jueves, 29 de octubre de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: La Muerte

Esta semana nos convoca María José desde su blog Lugar de encuentro para escribir sobre la muerte y aledaños. 

Mi aporte: LA OFERTA




“En el juego de la Vida, la Muerte lleva ventaja. Antes de empezar ya sabe cómo culminará la partida.” 

Sucedió un día que la Muerte cansada de la mala fama que había alcanzado entre los mortales, decidió intentar mejorar su fría imagen haciéndole a los pobladores de una villa una propuesta que interpretó como muy considerada: le otorgaba a cada quien, la gracia de elegir la forma de pasar a “mejor vida”. 

Vencida la primera impresión, a fuerza de insistencia y varias asambleas convocadas, la Muerte se esmeró en puntualizarles las ventajas de su inusual ofrecimiento. No es común que la Parca pase por un pueblo a cara descubierta y en tren de negociaciones. Es sabido que es astuta y ladina, por lo tanto más de uno, desconfiaba. 

Había de todo entre aquellos lugareños: comerciantes, guerreros, curas, maestros, sabios, ricos, pobres, desesperanzados, ilusionistas, mendigos, doctos, desahuciados, delincuentes, magos y locos. De lo más variopinta la gama entre aquella gente desprevenida que se vio sorprendida por aquella visita inusitada.

Por muchos días se organizaron largos y profundos debates filosóficos, jornadas de reflexión sobre cómo resultaría mejor morir, de qué forma cada quien preferiría sobrellevar el trance final, considerando que éste llega obligado y no caben las huidas. 

Hubo quien escogió una muerte heroica, rescatando inocentes y dejando huella a fin de preservar su nombre en el recuerdo de las futuras generaciones. Hubo muchos que a sabiendas pidieron una muerte indolora, en su propio lecho y en su vejez, serenamente y rodeados de hijos. Hubo otros más disipados, que pidieron morir en el mar mecidos en su canto final por viento, salitre y espuma. Hubo algunos que quisieron tranzar con la Muerte sólo después de hallar el camino de la sabiduría. Hubo avaros que enseguida optaron dar su aliento final colmados de riquezas, fama y lujos. No faltó quien pidiera morir por su fe, dando testimonio de santidad con su último halito de vida. Tan variadas como las personas puestas a debatir, fueron las formas en que eligieron fenecer, convencidos todos, después de infinitas discusiones, que una u otra sería la más conveniente.

El único que jamás asistió a una de esas interminables reuniones, fue al que despectivamente en el pueblo llamaban “el loco”. Intrigada la Muerte por aquella falta de interés ante su comedida propuesta, abordó al inocentón en el recodo del camino cuando éste volvía de una fructífera jornada de pesca y con sincera curiosidad le preguntó por qué no se había sumado a los debates sobre un tema tan importante.

El simple muchacho, con suma honestidad y sin un gramo de malicia le respondió que lo disculpase, pero a su generosa propuesta no le encontraba sentido. No entendía para qué iba a desperdiciar horas valiosas de su vida discutiendo sobre cuál sería el mejor final en lugar de limitarse a disfrutar el  tiempo del que disponía.

 


jueves, 22 de octubre de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: Títulos para relatos

 Me sumo con esta alocada trama a la propuesta que nos deja esta semana Dorotea, desde su blog Lazos y Raíces. Pasar por allí para leer todos los aportes.

Títulos sugeridos

EL HOMBRE DETRÁS DEL SILLÓN

UN ELEFANTE EN MI MESA

LA BALDOSA EN EL CANDELABRO

LAS PÍLDORAS DEL GALLINERO

LA CABRA EN LA CALLE



LA BALDOSA EN EL CANDELABRO

Cuando el inspector llegó, el equipo de criminalística ya estaba realizando la recopilación de evidencias: levantamiento de huellas dactilares, rastros de salpicaduras, relevamiento de los objetos tal como quedaron en la escena del crimen. Cualquier aficionado sabe que un pequeño detalle puede ser crucial para dilucidar un caso como ese, en donde el muerto se hallaba tendido en medio de la habitación con un balazo en la frente, restos de una nota de amenaza en una mano y un vaso a medio tomar sobre la mesa ratona enchastrada en sangre. Todo lo demás… dentro de lo previsible. El único elemento que llamaba la atención por lo inusual era una pequeña baldosa decorativa sobre el portavelas de un viejo candelabro. El diseño de la pieza coincidía con el motivo floral del piso de la entrada de la casa, que -luego de una pormenorizada inspección- fue ubicado en su faltante, bastante alejado del lugar del hecho.

Huellas, notas y registros telefónicos apuntaban hacia un mafioso contratista que había trabajado en la casa un tiempo atrás, aunque no lograban establecer el móvil para semejante tragedia. Sin encontrarlo, la acusación caería por falta de solidez.

Allí entró la astucia del avezado inspector, quien desde el inicio intuyó que la clave de la resolución podría estar en la pequeña pieza de cerámica dispuesta tan caprichosamente cerca del cadáver. Luego de varias noches sin poder conciliar el sueño imaginando las posibles situaciones por las que aquel cuadrado de cerámica hubiese podido desencadenar un asesinato, se le ocurrió observarla in situ, allí desde donde había sido desprendida. La diferencia de color era sutil, pero más evidente a plena luz del día. Repasó los restos de la nota recuperada de la mano del occiso y comprobó que hablaba de un descontento y de un monto no pagado. Ató cabos y pese a lo improbable, logró establecer una posible causa de semejante arrebato asesino.

A la mañana siguiente planteó el interrogatorio y con su reconocida astucia logró sonsacarle al homicida el relato pormenorizado de los sucesos: ante la disconformidad por la terminación de aquel piso embaldosado, el puntilloso cliente se negó a saldar lo adeudado al contratista, que inmediatamente respondió a los reclamos con una nota amenazante. A su vez, el exigente contratador pactó una cita simulando un acuerdo. Durante el encuentro al que el contratista acudió sin mayores expectativas, el dueño de casa no tuvo mejor idea que exhibir la baldosa descolorida –ya arrancada del solado- sobre el candelabro de la mesa, a modo de provocación, mientras con sorna y displicencia se servía un whisky diciéndole que le pagaría sólo si reemplazaba la baldosa en cuestión por otra que no tuviera falla. Varias bravuconadas después por parte de uno y otro, el pasado delictivo del agresor afloró en un disparo que atravesó la frente de la víctima sin darle paso a las disculpas. Fin del caso.

Reconfortado por haber resuelto un crimen con móviles tan inusuales, el inspector dedicó unos minutos a pensar sobre la naturaleza humana y los vericuetos impensados por donde surge la violencia acumulada de la gente. E inmediatamente después telefoneó a su mujer para hacerla desistir de la reciente idea que había tenido sobre cambiar el piso de la cocina en su proyecto de redecoración.


miércoles, 14 de octubre de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: Hay un Dios en mi sándwich!

Esta semana, con una propuesta bastante alocada, Roxana nos convoca a escribir sobre dioses en situaciones inesperadas. Mi aporte resultó algo más extenso de lo sugerido, pero juro que no pude recortarlo más sin que perdiera sentido. Espero sepan disimularlo.

Para leer todos los relatos, pasar por aquí



(imagen tomada de la red)


HAY UN DIOS EN MI SANDWICH 

Hacía ya cuatro días que no comía casi nada. Apenas un puñado de almendras halladas fortuitamente en el fondo de su mochila iba siendo el único sustento que venía racionando sin lograr calmar el gruñido de su estómago. Afortunadamente todavía contaba con un poco de agua para calmar la sed que ya agrietaba su garganta. Sin rumbo y totalmente desorientado en medio de aquella inmensidad de arena, el hombre presentía que su muerte sería inminente.

La pesadez de sus músculos crecía a medida que su piel ardía y se llagaba. Se escuchó llorar implorando un poco de sombra mientras en silencio se preguntaba cuál habría sido su pecado para culminar así sus días.

De repente la vio: recortada sobre el horizonte, una palmera. Desesperado por la necesidad de sombra avanzó como pudo hasta que logró alcanzar aquel tronco esbelto coronado por un maravilloso penacho de hojas arqueadas y verdes que parecían querer abanicarlo. Esbozando una sonrisa se dejó cobijar por esa anhelada frescura mientras se gratificaba con un sorbo del agua que ya se acababa.

Entrecerró sus ojos buscando olvidar el ardor de la piel inflamada. Afiebrado, se le dio por pensar en un sándwich: un tentador pan dorado y crujiente, abundantemente untado con mayonesa, exuberante lechuga fresca, tomates deliciosos exudando su jugo sobre tres capas de queso tierno y otras tantas del mejor jamón serrano. Para conjugar aún más sabores, rebanadas de palta bañadas en limón y encima, exquisita cebolla caramelizada rebozando aquel manjar soñado.

Al abrir sus ojos resecos por la deshidratación, no atinó a reaccionar. Justo delante de él, bajo la envolvente sombra de esa preciosa palmera, sobre una pequeña mesita de caoba cubierta con mantel de encaje, aguardaba -tal cual lo había imaginado- su exquisito sándwich, espectacularmente acompañado por una helada pinta de cerveza.

El grito de felicidad se le atragantó a la vez que se abalanzaba sobre aquella maravilla recién fantaseada. El extra de la cerveza helada se agradeció con creces mientras sus lagrimales marchitos lograban hacer brotar una lágrima de regocijo.

Reconfortado a más no poder, intentó ir atando cabos para comprender lo que estaba sucediendo… pero no lo logró. Menos aun cuando, desde el trozo de sándwich que quedaba sobre el plato, escuchó –estupefacto- una voz concisa y firme que le revelaba que era el mismo Dios quien, mediante esa estratagema, buscaba hablarle a su conciencia.

Fue en ese instante en que supuso que se había vuelto loco. Pero no. Pese a su incredulidad inicial, Dios continuaba manifestándose desde aquel impensado recurso en medio del desierto.

Lo primero que quiso comentarle al iniciar la charla fue que debía tratar de desprenderse de todo lo que antes había escuchado sobre su Persona. Que no era un Él, ni un Ella, pero si le venía más cómodo podía interpretarle como mejor le pareciera. No era fundamental eso y no ponía restricciones a la forma en que lograra percibirle cada quien que quisiera nombrarle. Al fin de cuentas el ser humano va armando su propia construcción mental de lo que le rodea y le fue otorgada la libertad de intentar aproximarse a la Verdad como mejor pudiera. Lo importante era su sincera intención de comprender, pese a que lo Absoluto escaparía siempre a su entendimiento.

Le habló más tarde de las infinitas variantes que fuera ensayando para hacerse presente en la realidad humana: a través de zarzas ardientes, desde una columna de humo, corporizándose como paloma, aleteando como flamas flotantes, o como ahora, desde ese sándwich. ¿Por qué no? No es menos válido ni menos digno, le aclaró. El poder de la Creación es inabarcable e infinitas resultan ser las aristas de su manifestación. Lo importante es que de alguna manera advirtamos que su fuerza creadora es consciente de las necesidades de sus criaturas y que, debido a su calidad omnipresente, puede percibir hasta el latido más sutil de cualquier individuo.

Otro tema del que quiso conversar poniendo mucho énfasis fue en la necedad de creer que de la humanidad depende el destino de la Naturaleza. Craso error devenido de suponer que aquí abajo somos especiales, con capacidad para alterar el equilibrio que está establecido en forma inmanente. La Naturaleza puede perfectamente prescindir de una especie y seguirá siendo igualmente armoniosa -le explicó- capaz de regular sin esfuerzo el intrincado equilibrio de los seres vivientes. El destino de la Vida va mucho más allá de lo que puedan obrar los humanos, aunque en el balance de voluntades, a la hora de determinar qué ha aportado o restado cada quien durante su existencia, todo importa -aún el más leve gesto de empatía o resistencia- le comentó.

En fin. La charla fue larga y muy fructífera. Sobre todo para el aturdido sobreviviente que intentaba, con cada palabra, ir desatando la encrucijada de sus pensamientos ante la inmensidad de la infinita Sabiduría que se le revelaba en aquella soledad… o al menos jugaba a revelarse frente a su perplejidad, todavía irresuelta ante lo que quedaba del apetitoso sándwich.

 


jueves, 8 de octubre de 2020

ESTE JUEVES, DOBLE APORTE: LA NIEBLA 2

Cuando las musas acuden con generosidad, no se las rechaza. Dejo un segundo aporte para la convocatoria que Cecy nos propone desde su blog. Pasar por allí para leer todos los relatos.



LA NIEBLA 2

Se había mudado hacía poco a esa zona cercana al puerto, pese a las recomendaciones de quienes pensaban que las dificultades que solían provocar los espesos bancos de niebla que se daban en ese rincón iban a impactar negativamente en su negocio. A esos argumentos él replicaba que básicamente su veterinaria funcionaría durante las horas del día, aunque no se cerraba a atender urgencias fuera de su horario, si se lo pedían.

Pero la razón principal para instalarse allí era que desde pequeño le fascinaba el mar y todo lo que en él acontecía, aún la niebla y las tormentas que solían producirse. Además, debido a su natural timidez, vagar por la costa protegido por esa mágica bruma no dejaba de ser un aliciente para su imaginación, que dejaba volar en medio de la irrealidad que ella le proveía soñándose distinto, más desenvuelto, más aventurero y hasta más romántico, cosa que de veras ansiaba ser para animarse a demostrarle sus sentimientos a una antigua compañera de clase con la que actualmente apenas mantenía una tibia relación en torno a la atención de su cachorro.

Esa noche quiso el destino que la pobre mascota enfermara y su secreta enamorada debiera recurrir a sus servicios a pesar de la bruma que cubría la costa. Aunque se lo propuso, durante la consulta no llegó a concretar ningún avance para demostrarle de una vez por todas lo que sentía. Su frustración se hizo furia contra su propia cobardía y mientras de lejos la contemplaba disolviéndose entre la niebla que ya cubría toda la calle, juntó coraje y buscó empujarse a enfrentar el motivo de sus desdichas.

Atravesó la plaza corriendo sin que ella lo viera, amparado por la espesa bruma que a estas alturas actuaba como su aliada. Se ubicó bajo el único farol encendido en la esquina por la que la mujer debería pasar y con la determinación que siempre soñó alcanzar en sus imaginarias aventuras, se dirigió hacia ella cortándole el paso y sin mediar palabra, escuchando los latidos de su propio corazón como si fuera el cabalgar de un potro, la tomó por los brazos y se dejó fundir en sus labios con su mejor beso.

La respuesta a su apasionado ímpetu fue de total entrega, sin necesidad que ninguno de los dos explicara nada. En ese instante, una espesura irreal y blanquecina los fue envolviendo con su magia, mientras la luna, curiosa, se las ingeniaba desde lo alto para espiarlos.


miércoles, 7 de octubre de 2020

CADA JUEVES UN RELATO: NIEBLA

De la mano de Cecy nos adentramos en la niebla. Para leer todos los relatos, pasar por su blog.



LA NIEBLA

El trayecto era largo si se lo hacía por el camino de la colina y más breve, pero más peligroso, si se lo hacía por la ruta del puerto, sobre todo si se lo realizaba durante las horas en que la densa niebla descendía sobre la costa. En esos momentos la visión podía llegar a ser definitivamente nula, por lo que casi nadie transitaba la zona después del crepúsculo.

Ella jamás hubiese tomado esa arriesgada decisión de no haber sido por la necesidad imperiosa de adquirir un medicamento para Tommy, su cachorro. La sola idea de arriesgarse como lo estaba haciendo esa noche, mientras la espesa bruma apagaba casi totalmente los focos que bordeaban la calle silenciosa, era algo que jamás hubiese pasado por su cabeza en instancias normales.

El aire nocturno que humedecía el empedrado iba calando su ropa haciéndola sentir más vulnerable, mientras un creciente escalofrío, mezcla de frio y nerviosismo, hacía castañetear sus dientes pese a su empeño en disimularlo.

A medida que avanzaba por la vía desierta, la niebla decididamente se iba concentrando a su alrededor borrando cualquier punto de referencia que pudiera inspirarle algo de calma y cobijo. Por un instante fugaz tuvo la clara sensación de no estar sustentada por nada más que la nube en la que sus pasos marcaban el leve repiquetear de sus tacos.

De repente presintió que alguien la observaba desde la espesura blanquecina, bajo la tenue luz que enmarcaba una farola. Justo al frente, recortada sobre la densidad brumosa, una silueta masculina alta y delgada avanzaba hacia ella con paso firme y determinado. Su corazón se detuvo como cada músculo de su cuerpo. Quiso gritar, moverse, pero no logró coordinar reflejos y pensamientos, aguardando sin poder reaccionar ante aquel extraño que ahora, sin mediar palabra, la sujetaba por sus brazos y con determinación aproximaba su boca susurrante hacia la suya.

Desde que tenía memoria había soñado con un beso como aquel. Intenso, profundo, capaz de atravesar su ser encendiéndolo locamente sin necesidad de frases acarameladas ni prolegómenos vanos. El frio interior que desde siempre había sentido comenzó a desaparecer con tibia dulzura, diluyendo sin esfuerzo toda la inquietud y el miedo con los que había crecido. Después la niebla se hizo miel y hasta la luna se las ingenió para hacerse un hueco y espiarlos.

De más está decir que desde esa noche ella sale a pasear a Tommy con suma frecuencia, andando sin temor por el camino del puerto justo a la hora en que la bruma desciende y se vuelve más espesa.


jueves, 1 de octubre de 2020

ESTE JUEVES, TOTALMENTE FUERA DE LA CONSIGNA...

Esta semana a raíz de la propuesta de Molí, quien nos invita a hacer una reseña de un libro que nos haya gustado (y como las reseñas tradicionales no son lo mío) me he escapado por la tangente y en lugar de eso, me he decantado por una ficción que se emparenta con el tema sólo en el nombre, jaja. Y encima, he rebalsado -lejos- el tope de las 350 palabras sugeridas así que me disculpo doblemente y por supuesto no pretendo ser agregada a la lista porque EN NADA me he ajustado a la consigna. Sepan disculpar!

Igualmente dejo el enlace para el blog de Inma y los invito a leer a los compañeros que sí han sabido responder a la propuesta de este jueves.

=)


(imagen tomada de internet)


LA RESEÑA

Una revista especializada le había encargado una reseña literaria. Se trataba de un libro antiguo y raro. De un autor del que no había escuchado demasiado y cuyo título no le despertaba ningún atractivo. Pero necesitaba el dinero y sin demasiado entusiasmo terminó aceptando el encargo.

Cuando recibió el ejemplar en cuestión, estuvo a punto de reconsiderar la oferta: a primera vista nada en él le despertaba interés como para atraerlo hacia sus páginas lo suficientemente motivado como para disfrutar de su lectura. Anteponiendo su profesionalismo por delante de sus gustos personales, decidió, al fin de cuentas, cumplir con los editores que en él habían confiado. Luego de un frugal almuerzo, se obligó a sentarse en su sillón preferido intentando despojarse de la mala predisposición inicial y lanzándose, resignado, a la lectura de aquel libro ignoto.

Leyó los primeros capítulos de un tirón avanzando por aquel sendero de palabras sin intuir muy bien hacia dónde se dirigía la trama, y ese hecho, en sí mismo, resultó ser aliciente como para seguir pensando en lo leído mientras se dejaba llevar por la duermevela que solía vencerlo a esa hora de la tarde. El  sueño que lo atrapó fue profundo y guiado por las impresiones surgidas de la previa lectura: de la mano de un personaje perfectamente delineado sin necesidad de obvias descripciones, el durmiente logró recorrer en detalle la casona en que transcurriera una infancia marcada por el abandono. Tristes recuerdos enunciados a modo de disculpas iban mostrando cómo -una personalidad de por sí bastante compleja- fue transformándose en una oscura sombra que apenas se reconocía como ser humano. La empatía hacia el personaje principal pronto envolvió al durmiente haciéndole confundir con su soledad. Sus propios borbotones de llanto lo hicieron despertar sobresaltado.

El desvelado reseñador decidió continuar con la lectura aprovechando que había logrado semejante sincronía con el protagonista. Esta vez con decidido interés, se sumergió en la narración que, inesperadamente, giró hacia una temática épica que lo descolocó hasta pensar que se había equivocado de libro. Primero en un paisaje desolado, luego, en una jungla poblada de criaturas fantásticas. La dinámica de los acontecimientos relatados logró enganchar al asombrado reseñador haciéndolo palpitar con cada nuevo encuentro que aquel personaje alcanzaba en lo que parecía ser el cenit de la historia.

Nuevamente el sueño venció al ávido lector absorbiéndolo en los ecos de aquella narrativa inusual. Se sintió irrefrenablemente arrastrado hacia aquellos mundos recién leídos, logrando observarlos sin esfuerzo desde el mismo punto de vista del multifacético protagonista. La emoción desbordante se manifestó en bruscos movimientos que le hicieron caer de su cama. Se despertó en el suelo, agitado y sudoroso pero sumamente satisfecho, sintiendo que había logrado salir airoso de increíbles aventuras.

Así, tendido sobre la alfombra, comprendió que aquel extraño libro no era uno más de los que suelen salir de imprenta. Algo en él lo hacía irresistible y como tal, comenzó a valorarlo.

Sin más dilaciones intentó retomar la historia en donde la había dejado, pero un nuevo detalle extraordinario volvió a descolocarlo: según recordaba el volumen no superaba los diez capítulos, pero luego de haber leído no menos de cinco, aún seguían pendientes más de ocho. Pensó, como es lógico, que se habría equivocado en su estimación y renovadamente entusiasmado se precipitó otra vez en aquellas páginas que tanto prometían.

El tramo que se iniciaba logró captar su atención haciendo que sus pensamientos se hilvanaran sin esfuerzo con las reflexiones que el personaje principal dejara brotar con elegancia e ingenio a medida que iba resolviendo curiosos enigmas y planteos filosóficos. Cuestiones que él mismo  siempre había intuido y jamás se alcanzó a explicar, desplegaban sus afirmaciones en aquellas páginas increíbles abriéndole a su intelecto numerosas aristas jamás imaginadas. El asombro fue dando paso a una indefinible satisfacción intelectual que lo dejó anonadado. El sorprendente libro en cuestión parecía sobrepasar todas sus expectativas, cosa que pronto debería intentar volcar resumidamente en su reseña.

A medida que avanzaba en la lectura, más diverso y sorprendente resultaba ser el contenido de aquel texto que no lograba catalogar ni analizar racionalmente. En forma paralela, mientras más leía, más páginas sin explorar surgían inexplicablemente esperando ser engullidas apasionadamente por quien a estas alturas se había transformado en verdadero fanático incondicional que sólo pensaba en seguir leyendo, sintiéndose cada vez más íntimamente identificado con aquel personaje que había logrado atraparlo con múltiples artilugios.

Varias semanas después, alertada por la gente de la revista que le había encargado el trabajo, la hermana del crítico arribó al departamento del susodicho, cerrado desde adentro y sin señal alguna de su propietario más allá de las infructuosas notas aisladas que dejara antes de desaparecer absorbido por aquel libro desgastado del que nunca alcanzó a hacer una reseña.