Feliz Navidad 2016!

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FIGURA Y FONDO

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...un personaje nacido de mi mano...

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jueves, 30 de mayo de 2013

ESTE JUEVES, UN RELATO: Ciudad utópica



Aquella ciudad tan idílica que había recorrido en sueños no le resultaba completamente desconocida, si lo pensaba bien, se parecía mucho a su ciudad natal, aquella que habitaba desde que su identidad comenzara a formarse enlazando memoria y corazón. Pero a la vez aquella Utopía soñada era muy diferente a todo lo que le rodeaba.

Pertenecía a un mundo donde la gente salía a las calles portando siempre una sonrisa. Niños y mayores parecían muy felices de andar por aquellas veredas pulcras y coloridas bajo las sombras frescas de los árboles frondosos. La buena convivencia entre vecinos se plasmaba sin esfuerzo tanto en las aceras como puertas adentro. La gente se conocía desde siempre y a nadie se le ocurría transitar sin ofrecer un sincero gesto de buenos días. Flores multicolores aportaban, generosas, desde ventanas y balcones la calidez de sus tonalidades contrastantes.

La prisa era allí un hábito desubicado. No existían los ruidos estridentes ni el hollín ni la basura arrojada poblando calles y avenidas. La gente era respetuosa de las normas que se había trazado para facilitar esa dicha urbana que se respiraba plena, sin que su realidad fuera noticia.

No exigía ningún esfuerzo transitar por las vías rápidas. Nadie se adelantaba al otro a causa de esa incontinencia ilógica que suele atacar a los automovilistas  en las horas pico del tránsito en nuestras ciudades más ajetreadas. Los vehículos eran silenciosos y no contaminaban. La mayoría estaban destinados al transporte colectivo. La gente allí viajaba muy cómoda y tranquila, aprovechando el breve trayecto para distenderse, leer, dormitar o simplemente disfrutar el paisaje urbano que maravillaba por su verdor y armonía.

Las distancias no eran excesivas. La escala urbana permitía a todos conocer a la perfección barrios y centros comerciales. El diseño del trazado surgía de las necesidades del peatón y no de los vehículos o la especulación inmobiliaria.

La gente sabía disfrutar de los espacios exteriores. Se sentía parte de su ciudad que los contenía seguros, sin conflictos ni inequidades. El río que corría a su vera les aseguraba un enriquecedor intercambio con la Naturaleza. Allí los pájaros abundaban y la gente se dejaba llevar por la tranquilidad que nacía de esa proximidad.

La organización de la sociedad nacía de una comprometida participación solidaria. Todos se sentían parte de un núcleo vital que los aunaba y por lo tanto todos opinaban libremente ejerciendo un democrático respeto.

Por distintos canales de información y participación la gente aportaba sus inquietudes y propuestas y a la hora de tomar decisiones, los debates nacían sin conflictos, dispuestos a enriquecerse con la opinión ajena. El equilibrio entre todos los sectores se practicaba con altura y sin fricciones inútiles, a sabiendas que el bien común era el objetivo de todos. Se cultivaba la honradez como valor fundamental de la sociedad, a la vez que se incentivaba el diálogo y la concreción de propuestas. Los discursos no se lanzaban al viento sin sustancia y contenido, por el contrario, se sabía que la palabra dicha era palabra empeñada y las ideas nacían como fecunda simiente de prosperidad y armonía.


Al punto de despertarse –quizás a consecuencia de la inocencia que inspira el primer destello de sol en la mañana- el soñador intuyó que quizás no fuera tan lejano ese mundo idílico, que tal vez no fueran tan imposibles de lograr aquel equilibrio y esa concordia  entre ciudadanos. Pensó que todo comienza con un primer paso y que de veras podría hacerse algún día realidad esa Utopía.


Más utopías jueveras, en lo de Juliano el apóstata

Para ver:



City in the sky from Tsvetan T on Vimeo.

miércoles, 29 de mayo de 2013

ALFORJAS




Que en tu camino por la vida
no se te queden
olvidados en algún recodo
la capacidad de asombro,
un manojo de esperanza
o la inquietud de seguir
descubriendo mañanas.

Que no se te pierdan
en el trayecto
ni la voluntad de
escalar montañas
ni de construir puentes,
o de reanudar el paso luego
de un aparente fracaso.

Siempre lleva en tus alforjas
un atadito de sueños
un buen libro para meditar
una sonrisa para compartir
y una experiencia para alentar
el buen andar
de los otros caminantes.

miércoles, 22 de mayo de 2013

ESTE JUEVES, UN RELATO: Nos tienen hartos!

Con 109 palabras aporto mi cuota de queja de este jueves...



Harta estoy de que las cosas sólo acaben bien en las películas. Harta y cansada de que nunca al final el delincuente vaya preso y se castiguen por una vez al menos, los negociados que se instalan en el riñón del poder y la justicia. Harta me tienen ya los que ningunean al que exige coherencia y honestidad como pilares fundamentales de lo que se pretende construir. Hastiada de los discursos huecos que pretenden explicar lo inverosímil, lo que no existe, lo que sabemos todos que es mentira. Agotada estoy por ver que uno tras otro se suceden delincuentes en el lugar que ansío ver, al fin, un justo.

Más testimonios de hartazgos, en La Bitácora.

jueves, 16 de mayo de 2013

ESTE JUEVES, UN RELATO: Fiebre de oro


Esta semana la propuesta juevera llega de la mano de Juan Carlos, y me ha traído a la memoria una trilogía que escribí hace un tiempo -El Dorado- con una temática que se emparenta con el título propuesto para este jueves.
Transcribo entonces la segunda parte y dejo, por si a alguien le interesa, los links correspondientes a la primera y a la última parte de la historia, como dije, ya antes publicada.



UN INFIERNO EN LEJANAS TIERRAS

Avanzando como pueden entre la espesa jungla que se esmera en ahogar las pocas esperanzas que le quedan, aquel puñado de aventureros lucha por vencer el hambre, el cansancio y el calor sofocante que los ha diezmado.

Llevan, altivos, cascos y escudos, armaduras y lanzas, aunque el portarlos les signifique un enorme peso extra que conspira con su ya poca resistencia.

Animales y aborígenes salvajes, insectos, fiebre, pestes y tormentos. Uno a uno los hombres van cayendo, sucumbiendo en aquel mundo hostil hacia el que se embarcaron hace ya tanto…los recuerdos de sus respectivas tierras natales se diluyen entre el impenetrable follaje que parece extenderse hacía el infinito.

Pese a todo, aún late intenso e incontrastable el fulgor de la llama que los trajo hasta aquí. La fuerza de los sueños suele ser más fuerte de lo que parece y aunque cueste creerlo su ánimo aún no se ha doblegado ante las adversidades que les han tocado en suerte.

No todas las decisiones han sido acertadas. Las traiciones y las cobardías estallan por doquier y la avidez por las riquezas hace que hasta los hombres más confiables se transformen en fieras salvajes que irrespetan honra y linaje. Son pocos los que aún entienden que es la fortaleza de su espíritu íntegro y cabal los que los mantendrá a salvo, fuera del alcance de flaquezas y banalidades. Es Dios mismo quien los pone a prueba con tantas vicisitudes… y si tamaña es la tentación a vencer, enorme será luego la recompensa. Gloria y riqueza los esperan. Esta vez lo siente a flor de piel.

La distinción del blasón real contrasta con la uniformidad de la jungla. Resulta muy estimulante verlo allí en lo alto, flameando en su pica, en medio de este territorio hostil que nada sabe de civilización y honor. Los hombres renuevan su fe y su perseverancia al mirarlo, y las expectativas que los han traído hasta estos rincones remotos, alejados de todo lo conocido, recobran su fuerza.

Cada vez son más precisos los relatos que les llegan de boca de los salvajes: un Rey Dorado, un reino de riquezas inimaginables. Una ciudad de oro y maravillas inconcebibles en medio de la jungla, esperando ser, por ellos, descubiertas y conquistadas. Hacia allí van, luchando contra toda clase de peligros, poniendo a prueba su fe y su integridad, avanzando hacia lo desconocido con la convicción de quienes saben que es la voluntad de Dios quien marca su camino.

No habrá que dejarse vencer  por la desazón ni por el hostigamiento de los salvajes que los acechan entre las sombras. No en vano han llegado hasta allí. Es la Fe y la Verdad los que los impulsa y serán ellos los que lleven hasta los rincones más remotos la grandeza de su raza. Es enorme su entrega. Será acorde su recompensa.

De improviso, al bordear por un estrecho camino entre riscos, un enorme valle alcanza a verse en la lejanía. En medio de él, un gran lago se extiende, majestuoso, como espejo resplandeciente que se engalana con el color del cielo reflejado.

Los aborígenes que hacen las veces de guías y traductores han logrado obtener nueva información de los salvajes que van encontrando a su paso. No hay duda ya. Ese parece ser el lago del que hablan las leyendas nativas. Allí, en esas aguas, el Rey Dorado realizaba en otro tiempo su ostentoso ritual de ofrendas áureas. A juzgar por lo que narran los salvajes, el fondo del lago debe estar repleto de piezas de oro. Un digno botín para la Corona. Una merecida gloria para ellos.

La palpable proximidad con lo que sin duda es el mítico Dorado despierta en los hombres todo el vigor que ya creían perdido. Las miradas recobran su brillo, los corazones laten con más fuerza…la ansiedad por ver de cerca aquellas aguas los impulsa a apurar el paso aunque sepan que al hacerlo aumentan los riesgos.

Pasan más de dos horas y han avanzado muy poco. Mucho menos de lo que su impaciencia – que ya es desesperación – puede soportar.

Han escuchado que los aborígenes de esas tierras son particularmente crueles. Hasta se comen unos a otros! Eso los inquieta aún más y hace que el desprecio por esas bestias aumente su esmero por llevar los Santos Evangelios hasta donde aún no ha llegado la Palabra de Dios.

Otro hombre ha caído recientemente, presa de la fiebre o por la mordedura de alguna serpiente…no importan los detalles. Lo mismo da. A estas alturas la muerte es casi una compañera más del trayecto y sólo sirve para que la expedición retrase más aún su marcha a costa de calmar en algo las conciencias: hay que honrar a los muertos y rezar por sus pecados. Al menos así se allanará en algo su entrada al paraíso cuando sea la hora.

La senda se pierde otra vez tragada por la espesura. Los insectos parecen querer atravesar hasta las armaduras con sus aguijones. El calor aumenta y se hace más húmedo y espeso el vaho que los envuelve.

El hombre se siente afiebrado, agotado…pero no puede desfallecer…no ahora que están tan cerca de poder realizar sus sueños.

Su armadura lo sofoca, le aprieta su pecho a más no poder, por eso decide sacársela. Es breve el alivio, pero igual lo disfruta. Mengua en algo aquel calor infernal pero no cesan de embotarse sus sentidos.

Sus pensamientos se hacen más desordenados, más lentos, como si su razón se hiciera polvo y su cuerpo fuera apenas un títere sostenido por débiles hilos invisibles. No logra razonar a voluntad. No consigue mover sus extremidades ni reaccionar según le dicta su instinto de conservación. Ve claramente venir la flecha. Hasta logra entrever el color de la pluma que la balancea: es roja. Tan roja como la sangre que ahora mana de su pecho y parece hacerse flor…un rojo intenso, como el del blasón real, ese que ondea en lo alto de su pica y parece ahora despedirlo con una letanía…el Dorado…el Dorado…allí está…por fin…




Más relatos jueveros, en el blog de Juan Carlos.

lunes, 13 de mayo de 2013

DEPENDENCIA Y COMPLICIDAD















Por causa de ser electos
estacionan
en todo campo
sus legiones.

A punta de mil excusas,
de mentiras,
de extorsiones
o de humo.

A fuerza de impunidades
perversiones
falsedades
o sofismas.

A cambio de concesiones
de sobornos
distracciones
e injusticias.

Apelando a falsas reglas
y unicatos,
viejos odios
y discursos.

A fuerza de connivencia
atropellos
restricciones
y barullos.

Sin razón y en consecuencia
nos obligan
nos imponen
nos exigen,

mientras ellos van creciendo
nos someten
nos ofenden
nos injurian.

A causa de creer distinto
nos ignoran
nos manejan
y restringen.

A cambio de estar callados
nos someten
nos expropian
nos sojuzgan.

A riesgo de acostumbrarnos
consentimos
divagamos
resignamos.

A fuerza de no hacer nada
somos cómplices
responsables
de lo que ocurra.

sábado, 11 de mayo de 2013

CAMBIO DE CABECERA

Como tenía ganas de renovar un poco el blog, decidí actualizar la imagen de la cabecera. Sé que haber reemplazado a Sharon Stone por la imagen de mis ojos puede resultar un desatino jejejee...pero me pareció un gesto más auténtico.
Que tengan un buen fin de semana!

jueves, 9 de mayo de 2013

ESTE JUEVES UN RELATO - Corazón Contento

Esta vez, la propuesta juevera que nos hace llegar San plantea utilizar en un breve texto una lista de 12 palabras variopintas. 




Él haciéndose el malote le dice sésamo, ella se empeña en llamarlo ajonjolí, lo cierto es que entre ambos se entretuvieron toda la tarde, amasando sin descanso los panes para los bocadillos que servirán en la noche.
Con voz endulzada, y marcado gesto zalamero él comienza a desatarle, juguetón, las tirillas del delantal de cocina. Su mano lábil se desliza con delicadeza por la cintura de ella, quien, desde el ventanal y entre suspiros, se deja seducir por el oleaje tempestuoso de un mar inquieto que acompaña desde lejos su idilio culinario.
Él, con la gracia propia de un experimentado galán de cine, descorcha el champan helado que se guardaba en la heladera. Lo sirve en delicadas copas de cristal que tintinean al unísono cuando se juran amor eterno sellándolo con un brindis. Las burbujas chispeantes que atraviesan sus gargantas avivan el torrente interior que aflora, apasionado, despertado con el primer beso.

Nota: aclaro que, ante la duda, decidí utilizar el sustantivo voz en lugar del pronombre vos. Y eso que soy argentina!...



Más relatos de Corazones Contentos en lo de San

lunes, 6 de mayo de 2013

FINAL DE LA HISTORIA


ENTRE LIBROS, LUCES Y ESCENARIOS
Decidí seguirlos sin ser vista –eso creo- luego que se fueron del bar aquella mañana de sábado de otoño recién nacido y comprobé que no es nada mezquina su entrega, no es unidireccional el sentido en que despilfarran sus energías.
En ese libre fluir de idas y venidas ellos emanan lo mejor de sus destellos. Van hilando fino sus influjos, compartiendo -con quien esté dispuesto- esa magia que a veces es confundida con desatino, con pantomima, con locura inocua, con inconsciencia que merecería ser reprimida.
Ellos se esmeran en buscar los sitios más poblados, más transitados, desde donde irradiar la bondad de su libertad sin límites. Quizás hasta vayan calculando con elaborada ciencia fáctica, desde qué sitios se trasporta mejor su energía, mejorando así la eficiencia con que lleguen a aprovecharse sus beneficios.
Uno los suele encontrar en avenidas céntricas, en plazas, en bares, en cines… o en librerías como El Ateneo Grand Splendid –frente al mismo sitio donde los vi desayunar- Allí ellos se desenvuelven con mágico encanto circulando a su antojo. En medio de un gentío importante de transeúntes, turistas y amantes del arte, van haciéndose ver entre libros, discos, fotos y exhibidores de pulcros cristales. Tal vez sea en sitios como ese desde donde logren aumentar aún más la epifanía que significa, para el desprevenido paseante, el encontrarse de improviso frente a frente con semejante dislate de colores, transgresiones y normas.
En general, cuando uno entra a un sitio tan increíble como esta librería –antes teatro- a la que me refiero, la mirada se deja llevar por el impacto inicial que produce el conjunto: estanterías infinitas poblando lo que fueran hall, foyer, salón principal, galerías y palcos, iluminadas con la justeza ideal para que el visitante se sienta cómodo. Seguidamente uno se pierde en los detalles: de piso a techo, la decoración floral, dorada sobre colores suaves, para rematar en el maravilloso fresco del cielorraso, que emula ser un particular firmamento que se abre, poblado de figuras celestiales, pájaros, y numerosos personajes que parecen rendir pleitesía a una dama central en actitud de equilibrio y reflexión. Ante semejante cenit, el escenario teatral original se presenta con su impactante telón rojo, siendo no ya marco para las antiguas representaciones escénicas, sino como contenedor de quienes gusten tomarse un descanso, un café, o lo que se les ocurra…justo allí, donde el trasfondo de lo que alguna vez aparentó ser realidad se muestra desnudo tal cual es: bajo parrillas de spots y luces multicolores se descubren, descarnados y pulcros, las bambalinas de lo que desbordó otrora magia irreal y polvo de estrellas.
Desde ese sitio especial en el que hoy, paseantes, lectores, estudiantes y curiosos se congratulan ante la maravillosa conjugación de teatro y libros plasmada ante sus ojos, nuestro par de ángeles urbanos se empeñan en aumentar con su presencia el sortilegio que allí se respira. La inquieta pareja revolotea extasiada entre volúmenes de Borges y de Plutarco, de Cervantes y de Shakespeare, se entremezcla cándidamente entre antologías de cuentos fantásticos y casi ignotos libros de poesía.
Sin darse cuenta, la gente comienza a acompañar discretamente con movimiento de pies o cabezas el ritmo de la leve música funcional que nace desde ocultos parlantes, la misma que lleva a los ángeles, con etéreos pasos cortos, a la aventura de bailar unos compases allí, frente a todos, con gran despliegue de elegancia.
Luego de la improvisada danza, mientras los elegantes dedos de él se mueven como palomas entre las hojas crujientes de las novelas y crónicas literarias, ella, embebida de rosas y suspendida entre rasos y tules, busca inquieta poetas clásicos de antiguos linajes.
Entre querubines dorados y molduras de grácil diseño el espíritu de todas las personas se aligera aún más y casi logra traspasar los límites físicos de la librería. Verlos a ambos allí, en medio de aquella atmósfera de poesía y teatro, sobrevivientes a la adversidad de no ser prioritarios y urgentes, resulta, para quienes con ellos coincidimos, una situación emblemática, una señal del cielo, un paradigma digno de ser dilucidado. Quizás el sólo hecho de comprobar que existen, sea señal para recordar que nosotros en cambio hemos dejado de ser, para apenas limitarnos a aparentar, lo que se espera que seamos…y es así que el alma humana empieza a caducarse.
Es por eso, sin dudas, que se nos han enviado estos ángeles. Para advertirlo. Para recordárnoslo. Para ayudarnos.
Mientras los ocasionales observadores angélicos seguimos hilando pensamientos en torno a lo que ellos nos irradian, dentro de aquel recinto privilegiado las musas llegan pronto en bandadas, buscando anidar en las mentes de quienes han llegado hasta allí para degustar letras ajenas e intentar tallar las propias. Es así que se inicia otra modalidad del encantamiento angélico: la inspiración.
Mediante lo que nos va sugiriendo su propia presencia, nuestros pensamientos se van adiestrando en la búsqueda de razones. Razones por las cuales ellos son como son y nosotros, en cambio, nos limitamos a envidiarlo, a menospreciarlo o a criticarlo. Y es con esa nueva excusa que se desenrolla el ovillo y van surgiendo las consecuencias de lo que vamos intuyendo. Bajo forma de poemas, cuentos o burdas barrabasadas, los que insistimos en dejar palabras en nuestro camino solemos experimentar la necesidad de escribir sobre estos maravillosos seres trascendentes que nos iluminan con su intervención en este mundo contradictorio (tan dramático, a veces, y tan ridículamente incomprensible, otras).
Habrá quienes, insistiendo en ver la realidad como una simple sucesión de causa y efecto empíricamente comprobable, intenten contradecir mi afirmación y nieguen –imagino la sonrisa socarrona- cualquier posibilidad de existencia de seres angélicos, ya sean urbanos o de los otros. Los entiendo. Hasta hace poco yo era uno de esos escépticos.
Pero los he visto. No sólo andar y desplegar sus dotes de encanto singular, como les he narrado. Los he visto poner en práctica sus sobrenaturales técnicas de seducción y sus elaboradas estrategias de transformación anímica. Los he visto jugar y triunfar frente a  la apatía fastidiosa y al sometimiento implacable que pretenden cobrar los años.
Los he visto sembrar sonrisas, poblar de perfumes y colores el aire, diluir a su paso smog e indiferencias, hacer nacer instantáneamente tema de conversación en quienes antes a duras penas se miraban. Los he visto incomodar con su sola presencia a los soberbios, a esos que se creen superiores al resto de los mortales. Los he visto sojuzgarlos, haciendo gala de fingida o real ignorancia frente a sus burlas y destrozarlas, haciendo sobrevivir su magia aún luego de haberse alejado de ellos.
He comprobado su intacta inocencia en el espejo de los ojos de los niños, quienes, abiertos siempre a lo puro y a lo bello, les han tendido de inmediato e incondicionalmente sus manitos. He comprobado que a su paso, las nubes se van disipando, mientras los rayos de sol buscan aunque más no sea acariciarlos. He visto posarse más de una paloma sobre el nido de sus sombreros, y lejos de inquietarse, ellos ahí las dejaron, brindándole cobijo, intercambiando calidez, quizás hasta algún gesto cómplice. He visto renacer por su causa ilusiones perdidas, musas recobradas, alegrías dormidas.
Pero para que no hubiese lugar a dudas y mi razón no tuviera ya motivo para cuestionar mis apreciaciones –tildadas tal vez de subjetivas- he podido ver mucho más: los he visto a ambos diluirse ante mis ojos, allí, entre las estanterías de lo que fue paraíso en el antiguo teatro que hoy es librería. En el Ateneo Grand Splendid, ellos, tomados de la mano, se fundieron –casi- entre el color pastel del decorado, haciéndose parte de lo que aparenta ser pintura y quizás sea en cambio –esto sólo lo sospecho- acceso hacia un verdadero sitio celestial. O tal vez no sea así. Tal vez no exista el paso y sólo estén ellos aún allí, camuflados, camaleónicamente disimulados entre las flores y las aves del cielorraso esperando que otra vez se haga de día y vuelvan, entre colores, sueños y risas, a contagiar con su magia a los humanos que aquí abajo, casi siempre deprimidos, solemos ansiar la llegada de ángeles como ellos, para que con su generosidad, nos pongan más rayos de luz en nuestras vidas.

domingo, 5 de mayo de 2013

SEGUNDA PARTE DEL RELATO ANGÉLICO


Segunda Parte: RAYOS BREVES DE SOL
(imagen tomada dela red)
Toparse con ellos es contemplar el sol de cerca. Sentir que se pueden transgredir las normas sin necesariamente caer en el intento. Al verlos charlar animadamente –entre ellos o con la gente con la que interactúan- uno comprueba que el mantener siempre viva la capacidad de asombro, rejuvenece por dentro y por fuera, destruye la apatía, vuelve más interesante el transcurso de las horas, le da sentido al intercambio vital y cotidiano, aunque el hecho parezca intrascendental o superfluo.
Contemplarlos así, sin complejos de inferioridades ni absurdos, nos pone el acento en las cosas que son verdaderamente importantes, en esas cualidades que nos hacen revalorizar nuestras diferencias, esas circunstancias que nos hacen comprender que todos somos iguales - paradójicamente- en nuestra necesidad de sentirnos individuos en libre convivencia.
La magia que irradian sus miradas -ávidas aún por descubrirlo todo- vuelve a reencontrarnos con el valor de la inocencia. Verlos así, ancianos en apariencia pero joviales y plenos en espíritu, logra conmover aún los corazones de quienes se han dejado ya caer en la inercia de ver el mundo como una masa amorfa de grises, sin bellezas ni contrastes, sin sorpresas ni matices.
Luego de superar el primer gesto irreflexivo de burla que nos nace al encontrarnos frente a frente con su desenfado natural y para nada fingido, esas dos almas volátiles y leves como el más ingrávido suspiro, logran tocar con su candor las fibras más recónditas de nuestras sensibilidades dormidas. Hasta sin mirarnos a los ojos nos hacen sentir de cerca la vivacidad de sus gestos, provocándonos sana envidia por poder vivir su libertad sin temer las consecuencias.
De esa manera ellos van abriéndose paso en nuestras pobres rutinas. Se nos hacen presentes en nuestros pensamientos aún después de habérsenos cruzado en el camino. Si con sólo transitar la misma calle por la que andamos consiguen inquietar nuestras mentes prejuiciosas, mucho más nos logran trastocar si el intercambio se concreta con miradas directas, roces de manos, cruces de palabras o fragancias esenciales conmoviéndonos los sentidos.
Veo claramente el poder de sus efluvios cuando inmediatamente hacen nacer en el rostro -antes adusto- del mozo que los atiende, una honesta y clara sonrisa. La misma sigue instalada allí, como gesto que no es burla ni piedad ni picardía, y continúa acompañando al hombre el resto de la mañana, aunque sigan bombardeándolo con quejas, sinsabores y cansancios las tareas no gratas de todos los días.
Así actúan, así dejan su huella esos frágiles seres angélicos que se nos atraviesan sin pedir permiso en nuestras vidas. Ellos no necesitan clarines ni trompetas para anunciar su venida, ni solicitan del sol sus resplandores, ni amerita el encuentro grandes desafíos: sólo basta confiarles un momento de nuestra cercanía, un hálito de aire compartido, un segundo de atención, un instante de su gracia desmedida, y ellos logran aplastar con su presencia la monotonía que –asumimos- nos es exigida al sabernos adultos.
Ellos nos confirman, con sólo cruzársenos, que la vida puede ser mucho más que sobrevivir otro día, que intentar lucir nuevos colores es fuente de alegría, que sobrellevar el paso de los años como premio y no como castigo es posible, es sano, y es beneficio. Uno logra comprender que transportar a los demás al paraíso con una franca sonrisa es factible. Sin que importe si el sex-appeal  nos ha sido concedido, uno puede contagiar lo mejor de nuestro espíritu, así, sin trabas, complejos o temores a hacer el ridículo frente a aquellos que no arriban, todavía, a la cima de lo que por medio de ellos, los ángeles, llega luego a ser comprendido.
(continúa en el próximo post)

sábado, 4 de mayo de 2013

A PROPÓSITO DE UNA NOTICIA, UNA REEDICIÓN

Luego de ver publicada la siguiente nota, y recordando la oportunidad que tuve de estar allí, maravillándome -en primera persona- entre esos muros, quise reeditar una historia que publicaré en tres partes y que precisamente nació el día que visité por primera vez la Librería Grand Splendid en Buenos Aires.


DE ÁNGELES URBANOS
Primera Parte: SIN ALAS Y EN PAREJA
Alguna vez escuché hablar de ángeles urbanos, pero nunca imaginé toparme con uno…mucho menos con dos…pero lo que nunca hubiese acertado a sospechar es la apariencia que estos seres acostumbran presentar y menos aún, la forma con que consiguen tender sus sutiles hilos angelicales dentro de la trama compleja de la vida de la gente, que convive con ellos sin siquiera suponerlo.
Estos seres, lejos de parecerse a la imagen preconcebida que uno suele tener fijada en el inconsciente, no poseen aspecto solemne o intimidatorio. Tampoco son carilindos seres alados que surgen en los momentos críticos para iluminar con su luz celestial el camino de las almas piadosas. No cuentan con un aspecto sobrecogedor o magnífico o de belleza sublime. No. Resulta que más bien suelen asumir aspectos casi insignificantes, minúsculos… Sumamente vulnerables por su aparente rareza, locura o inocencia, despiertan en su entorno una conmiseración tal que puede hasta llegar a provocar burlas en personas no muy propensas a conmoverse frente a las actitudes poco cuerdas o ridículas de sus semejantes.
Estos etéreas entidades celestiales sumergidas -vaya uno a saber desde cuándo- en medio de nuestras vicisitudes cotidianas, adoptan un aspecto casi irrisorio a la hora de materializarse a nuestro alrededor, sin duda para disipar toda sospecha sobre sus sobrenaturales poderes y quizás hasta para poner a prueba nuestra capacidad de empatía con seres más desprotegidos.
Un indicio palpable de lo que aquí sostengo es la personalidad encantadoramente demodé que dos de ellos suelen mostrar al pasearse inocentemente en medio del bullicioso centro de Buenos Aires, en plena avenida Santa Fe, alguna mañana cualquiera -como la del sábado en que yo los vi- tomando, con encanto singular, un frugal desayuno en la tradicional cafetería y pizzería  La Farola.
Tanto ella como él, de baja estatura, bien entrados en años. Leves en su andar, notoriamente tambaleantes, aunque con una elegancia innata –pese a lo ostentoso y poco habitual de su vestuario- trasuntando un aura casi irreal que pone de manifiesto sus características sobrehumanas, muy por encima de la mediocridad prosaica y la chatura monocroma de nuestros convencionalismos.
Luciendo gastado traje de lino color té con leche él, camisa blanca impecable, cerrados todos los botones hasta el cuello, con corbata de moñito verde intenso, mocasines casi amarillos muy bien lustrados, medias blancas, veraniego sombrero tipo panamá de alas cortas sobre su cabeza apenas poblada de escasa pelusa nívea. Se sienta con evidente placer en una de las mesas mejor ubicadas sobre la vereda, bajo una sombrilla roja que lo protege del aún cálido sol otoñal. Ella, mientras tanto, desenfadadamente más glamorosa, se acerca lentamente con paso delicado, collar de perlas de varias vueltas, enteramente vestida de rosa -variando solamente las tonalidades- tanto en su amplia blusa de raso -con destacada flor de grandes pétalos a un lado- como en su falda vaporosa que el viento hace ondular con gracia. En su cabeza –luciendo voluptuoso e inmóvil peinado de peluquería- un extravagante sombrero de rafia adornado con gran cantidad de flores -todas rosadas- rematado por ancha cinta al tono, culmina en moño sobre su nuca. El atuendo singular se completa con gran bolso de cuero blanco que pende sobre su antebrazo, mientras que sus manos envejecidas buscan precavidamente asirse a los respaldos de las sillas que rodean la mesa ocupada por su galán. En cada dedo de su mano derecha, un anillo, resplandeciente en gemas multicolores, mientras la izquierda luce extraño mitón de eslabones plateados entretejidos que se inicia en la muñeca y culmina, delicadamente sujeto al monte de Saturno del dedo medio. Sus pequeños pies –quizás alguna vez con andar más seguro –se equilibran a duras penas sobre coquetos zapatos blancos con hebillas y tacones tipo chupete, mientras - casi sin disimulo- aprovecha el reflejo que la puerta de vidrio le devuelve de su rostro para comprobar el ansiado efecto que, complementando el conjunto, otorga su recargado maquillaje. Sin dudas complacida por lo que ve, haciendo un gracioso mohín que trasunta inexplicable ternura, saluda atentamente al mozo que parece conocerla y que, con suma presteza, atina a retirar la silla en la que ella se dispone a tomar asiento.
En ambos seres angélicos, todo es sofisticada exageración, delicada exuberancia ridículamente amalgamada. No hay nada en ellos que pase desapercibido: la sonrosada transparencia de su piel, la candidez de sus miradas, la arbitrariedad y el anacronismo de su atuendo, la desenfadada originalidad de su atrevimiento, la esplendorosa inocencia de sus sonrisas…
La gente los mira sin excepción. Algunos más descaradamente; los más, esbozando una sonrisa socarrona; otros, imbuidos en sus urgencias sólo les brindan una mirada inexpresiva al pasar, sin comprender qué significa la peculiaridad del hecho. Cada cual a su manera recibe en forma instantánea un atisbo de la brisa especial que los envuelve -algo de su incomparable frescura- pero nadie sospecha siquiera el poderío de su naturaleza angelical, no se imaginan la magnitud que su energía iridiscente puede llegar a alcanzar, cuando ellos se lo proponen y sus protegidos están dispuestos a recibirla.
(continúa en el próximo post)

jueves, 2 de mayo de 2013

ESTE JUEVES, UN RELATO:Dolor emotivo

Mi aporte juevero de esta semana viene bajo forma versada y romanticona, aunque no autobiográfica!




DOLOR EMOTIVO

Si me vence el rencor,
si me sella por dentro…
Si me atrapa el pavor,
si me deja sin fuerzas…
Si se acaba mi fe,
si me ahoga el recuerdo…
no serán la razón
ni la falta de amor,
ni el olvido que venza.
Será otro el causal
de ese oscuro siniestro.
Será obvio quizás
y sin dudas ni excusas:
será grande, el dolor
por haberte mentido,
pero más por el perdón
que sonó sin sentirse.


Más relatos emotivos, en lo de Lucía.

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