miércoles, 30 de septiembre de 2009

DE ASADOS, AMIGOS, COSTUMBRES Y AFINES (invitación)



Dada la escasez de inspiración con que cuento últimamente y aprovechando que acabo de aportar una entrada en el blog colectivo "El sur también existe" en el que colaboro, los invito a pasar por allí para compartir "un asadito"!

Los espero!


martes, 29 de septiembre de 2009

APRENDIZAJE




Lejos de reintentar,

luego de un aparente fracaso,

los necios

se empeñan en renegar

lo que en realidad

debieran estar agradeciendo.


domingo, 27 de septiembre de 2009

FIN DE SIGLO (Último final!!!!!)



NO HACEN FALTA PRÍNCIPES

Al despertar en la sacristía reconoció a su madre que respiraba aliviada. Su padre en cambio, parecía contener su disgusto a fuerza de aparentar comprensión por lo que sin duda era un vergonzoso episodio de muchachita malcriada.

Su futuro esposo no lograba, ocultar su malhumor al ver que la cuidada ceremonia se había interrumpido por el inoportuno desmayo de una novia por demás emotiva. Sin duda pensaba que no era eso lo deseable. Lo incomodaba sobremanera que algo así hubiese pasado precisamente delante de su exitoso primo recién llegado de América, quien había aceptado ser testigo de su casamiento. Un vergonzoso episodio que en nada contribuía a la imagen mundana y cosmopolita que su propio prestigio requería. Así y todo, aparentaba disimular su disgusto para no alterar más el curso de las cosas. Ya llegaría el momento para poner en su lugar a esa muchachita pueblerina que poco y nada sabía de lo que significa el papel social de esposa respetable y contenida.

Ella, en cambio, buscaba alejar la preocupación por esas cosas. Ahora tenía inquietud para hallar entre la multitud de caras que la rodeaban el rostro recién hallado de su soñado rescatador de angustias y desvelos. Y allí estaba, contemplándola, como quien intenta en vano disimular sus profundos deseos de fundirse con ella en un abrazo.

Sus miradas se cruzaron, esta vez con mucho menos pudores.

Ella buscaba hallar en sus gestos algún resquicio del comportamiento de aquellos héroes de las novelas que solía devorar a escondidas.

Intentaba clarificar su pensamiento de una vez por todas. No quería lastimar a nadie. No era esa su intención, pero tampoco podía aceptar tan mansamente la certeza de adentrarse en un destino que nada tenía que ver con lo que deseaba.

Buscó sin éxito hallarse a solas con su madre. Por un momento tuvo la ilusión que quizás ella la comprendiera y la ampararía en esa decisión trascendente que acababa de tomar. Necesitaba su apoyo. Temía lanzarse así al vacío sin el respaldo de sus padres. Enseguida comprendió que eso no sería posible. Enfrentar la vergüenza de suspender una boda acordada con tanta formalidad en el mismo momento en que los novios se hallaban frente al altar era algo imposible que sea aceptado por gente tan conservadora como ellos.

Mucho menos si se llegaba a sospechar que el causante de que la novia deshiciera el compromiso fuera el propio testigo!...alguien hasta ese momento desconocido y que en realidad no le había manifestado ningún interés más especial que unas cuantas miradas. Arriesgar su honra, su futuro, el proyecto de vida que habían acordado sus padres era poco menos que un suicidio y su fortaleza nunca había sido algo digno de destacar. Más bien todo lo contrario.

Todo su ser temblaba pensando que quizás se engañaba. Tal vez el hecho de hallarse allí, definitivamente frente al altar, había conseguido alterarla de tal manera que su razón buscó cualquier excusa para no terminar de dar ese paso trascendental. Era muy probable que sus ensoñaciones de niña le tendieran una trampa haciéndola imaginar cosas que en realidad no existían.

Qué pruebas le había dado el extraño de que en realidad se había enamorado de ella a simple vista, como ella creía estarlo, a la usanza de las heroínas de sus fantasías? Ninguna. Esa era la verdad. Todo lo que creyó ver sin duda existía sólo en su cabeza y dejarse atrapar por esos engaños era igual que arrojarse a un precipicio…pero lo que sí había comprendido de repente, quizás con la excusa que aquella mirada que creyó especial le había brindado, era que no quería casarse. No así. No sin sentirse enamorada, sin la más mínima ilusión por la vida que otros habían decidido por ella.

Vislumbró, quizás en el momento menos conveniente pero, por fortuna no demasiado tarde, que merecía mucho más que ser sólo lo que se pretendía de ella: una mujer sumisa y correcta.

Buscando entre la multitud los ojos de quien quizás sintiera algo especial por ella, le envió un último y decidido mensaje: ella le abría las puertas…solamente eso.

Animarse a cruzar ese umbral y arriesgarse a enfrentarse no sólo al qué dirán sino a un eventual fracaso, debería ser su desafío.

No habría final feliz asegurado. No por ahora, ni con la magia que se dan en las novelas rosa. El amor y la felicidad habría que ir construyéndolos y eso implicaba riesgos. Si él estaba dispuesto a intentarlo debía exponerse y decidirse. Ella lo haría. No por él, sino por ella misma.

Para ser libre, para parase frente a la vida con la frente alta y orgullosa, no necesitaba de un príncipe que la rescatara y protegiera entre sus brazos.

Decidida y recuperada ya del desmayo, sintiendo que la sangre bullía en sus mejillas, pidió disculpas a sus padres, al que estuvo a punto de ser su esposo, al sacerdote, al resto de quienes la rodeaban y quitándose el velo y el ramo de azahares que llevaba, los dejó sin decir más palabras en una silla de la sacristía.

Ante la sorpresa de todos y la indignación de algunos, la que ya no era novia se alejó de la capilla sin mirar hacia atrás.

Si entre quienes la observaban, había un corazón apasionado que quisiera arriesgarse a descubrir el amor con ella, sin duda, la seguiría…


(Nota: les recuerdo a todos que el juego consiste en optar por uno de los tres finales agregando una breve justificación. Muchísimas gracias por participar!)


sábado, 26 de septiembre de 2009

FIN DE SIGLO (Capítulo final 2)




(recuerden que son tres los finales para poder elegir!)


SEGUNDO FINAL :A CUENTA Y RIESGO

Al despertar en la sacristía reconoció a su madre que respiraba aliviada. Su padre en cambio, parecía contener su disgusto a fuerza de aparentar comprensión por lo que sin duda era un vergonzoso episodio de muchachita malcriada.

El que se asumía como futuro esposo no lograba ocultar su malhumor al ver que la cuidada ceremonia se había interrumpido por el inoportuno desmayo de una novia por demás emotiva. Sin duda pensaba que no era eso lo deseable. Lo incomodaba sobremanera que algo así hubiese pasado precisamente delante de su exitoso primo recién llegado de América, quien había aceptado ser testigo de su casamiento. Un vergonzoso episodio que en nada contribuía a la imagen mundana y cosmopolita que su propio prestigio requería. Así y todo, aparentaba disimular su disgusto para no alterar más el curso de las cosas. Ya llegaría el momento para poner en su lugar a esa muchachita pueblerina que poco y nada sabía de lo que significa el papel social de esposa respetable y contenida.

Ella, en cambio, no tenía ninguna preocupación por esas cosas. Ahora sólo tenía inquietud para hallar entre la multitud de caras que la rodeaban el rostro recién hallado de su soñado rescatador frente una vida sin sueños. Y allí estaba, contemplándola, como quien intenta en vano disimular sus profundos deseos de fundirse con ella en un abrazo.

Sus miradas se cruzaron nuevamente, esta vez con mucho menos pudores, y ante el interrogante de ella, él contestó con una sentida afirmación silenciosa.

Cuál sería el próximo paso?...sin duda requeriría de coraje. Podría salir corriendo, buscando huir como cuando niña cometía alguna travesura y sabía que sería castigada. Intentar retrasar las consabidas consecuencias nunca dio buen resultado, al contrario, el enfado de sus padres aumentaba con esas actitudes inmaduras. Se imaginaba entonces que mucho menos ahora aquella salida fácil de pretender negar o postergar lo que debería asumir tarde o temprano era en esas circunstancias mucho menos adecuada.

Tendría que intentar hablar, por lo menos, con su galán, en privado. Asumir sus sentimientos como reales sin haber cruzado siquiera palabra no era muy cuerdo que digamos. Pero cómo hallar la forma, la excusa para hacerlo era algo que no lograba dilucidar.

Buscó una y otra vez bucear en aquellos ojos profundos, hasta hace poco ajenos y ahora tan suyos, buscando sustentar sus deseos en tierras más firmes. Alguna señal inequívoca que le dijera: -anímate!- lánzate al vacío que aquí estoy yo, pase lo que pase!

Algo en ellos lograron atravesar la inseguridad propia de quien, de repente y sin proponérselo, se ve colocado por el destino frente a la concreta posibilidad de ser feliz.

Las voces de los demás, le resultaron huecas. Sólo escuchaba, en su exquisita dulzura, la voz de su propio corazón que, exultante le proponía salir de ahí corriendo, en brazos de quien buscando hallar en sus propios ojos lo que él mismo estaba gritando.

Sin que su razón tomara el mando de sus acciones, ella extendió su mano, expectante pero decidida…y entre los muchos rostros que escrutaban el suyo con reclamaciones y exigencias, uno se adelantó, abriéndose paso entre los personajes patéticos de aquella parodia que había estado a punto de realizarse.

Sin que los demás comprendiesen qué pasaba, él, ignorando en aquel momento al resto de los mortales, apartó sin hipocresías a todos los se interponían hasta llegar a ella. Tomó su mano con delicadeza, la ayudó a incorporarse y buscando encontrar su propio espejo en su mirada, le preguntó sin palabras lo que ella quería oír.

Sí, fue la respuesta y no hizo falta nada más para que todo se disipara alrededor y sin más preámbulos, los dos nóveles amantes asumieron frente a todos lo que aventurarse al amor implica.



viernes, 25 de septiembre de 2009

FIN DE SIGLO (Capítulo final 1)


Nota 1:

Les recuerdo que esta historia cuenta con tres finales distintos y optar por uno de ellos, justificando brevemente su elección, será parte de un juego al que les convoco a participar.

Nota 2:

he agrandado el tamaño de la fuente a pedido de algunos lectores.

Muchísimas gracias a todos por su compañía e interés.




PRIMER FINAL: OTRA VEZ LA CORDURA

Al despertar en la sacristía reconoció a su madre que respiraba aliviada. Su padre en cambio, parecía contener su disgusto a fuerza de aparentar comprensión por lo que sin duda era un vergonzoso episodio de muchachita malcriada.

Su futuro esposo no lograba ocultar su malhumor al ver que la cuidada ceremonia se había interrumpido por el inoportuno desmayo de una novia por demás emotiva. Sin duda pensaba que no era eso lo deseable. Lo incomodaba sobremanera que algo así hubiese pasado precisamente delante de su exitoso primo recién llegado de América, quien había aceptado ser testigo de su casamiento. Un vergonzoso episodio que en nada contribuía a la imagen mundana y cosmopolita que su propio prestigio requería. Así y todo, aparentaba disimular su disgusto para no alterar más el curso de las cosas. Ya llegaría el momento para poner en su lugar a esa muchachita pueblerina que poco y nada sabía de lo que significa el papel social de esposa respetable y contenida.

Ella, en cambio, buscaba alejar la preocupación por esas cosas. Ahora sentía mucha inquietud para encontrar, entre la multitud de caras que la rodeaban, el rostro recién hallado de su soñado rescatador de angustias y desvelos. Y allí estaba, contemplándola, como quien intenta en vano disimular sus profundos deseos de fundirse con ella en un abrazo.

Sus miradas se cruzaron, esta vez con mucho menos pudores.

Ella quería descubrir en sus gestos algún resquicio del comportamiento de aquellos héroes de las novelas que solía devorar a escondidas.

Intentaba así clarificar su pensamiento de una vez por todas. No quería lastimar a nadie. No era esa su intención, pero tampoco podía aceptar tan mansamente la certeza de adentrarse en un destino que nada tenía que ver con lo que deseaba.

Buscó sin éxito hallarse a solas con su madre. Por un momento tuvo la ilusión que quizás ella la comprendiera y la ampararía en esa decisión trascendente que estaba a punto de tomar. Necesitaba su apoyo. Temía lanzarse así al vacío sin el respaldo de sus padres. Enseguida comprendió que eso no sería posible.

Enfrentar la vergüenza de suspender una boda acordada con tanta formalidad en el mismo momento en que los novios se hallaban frente al altar era algo imposible que sea aceptado por gente tan conservadora como ellos.

Mucho menos si se llegaba a sospechar que el causante que la novia deshiciera el compromiso fuera el propio testigo!...alguien hasta ese momento desconocido y que en realidad no le había manifestado ningún interés más especial que unas cuantas miradas. Arriesgar su honra, su futuro, el proyecto de vida que habían acordado sus padres era poco menos que un suicidio y su fortaleza nunca había sido algo digno de destacar. Más bien todo lo contrario.

Todo su ser temblaba pensando que quizás se engañaba. Tal vez el hecho de hallarse allí, definitivamente frente al altar, había conseguido alterarla de tal manera que su razón buscó cualquier excusa para no terminar de dar ese paso trascendental. Era muy probable que sus ensoñaciones de niña le tendieran una trampa haciéndola imaginar cosas que en realidad no existían.

Qué pruebas le había dado el extraño de que en realidad se había enamorado de ella a simple vista, como ella creía estarlo, a la usanza de las heroínas de sus fantasías? Ninguna. Esa era la verdad. Todo lo que creyó ver sin duda existía sólo en su cabeza y dejarse atrapar por esas ilusiones era igual que arrojarse a un precipicio…y con ella empujar en la caída a su propia familia…no debía olvidarlo.

Sería capaz de dejarse atrapar egoístamente por una ilusoria sensación sin sustento real arrastrando a su familia hacia la vergüenza? Dónde quedaba su deber de hija solícita y agradecida? Era esa la manera de honrar a sus padres, a su apellido, a su gente?

No. Claro que no podía ser tan irresponsable.

La decisión estaba tomada y su deber era continuar con lo que se había convenido. No quedaba ya lugar para caprichos de niña ilusa ni de fantasías románticas.

Poco a poco consiguió poner sus ideas en orden y al mismo tiempo que el color volvía a sus mejillas, su condición de muchacha responsable volvía a tomar las riendas de sus decisiones.

Para la tranquilidad de sus padres y de su futuro esposo, la novia se incorporó con aire de madurez recién estrenada.

Con la mirada ya calmada y decidida, buscando la satisfacción y aprobación de sus mayores terminó de acomodar su vestido y con voz inusualmente firme dijo: - estoy lista –


jueves, 24 de septiembre de 2009

FIN DE SIGLO (Capítulo 2)




A DESTIEMPO, CUPIDO.

Apenas antes de entrar a la iglesia lo vio. Era alto, no muy joven pero muy apuesto. Le habían comentado que uno de los primos de su futuro esposo había llegado de América. Exitoso retorno luego de varios años de trabajo esforzado y honesto.

En aquellas tierras de promisorios horizontes los sueños suelen hacerse realidad, según dicen y parecía ser que así fue para ese aventurero que regresó al hogar de sus mayores justo a tiempo para ser invitado a su boda, nada menos.

Por capricho del novio, el extraño sería uno de los testigos de la boda y aunque cueste creerlo, desde lejos, apenas verlo, su alma hasta ese instante entregada a la fuerza de un destino que ni cuestionaba, fue atravesada con la sorpresiva flecha de Cupido.

Desde ese momento comenzó a temblar en forma incontrolable. De pies a cabeza sintió bullir su sangre en forma impetuosa. Sus mejillas ardían buscando hallar consuelo en la intensidad de unos ojos que ahora, sin duda reposaban en los suyos. Sintió que no era terreno yermo el sitio en el que su corazón había elegido, de improviso, echar raíces, mientras adivinaba que aquellos ojos oscuros, hasta hacía unos minutos, totalmente desconocidos, se detenían en los suyos con el mismo sortilegio que su mirada intentaba en vano ocultar.

La proximidad del altar, el brazo de su padre sosteniéndola, las risitas inquietas de sus primas, su madre exultante, la parentela escudriñando cada detalle de sus gestos y su vestido, desde lejos el novio contemplando orgulloso la que sería su flamante adquisición… de improviso la realidad se le mostró despiadada haciéndola comprender en un instante lo que no había asumido hasta ese momento: no era eso lo que deseaba.

El terror la cruzó de arriba abajo, como cuchillada que abre sin atenuantes sus entrañas. Sin que el pudor lograra poner freno a lo que no era aconsejable, sus ojos volvieron a buscar entre la multitud a quien acababa de convertirse en el justificativo de sus días. Con profunda satisfacción lo vio abrirse paso en aquel mar de ajenos y extraños en el que se había transformado lo que había sido hasta ese momento la realidad de toda su vida.

Vio sin lugar a dudas que él también sentía con la intensidad que ella lo hacía. Su mirada recién descubierta se posaba sobre la suya clamando a Dios para que el mundo entero se esfumara y sólo persistieran ambos, recién nacidos, flamantes, intactos, inseparables desde ese momento…nobles, perfectos, sin mácula.

La voz del sacerdote la arrancó de la ensoñación en la que su deseo y su corazón la habían catapultado. Sus latidos aumentaban y su respiración se agitaba hasta hacerla sentir que estaba en el momento crucial de su vida. Debía reaccionar. Escapar de allí. Disolverse. Transformarse en aire y salir flotando por la puerta hasta fundirse en la respiración de su amado de quien ni siquiera sabía el nombre. De quien ni siquiera había escuchado alguna vez el timbre de voz…pero no importaba. Era él. Y eso bastaba.

Sería en realidad así?…o simplemente la desesperación de sus ilusiones marchitas la estaban engañando para hacerla sucumbir en sus redes intrigantes?

El tiempo transcurría en su interior con un ritmo distinto al que parecía seguir a su alrededor. Sentía como todo el mundo estaba a punto de desmoronarse y a la vez, era ella misma la que deseaba hacerlo.

Quería encontrar algo firme bajo sus pies, alguna señal que le marcara sin dudas el camino. Aquellos ojos…su corazón…su familia…su destino…sus compromisos….su deber…su ilusión…el pudor…el qué dirán…los sueños…el amor…

Un frío helado le recorrió la espalda haciendo que sus piernas no la sostuvieran. Con esfuerzo logró contenerse para no caer, al tiempo que la voz quejumbrosa del viejo párroco que alguna vez la bautizara, martillaba sórdidamente, como letanía que va mutándose en sentencia de muerte, las invocaciones de rigor en lo que sería la consumación de su trágico final.

La negritud de lo irremediable se abrió por fin ante sus ojos, que no lograron hallar destello que los iluminara.


(continuará)



miércoles, 23 de septiembre de 2009

FIN DE SIGLO (Capítulo 1)




Esta nueva trilogía, inspirada en la película Il testimone dello sposo”, va a tener una particularidad: cuenta con tres finales distintos y optar por uno de ellos, justificando brevemente su elección, será parte de un juego al que les convoco a participar.

Queda hecha la invitación.



DE BLANCO Y SIN ILUSIÓN

El día previo a su boda no lograba entender bien ni cómo ni cuánto iba a cambiar su vida a partir de ese momento. Sólo se preocupaba porque había engordado un poco y el vestido parecía quedarle demasiado ajustado. Por suerte su madre era muy hábil para aquellas cosas y consiguió adaptarlo sin problemas.

Mientras le estaban dando los últimos retoques, seguía llegando la parentela. Desde los pueblos vecinos algunos, otros, hasta de la ciudad. Su familia era muy numerosa, descendiente de los primeros pobladores de aquellas colinas de olivares y viñedos. Gente toda de trabajo, que a fuerza de sacrificio y mucho amor por la tierra había logrado dejar huella en esa Italia tan pasional que se preparaba a recibir el nuevo siglo. Coincidente con su boda comenzaría el siglo XX, por lo que el festejo era más que especial. Se iniciaba una nueva era para ella, su familia y por qué no…para el mundo!

La ansiedad lógica que toda novia siente previa a su casamiento, no había todavía logrado ubicarse en su alocada cabeza de muchachita que recién se abre a las responsabilidades de la vida. Ella hubiese preferido esperar algunos años más para casarse, pero la decisión de sus padres ya estaba tomada y era poco lo que ella podía hacer al respecto.

El novio era casi de la edad de su madre, no se conocían mucho pero por lo menos aparentaba ser un hombre bueno y decidido, de carácter ya templado por la vida que, dada su fortuna, había disfrutado desde muy joven. Había entrado a la madurez desde hacía bastante y su deseo de formar una familia lo había decidido a pedir su mano la primavera pasada.

Luego de que se lo presentaran, sus padres resolvieron que el compromiso se celebrase rápidamente y a los pocos meses, el matrimonio. Todo se había precipitado desde entonces sin que ella lo hubiera terminado de asimilar. Apenas tuvo tiempo que la mejor modista del pueblo le confeccionara su vestido, con un precioso encaje que el novio mandó a traer especialmente de Francia.

Las últimas semanas se le pasaron volando, aprontando la casa para el gran festejo que su padre quería dar, como correspondía a una destacada familia de esa posición.

Si bien sus amigas y primas seguían solteras y eran más jóvenes aún que ella, alguna información sobre su futura vida de mujer casada le llegó a través de su única hermana, que hacía tres años había contraído enlace con un contador de la ciudad, y allí vivían ambos, con sus pequeños hijos, a los que ella (tía tan inquieta como sus sobrinos) adoraba y mimaba cada vez que se visitaban.

Aunque no pudo hablar mucho con ella, ya que su madre no las dejaba a solas en ninguna oportunidad, algún detalle de lo que implicaba la vida conyugal le había adelantado, tratando que la pobre no fuera al altar tan desinformada como lo había hecho ella misma.

Por supuesto su madre le había hecho las advertencias de rigor sobre el papel que le cabe a una mujer decente dentro del matrimonio: la sumisión y el respeto al marido son virtudes muy valoradas en una esposa y sobre el resto de lo que implicaba ser una señora casada, sería su esposo quien se iría encargando de ponerla a tono con sus obligaciones maritales.

Si bien ella no tenía gran idea de lo que eso significaba, su inocencia intacta de niña que apenas ha dejado sus muñecas no le reclamaba por ahora mayores aclaraciones, así que había decidido hacer lo de siempre: aceptar las indicaciones de sus padres y proceder con recato y buena disposición.

La mañana tan ansiada llegó al fin, y un séquito de féminas bulliciosas y alborotadas -sus queridas primas- se peleaban por compartir con ella su último desayuno de soltera. Todas parecían estar más inquietas aún que la misma novia y las risitas nerviosas se sucedían en repetido ritual después de cada cuchicheo.

Pasó rápidamente el almuerzo. Y llegó la hora de la siesta, la que su madre le obligó a dormir aunque no tuviese ganas, ya que su piel debería estar fresca y lozana para esa noche.

De más está decir que no pudo ni descansar, apenas se entretuvo leyendo alguna que otra de su queridas novelitas rosas que escondía cuidadosamente de miradas indiscretas. En esas historias de vidas trágicas y amores imposibles las protagonistas luchaban pese a todos y contra todo para defender su amor, y los galanes, preferían morir antes que soportar una vida sin sus enamoradas. Aquellas páginas ya amarillentas en las que no hacía mucho, había descubierto el romanticismo y el amor ideal que sueña toda quinceañera, esa tarde se le antojaban descoloridas y sosas, como si el amor fuera algo lejano e inalcanzable, destinado sólo a ser excusa para publicar novelas que compraran muchachas soñadoras como había sido ella.

La idea de casarse con alguien mucho mayor y que apenas conocía no le despertaba miedo ni tristeza, sólo le apagaba en su pecho esa luz de esperanza que alguna vez creyó tener en su corazón, hasta ayer creyente en amores tan maravillosos como los de sus novelas.

Cuando llegó al fin la hora de aprontarse para la ceremonia, lejos de sentirse agitada y ansiosa, se sintió serenamente resignada. Se contempló en el espejo de la que hasta entonces había sido su habitación y no atinó a reconocerse. Parecía ser otra la que la contemplaba desde su reflejo, ataviada con aquel envidiable vestido de encaje francés y botones de perlas. No se veía como una novia radiante y feliz, esa que tantas veces había imaginado ser, como las protagonistas de sus novelas en los capítulos culminantes. Más bien se sentía como una muy recatada futura esposa, mujer sumisa y decente dispuesta a concretar lo que es deseable y conveniente que ella acepte: el inicio de una vida madura y estable asumiendo la responsabilidad social y moral que se espera de toda mujer que se respete, pidiéndole a Dios que la bendiga, tanto a ella, a su familia, su futuro marido y a los hijos que según sea su voluntad, Él dispusiera que tuviera.

Contemplándose por última vez antes de salir hacia la Iglesia, dio gracias por ser tan afortunada, pudiendo hacer realidad tan dignamente lo que se esperaba de ella.

Antes de subir al carruaje, en el vestíbulo de su casa, su madre la bendijo y la abrazó con real emoción y poniendo entre sus manos su más querida reliquia (un pequeño crucifijo de oro que le regalara su propia madre), sin mediar palabra, la despidió con un beso.


(continuará)

ORGÍA DE COLORES




















(imágenes Hans Silvester)


Orgía de

formas y colores

Blandas,

bellas,

sensuales,

magníficas

figuras

en delicada armonía.

Tierra, cielo

agua y vida.

Jugosa avidez

por la belleza en su más

auténtica libertad

…plena…

sin límites

Flores,

juegos,

trazos,

equilibrio.

Entrega total

a la lujuria

orgánica

y natural

que nosotros

ya hemos

…perdido.



lunes, 21 de septiembre de 2009

INFANCIA CONDENADA





Niñ@ soy

y al mundo

me han entregado

como víctima

como soldado

como objeto

como nada

como carne

de placeres y odios


No quiero ser esto

Soy más.

Mucho más…


Puedo ser promesa

Sonrisa…

Alegría y ternura,

sueño de esperanza.

Simiente de paz

Progreso…

Futuro perfecto.

Estrella de amor.

Un mañana…



sábado, 19 de septiembre de 2009

AMPLIANDO EL POST ANTERIOR

Como comenté anteriormente, sobre todo lo que implique alguna intencionalidad política a favor de una u otra postura, siempre cabe la posibilidad que la información se distorsione o se tergiverse completamente.
La amiga Alhena tuvo la amabilidad de acercarme el enlace de esta página donde se cuenta otra versión completamente distinta del mismo suceso.
Como verán, allí se habla que la boda colectiva en realidad se hizo entre viudas de guerra y sus cuñados (quienes según la ley islámica se deben hacer cargo de las familias de sus hermanos- también los judíos en otros tiempos lo asumían de igual modo).
El detalle de las niñas ataviadas de blanco se pone aquí como un aspecto del festejo en el que las huérfanas asisten a las bodas de sus madres.
Dadas las versiones contradictorias seguí investigando y me encontré con estos videos.
En los dos primeros se puede ver el momento en que las niñas llegan en auto a la celebración, también se ven a los familiares y a los novios. No se ven a las supuestas viudas que van a contraer enlace (según cuenta la página anteriormente citada).
Obviamente no entiendo lo que hablan. Si alguien pudiese traducir seguramente se nos aclararían muchas dudas.
Por lo que veo y puedo inferir la versión primera se ajusta más a lo que sucedió en realidad. De no ser así, las mujeres adultas (las supuestas viudas) deberían estar (mínimamente) en al ceremonia (supongo) y yo no las veo.
Agrego además otro video el que está traducido al inglés (eso no es garantía que sea confiable) en el que un personaje supuestamente representativo del islam explica por qué en esa cultura se acepta el matrimonio de niñas muy pequeñas.
Por supuesto, cada quien interpretará lo que crea conveniente. Les agradezco por su interés y compromiso.





ACTUALIZACIÓN:

Quería agregar otra reflexión sobre el tema y siempre haciendo la aclaración que uno lo ve desde "afuera", con otros parámetros culturales que nos condicionan y eso es importante.
Estoy segura que en este caso y en otros similares (como bien acotan en distintos comentarios, en muchas culturas milenarias el casamiento a muy temprana edad no es novedad, muy por el contrario) estas situaciones que nos chocan terriblemente no creo que se correspondan con lo que por aquí denominamos pedofilia en su peor sentido.
Hay que considerar que realmente se piensa que estos matrimonios son un bien para las niñas, ya que pasan a estar "protegidas" y eso es motivo de regocijo (!).
En este caso en particular creo inferir que deben ser huérfanas de milicianos, caídos por la causa palestina y el hecho de ser desposadas por otro miliciano (quizás hasta pariente cercano - fíjense que en uno de los videos la niña sale de la misma casa que el novio antes de la ceremonia) representa para la niña y su familia(y hablando siempre desde un punto de vista que NO comparto, aclaro) motivo de festejo, ya que pasa a estar "protegida".
El asunto de la consumación del matrimonio (si será a los nueve años o en el momento que sea) como así también su voluntad o el poder de la mujer de decidir su destino es algo que indudablemente NO se considera y es ahí donde apunto mi crítica y mi grito de espanto.
Que se vea no sólo como normal sino como beneficioso para las niñas estos matrimonios es la demostración que no existen para ellas los mismos derechos que le caben a cualquier persona, ya que no se contempla el derecho de tener una infancia sana y libre, acorde a su madurez física y emocional ni a la libertad de decidir su propio destino al llegar a la adultez.
Las consideraciones sobre las pautas culturales y políticas en las que se da este suceso pasan a ser secundarias, según mi opinión.
A lo que apunta mi crítica es a que en estos años NO deberían permitirse estas prácticas que quizás en otras épocas hubiesen llegado a ser "entendibles" (?)

Gracias a todos por aportar en forma respetuosa y abierta al debate.