un gesto de instintivo rechazo lo hizo retroceder horrorizado ante el inesperado hallazgo. Trastabillando entre las piedras que había retirado, pisó sin querer un bello estuche de madera labrada. En su interior, las páginas amarillas de las que fueran cartas y notas escritas por la desdichada novicia, contaban la historia de un largo padecimiento. Despreciada y humillada por su propia padre, habiendo crecido sin madre ni rastro de amor cercano, aquella joven encerrada por la fuerza en aquel severo claustro, debió soportar además el pecaminoso asedio del confesor de su convento, hombre impiadoso, lascivo y cruel que llegara a su puesto dentro de la orden religiosa a causa de sus conexiones políticas y no por vocación o mérito.

Abrumada por la indignidad de quien debiera haber sido ejemplo y consuelo, la joven intentó preservar su integridad y virtud compartiendo los hechos con la madre superiora, pero ésta, lejos de creerle, optó por amedrentar sus supuestos delirios con amonestaciones y castigos.

El depravado confesor intentó obligarla a aceptar sus sucias propuestas de diversas maneras, pero ofendido por su tajante rechazo y al ver que nada la quebrantaba, optó al fin con amenazar matarla si no cedía ante sus requerimientos. La joven, desesperada, se refugió en sus rezos, pero no consiguió romper el asedio del impío. Fue así que una fría mañana de agosto, acusada falsamente de herejía, enfrentando un inusual e ilegítimo proceso inquisitorio, la joven fue condenada a un castigo ejemplar, siendo encerrada viva detrás de una doble pared dentro de su propia celda. La última propuesta del indigno confesor habría sido detener el emparedamiento a último momento, a cambio que la joven cediera a su lujuria, cosa que nunca ocurrió y determinó que la bella novicia muriera de la forma más horrible.

Temblando por la revelación de semejante secreto, el joven soñador se compadeció enormemente del destino trágico de aquella muchacha que viviera allí hacía ya tanto y que ahora, muerta y disecada, se revelaba ante él como ejemplo de honestidad e injusticia padecida.

Fueron breves instantes, pero indescriptibles, en los que el joven sintió una calidez increíble a su alrededor...una luz tenue, muy particular se desprendió desde los restos ajados de la novicia muerta y así, sin más, como quien manifiesta con un sentido suspiro de alivio el final de un cruel destino, aquel alma recién liberada dejaba detrás su suplicio secreto, habiendo podido sacar al fin a la luz su verdadera historia de dolor y padecimiento, gracias a la generosa intervención de aquel joven que, desde entonces, se dedicó a disfrutar mucho más de su vida, valorando cada momento.


Más relatos de conventos, en lo de Rhodea

25 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es justificable la extensión del relato. Yo también escribí uno bastante extenso.
La historia tiene una trágica ironía o paradoja. La muchacha fue desterrada a la soledad, pero ahí encontró el asedio de alguien que no aceptó un no como respuesta. Justo ahí donde no era esperable encontrarle. Si hubiera sido alguien que la hubiese tratado de conquistar con buenas maneras, tal vez hubiera sido un escape a un destino que no era su vocación. Incluso podria haber ayudado a escapar. Pero no. Y por decirle no fue condenada, acusada de fallar en algo que no tuvo intenciones de prometer.
Al menos alguien supo de su trágica muerte. Y pudo ayudar a alguien a vivir mejor su vida.
Mi comentario también fue extenso.

Natàlia Tàrraco dijo...

Hola Moni, se te encontraba a faltar en lo juevero.
Extenso y tremendo, demoledor y cruel relato. No me extraña que "la maldición de la novicia" arruinara el convento, lugar sórdido de sufrimiento. Nada en su corta vida resulto alegre, todo mezquino, injusto, humillante, hasta morir emparedada, atroz. Finalmente ese joven, de alguna manera, resarció la memoria de aquella joven. Lo más terrible es que me parece una historia real, auténtica.
Bien regresada juevera, nos ofreces una versión tremenda del convento, palabra por palabra.
Un besito.

Montserrat Sala dijo...


Hola Neo:
Una historia de muerte terrible que nos hace reflelxionar sobre el poder de lujuria ante la fuerza de la castidad.Precioso relato y bien justifcada su extensión.Un placer volver a leerte amigai mia.
Unos abrazos

Carmen Andújar dijo...

Una historia terrrible y muy bien explicada. Increible ese monstruo llegar hasta esos extremos; pero es que las mujeres en esa época no eran nada ni en la misma iglesia. Tuvo muy mala suerte.
Un abrazo

G a b y* dijo...

Qué historia! La vida hecha suplicio. Dura y tan bien contada, que se padece como en carne propia. Ciertamente, hay historias "emparedadas" de las que nada se sabe ni sabrá, terribles e injustas. En este caso, has dado la posibilidad de que la verdad salga a luz, lo que de alguna manera, habrá liberado el espíritu de esa pobre chica. Valió la pena la extensión, de todos modos es tan intenso el relato que eso pasa totalmente desapercibido. :)
Besos!
Gaby*

Dorotea dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Dorotea dijo...

Tan bien descrito está todo, que queda corto y me hubiese gustado seguir leyendo sobre el joven y cómo aprovechó su vivencia en su futuro. Precioso relato, Mónica, un beso

Juan L. Trujillo dijo...

Una narración nunca es ni demasiado larga, ni demasiado corta, solo de puede medir, si al terminar uno se da cuenta de que ha quedado prendido en la narración, sin reparar en el tiempo.
Eso es lo que me ha pasado con tu conseguida entrada.
Un abrazo.

San dijo...

Por que has puesto el punto final, pero esto Mónica, da para el comienzo de una novela. Me gustó y lo disfrute de principio a fin.
Un abrazo.

Tracy dijo...

Me parece que puede ser la introducción de una novela. ¡Atrévete!

Juan Carlos dijo...

Una buena historia, en la que me ha gustado esas estampas de zona moribunda que das a los alrededores del convento. A mi gusto, faltaría contar un poco más despacio y detalladamente el desenlace de la historia.
Besos.

Luis de Burg dijo...

wow!!!! me encanta!!! es tan triste y lleno de emociones, de suspenso, de tragedia, tan humana como al vida misma, como la muerte misma, la impotencia de no poder liberarse, de no tener a nadie quien la ayude, quien la proteja, aislada, sola, con una fuerza vital envidiable, con una entereza impresionante, existen muchas personas que tienen esa fuerza de seguir sus ideas sin corromperse en el camino, como gandhi, como mandela, son personas muy especiales que se merecen siempre un lugar en nuestra memoria en nuestra vida, que ni siquiera dios puede quebrantar, ni romper, porque son simplemente perfectos.....

besos!!!!

Lola Polo dijo...

Siempre es un placer leerte. Me ha encantado tu relato
Un abrazo
Lola

Luis de Burg dijo...

pues para ser sincero, no me he tomado ninguna foto en este año, así que te quedan por hacer dos cosas, una es pegar la misma foto, y la otra es poner la foto que tengo en mi perfil, que creo que me veo muy sexy jajajajajajaja...... besos!!!

Alfredo dijo...

A la extensión de tu relato, la brevedad de mi comentario: Atónito e insatisfecho.
Besos

Charo dijo...

Te perdonamos la extensión y todo lo que tu quieras ante relatos como este. Me ha encantado la historia de la pobre novicia que aún sabiendo que iba a morir no consintió en los abusos de su confesor, pero es una historia muy triste aunque al final el alma de la novicia quedara en paz .
Un beso

Mar dijo...

Es estremecedor tu relato. La maldad de algunas personas no tiene límites. Me parece de justicia la venganza que despues el destino se tomó.

Muy bueno el relato.

Bss.

rodolfo dijo...

siempre las mujeres pagan los pecados de los hombres

Toni dijo...

Hay vidas como muertes. Afortunadamente, el joven soñador obtuvo una buena enseñanza.

Besos!

Rhodea Blason dijo...

Pásate por mi blog y tendrás un premio que te recordará mi primera convocatoria. Muchas gracias por participar

JACC dijo...

Intrigante relato de principio a fin. Me gustó el desenlace final. No se hace para nada largo. Saludos.

casss dijo...

Un relato intenso e interesante, al punto tal de ser el buen inicio de esa novela, que todos queremos escribir.
Hacelo Mónica. Valdrá la pena.

Besos (dobles, claro)

Pepe dijo...

Me he quedado con ganas de seguir leyendo, se me ha hecho corto tu relato. Innecesaria crueldad cebándose, como siempre, en el más indefenso. Incomprensible la actitud del padre, repugnante e indigna la actitud del sacerdote, Fata de la mínima ética la actitud de la madre superiora y de la Inquisición, pues mejor no hablar. El joven en su investigación al final hizo un poco de justicia.
Un abrazo.

RGAlmazán dijo...

Como siempre un relato bello y bien escrito.
Un beso

Salud y República

Valaf dijo...

No me ha parecido largo en absoluto: mantienes el interés hasta el final (creo que es el "metro" que define la extensión de un relato).

Demoledor es poco. Me entristece pensar que la maldad humana es tan transversal que no depende de conventos o espacios abiertos.

Un beso

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