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jueves, 6 de junio de 2013

ESTE JUEVES UN RELATO: LEYENDA URBANA

El siguiente texto es un extracto de un cuento que escribí hace bastante, adaptado para la ocasión, intenta responder al tema con el que nos convoca Judith esta semana. No es una leyenda urbana real, sino una historia de ficción, pero creo que encuadra bastante con la consigna estipulada.



ÉL, EL LOCO Y EL PUEBLO MUERTO


El único habitante que sobresalía de la chatura general de aquel pueblo era El Loco. Todo poblado, por más pequeño que sea tiene uno. No se conoce la razón, pero es así. Siempre hay un habitante con un colorido peculiar en la mirada que se empeña en descifrar el horizonte extraviado en su propia confusión. En este caso, El Loco en cuestión era totalmente inofensivo. Lo conocía desde que eran niños, ya que Él era unos años menor. Nunca fueron amigos. Siempre se miraron con recelo. Aunque quizás sea más que justo decir que Él fue quien siempre lo miró con recelo, porque El Loco nunca miraba directamente a los ojos de nadie. 


Tenía la mayor parte del tiempo la vista dirigida hacia los confines del desierto, entrecerrando con ansiedad los párpados como quien busca extender el alcance de su mirada más allá de lo que le permiten ver en realidad sus ojos, pero nunca parecía mirar a nada especial. 

Muy pocas veces El Loco dejaba escuchar su voz. En forma súbita, alterado por algo que nadie alcanzaba a comprender, se levantaba de su destartalada silla de paja para lanzar algún alarido incomprensible, mientras agitaba con desesperación sus brazos en lo alto. 

De improviso, así como había comenzado, El Loco dejaba de graznar y en cambio se ponía en la cara una sonrisa. Una lastimosa mueca sin dientes que despertaba la compasión de quien lo observaba. 

Alejado de todo lo que fuera real, El Loco iniciaba después un vaivén mal sincronizado que las buenas intenciones de la gente llamaban “baile”…y, poco a poco, adormeciéndose en su propia melodía, aquel idiota se abrazaba a sí mismo con suavidad, acariciado por el viento que se iba lentamente calmando con él. 

Invariablemente, el día después de aquel circo, El Loco amanecía en el Cementerio, acurrucado entre las mugrosas lápidas, con el rostro tranquilo y sereno, como quien tiene la profunda satisfacción de haber cumplido con su deber.

No faltaban los imbéciles que fabulando alrededor de lo que era sin duda una simple locura, en tardes de hastío y café inventaron la absurda idea de que El Loco tenía el poder de hablar con fantasmas...¿quién inventó aquel cuento, aquella leyenda pueblerina que erizaba la piel de quien la escuchara?... nunca lo supo...hasta el día en que el destino lo puso frente a frente con la oportunidad de salir de pobre y alejarse de una vez por todas de aquel pueblo de mala muerte.

.....

El dato se lo pasó un fulano recién llegado de la capital con el que se iba a encontrar por un asunto raro de negocios. Algo turbio, mercadería de contrabando y algo para pasar por la frontera. Una cuestión sencilla que le iba a dejar bastante plata. Pero aparentemente, algo salió mal y la transacción se vio frustrada.

De repente se halló en medio del desierto, solo y abandonado bajo el sol que rajaba la tierra. Tenía la mente casi en blanco. Sólo una imperiosa necesidad de resolver algún asunto pendiente intentaba salir a flote dentro de su aturdida cabeza. 

Miró a su alrededor como si todo le fuera extraño, como si viera el mundo por primera vez. Instintivamente dio unos pasos y eso le significó un esfuerzo sobrehumano. Un dolor intenso provino de detrás de su cabeza y hacia allí llevó sus manos buscando infructuosamente calmarlo con ese gesto. Se sentó casi sin fuerzas en el suelo, bajo la sombra del único árbol que regalaba su sombra en aquella tórrida tarde de verano. 

Lentamente, como hilvanándolos uno a uno, fue recuperando algunos recuerdos que surgían como relámpagos: el paquete, la mercancía, la camioneta, los fulanos, el dolor…

Intentó ir componiendo lo que creía deberían haber sido los últimos acontecimientos y poco a poco fue logrando armar sus pensamientos como un rompecabezas. Aquellos tipos lo deberían haber golpeado por detrás y se llevaron todo: la mercancía, el pago, la camioneta…

Lejos de lo que hubiera supuesto, aquella idea no lo desesperaba. Quizás fuera porque los efectos del aturdimiento no habían desaparecido del todo, pero extrañamente no se sentía angustiado o asustado. Sólo lo invadía el fuerte impulso de volver. Alejarse de allí para retornar a su sitio y desprenderse para siempre de sus angustias. 

Hasta el paisaje le resultaba menos agreste. Desde el suelo, el relieve de piedras y arbustos se le mostraba más colorido y el intenso azul del cielo llegaba hasta conmoverlo.

Cuando logró caminar, recordó que previo al impacto que sintió, había intentado sacar su pañuelo del bolsillo y se le ocurrió pensar que quizás ese ademán confundió a los dos hombres haciéndoles pensar que estaba por sacar un arma. Tal vez la agresión sobrevino por esa confusión. Tal vez pensaron que era Él quien no pensaba cumplir con lo pactado.

Fuera el motivo que fuera, ya no le importaba…extrañamente se sentía más liviano. Casi no sentía su cuerpo, que se le antojaba como ajeno…como si ya no le perteneciera.

Sin duda el cansancio y la conmoción se estaban combinando de alguna manera que insólitamente le hacía añorar el lugar del que siempre quiso desprenderse. Lo único que deseaba ahora era volver. Encontrar su cobijo, su raíz, su lugar...

Haciendo un gran esfuerzo comenzó a caminar directo hacia el poniente. Sabía que era hacia allí donde debía dirigirse pero dudaba tener las fuerzas suficientes para lograrlo.

No supo cuánto tiempo pasó. No supo cómo ni por qué,  pero algo le decía que faltaba muy poco, que ya estaba llegando a su destino. 

Sintió que la nada que lo rodeaba se desvanecía y otra vez se olvidó de su conciencia. El lugar y el tiempo parecían tener otra dimensión, mientras su mente afiebrada no distinguía lo real de lo ilusorio. 

A lo lejos, recortada la silueta contra las montañas sin verde creyó reconocer su pueblo...ese Pueblo Muerto del que en otro tiempo buscó escapar, ahora se le brindaba como el más dulce de los paraísos.

Con la mirada desolada, abrumado por el calor y la sensación de vacío que crecía más y más dentro de su pecho, alcanzó a reconocer a El Loco. 

Lo que más le sorprendió fue que El Loco lo mirara directamente a los ojos. No tenía, como siempre, la vista dirigida hacia los confines del desierto, entrecerrando con ansiedad los párpados como quien busca extender el alcance de su mirada más allá de lo que le permiten ver en realidad sus ojos…No. Esta vez lo miraba directamente a Él, como si se tratara de un acontecimiento especial.

En forma súbita, alterado sin dudas por su presencia, se levantó de su destartalada silla de paja para lanzar un alarido que esta vez sí pudo comprender: lo llamaba por su nombre…se diría con alegría y cariño, mientras agitaba con entusiasmo sus brazos en alto. 

De improviso, El Loco dejó de nombrarlo y mirándolo profundamente a los ojos, le regaló la mejor de sus sonrisas. Se diría que lo miraba con una cálida compasión, como si estuviera esperándolo para darle la más trascendental de las bienvenidas. Sintiendo esa ceremonia como lo único real que le quedaba en el mundo, Él aceptó sin condiciones acompañarlo en su ritual de baile acompasado. 

Poco a poco, adormeciéndose por la serena melodía que le susurraba, El Loco lo abrazó estrechamente, acariciándolo como el viento que muy despacio se iba calmando con Él. 

Como si la verdad se le mostrara por primera vez desde el inicio de los tiempos, la niebla que lo rodeaba se disipó y sin que las distancias respetaran las leyes de la lógica, alcanzó a divisar el cementerio de su Pueblo Muerto.  Ese era el lugar…hacia allí debía dirigirse…bajo el sol de la tarde, mientras un pájaro blanco surcaba el cielo, Él alcanzó a ver un cortejo fúnebre. Nada especial, muy pocas personas...algunos vecinos, su primo, un par de ancianos...

De repente lo comprendía todo. Sin sobresaltos y lleno de una blanda serenidad que nunca antes había experimentado, supo que aquel entierro hacia el que El Loco lo conducía, era el suyo propio. 

Él estaba muerto y solamente El Loco era capaz de verlo… Como lo había hecho siempre con todos los fantasmas desorientados: acompañarlos con devoción hacia su última morada... 


Más relatos jueveros, en lo de Judith

p.d
sigo con problemas en mi computadora, los iré leyendo poco a poco

29 comentarios:

balamgo dijo...

Excelente cuento!
Me ha gustado mucho. Nunca hay que fijarse en las apariencias,muchas veces engañan...:)
Un abrazo.

Fabián Madrid dijo...

Excelente cuento. Cómo será la historia completa... Un beso.

emejota dijo...

Genial, nada es lo que parece. Bss.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

El llamado loco era más cuerdo de todos cumpliendo una función, para ayudar a fantasmas desorientados.
Haciendo algo que los burlones son incapaces de hacer.
Muy buen relato.

Tracy dijo...

Suele suceder que los llamados locos son más cuerdos que los que no están locos.

Alson dijo...

Las etiquetas están para burlarlas...
(Menos mal que no podías escribir;o)

Cecy dijo...

La leyenda del loco, que simplemente le da un abrazo para quien parte no se sienta tan solo. Linda historia. La locura se viste de maneras insospechadas y esta es una.

Un abrazo :)

Valaf dijo...

Me atrapó la historia (es la segunda vez que lo escribo en la media hora que llevo leyendo relatos)

¿Y si lo fueras publicando a cachitos?

Un beso

Luis de Burg dijo...

completamente pasmado, con un nudo en la garganta y los ojos caso vidriosos por el impacto, anonadado con la sutíl esperanza que todo lo que nos has contado sea real, que las historias contadas de esta forma deberían simplemente de serlo, completamente confuso, por la trama que nos has trasmitido, que en las primeras líneas nos acomodaste en una historia simple y normal, casi humana, para luego irnos arrastrando por el sendero de lo inmaterial, donde la muerte es simplemente un ama de casa dispuesta a trabajar por compasión y los locos son los mejores amigos de las almas perdidas que buscan su lugar de nacimiento, completamente fascinante, en realidad me he quedado pasmado, no me queda más que añadir una sola cosa, la de felicitarte por tan excelente historia, completamente conmovedora y real, no tiene nada de ficción hasta donde he podido constatar, un beso gigante para ti, me has dejado muy boquiabiertado....

Leonor dijo...

Un maravillosos relato y una perfecta forma de narrarlo.

Me encanta ese loco que acompaña a los fantasmas perdidos.
Besos.

Montserrat Sala dijo...

Me pregunto que si este es parte de otro mas completo, debe de ser genial. Me ha gustado tu relato, querida amiga. Impecable como siempre.

Muchos abrazos y cariñosos guiños.

Juan L. Trujillo dijo...

En lo que a mí respecta, ni te molestes en visitar mi blog, si te falta tiempo. Dedica ese tiempo a escribir. Pocas veces se encuentra una narración tan brillante y bien escrita como esta que hoy nos regalas.
A propósito: no he contado las palabras, solo he disfrutado de lo escrito.
Un abrazo y mi admiración.

Lucia M.Escribano dijo...

Despues de leerte solo espero que cuando llegue mi hora, un loco como el tuyo este cerca de mi, entrañable tu parte del relato..Estoy deseando que te animes y nos regales el resto...Creeme Neo, que senti cada frase en mi piel.
Besos lenos de sentmientos.

San dijo...

El más cuerdo era este locco, una historia preciosa y el final, bueno ese final me ha encantado Mónica.
Un abrazo.

juliano el apostata dijo...

yo creo...bueno...empiezo de nuevo...
no te leo en tus trilogías por que por lo común me asustan y ..ah, hablo de las tutas y de las de cualquiera...hablo de los textos largos...creo que es esa la causa principal. pero...pero ese susto tiene un algo especial: ¿qué? que cuando me decido a leerte casi siempre descubro historias DE PUTA MADREEEEEE¡¡, o lo que es lo mismo, y en lenguaje normalizado: me encantannn...
alguna vez te lo he dicho, creo: deberías algún día alargar los textos largos...al menos hasta que se pudiera decir de ellos que es una novela corta...tienes un algo especial a la hora de completarlas...el qué? cuando dé con el quid te lo diré.
medio beso.

LuisBernardo Rodriguez dijo...

Muy buen trabajo Mónica!! El loco hacía de la transición un episodio más agradable. Que maestría y pulso narrativo, lo adoré y eso que estaba por dejar, momentáneamente, el recorrido de las leyendas. En un rato retomo el sendero de Judith

Lupe dijo...

Hola Neo.

Es una tierna historia y genialmente relatada.¿Sería mucho pedir que me dieras la oportunidad de saber si puedo leerla entera en alguna parte?

Gracias. Muy buen trabajo.

Te dejo un abrazo.

Lupe

Toni dijo...

Desde el otro lado alcanzó a ver la belleza de El Loco.

Preciosa historia Neo. Besos.

Pepe dijo...

Me dejo llevar gustosamente por la magia de tu relato. Adjudicarle al loco la facultad de ver y hablar con los muertos, de acompañarlos a su última mmorada, de ser con ellos cariñoso y afable, bendita locura que hace un poco menos doloroso el viaje hacia el otro lado de la puerta. Ceguera para el resto de sus convecinos incapaces de ver más allá de esa aparente locura.
Nos has llevado enganchados al hilo de tu historia para sorprendernos con ese magnífico final. Mi admiración por ello.
Un fuerte abrazo.

Juan Carlos dijo...

Guau, Mónica. Me he quedado con la boca abierta. Sensacional la leyenda urbana del loco, narrada desde quien descubre el secreto y ya no podrá contarlo.
Un abrazo agradecido por el disfrute de esta lectura.

G a b y* dijo...

Qué buen relato Neo! La manera en que ambos personajes se cruzan, y de algún modo, pasa a justificarse la locura y actitudes incompresibles de ese ser que deambula con su chifladura a cuestas. Todo tiene un por qué, o debería tenerlo, sobre todo cuando la falta de raciocinio de alguien, pasa a ser un mero detalle que desdibuja la esencia de alguien frente a los ojos que le contemplan.
Me encantó!!!
Besos.
Gaby*

RGAlmazán dijo...

Ya había leído la historia completa. Sólo puedo decir: soberbio.
Un beso

Salud y República

casss dijo...

Qué te puedo decir que no sean elogios y más elogios?

El cuento se devora. Los personajes nos convencen. La historia nos atrapa.
En fin, Ud. ya sabe...

besos (dobles más que nunca)

Alicia Gonzàlez dijo...

Muy muy bueno, me encantó tanto la historia como la forma de relatarla. Enhorabuena. Besote

Adelfa Martìn dijo...

Poco que agregar a los comentarios anteriores, solo que jamas me decepcionas cuando te leo... y esta no es la excepcion.

saludos

Carmen Andújar dijo...

El único cuerdo que había en aquel pueblo era ese Loco, es el único que comprendía a los que se han ido.
Muy bien relatado.
Un abrazo

maria jose Moreno dijo...

Esto de llegar la ultima te imposibilita contar nada novedoso, pero no me impide saber donde hay calidad y en tu relato la hay. me ha cautivado el tema y cómo lo has narrado. Un beso

Charo dijo...

No se que decir que no se haya dicho ya, pero tu relato me ha parecido IMPRESIONANTE!El final es espectacular y está estupendamente narrado.
Besos

rosa_desastre dijo...

No importa llegar tarde para disfrutar con tu relato, leido y releido para vivir cada detalle. Los locos nos entendemos bien.
Un beso

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