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miércoles, 31 de octubre de 2012

HALLOBLOGWEEN con Teresa

Sí, sé que resultó un texto bastante extenso, poco apto para el formato bloguero, pero el desarrollo de la trama así lo impuso. Espero sepan disculpar.
Más relatos de HALLOBLOGWEEN, en lo de Teresa




EL QUIEBRE DEL SILENCIO

Esa noche demoró más de la cuenta en dormirse. Pensó que el estrés acumulado durante el día había  logrado alterar la habitual facilidad para conciliar el sueño de la que había disfrutado desde niño, pero analizando los acontecimientos destacados que había sobrellevado con soltura durante la última jornada, no consiguió descubrir algo particular que lograra perturbarlo fuera de lo cotidiano. Pese a ello percibía una inquietud muy inusual circulando por su interior, como si se hallase en el preámbulo de algo sumamente angustiante que estaba a punto de devenir. Recurrió entonces a los somníferos que su última novia había dejado olvidados en su mesa de noche -luego de abandonarlo para siempre- tras una violenta discusión. Afortunadamente las pastillas le hicieron efecto. Logró dormir profundo y de un tirón.

Se despertó sobresaltado presintiendo que llegaría tarde a la oficina. Su cronómetro mental le advertía que había pasado de largo el aviso de su reloj despertador programado a las siete en punto. Siempre se había destacado por su puntualidad y no quería empañar sin motivo válido su impecable foja de servicios. Saltó de la cama sin comprobar la magnitud de su retraso, corroborando lo que temía por la gran luminosidad que advertía tras las hendijas de la ventana. Se dio una ducha rápida, se vistió sin más demora y se dirigió a la calle sin siquiera beber una taza de café.

Lo primero que le llamó la atención fue la inusitada inmediatez con la que el ascensor respondió a su demanda. Habitualmente debía insistir varias veces hasta lograrlo, ganándole de mano a sus vecinos. La quietud y el silencio extremos que lo golpearon al salir a la calle no hicieron más que aumentar su desconcierto. No se encontró -como siempre- con la portera baldeando la vereda ni con el kiosquero de al lado tarareando alguna canción pegadiza. No advirtió ningún automóvil precipitándose hacia el boulevard, ni ningún escolar apurando el paso hacia el colegio. No distinguió ningún movimiento en todo el perímetro que alcanzaba a ver desde la esquina. Agudizó los oídos y ni siquiera lograba percibir el acostumbrado piar de los pájaros, inquietos  entre los árboles. Mientras caminaba hacia la parada del colectivo –ya sin la premura con que había iniciado su recorrido- observaba con asombro que nadie, ningún ser vivo daba señales de vida, no solo en su calle, sino tampoco en la próxima…ni en la siguiente ni en la de la vuelta...ni en la avenida...Nadie. Ni un perro. Ni siquiera un ave cruzando el cielo.

Extrañamente, todos los negocios, las casas, los edificios, los autos, se hallaban como recién abiertos, como si la rutina diaria –y la vida- se hubiesen interrumpido apenas un instante antes que él despertara. Comprobó, incluso, que algunos autos abandonados en medio de de la calle tenían aún las llaves de encendido colocadas y los motores tibios, como si recién hubiesen dejado  de andar.

Entró a una farmacia cuyo cartel de abierto se hallaba a la vista, presto a recibir a los clientes más madrugadores. Nadie. Ni el farmacéutico, ni algún comprador. Solo un paquetito con medicamentos a medio envolver sobre el mostrador y unos billetes como a punto de sellar el pago.

Dio unas fuertes palmadas esperanzadas, aguardando que alguien respondiera desde el interior de la oficina anexa, pero fue inútil, como también resultaron infructuosos sus sucesivos intentos en los demás comercios de la cercanía. Hasta el bar de su amigo Maxi lucía desierto. Varias mesas mostraban signos de haber estado ocupadas hasta no hace mucho: el aromático café todavía humeante, las medialunas crujientes a medio morder, los diarios del día desplegados como si estuvieran aún siendo leídos. El televisor encendido mostraba la vista estática del escritorio del presentador del noticiero matinal: la silla vacía, los papeles ordenados sobre el tablero, como si recién los hubiesen alistado. Buscó el control remoto del televisor del otro lado de la barra. Intentó con otros canales. Los que a esa hora usualmente tenían programación en vivo presentaban los mismos síntomas de abandono repentino. En el resto, la clásica lluvia de transmisión interrumpida.

Totalmente superado por los extraños hechos que estaba experimentando, se dejó caer sobre la silla más cercana intentando esclarecer sus pensamientos, que no encontraban explicación lógica para justificar algo tan inconcebible. Recordó que llevaba su celular y comenzó a marcar, desesperado, uno a uno los números de sus contactos, empezando por los más cercanos. Absolutamente nadie contestó a sus llamadas. Probó una comunicación por internet y no pudo realizarla. Aparentemente las conexiones estaban interrumpidas.

Sus manos temblorosas aflojaron el nudo de su corbata que en ese momento parecía ahogarlo. Sus latidos a mil le iban acentuando el palpitar de las venas del cuello, provocando que un agudo dolor de cabeza comenzara a torturarlo al punto de hacerle rogar por una aspirina. Retrocedió hasta la farmacia y tratando de no desordenar demasiado las estanterías –su acostumbrado puntillismo no había desaparecido aún de su inconsciente- consiguió al rato los comprimidos que buscaba.

Poco a poco su cabeza se iba recomponiendo mientras continuaba caminando en forma irreflexiva, dejando que sus pasos se guiaran por el azar, sin rumbo definido, con la casi nula expectativa de encontrar en algún inesperado rincón de la ciudad, algún otro pobre sobreviviente que se hallara como él, sumergido en su propio mar de confusiones. No fue así. Pasaron horas y horas y con nadie se topó. Estaban vacías la casa de su hermano y las de sus otros conocidos. También su oficina y los sitios que acostumbraba frecuentar. Habían desaparecido hasta los peces de la fuente en la que solía detenerse cada tarde.

Sumamente angustiado, decidió extender su desesperada búsqueda más allá de la ciudad. Tal vez el alcance de las misteriosas desapariciones se circunscribiera a los cascos urbanos, quizás en la zona rural alguien o algo hubiese sobrevivido. Sin más dilaciones eligió uno de los tantos vehículos que se hallaban diseminados por las calles con sus puertas abiertas y las llaves de encendido bien dispuestas. Avanzó raudamente en medio de aquel paisaje antes tan suyo, aunque ahora bien distinto: desconcertante y silencioso, inexplicablemente quieto y deshabitado. Enorme y vacío…como el hueco que le retorcía las entrañas.

Mientras avanzaba por los caminos rurales, comprobando que la repentina vacuidad de todo cuanto antes se hallara pletórico de vida se había extendido más allá de los límites de la gran ciudad, comenzó a pensar en lo absurdamente paradójico de la situación: él, que toda su vida se las había ingeniado para sobrevivir en medio de los demás articulando las mínimas e indispensables interrelaciones, en ese momento -puesto por el destino en la circunstancia de ser único sobreviviente de aquello a lo que ya suponía una abducción o exterminio- deseaba con todo su corazón hallar a algún otro ser humano andando a tientas en medio de aquel inusitado desierto de silencio y desolación. Insistió una y otra vez las mismas alternativas de comunicación que infructuosamente venía ensayando: teléfono, televisión, internet, gritos, bocinazos…ninguno de sus intentos tenía retorno.

Regresó a su calle cuando los albores del nuevo día se anunciaban en el horizonte. El silencio sepulcral continuaba reinando en cada rincón de la que fuera su ciudad y ahora sólo era la cáscara vacía de todos sus recuerdos. Los rostros amados de quienes marcaron su vida se iban haciendo presentes en su memoria. La sola idea de pensarlos ausentes -todos, así, de repente- diluidos en el misterio de lo inexplicable, le sofocaba al punto de hacerlo estallar en lágrimas. Pensó en todas las sonrisas que jamás volvería a contemplar, las voces que nunca más escucharía, las palabras que no alcanzó a decir, las heridas que no alcanzó a sanar, las promesas que no alcanzó a cumplir, las disculpas que no alcanzó a pronunciar…todo le pesaba sobre sus hombros como si un quintal de culpa y remordimientos le hubiese caído sin previo aviso, sin que alcanzara a prepararse, sin la posibilidad de algún gesto que pudiera reivindicarlo.

La angustia y el miedo llegaban a quebrarle el alma.

Otra vez el ascensor respondió presto a su requisitoria. Sin ninguna dilación ascendió hasta su piso, sepulcral y solitario como lo había dejado esa mañana, justo antes de comprobar que por alguna razón que escapaba a su comprensión resultaba ser el único ser viviente del lugar…de los alrededores…probablemente, de todo el planeta. El mundo se había acabado y nada ya podía hacer para recuperarlo.

Se dirigió sin pensar hacia la heladera. El hambre le taladraba el estómago como la angustia lo hacía con su cabeza y su corazón. No había probado bocado desde la noche anterior y prolongar también ese sufrimiento se le antojaba innecesario. Comió y bebió hasta que el desconcierto pasó a ser otra vez el tema prioritario de sus pesares. Ninguna respuesta conseguía materializarse como eventual causa de semejante tragedia. A excepción de la vegetación, la repentina disolución de todo ser vivo parecía ser la consigna que se desató en forma imprevista sobre el mundo y nada de lo que intentaba suponer, hubiese sido capaz de provocarlo. Nada -sin dudas- podría revertirlo. Imaginar su absoluta soledad en un mundo así sobrepasaba su instinto de supervivencia.

Como la noche anterior el sueño no quiso llegarle como amistoso consuelo. Como la noche anterior, sentía una ansiedad muy particular circulando por su interior, con la diferencia que ahora sí sabía el motivo que la estaba originando. Recordó otra vez los somníferos que su última novia había dejado olvidados en su mesa de noche. Recordó el efecto inmediato que un par de comprimidos demostraran en la víspera. Cayó en la cuenta que el frasco estaba casi lleno. Hizo algunas cuentas. Evaluó opciones alternativas. Los pros y los contras. Las probabilidades casi nulas de hallar en un futuro algún otro superviviente, y de haberlo, la invariable implicancia de sobrevivir deambulando entre las ruinas de lo que antes conoció como urbe y ahora sólo era un cascarón sin vida.

Esta vez no se quitó la ropa, apenas los zapatos. Llenó un vaso con agua y se sentó en el borde de la cama. Adentro y afuera, la inmensidad del silencio seguía abrumándolo. Pensó en ahogarlo con algo de música pero sintió que resultaría hasta irrespetuoso: la humanidad completa desvanecida sin explicación no merecía un agravio semejante.

Débilmente iluminado por el amarillo de la luz del velador, fue tragando uno a uno todas las pastillas, intercalando breves sorbos de agua para ayudarlos a atravesar su garganta. Al concluir, tomó uno de sus libros predilectos y comenzó a leer. Si debía morir, esa le pareció una buena y dócil manera de realizarlo. Comenzó intentando perderse de lleno en la historia, entre mágicos tigres, y espejos y laberintos, buscando olvidar aquella inaudita tragedia y la enorme soledad que lo embargaba.

Apenas alcanzó a leer dos o tres páginas cuando presintió que estaba ya en los preliminares del blando final. Su cuerpo ya no respondía a su cabeza y su mente se envolvía más y más en un inmanejable sopor.

Pese a ello alcanzó a escuchar que alguien -o algo- abría la puerta de su departamento. Claramente…ahora unos pasos se dirigían hacia él.

33 comentarios:

Omar de enletrasarte y masletrasarte dijo...

ya no fue un presentimiento, la muerte vino a buscarle
saludos

Cecy dijo...

Wow! La nada en toda su dimensión, y el dolor profundo de perderlo todo, quizás haya sido la peor pesadilla de su vida, claro si llegaron a tiempo.

Me quede sin respiración, jaja

Un abrazo Neo.

Mad el Mago dijo...

Muy bueno Neo...no es un microrelato, pero está muy bien ;)

Toni dijo...

Misterioso final para un relato de soledad intensa.
Saludos!

Luis de Burg dijo...

...y como siempre, después de tanto leer y prestar atención en lo más mínimo a la extensa lectura en la que nos sumerges, dejas inconcluso el final, para nos reventemos el cerebro pensando en que cosa es lo que viene a continuación, y que nos obliga a simplemente esperar tus ganas de completar la historia.... tienes un modo muy malsano de desesperar a tus lectores :)

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Conozco la historia de un hombre solo en la ciudad, lo cual no le quita interes a tu relato. Son diferentes el planteo de las historias que he leido, como la reaccion del personaje de turno.
Buena historia.

Any dijo...

No sé ... yo hubiera esperado un poco mas ... aunque la situación es angustiante, tal vez encontraba a alguien ... tal vez ... no sé es difícil.
La verdad es que su cuento me dió un poquito de miedo pero sobre todo me provocó angustia. No me gustaría ser la que apague la luz en caso de que el mundo se termine, prefiero irme con la horda.
Brrrr
besos

Leonor dijo...

Una horrenda pesadilla, la muerte lo estaba esperando, era el último a quien debía recoger, ¿ o no?, quién venía en su busca?, quizá no haya acabado la historia.
Un beso.

mariajesusparadela dijo...

Miedo. Da miedo.

Marta C. dijo...

Hola, Neo. Un relato que atrapa nunca se hace largo. Estupendo e inquietante relato del fin del mundo con un final que queda abierto a cualquier posibilidad. Muy bueno, buena la historia, buena la escritora. Aunque no pueda participar en los jueves, algunos sois ya para mí imprescindibles. Un beso.

Alicia Uriarte dijo...

Neo, me ha gustado mucho la manera en que has ido entrelazando todas las posibilidades de búsqueda del retorno de la nada. Nunca leí un texto que condensanse tan intensamente esa sensación de ausencia, de soledad, de vacio, ...

Respecto al final, maravillosamente logrado el que cada persona elija el suyo, ese al que la lectura del texto le ha llevado. Muerte, liberación, rescate, vida,..., todo en manos de ese último personaje cuya cara la pondremos cada uno de los que pasemos por aquí.

Enhorabuena.

Saludos.

Lucía de Vicente dijo...

Efectivamente, como decías, de alguna manera hemos coincidido en muchos puntos. Ya se sabe... Todo está ya escrito. Lo importante es hacerlo de manera diferente.
Muy buen relato.
Un saludo.

censurasigloXXI dijo...

Uf, qué angustia. La verdad es que no si es peor el vacío que sentía o esa compañía inesperada que no parece traer "buenas noticias", brrrr...

Beso.

José Antonio López Rastoll dijo...

Un relato de una plasticidad abrumadora, Neogeminis, de una angustia sideral. El hombre es un absoluto desgraciado sin el hombre.

Un abrazo.

Fabián Madrid dijo...

Cuando la muerte ronda... nada se puede hacer. Un beso

San dijo...

Un texto Neo muy bien llevado, va creando esa sensación de vacio, de angustia, de soledad...y ese final abierto, ¿quien llega? ¿vienen a por el?mmm, si que da miedo.
Un abrazo.

Tyrma dijo...

Ciertamente muy extenso, Neo, pero la lectura ha valido la pena. El final es perfecto. Un gusto leerte, amiga.
Besos desde la ventana.

Carmen Andújar dijo...


Vaya por Dios, decide acabar con su vida y al final no está solo. Tienes que seguir, a lo mejor llegan a tiempo para salvarlo.
Intenso hasta el final.
Un abrazo

rodolfo dijo...

Caronte...? Yo, por si acaso llevo siempre dos monedas
para cubrir y ojos y pagar al barquero el paso al otro lado de la Laguna Estigia

ana dijo...

Chiquilla qye suspense has creado con tu brillante imaginación y con tus letras, ha merecido la pena leerlo porque además me ha parecido corto, me recuerda a la pelicula "el día después". Fantástico.

BESICOS.

RGAlmazán dijo...

En el relato están muy presentes la angustia y el desconcierto que conlleva la soledad no buscada. Y hasta dónde puede llegar la respuesta de alguien ante esa soledad.

Besos

Salud y República

Lola Polo dijo...

Que bueno, Neo, y que angustia, pero yo me hubiera dado un poco mas de tiempo, un: mañana será otro día, seguro que encuentro a alguien mas.

Una abrazo

Lola

Pepe dijo...

Has realizado una extraordinaria y más que detallada radiografía de la más absoluta soledad, de la angustia y pavor que seguramente entre ante una situación similar. Bi debe ser menor la desesperación de esos últimos instantes en que aparece otra vida cerca de él, cuando la situación terminal es irreversible.
Un abrazo.

José Vte. dijo...

Una historia densa y misterio, desasosegante y un auténtico horror el saberse la única persona sobre la tierra. ¿Realidad o ficción creada por el mismo en su locura?, dejas el final abierto a la creencia de cualquiera. Yo creo en lo segundo.Muy bueno Neo.

Un abrazo

Mar dijo...

Quizá yo tambien habría hecho lo mismo. Estar en la soledad más absoluta, no es vivir.

Muy bueno el relato.

Bss.

Juan Carlos dijo...

Como madrileño, tu relato tiene una imagen, esa del comienzo de Abre los ojos de Amenábar (¿la has visto?).
Como melómano, he pasado rato disfrutando la música antes de leer.
El relato narra una situación terrible, desesperante y lo llevas muy bien. Me ha gustado, especialmente el final, aunque puesto en esa situación, creo que si me encontrara solo en el mundo podría satisfacer curiosidades ... entrar en archivos, palacios, etc.
Abrazos, Neo.

ADELFA MARTIN dijo...

Tanto que me gusta la soledad y cuanto la disfruto, sin embargo, esa soledad autèntica, la inèquivoca al no haber nadie mas en el mundo, debe ser absolutametne desesperante.

Excelente la forma como llevass a tus lectores hasta el final...

Mi saludos

Gastón Avale dijo...

Como siempre nos Tenes acostumbrados.... Más allá de la extensión el relato lleva a meterse en la cabeza del personaje.... Que pobre... No sabe el efecto q tuvo la primera pastilla. Un beso y buen fin de semana.

Sindel dijo...

Una situación desesperante donde los interrogantes no tienen ninguna respuesta concreta para el protagonista, que toma una decisión algo acelerada, y así se cierra con un final que yo no hubiera imaginado.
Excelente por su redacción, las imagenes y el suspenso que se mantiene todo el tiempo.
Un besote.

Menchu Garcerán dijo...

Espeluznante soledad.
Un saludo

Teresa Cameselle dijo...

Has retratado muy bien la angustia de un hombre que se encuentra en semejante situación, tan angustiosa como inesperada.
Si me permites, te diría que siguiendo los consejos de las entradas que he dejado en el blog estos días, podrías haberlo acortado, de querer hacerlo, por supuesto. En el relato se trata de condensar las sensaciones y la acción, mientras que tú te extiendes como si estuvieras escribiendo un capítulo de una novela.
El final, tan breve como inesperado, te ha quedado sin embargo perfecto.
Gracias por participar ¡

Anny dijo...

Esa era su angusta, su presentimiento, la muerte se acercaba.....
Un abrazo mujer!
Anny

Natàlia Tàrraco dijo...

Una novela con ese tema leí hace poco, lo mismo, al final quedó uno...en tu caso opta por terminar con esa terrible soledad absoluta y con el vacio monstruoso, los pasos se acercan, ya no escucha ¿será la parca, será su novia? Final abierto inquietante.
Genial letra por letra, felicitaciones Monica y besito retrasado por el viaje.

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