jueves, 4 de abril de 2024

CADA JUEVES, UN RELATO: INCOMODIDADES - MI APORTE

 Con un relato algo más extenso de lo sugerido, me sumo a mi propia convocatoria. Para leer todos los aportes, pasar por el post anterior.



INCOMODIDADES

El perro del vecino la despertó temprano, aún antes que sonara la alarma de su despertador. Intentando aprovechar esos últimos minutos que aún le quedaban para levantarse, se concentró en la cálida tersura que suele brindar la almohada justo en el momento en que uno debe iniciar su rutina obligada. El caprichoso arrullo de una paloma en su ventana insistió en arruinarle el instante de placer que buscaba regalarse y terminó, malhumorada, por levantarse antes de lo programado. Su cara habitual de despertares resignados la recibió casi con sorna desde el espejo. Nada nuevo que decirse para enfrentar ese otro día. Sólo apuro por transitar lo que no amerita ni incógnitas ni festejos.

Luego de la ducha, el café. En realidad, descafeinado. Y sin azúcar, para más datos. Todo sea por el bien de su salud, según escuchó en la oficina y confirmó en internet. Trámite rápido, sin sobresaltos. Nada de radio ni televisión, para no amargarse desde temprano. Después frente al placard se dedicó unos minutos a combinar colores: una opción formal que se adaptara a su estatus laboral pero que no planteara a gritos su soltería plena, esa que intentaba de vez en cuando matizar con una salida entre amigas, como la de esa noche. Después de la oficina saldrían a tomar algo, y quizás en buena compañía, por lo que la opción de estrenar sus nuevos zapatos se le presentó como inmejorable. Altos, seductores, esbeltos. Un lujo. No aptos para estar mucho tiempo de pie, pero se las arreglaría. Justo antes de salir, en el whatsapp del edificio avisaban que uno de los dos ascensores de la torre estaba fuera de servicio. -Sonamos- pensó -En la peor hora- Aguantar a sus vecinos apretujados en una caja justo cuando su capacidad para socializar está en su punto más bajo. Paciencia. Bajar los quince pisos por escalera no era opción, y menos con sus zapatos de feme fatal.

Momento de larga espera en su palier, ansiando evitar a la de al lado, que habla hasta por los codos. Y al del C que hasta recién bañado huele a sopa de cebollines. No hubo suerte. Llegan los dos justo antes que se cierre la puerta y comienza el descenso tan temido. Después de la salutación obligada y la verborrágica entrega de las últimas novedades del edificio, el barrio y el país, la de al lado fue alcanzada por los efluvios cebollescos del otro integrante de la terna y optó por cerrar el pico. Breve tregua. En el décimo subió una regordeta con sus dos chicos. Uno de ellos bebé, llorón para más datos. Y el otro con tos, repartiendo gérmenes para los cuatro puntos cardinales. Disimulando detrás de sus papeles, la femme fatal no logra a la vez esquivar los virus, taparse los oídos, la nariz y preservar a la vez intactos sus zapatos. Todo sin evidenciar demasiado su incomodidad y desagrado. Al llegar al cuarto el ascensor se detuvo otra vez. Subió un señor bajito, de lentes, que por suerte no ocupaba mucho espacio y miraba para el suelo como estrategia antisocial consolidada.

De repente, el horror. El ascensor se detuvo en seco entre el tercero y el segundo y se quedaron varados. Los chicos aullando y saltando, la madre llorando, la de al lado insultando, el del C sudando a mares y al señor bajito se le escapó un chillido histérico, como de rata. Todo mientras ella, ya perdida la compostura, arrinconada en el extremo más protegido del cubículo, entre el espejo y la botonera, gritaba desaforadamente para que no le pisaran sus zapatos.

Al fin, después de un lapso indefinido que resultó tan interminable como una visita guiada al mismo infierno, la gente de mantenimiento logró destrabar el ascensor y liberarlos. Ninguna honra salió indemne. Cada quien mostró en ese trance lo peor de sí, y es sabido que de la vergüenza compartida no se vuelve… aunque por forzada urbanidad se intente disimularlo.

35 comentarios:

  1. Tremenda situación, súper incómoda. Bien relatada la situación en la que el nerviosismo al borde de la desesperación se hace presente y saca de cada uno lo peor, para luego volver a ponerse la máscara cotidiana de persona normal en la convivencia.
    No me resultó "incómodo" llegar hasta aquí, al contrario, la pasé muy bien leyendo.
    Abrazo.

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    1. Agradezco tu generosidad Osvaldo. Me alegra que te entretuviera el relato. Situaciones forzadas en las que debemos intentar aparentar lo que no sentimos nos descolocan a todos. Un abrazo y muchas gracias por leer con atención

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  2. Peor día para estrenar zapatos...difícil. Un anécdota muy divertida, pero por supuesto, muy incómoda :-)

    Un abrazo fuerte

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    1. Seguro! Si hay algo que he aprendido es no estrenar zapatos el día de un evento. Hay que domesticarlos en casa primero. Un abrazo y muchas gracias por leer Albada

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  3. Has rizado el rizo, más incomodidades imposible y yo con mi media claustrofobia jaja, Me habría quitado los zapatos y los habría tenido protegidos o preparados como arma. Buen relato creíble porque esas cosas pasan y los nervios acuden. Un abrazo

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    1. Astuta estrategia la de quitárselos. Se ve que por los nervios, no se le ocurrió jajaja. Un abrazo y muchas gracias por leer, Ester

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  4. He visualizado la escena y de veras que trago más incómodo por dios...
    No hay peor cosa que quedarse encerrada en el ascensor con tus vecinos que nos soportas, y durante un tiempo, aunque sea mínimo en un lugar tan minúsculo, tener que estar. En fin, es una situación muy desagradable e incómoda, cien por cien.
    Un besazo Neo, feliz finde.

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    1. Muy cierto. Peor resulta cuando ya se es antisocial y se tiene un nivel de tolerancia muy bajo. Un abrazo, Campi. Gracias por leer con atención

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  5. Moraleja: no estrenes zapatos nuevos, cuando debes asistir a una fiesta. Para "los malolientes", no conozco soluciones y mira que es repetitiva esa fauna.
    Está comprobado, que cuando terminas de hablar del tiempo, las conversaciones en un ascensor se enrarecen.
    Brillante escrito.
    Besos.

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    1. Muy cierto. A los zapatos hay que domarlos un poco antes de estrenarlos. Pueden ser una tortura. Me alegra que te gustara Juan. Un abrazo y

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  6. Los ascensores tienen sus pros y sus contras. y desd3 luego sin una fuente de incomodidades. Incluso sin coincidir en el tiempo, puede ser con el tema de los olores.
    El caso es que por la tarde ligó, no?. Ya puede estar contenta, con lo mal que empezaba el día.
    Besosss , Monica

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    1. Habría que preguntarle, Gabi. No sé si le habrá mejorado el humor, pobre! Jaja. Un abrazo y muchas gracias por la buena onda

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  7. Pienso que lo mejor para la prota es mudarse al campo en donde no se viva en edificio sino en una casita, separada de vecino alguno. De seguir en el edificio terminara en un manicomio o envejecida prematuramente.

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  8. jajaja cierto!. Le paso la sugerencia en cuanto la vea. Un abrazo y gracias por leer.

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  9. Es que en distancias cortas es difícil sentirse a gusto con todo el mundo y con según que elementos, más todavía! Je, je! Y en situaciones delicadas como esta, es normal que uno pierda la compostura! Y claro, luego queda la vergüenza que pasa uno, que es inevitable y que no te la quita nadie! Je, je! Un abrazote Neo!

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    1. A quien no lo ha puesto nervioso mantenerse en silencio en un viaje en ascensor, aún conociendo al vecino. No siempre cabe hablar del clima jajaja. Un abrazo y muchas gracias Marifé. Agradezco tu visita

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  10. Afortunadamente nunca me ha pasado esa "desgracia" porque lo es. Aguantar a cada uno de su padre y de su madre con sus histerismos y encima conocidos de vivir en el mismo edificio y el colmo es que te caiga un claustrofóbico, para preferir que el ascensor se estrelle contra el suelo.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Una desgracia, si, creo que lo es. Un abrazo y muchas gracias por leer con atención Tracy

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  11. Me ha resultado incómodo hasta leerlo, vaya agobio :)

    Muy bueno.

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    1. No era esa mi intención jajaja. Muchas gracias por la atenta lectura Beauseant. Un abrazo

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  12. Creo que hasta yo me habría puesto a gritar, no me gustan demasiado los ascensores y si se queda detenido creo que me da un ataque de claustrofobia, me gustó mucho tu relato y como lo contaste. Realmente una situación muy incómoda.
    Un abrazo.
    PATRIICIA F.

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    1. Nadie puede decir que en una circunstancia así no se altera, jeje. Un abrazo y muchas gracias por leer Patricia

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  13. Pero sus zapatos llegaron intactos... Eso sí, esas situaciones está claro que pueden sacar lo peor de uno mismo. Menudo susto se llevaron. Me ha encantado Mónica, también su toque de humor. Un fuerte abrazo

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    1. Siempre es bueno un toque de humor para matizar los malos trances. Un abrazo Nuria. Muchas gracias por leer con atención

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  14. La incomodidad llevada al extremo. Una situación límite que nos pone a prueba a todos y en la que cada uno muestra su perfil. Estupendo relato. Un abrazo
    lady_p

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    1. Me alegra que te haya gustado lady. Muchas gracias por leer. Un abrazo

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  15. Yo pensó que tu protagonista tenía que haber bajado en zapatillas ( como he leído en otro relato) visto lo que se le avecinaba. Los zapatos podían ir en una bolsa. Me imagino la escena y me entra una claustrofobia... Es buenísimo, besos.

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    1. La lógica diría que si, zapatillas hasta llegar y después ... A lucirlos! Jaja muchas gracias por leer con atención Moli. Un abrazo

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  16. Y tanto que es una incomodidad!!! quien no se ha quedado encerrado en un ascensor! y es terrible. Bien contado, buen relato. Gracias y buena semana. Santi

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  17. Gracias, Santiago por acercarte y sumarte a nuestros encuentros jueveros. Un abrazo y buena semana para vos también

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  18. Con dos palabras, femme fatale, me hiciste imaginar a la protagonista. Que tal vez tenga algún plan que suelen tener las mujeres fatales.
    Pero este idea no le fue propicio para eso, ni siquiera para mantener su propia imagen, que requiere esfuerzo para este estereotipo femenino.
    Está claro que el mantenimiento de los ascensores no era el mejor. Y la compañía, tampoco.

    Lo de usar una zapatillas, como comentaron antes, hubiera sido una buena opción. Y luego regresar a los zapatos.
    Muy bien contado. Un abrazo.

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    1. Anoto lo de la mala compañía de mantenimiento jaja. Coincido en que para ser femme fatal ga de ponerse muuucho esfuerzo. Un abrazo y muchas gracias por leer con atención Demiurgo

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    2. Ahora caigo que lo de la compañía lo decías por lis vecinos! Jajaja qué despistada!

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  19. Mónica, con esta situación te has lucido. En un solo día se juntan prácticamente todas las señales de mala suerte... Para empezar, ese despertar, que en mi caso, eso ya me tuerce el día. Pero, pufff.... La que has liado en el ascensor. Qué manera más maravillosa de meter ahí a todo el bloque incomodando a la protagonista (y al lector) cada vez más. Ha habido momentos leyéndote que, imaginando la situación, me he puesto mala.
    Tú aportación es inmejorable.
    Un abrazo!!

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    1. Hola 712! Jajaja me alegra mucho que te haya gustado y agradezco enormemente tus palabras. No quisiera pasar por eso de quedarme en un ascensor, apretujada, con otros incómodos involucrados! Un abrazo y muchas gracias por tu generoso comentario

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