Feliz Navidad 2016!

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FIGURA Y FONDO

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sábado, 31 de enero de 2009

QUIZÁS NO COMO TODOS LOS DÍAS…(esto lo escribí hace ya casi dos años!)





(Nota: la diferenciación en el tipo de letra indica una realidad distinta)





Como todos los días, cansado después del día de trabajo, el joven espera, en silencio y con cara de hastío a que llegue el ómnibus que lo llevará de vuelta a su casa.
Como todos los días, hay más de diez personas en la parada, algunos bostezan, otros leen el diario que como todos los días los bombardea con su cuota de pesimismo y malas noticias.
Cuando sube al colectivo, con el andar lento y sin queja se dirige hacia el fondo. Se ubica junto a una ventanilla dejándose caer descuidadamente sobre el asiento.
Con los ojos perdidos en un punto distante, se entretiene soñando con una vida distinta, llena de sorpresas y aventuras, una vida que merezca ser vivida, no como esa que padece, siempre igual y grisácea, sin penas ni glorias, sin demasiadas alegrías.
El ómnibus comienza su marcha mientras el muchacho parece sumergirse en un letargo que lo aleja de ese espacio y de ese tiempo.
Los primeros minutos del largo trayecto siempre suele dormitar apoyando su cabeza sobre el vidrio, pero hoy no lo hace, quizás queriendo romper la aplastante rutina de todos los días con pequeñas innovaciones como ésa; sin demasiadas pretensiones, pero variaciones al fin.
Sumido en una pesadez que casi lo inmoviliza, fija su atención en un grupo de muchachos parecen divertirse mucho jugando al fútbol. Los sigue con al mirada mientras piensa que siempre ha sido ése su deporte preferido aunque nunca se ha decidido a practicarlo. Por una u otra razón no ha encontrado el momento para hacerlo, y así van pasando los años y nunca cumple ese deseo.
Entrecierra los ojos y lo invade una somnolencia extraña, distinta a la que padece siempre cuando viaja.

El sol cae a pleno sobre aquellos jóvenes que juegan; de pronto, se acerca él, caminando decidido, y casi sin saber cómo es aceptado de muy buena gana y enseguida se suma al juego.
Le dieron el puesto que siempre quiso ocupar, donde pensó que mejor se luciría.
Apenas unos cuantos minutos en el segundo tiempo y siente como si lo hubiera hecho desde siempre, con una habilidad que a él mismo lo sorprende y que todos celebran. En una jugada memorable, cuando falta un minuto para que acabe el partido, recibe un pase y logra meterse por entre la defensa de los contrarios; uno y otro los esquiva mientras logra a hacerse un espacio desde donde patear.
El gol es magnífico, de aquellos que quedan grabados en la memoria. Todos festejan y lo levantan en andas, aunque apenas lo conocen desde hace media hora.


Entreabre los ojos con una sonrisa en los labios, no sabe por qué, pero se siente mucho menos cansado, no como todos los días.
El trajinar del ómnibus lo perturba, quisiera permaneces así, como inerte hasta llegar a su casa, sin preguntarse demasiados por qué, aunque estén resultando necesarios. Con esos pensamientos estaba cuando lo distrae una muchacha atractiva que camina por la vereda.
Le parece reconocer que se trata de una vecina a la que suele ver cuando sale a trabajar temprano por las mañanas. Siempre le gustó, pero nunca se animó a hablarle, no por ella sino por él mismo, porque pensaba que no quería arriesgarse a conocerla para luego sufrir una decepción.
Mientras la mira pasar desde la ventanilla, lamentándose como siempre por su eterna indecisión, siente que sus ojos caen otra vez en el sopor que lo protege de la rutina de andar siempre lo mismo.

El sol comienza a ocultarse detrás de los edificios más altos, ahora se refleja en la vidriera del negocio donde se detiene la muchacha, la imagen de ambos se funde con la luz dorada del crepúsculo que se duplica como en un espejo. La silueta grácil de la joven lo seduce y parece animarlo a hablarle.
Cuando él se le acerca, los ojos de ella, que lo reconocen, parecen alegrarse y lo invitan a preguntar eso que sin pensar surge de sus labios y en seguida recibe, aunque sin saber cómo, la mejor de las respuestas. Roto el hielo de los primeros momentos, así los dos, casi rozando sus dedos al andar, se dirigen caminando hacia cualquier lugar donde los lleve la tarde. Esa tarde que a pesar de su inicio igual a todos, parece depararle muchas sorpresas.

Entreabre los ojos con una sonrisa en los labios, no sabe por qué, pero se siente mucho más contento, no como todos los días.
Mirando con dejadez a través de la ventanilla, el paisaje cercano al río, su mente queda a la deriva, imaginándose otros cielos, otros horizontes.
Cuando se incorpora en el asiento, alguien nuevamente atrae su atención, esta vez es un niño que juega a lo lejos, en el parque de la costa. El pequeño intenta en vano remontar un barrilete, si bien hay buen viento no consigue hacer que la cometa se eleve y por la carita que pone, eso lo frustra enormemente. Contemplándolo, el muchacho recuerda su niñez y piensa cuánto hace que no se toma un día para disfrutar, simplemente para jugar y dejarse llevar sin preocupaciones.


El sol comienza a despedirse y el niño parece ya darse por vencido cuando solícito, el joven recoge del suelo el barrilete y con la seguridad de quien lo ha hecho muchas veces se ofrece para ayudar a remontarlo.
Mientras él sostiene el barrilete contra el viento, el niño se aleja en dirección contraria y cuando el hilo queda tirante el muchacho le da la orden para que comience a correr. Suavemente, mecido apenas por la corriente favorable, la cometa comienza a elevarse y sigue subiendo hasta que parece detenerse cerca de una de las nubes más bajas. En ese momento el niño sonríe satisfecho comprobando cómo puede dirigirlo a gusto, siguiendo las instrucciones que el muchacho le indica.
Ambos se quedan mudos un instante, tan sólo dejándose atrapar por la magia de aquel momento.

Entreabre los ojos con una sonrisa en los labios, no sabe por qué, pero se siente mucho más liviano, no como todos los días.
Al final casi de su trayecto alcanza a ver por la ventanilla del colectivo, a su padre, que caminando solo regresa también de su trabajo. El hombre parece muy cansado, con la cabeza gacha y los ojos húmedos como si estuviese llorando o si se hubiera negado a hacerlo. ¿Cuánto tiempo hace ya que no se hablan? ¿Cuánto tiempo hace que no comparten unos minutos a solas?
El sol se está ocultando ya cuando el muchacho sin pensarlo dos veces, desciende del ómnibus y con paso apurado procura alcanzar a su padre que se aleja.
Lo llama desde la vereda de enfrente y consigue que detenga su marcha. Sorprendido éste por encontrarse con su hijo y aún más porque éste se haya decidido a bajar antes de su parada tan sólo para caminar con él, lo pone contento… desacostumbradamente contento.
Ambos se detienen y mirando hacia el oeste, abren bien los ojos para contemplar el crepúsculo con una sonrisa en los labios; no saben bien por qué (o quizás sí), pero se sienten mucho más felices, no como todos los días.





DIVAGACIONES SOBRE EL CAMBIO









Cuando la situación es adversa y la esperanza escasa, las determinaciones drásticas resultan ser las más innovadoras.

Todo cambio conlleva la posibilidad cierta de mejorar, y ser mejor equivale a haberse superado y potenciado a través del tiempo y a partir de experiencias anteriores.

Sobreponerse y ajustarse a los imponderables, superando los miedos y las circunstancias adversas nos hace crecer por dentro. Esa capacidad de transmutación demuestra la esencia de un espíritu vigoroso al que no doblegan las contingencias, las tragedias o las elecciones equivocadas.

Cualquier movimiento, no importa su causa, es creador. El punto de partida para esa capacidad constante de adaptación y superación es la satisfacción consigo mismo, buscando alcanzar la sabiduría a partir de las fluctuaciones, las idas y vueltas, las partidas y los retornos.

Paradójicamente, el cambio es lo único inmutable en todo lo que está vivo; es condición intrínseca de la misma Naturaleza.

Cuando se acaba la voluntad de innovar, ese entusiasmo por el aprendizaje vital y por la superación, es entonces que comenzamos a declinar…es quizás cuando nos entregamos a morir.







jueves, 29 de enero de 2009

POR FAVOR...NO PONGAN ESPEJOS EN LOS ASCENSORES...









Se los aconsejo, se los pido, más que como profesional, como simple portadora de un físico que se transforma en productor de una imagen anómala, en cuanto se encuentra en un sitio reducido y con grandes superficies reflejantes.
No pongan espejo en los ascensores…
Si se quiere provocar una sensación de mayor amplitud recurran a la argucia de utilizar otro tipo de materiales y texturas…o jueguen con las luces. Esas que se acostumbran a instalar, adecuadas para iluminar los flashes más cruentos de las películas de terror y colocadas en forma rasante sobre el susodicho espejo son inhumanas.
Nadie, por más hermosas que sean sus facciones sale bien parado. Es una crueldad. Una cruda manera de cachetear la autoestima de quien, incauto, cruza el límite entre algún pasillo o hall, más o menos agradable y se enfrenta, sin aviso ni anestesia a ese impiadoso auto reflejo “de lo que mostramos” (nótese que no digo “de lo que somos”. Nadie puede reponerse fácilmente a semejante suplicio forzado: el tener que permanecer por varios minutos contemplando, con lujo de detalles, nuestra cruenta imagen espejada cuyos defectos, ángulos filosos, redondeces varias, ojeras de noctámbulo, arrugas, pecas, lunares, granos y demás subespecies dermatológicas nos asaltan, desprotegidos, en ese cubículo de tormentos que resulta cualquier ascensor con espejo.
Ni hablar lo impiadoso de colocar espejos de cuerpo entero!...ni siquiera nos queda el recurso último de bajar la vista huyendo, púdicos de aquel rostro gastado que nos grita en silencio: “de esto no te escapas”!!!!
Alguna vez leí (seguramente en esas revistas que se acumulan en las salas de espera de oficinas y consultorios) que los yanquies y los japoneses son los únicos que, al entrar en un ascensor, automáticamente y al unísono se colocan parados de frente a la puerta, así se trate de un ascensor muy amplio y de que el trayecto que se deba realizar implique estar sumergido en un mar de espaldas y olores de desconocidos (parece ser que en todos los otros países la gente se ubican más libremente, enfrentando cualquier pared o charlando con otras personas). El artículo en cuestión, daba como razón de ello a la practicidad y eficiencia que reina en dichas sociedades. La gente estaría habituada a aprovechar al máximo cada minuto de su tiempo y colocarse enfrentando directamente la salida del ascensor, implicaría disminuir el tiempo que se utiliza desde que se comienza hasta que acaba el trayecto. Se me ocurre otra teoría. La causa que puede existir es que ellos han encontrado ese recurso (quizás ya incorporado inconcientemente) para huir de sus propias imágenes reflejadas: dándoles la espalda, concentrando su atención en la puerta o en sus propios asuntos pendientes, ellos se protegen del negativo influjo de los espejos, montados en el fondo o en los laterales, por alguna mente siniestra que sólo busca dañar y deprimir.
Se rumorea que esos pérfidos sicópatas diseñadores están utilizando desde ahora el malévolo recurso de colocar espejos en las mismas puertas de los ascensores para shockear en masa a los que ya se habían habituado a encontrar en esa estrategia la segura manera de huir de sus propios reflejos. De esa manera, a modo de telón que se descorre, y dada la proximidad con que se lo enfrenta, el efecto devastador aumenta y el efecto sorpresa ataca con mayor impiedad.
No es justo. Debemos iniciar campañas para que esto acabe. No es ya una súplica, no es un simple pedido…es un reclamo!!!, con todas las letras…!!!
Quienes venimos padeciendo este suplicio de enfrentar en reiteradas ocasiones ese otro yo que nos contempla desde el otro lado del espejo, exhibiendo impudoroso nuestras más temidos defectos, no siempre podemos recurrir a la manera más sana y simple de escapar utilizando las escaleras. No todos son tan ágiles. A veces los pisos a recorrer son muchos y no todos estamos para semejantes desafíos. Subir diez pisos a pie por no enfrentar una imagen fantasmal que se puede evitar tampoco es de cuerdos. Mucho más lógico es no poner espejos y ya…tan definitivo como eso…

Así que, amigos, recurro a este blog para iniciar una masiva campaña (global sería un término más contemporáneo) y así reclamar por nuestros derechos:
NO A LOS ESPEJOS EN LOS ESCENSORES!!!!

...he dicho!



martes, 27 de enero de 2009

LIBÉLULAS (otra dedicatoria para Sinhué!)





(para quien no esté al tanto aclaro que las numerosas entradas sobre libélulas que se están dedicando al amigo Sinhué no es a causa de que sea un entomólogo frustrado o algo parecido, jajaja...se debe a la convocatoria que él hiciera, en su momento, para quienes se animaran con algún relato o poesía que tuviera como tema este insecto...así que, para no ser menos, dejo aquí mi contribución, jejjejee)


EL ORIGEN DE LAS LIBÉLULAS (prosa)



En un principio, eran las hadas…Bellas, libres, inocentes…disponían de su magia para improvisar, con su levedad y su aleteo, pequeñas alteraciones en la suerte de los humanos. De la manera más impensada, la vibración de sus alas lograba influir, aunque a veces indirectamente, de uno u otro modo en el destino de los mortales. Si, por ejemplo, una de ellas revoloteaba por largo rato alrededor del pino más alto en un bosque en la que hoy es Inglaterra, un pastor en la China recibía la bendición de nuevos nacimientos en sus rebaños. Así funcionaba la cosa. Más allá de la lógica humana, y aparentemente en manera caprichosa, con su fluir, la poderosa magia de las hadas lograban beneficiar o alterar lo que, de otra manera, podrían haber sido sólo desdichas. Se cuenta que en la belleza de sus colores irisados residía la mayor parte de su prodigio. Las más azules eran las indicadas para asunto de amores. Las más verdes, en cambio, se especializaban en viajes, sueños y encuentros inesperados. Las había de alas casi doradas y eran ellas las que disponían de la fortuna de quienes buscaban tesoros y riquezas. Poco a poco los humanos lograron descifrar ese magnífico poder y en su vanidad y ansias de supremacía sobre la Tierra emprendieron una ardua persecución sobre aquellas bellas criaturas que sólo les brindaban bendiciones y a las que ellos, en su locura y mediocridad de corazón, intentaron, en cambio, dominar. Por siglos, las capturas fueron incesantes. Los reyes más poderosos de las primeras grandes civilizaciones humanas dedicaron la mayor parte de su tiempo a perseguir e intentar sojuzgar la magia de las hadas en su provecho, pero todos sus intentos fueron vanos. Aunque lograban atrapar a muchas, nunca consiguieron que el sortilegio funcionara a voluntad. Todo lo contrario. A pesar de ser seres inmortales en libertad, aquellas mágicas criaturas se morían en cautiverio. Y la idiotez de los hombres casi las llevó, después de algunos milenios, a su total desaparición. Fueron contadas las que escaparon a aquellos cruentos intentos de dominación. Desesperadas, buscaron refugio donde pudieron y su poder fue menguando a medida que se sentían más cercadas. Su capacidad de improvisación y alteración del destino de los mortales fue quedando cada vez más acotada, quizás por la tristeza que las invadió después de que se vieran reducidas a una pequeña colonia, escondida en los lagos templados de un bosque solitario. Convencida de que su destino sería el de su extinción si no hacían algo para revertir la persecución, una de ellas, la más astuta, ideó un plan para alterar sus propios destinos. Debían conseguir camuflarse ante la vista de los seres humanos, pasando desapercibidas para no ser atrapadas y terminar prisioneras bajo la tutela de algún malvado rey que se pretendiera todo poderoso. Pero cómo iban a disimularse era lo que no tenía muy definido. Debían seguir siendo ágiles, porque de sus vuelos dependía su supervivencia. No deberían ser muy llamativas porque sabían de la tendencia humana a apropiarse de todo aquello que resultara bello y atrayente. No podían perder todo su colorido, porque en ello radicaba su magia. Después de mucho discutirlo, decidieron asumir la forma de un insecto. Ligero como el aire, rápido en sus vuelos, de variados colores tornasolados pero no tan atractivo como las hermosas mariposas que tanto inspiraban a los primaverales poetas. De esta manera, las sobrevivientes, organizadas en una multicolor bandada que brillaba como irisado desfile bajo la luz del sol del mediodía, comenzaron a aletear todas juntas, ascendiendo en vertical cortejo hasta tocar, casi, al astro rey. En ese breve instante en que sus cuerpitos se sintieron trasmutar, se produjo el milagro: esa multitud de bellas hadas se trastocaron como etéreas libélulas, esbeltas y elegantes como las criaturas que eran antes, pero con la gran levedad de poder pasar desapercibidas hasta para el mismísimo aire, y así, lograr sobrevivir…

EL ORIGEN DE LAS LIBÉLULAS (versos)



En aquel lejano tiempo
en el que la magia
reinaba sobre la cordura
las hadas volaban libres
regalando su hermosura
Pero los humanos fueron
desde siempre testarudos
pretendiendo sin medida
ser los dueños y señores
de la Tierra, con holgura.
Acosadas por la cierta
extinción que se avecina
con encantos, esas hadas,
transformaron sus figuras.
Desde entonces el aspecto
de esas ninfas perseguidas
ha tornado su apariencia
como etéreas criaturas.
Y es por eso que aún alada
y afinando su cintura
hoy el hada se hace insecto
que a la luz se transfigura.
Ella suele reprimirse
cuando el hombre se avecina
pero libre y con soltura
es que sueña y disimula.
Se ha mutado en leve insecto
de azules tornasoles
elegante y con destellos
que su magia insinúan.
Es libélula que brilla
a la luz de alguna luna
con su alas transparentes
ya es más aire que figura.







lunes, 26 de enero de 2009

TRILOGÍA DEL PARAISO - Parte final




SOY EL ALFA Y LA OMEGA

Soy el Final y el Principio, lo Efímero y lo Eterno, la Energía y la Materia, soy la Causa y la Consecuencia, El Origen y el Destino. Mi Fuerza es lo primordial de todos los inicios, hacia Mí confluyen todas las conclusiones.


Me hice carne en mi Creación, en cada una de mis Criaturas. Soy Ellas y Ellas soy Yo, aunque aún no lo hayan descubierto. Cuando sufren, soy Yo el que sufre, cuando aman soy Yo el que está amando.

Me complace verlos crecer, aunque a tientas avancen, sin saber que de Mí nacieron y a Mí volverán, ese es el Ciclo eterno que sé que no alcanzan a comprender en su magnificencia. En esa búsqueda de la Comprensión se encuentran desde que les di Vida, porque ése es su real Crecimiento.

Por saberse vulnerables han tejido más de una leyenda para aplacar la Inquietud que les despierta sentirse Nada frente a mi Todo, frente a Mí mismo, que soy Ellos, pero como los amo tanto y quiero que crezcan, les he dado Libre Albedrío, aunque también ese regalo cuestionan cuando ven desconsolados el fruto mismo de su Ignorancia.

Son frágiles, fatuos, transitorios, pero a la vez fuertes, trascendentes, eternos. Son una constante paradoja y ahí radica su mayor riqueza: son dueños de Ser y Hacer lo que quieran y para su resguardo los he hecho parte íntima de mi Creación, de mi Totalidad, que los abruma y a la vez inspira.

Me enternece verlos maravillados frente a lo que llamaron Luz, frente a lo que llamaron Cielo.

Me complace sentir que disfrutan Todo lo que les he dado, aún cuando sé que en un futuro, avanzando en su necedad, se enfrentarán a la exigencia imperiosa de cambiar su actitud ante el real peligro de que su egoísmo y descontrol provoque la desaparición de la Vida tal como la han conocido.

Sé que muchos me culparán por sus males y me ignorarán en su bonanza. Pero para eso los he creado, para que en su devenir por la Vida vayan creciendo en Conocimiento y Virtud intentando acercarse a este Origen, a este Principio y Fin que soy Yo y que no comprenden.

Mi pobre Adán, sintiéndose Nada, deambulando entre su necesidad de aprender y su fragilidad carnal de Hombre que no puede detenerse ante la Muerte, tendrá que aprender a sobrellevar sus Miedos y Egoísmos, su Vanidad, su eterno destino de errante en un Todo infinito en el que a veces se siente Dueño, y otras muchas, apenas Polvo.

Intentará muchas veces reemprender su rumbo junto al vigor que le da mi Eva, (casi ave por su constante necesidad de vuelo) buscando en su Razón las respuestas a todo, y cuando no las halle, cuando se enfrente a los Misterios que trascienden la capacidad de su mente, retornará a la Intuición, que siempre continuará guardada en su rincón más íntimo a pesar que a veces la niegue por irracional y primaria.

Mi frágil Eva, más fuerte por dentro de lo que es por fuera, siempre estará atenta con su corazón abierto, cuando el Destino los ponga frente algún abismo, cuando sus decisiones no le sean propicias, Ella sacará fuerzas para seguir adelante, de la mano de lo que un día intuyó y llamó Esperanza.

Ambos, dualidad de un mismo Todo, energías opuestas de la misma Naturaleza, avanzarán buscando Saber y Comprender, complementarse, vencer la angustia del sobrevivir sin la protección que en el Origen sentían junto a Mí, aunque no me vieran.

En su intento de explicar su historia, fabularán suponiendo que a Una la he hecho con parte del Otro, y no ha sido así…los dos han surgido al mismo tiempo, separándolos de la misma sustancia primordial los he moldeado, no a mi imagen, porque no la tengo, pero sí he depositado en Ellos mi Hálito, mi Impulso, mi Espíritu, mi Fortaleza; y al poco tiempo los enlacé, para que ambos siempre se presintieran, como lo hacían ya Conmigo en aquel Inicio.

A causa de su vanidad, Adán creerá muchas veces que es dueño de la que es su compañera y actuará, ignorante, sin considerar que son iguales, partes opuestas de un mismo todo: la Humanidad, que se extenderá y crecerá por sobre el resto de mi Creación, a la que a veces considerarán como propia.

Buscarán trascender intentando miles de caminos, algunos fatuos, otros hostiles, otros peligrosos y sin sentido, algunos serán nobles, generosos, desinteresados, muchos otros, impropios y mezquinos. Ninguno será definitivo, siempre les dejaré abierta la puerta de la Oportunidad, hasta el último minuto en que tengan vida; hasta allí les toleraré sus Críticas, sus Errores, sus Necedades, porque son parte de Mí y los he creado para que cada uno encuentre su Destino.

Adán y Eva…mis Criaturas, mis consentidos. En su ilusión de saber todas las respuestas desconocerán su propia Ignorancia e inventarán historias, leyendas, mitos, religiones. Presumirán frente a ellos mismos de manejar a su antojo lo que no les ha sido dado más que para Ser, para Crecer…se creerán muchas veces capaces de ser Yo, aunque no sepan que Yo soy su misma Naturaleza.

Les costará comprender, les llevará una Vida, y para algunos, ese tiempo no será suficiente.

Pero siempre estaré; cuando me busquen y cuando me nieguen, cuando me encuentren y cuando me olviden. Porque soy la Causa de que Sean, el Destino hacia donde se dirigen.

Mis Criaturas: desde el Origen les he regalado la Palabra, la Razón, la Intuición, los Sentimientos, el Cuerpo, las Sensaciones. Hagan con ellos lo mejor que puedan. Son los instrumentos que les he dado para que crezcan; porque el verdadero sentido de su Vida, ese que han querido descubrir desde aquel trascendental mordisco, no es el arribo al Final del camino, es el mismo Andar el que les mostrará su Sentido…


domingo, 25 de enero de 2009

TRILOGÍA DEL PARAISO - Segunda Parte



UN AVE SIN ALAS

Cuando abrió los ojos una luz intensa la deslumbró. No sabía lo que era. Se sentó, tratando de sacudir el infinito sopor que la obnubilaba.

Se incorporó como pudo, sosteniéndose sobre sus pies vacilantes. Se mantuvo erguida por primera vez y casi sin saber por qué, dio su primer paso.

El aire era fresco y eso la hizo sentirse con la fuerza suficiente como para intentar caminar. Una vez que aprendió a equilibrarse los movimientos se sucedieron con naturalidad y dejó de preocuparse. Se dedicó entonces a contemplar lo que la rodeaba.

Había abundancia de plantas y animales, olores y colores. También miró por encima de Ella, y vio que la luz intensa provenía de un punto imposible de mirar directamente sin deslumbrarse. Se descubrió las manos. Con ellas se recorrió entera, palpándose y sintiendo que en un rincón de su pecho había un latido rítmico que no cesaba.

La belleza infinita de toda la Creación la envolvía. Y en medio de ella se sintió vulnerable.

La luminosidad fue cediendo el paso a lo que llamó Noche. Fue allí cuando comenzó a sentirse cansada y descubrió la necesidad de reposar. Buscó algo que le resultó más cómodo y se tendió de espaldas, sobre lo que al fin llamó Suelo, y si lo que estaba bajo Ella así se llamaba, decidió nombrar Cielo a lo que estaba arriba y que ahora se llenaba de bellas luces diminutas; se emocionó cuando supo que era Estrellas cómo debía nombrarlas. Así lo hizo, y se sintió feliz.

Cuando abrió los ojos por segunda vez, se conmovió al reencontrar lo que había descubierto la vez anterior. Experimentó una conexión intensa con todo lo que la rodeaba. Se animó a explorar y conocer lo que aún no había descubierto. Ávida por ver, escuchar, sentir, tocar y probar todo lo que lo rodeaba, continuó poniendo nombres a cada cosa que más la conmovía. Una de las primeras que nombró fue algo pequeño, delicado y perfumado, cuyo intenso color la atrajo en forma inexplicable y de la misma manera hizo que decidiera tomarla y ponerla entre su pelo. Intuyó que debía llamar Flor a esa belleza y se sintió satisfecha.

Mientras otra vez llegaba la Noche quedó extasiada con el gran círculo blanco que se elevaba poco a poco sobre la línea que dividía el Suelo y el Cielo. Antes de cerrar los ojos por última vez ese día, supo que debería ser Luna el nombre de esa luz.

Esa noche soñó con la belleza de la Flor y volvió a emocionarse. Supo sin saber por qué, que no era Ella la única que tenía noción de existencia en medio de aquella inmensidad. Intuyó que en algún lugar al que todavía no había llegado, esa Entidad esperaba que Ella la descubriera y esa certeza hizo que se sintiera plenamente reconfortada.

Fue día otra vez y nuevamente se sintió feliz de sentir y andar. Se detuvo un momento junto a un lago. El Agua que ya había descubierto y nombrado, se encontraba allí quieta y serena, mostrando sobre ella todo lo que estaba por sobre su cabeza. Descubrió su propia imagen reflejada en esa superficie y se estremeció cuando vio que un bello pájaro se duplicaba junto a su reflejo. Se sonrió y deseó poder volar como aquel ser al que quiso nombrar Ave y por desear parecérsele pensó que nombrarse a sí misma Eva la haría elevarse como aquél animal volador lo hacía.

Continuó mirando con complacencia su propia figura reflejada en el Agua quieta; fue la primera vez que tuvo real conciencia de su aspecto. Sintió cómo Ella misma era parte de esa maravillosa Creación.

Esa noche no tardó en dormirse. Lo hizo complacida por haber encontrado un buen nombre para sí misma mientras se imaginaba volando entre las Estrellas que nunca dejaban de maravillarla.

Cuando cerró los ojos, otra vez, la misma sensación de que en esa inmensidad había Alguien más con conciencia de existir la volvió a conmover, lejos de inquietarla, la sola idea de que fuera cierto le bastó para hacerla sentir íntimamente ligada con la inmensidad.

Fue día otra vez, pero al despertarse, se sintió más vulnerable. No sabía cuál era el motivo, pero en lugar de dejarse llevar por la aventura cotidiana de explorar y descubrir, prefirió quedarse en un lugar que le brindó cobijo mientras la primera Lluvia que presenciaban sus ojos nuevos comenzaba a mojar el Suelo y todo a su alrededor.

Mientras contemplaba ese Agua caer lánguidamente sintió que en su costado algo la oprimía. No era una sensación externa, era más bien la necesidad íntima de hallar algo que la completara. Sintió que todo lo que la rodeaba no era suficiente para llenar ese angustioso hueco que adivinaba cerca del lugar desde donde provenían los latidos de su pecho. Se sintió como nunca antes se había sentido. Llamó Soledad a ese vacío creciente y Llanto al agua que caía de sus ojos acompañando la lluvia primera.

Esa noche no hubo Luna ni tampoco pudo ver las Estrellas. Buscó en vano la sensación de compañía que surgía cuando cerrabas sus ojos, pero no la sintió esa noche. Llamó Tristeza a lo que sintió cuando escuchó la caricia del viento rozándole su cara y otra vez volvió a llorar sin saber bien por qué.

Fue día otra vez y el Sol salió intenso como ya se había acostumbrado. Cuando se puso de pie vio que había quedado un resto de Agua de la que había caído del Cielo esa noche, y al descubrir allí otra vez la imagen de su rostro reflejada recordó el motivo por el que había decidido nombrar Eva a su propia identidad y así, contemplando una bandada de Aves que cruzaba el Cielo límpido supo que todo lo bueno que necesitaba estaba por venir; esa sensación la gratificó por dentro; emocionada y complacida, la llamó Esperanza.

Entrecerró los ojos y sintió la brisa fresca sobre su cara y sintió que se renovaba por dentro. Como si tuviera alas en sus pies dejó que la mañana le diera la bienvenida y con los brazos extendidos bajó corriendo una colina, pensando que así podía llegar a abarcar en ese momento la totalidad de la Creación que otra vez se le presentaba plena y exuberante. Simplemente se dejó llevar por ella y cuando abrió los ojos descubrió muy cerca de Ella a Uno que se le parecía, pero que a la vez era muy diferente.

La intrigó desde que lo vio. No quiso acercársele enseguida para reconocerlo, decidió mirarlo de lejos, tratando de esconderse detrás de unas hojas.

Algo de esa criatura la emocionaba en forma especial y si bien se sentía atraída, a la vez le complacía la idea de mostrarse algo esquiva. Lo notó torpe e inseguro y eso la hacía sonreír.

Se dio cuenta que Él la había descubierto y que desde ese momento no podía dejar de mirarla. La idea de desorientarlo le producía un sutil placer que nunca antes, en su corta vida, había experimentado. Decidió que sería divertido hacerle creer que lo ignoraba: simulando poner su atención en una hermosa Flor que crecía junto al lago, la cortó y se la colocó entre sus cabellos, mientras la brisa los hacía mecer suavemente y el Sol parecía quedarse en ellos. Se sintió seductora, bella, deseada y eso la complació. Comenzó a correr de improviso, alejándose de Él pero cuidando que no la perdiera de vista para que así se animara a seguirla.

En el rincón de los latidos de su pecho, sintió que el ritmo se aceleraba, tuvo la seguridad que no era sólo por el hecho de correr, y eso la excitaba más. No entendía qué era aquello que sentía, pero supo que era bueno y que le hacía olvidar la Soledad.

Para su sorpresa, la criatura no se animó a seguirla, y eso la desorientó. Hubiera preferido que Él entendiese sin más aquel juego, pero se dio cuenta que no era su culpa no comprender las sutilezas de esa travesura de seducción, por lo que supo que debería enseñarle.

Fue ella quien lo siguió sin que Él se diera cuenta. Ayudada por la Noche que vino en su ayuda para ocultarla mejor, lo siguió hasta su refugio. No pensó en otra cosa que en descubrir sus secretos, quería adivinar qué sentía y ver qué hacía. y mientras los ojos de ambos, aunque distantes, se quedaban extasiados en la Luna, supo que el hueco que había sentido en el rincón de su pecho ya no estaba vacío. Se sentía completa.

Cuando vio que estaba dormido, tratando de no despertarlo, se acercó y lo recorrió pausadamente con sus ojos; a la luz de la Luna aquel ser parecía más indefenso, eso la conmovió y sintió el fuerte impulso de tocarlo. Así lo hizo: apenas le rozó una mejilla con sus dedos y ese breve contacto bastó para saber que debería quedarse junto a Él. Se durmió a su costado, sin que Él lo sospechara.

Al amanecer del nuevo día ella ya estaba despierta. Quiso tener en su pelo toda la belleza de las flores para estar segura de agradarle a aquél que recién despertaba y mientras lo miraba con algo a lo que después nombró Ternura, tomó con gran dulzura el más pequeño de sus adornos florales y extendió la mano para que Él lo tomara. Aquel gesto le hizo entender sin duda lo que Ella sentía, y a partir de ese momento no se separaron nunca.

La mayor parte del día compartían caminatas recorriendo y explorando, maravillándose frente a cada sorpresa que les brindaba la Creación. Eva notó que Él también nombraba, las cosas que le interesaban, pero observó que lo hacían en forma distinta: Ella, como era su costumbre, entrecerraba los ojos buscando en el rincón de sus latidos la palabra que fuera más adecuada, Él en cambio las buscaba relacionándolas con las cosas que ya habían sido descubiertas, buscaba los nombres en su cabeza y no en su costado.

Supo que había sido la Luz la primera cosa a que Él dio nombre, y pensó que era muy adecuado, por lo que Ella también así comenzó a nombrarla.

Ella le enseñó otras cosas a las que había puesto descubierto y Él a su vez le mostró cuáles eran sus preferidas.

Le enseñó también cómo había intuido su propio nombre, por lo que a partir de ese momento Él comenzó a llamarla Eva. Cuando supo cómo Él se nombraba y por qué lo había decidido así, sintió otra vez lo que ya había llamado Ternura y con gran suavidad lo llamó Adán por primera vez. Saboreó el nombre y desde ese momento pasó a ser su palabra preferida.

Se pusieron de acuerdo para poder entenderse mejor y así, con sonidos y gestos comenzaron juntos a tejer un idioma que les permitió con el tiempo interpretar lo que el otro sentía y pensaba. Compartían el Tiempo, el Asombro, la Inquietud, la Alegría, los Juegos, la Contemplación, la Tranquilidad, el Bienestar, la Esperanza, la Dulzura…aprendieron a sentir que ya no eran Uno sino que se habían transformado en Dos que estaban unidos.

Un día, llegaron a un lugar a donde nunca antes habían estado. Se trataba de un inquietante bosque poblado de árboles de gran belleza y profusa vegetación. Como era su costumbre en sus frecuentes exploraciones se detenían a ver en detalle cada uno de los pájaros, animales y plantas con los que se topaban, palpaban las texturas, olían los perfumes, probaban los sabores, decidían cómo llamarlos…

Estaba Eva tratando de encontrar el nombre más adecuado para un pájaro que recién descubría y mientras entrecerraba los ojos para encontrar cuál sería el mejor, sintió que algo frío se deslizaba entre sus pies. Aquel contacto la hizo estremecer de pies a cabeza y a pesar que tuvo un extraño presentimiento, su curiosidad pudo más y comenzó a seguirlo. Como la mayoría de las veces era Ella quien tomaba la iniciativa en aquellos asuntos y Adán quien la secundaba, aún cuando cuestionaba sus decisiones.

Un árbol de una extraña belleza se encontraba en el medio de un claro. La Luz se filtraba entre sus hojas haciendo que sus frutos brillaran tentadores. Eran grandes y rojos y por algún motivo que no comprendía parecían ser más apetecibles que los de las otras plantas. A pesar de ello, ninguno de los Dos se decidió a tomar uno y probarlo. Algo les decía que era riesgoso, que no eran como los demás frutos de los que disponían libremente.

La Serpiente, que fue quien rozó con un frío intenso la calidez de sus pies, se deslizó sigilosa trepando por el tronco hacia las ramas más gruesas de aquél árbol desconocido y empujando con su cuerpo el más maduro de los frutos; hizo que éste se desprendiera de la rama y cayera al Suelo. Tuvo la impresión que se trataba de una invitación que les hacía la Serpiente; guiada por una fuerte tentación lo tomó y como siempre, quiso compartir con Adán aquella experiencia.
Tomando el fruto por su cabo, lo sostuvo frente a su boca y los dos lo mordieron al mismo tiempo. El jugo era dulce y gustosa su pulpa. Se sintieron muy complacidos y satisfechos, y mientras permanecían frente afrente, se miró uno en los ojos del otro y aún con el sabor delicioso de aquél fruto entre los labios, se fundieron en lo que juntos luego, nombraron como Beso.

Luego Eva sintió que todo era diferente. Tuvo la certeza de que estaban en ese lugar por alguna determinada razón aunque aún no la descubriera. Comprendió con claridad que no todo es lo que aparenta, no perdiendo nunca la inquietud por averiguar el por qué de las cosas.

Descubrió que los sentimientos se pueden expresar de mil maneras diferentes.. Supo que podían lastimarse con algunas de sus decisiones y también que sin querer podían dañar al otro a veces hasta simplemente con un gesto o una palabra. Descubrió junto a Adán la voluptuosidad de sus cuerpos y el sinfín de sensaciones que con ellos podían experimentar. Notó con sorpresa que Adán solía experimentar una extraña mezcla de Deseo y Culpa que lo trastornaba hasta llevarlo a pensar que eso que antes había sido tan natural, era en realidad una debilidad despertada por aquel fruto al que comenzaron a llamar Prohibido.

Por influencia de Adán su Razón pretendía pasar a dominar su Emoción y desde entonces los sentidos de las cosas no resultaron tan claros y sencillos como en un principio. Lo que antes era una existencia etérea, perceptiva y sin complicaciones pasó a ser una subsistencia concreta, pasional y reflexiva repleta de desafíos que muchas veces la inquietaban y le hacían resurgir aquella noción de fragilidad frente al mundo: se sabía vulnerable, pero al estar con su Adán su seguridad y sus fuerzas volvían a renacer.

En algunas ocasiones su vanidad de mujer le hacía creer que podía jugar con Adán como quisiera o que podía lograr que Él fuera como Ella deseara, pero cuando pensaba que al fin lo había logrado, volvía a experimentar esa sensación que la enterneció desde un principio y que le hizo querer estar siempre a su lado aceptándolo tal como era.

Descubrió que cada vez su vida se hallaría frente a vitales encrucijadas ante las cuales debería decidir, y que por muchos motivos caería sumida en una profunda congoja, añorando aquel pasado idílico del que habían surgido y al que siempre soñaba recuperar.

A veces culpó a la Serpiente por aquel fruto desconocido que le hizo probar, sabía que fue a partir de ese momento que le nació la necesidad profunda del conocimiento, de buscar la raíz de las cosas, tanto afuera como dentro de Ella, y a veces eso le pesaba y la hacía desear que aquel encuentro no hubiera sucedido. Pero después, inevitablemente, comprendía que algún motivo poderoso había querido que así fuera, que ese cambio era un crecimiento aunque implicara dolor.

El día que nació su primer hijo confirmó aquella convicción primordial que tuvo en un principio y que la hizo sentir plenamente reconfortada: se sintió parte esencial de la maravilla de la Creación; supo que Ella y Adán eran porciones vitales del Todo y que aunque las cosas aparentaran no estar unidas, todas sin duda, estaban conectadas entre sí por un hilo invisible que las mantenía en equilibrio, y para descubrir aquella magia, siempre y por fortuna, le bastaba cerrar los ojos, y echarse a volar.

sábado, 24 de enero de 2009

TRILOGÍA DEL PARAISO -Primera parte





UNA NADA CON NOMBRE

Cuando abrió los ojos una luz intensa lo deslumbró. No sabía lo que era. Se sentó, tratando de sacudir el infinito sopor que lo obnubilaba.

Se incorporó como pudo, sosteniéndose sobre sus pies vacilantes. Se mantuvo erguido por primera vez y casi sin saber por qué, dio su primer paso.

El suelo era firme y eso lo hizo sentirse con la confianza suficiente como para intentar caminar. Una vez que aprendió a equilibrarse, los movimientos se sucedieron con naturalidad y dejó de preocuparse. Se dedicó entonces a descubrir lo que lo rodeaba.

Había abundancia de plantas y animales, olores y colores. También miró por encima de Él, y vio que la luz intensa provenía de un punto imposible de mirar directamente sin deslumbrarse. Se descubrió las manos. Con ellas se recorrió entero, palpándose y sintiendo que era tan sólido como lo que lo rodeaba.
La belleza infinita de toda la Creación lo envolvía. Y en medio de ella se sintió solo.
La que llamó Luz fue cediendo al paso de lo que llamó Noche. Fue allí cuando comenzó a sentirse cansado y descubrió la necesidad de reposar. Buscó algo que le resultó más cómodo y se tendió de espaldas, sobre lo que al fin llamó Suelo, y si lo que estaba bajo él así se llamaba, decidió nombrar Cielo a lo que estaba arriba y ahora se llenaba de bellas luces diminutas. No supo porqué pero se sintió feliz.
Cuando abrió los ojos por segunda vez, se alegró de reencontrar lo que había descubierto la vez anterior. Volvió a experimentar la felicidad. Decidió explorar y conocer lo que aún no había conocido. Ávido por ver, escuchar, sentir, tocar y probar todo lo que lo rodeaba, continuó poniendo nombres a cada cosa que descubría. Se sintió satisfecho con la tarea que había hecho ese día y mientras otra vez llegaba la Noche quedó extasiado con el gran círculo blanco que se elevaba poco a poco sobre la línea que dividía el Suelo y el Cielo. Antes de cerrar los ojos por última vez ese día, decidió que sería Luna el nombre de esa luz.
Esa noche soñó con lo que había conocido en esos dos días de su corta vida, pero esta vez, no sintió la misma sensación de soledad de la noche anterior. Algo o alguien hacía que en su interior supiera que no era Él el único que tenía noción de existencia. Sospechó que en algún lugar al que todavía no había llegado esa Entidad esperaba que Él la descubriera.

Fue día nuevamente y se sintió satisfecho de sentir y andar. Se detuvo un momento junto a un lago. El Agua que ya había descubierto y nombrado, se encontraba allí quieta y serena, reflejando sobre ella todo lo que estaba sobre Él.
Algo que nunca antes había visto lo intrigó sobre manera. Al principio se confundió e intentó tocarlo sobre lo que resultó ser un reflejo. La imagen se desvaneció por el movimiento del Agua, pero al poco rato, volvió a mostrarse tan nítidamente como al principio. Comprendió con sorpresa que eso que el Agua le devolvía era su propia imagen. Fue la primera vez que tuvo real conciencia de su aspecto. Continuó contemplándose por bastante tiempo y comprendió cómo Él mismo era parte de esa inmensidad que lo rodeaba.

Esa tercer noche tardó en dormirse. Se quedó pensando en su propia imagen, mientras contemplaba las Estrellas que no dejaban de sorprenderlo.
Cuando cerró los ojos, otra vez, la misma sensación de que en esa inmensidad había Alguien más con conciencia de existir lo volvió a invadir, pero lejos de inquietarlo, la sola idea de que fuera cierto le bastó para hacerlo sentir íntimamente ligado con la inmensidad de la Creación.

Amaneció otra vez, pero al levantarse, se sintió diferente. No tenía la menor idea de qué le pasaba, pero en lugar de dejarse llevar por la aventura cotidiana de explorar y descubrir, ese día prefirió quedarse en un lugar que le brindó cobijo mientras la primera Lluvia que presenciaban sus ojos nuevos comenzaba a mojar el Suelo y todo a su alrededor.

Mientras contemplaba ese agua caer lánguidamente sintió que en su costado algo lo oprimía. No era algo externo, era más bien la sensación de saberse incompleto. Sintió que todo lo que lo rodeaba no era suficiente para llenar ese angustioso hueco que adivinaba cerca del lugar desde donde provenían los latidos de su pecho. Se sintió como nunca antes se había sentido. Llamó Angustia a ese vacío creciente y Llanto al agua que caía de sus ojos acompañando la lluvia primera.
Esa noche no hubo Luna ni tampoco pudo ver las otras luces menores. Buscó en vano la sensación de compañía que surgía cuando cerrabas sus ojos, pero no la sintió. Esa noche duró para Él más que las que había conocido y llamó Tristeza a lo que sintió cuando escuchó la caricia del viento rozándole su cara.

Fue día otra vez y el Sol salió intenso como ya se había acostumbrado. Cuando se puso de pie vio que había quedado un resto de Agua de la que había caído del Cielo esa noche, y al descubrir allí otra vez la imagen de su rostro reflejada descubrió que entre todas las cosas que había nombrado no estaba la de su propia identidad, eso que sabía que Él mismo era. Se nombró Adán, porque se sintió Nada en toda la Creación, y al hacerlo el hueco que sintió en su pecho durante la noche se volvió a abrir.

Un impulso que no pudo frenar lo hizo comenzar a caminar sin rumbo buscando algo que no comprendía. Quizás fuera lo que sentía que le faltaba. Quizás fuera la parte de Él que se le había perdido…

Cuando menos lo esperaba, la vio. Era bella, inquieta, esquiva. No quiso acercársele enseguida para descubrirla porque notó que era Ella quien lo estaba haciendo: de lejos lo miraba, tratando de esconderse detrás de unas hojas. Algo de esa criatura le resultaba muy tentador y lo incitaba a querer tocarla. Muy torpemente y con gran curiosidad se decidió a enfrentarla.

Ahora que se había acercado vio que la criatura dejaba de mirarlo. Por el contrario, le dio la espalda: poniendo su atención en una hermosa Flor que crecía junto al lago, ella la cortó y se la colocó entre sus cabellos, mientras la brisa los hacía mecer suavemente y el Sol parecía quedarse en ellos.

Inesperadamente comenzó a correr, desapareciendo entre la espesura. Adán no alcanzaba a comprender. Nunca antes había visto algo que se pareciera a Él y esa criatura, a pesar de ser muy distinta tenía algo que lo impulsaba a querer estar junto a Ella. En el rincón de los latidos de su pecho, sintió que el ritmo se aceleraba, como cuando decidía correr junto a la orilla del Agua en movimiento. No entendía qué era eso que sentía, pero supo que era bueno y que le hizo olvidar la Soledad.

Cuando la Luz volvía a ocultarse en el límite del Suelo, Adán volvió al refugio donde se había guarecido de la Lluvia la última Noche. No pensó en otra cosa que en aquel ser, tan parecido a Él y a la vez tan diferente, y mientras sus ojos se quedaban extasiados en la Luna, supo que el hueco que había sentido en el rincón de su pecho ya no estaba vacío. Se sentía completo.

Al amanecer del nuevo día, la criatura estaba junto a Él. No dejaba de sorprenderlo. Ahora eran varias las flores que llevaba entre sus pelo y mientras lo miraba con unos ojos intensos y hermosos, tomó con gran dulzura el más pequeño de sus adornos florales y extendiendo la mano insistió para que Él lo tomara. No supo por qué, pero aquel gesto sirvió para que ambos comenzaran a estar más tiempo juntos.

La mayor parte del Día compartían caminatas recorriendo y explorando, maravillándose de la misma manera frente a cada sorpresa que les brindaba la Creación. Adán notó que Ella también nombraba como Él lo hacía, las cosas que la sorprendían. Supo que habían sido las Flores a las primeras que dio nombre, y pensó que era muy adecuado, por lo que Él también así comenzó a nombrarlas. Ella le mostró otras cosas a las que había nombrado y Él a su vez le enseñó cuáles eran sus favoritas. Le enseñó también cómo Ella misma había decidido nombrarse, por lo que a partir de ese momento Él comenzó a llamarla Eva, y después que la nombró por primera vez, sintió cómo ese sonido borraba definitivamente el hueco de su costado.

Se pusieron de acuerdo para poder entenderse mejor y así, con sonidos y gestos comenzaron juntos a tejer un idioma que les permitió con el tiempo interpretar lo que el otro sentía y pensaba.

Compartían el Tiempo, el Asombro, la Inquietud, la Alegría, los Juegos, la Contemplación, la Tranquilidad, el Bienestar…aprendieron a sentir que ya no eran Uno sino que se habían transformado en Dos que estaban unidos.

Un día, llegaron a un lugar a donde nunca antes habían estado. Se trataba de un inquietante bosque poblado de árboles de gran belleza y profusa vegetación. Como era su costumbre en sus frecuentes exploraciones se detenían a ver en detalle cada uno de los pájaros, animales y plantas con los que se topaban, palpaban las texturas, olían los perfumes, probaban los sabores, decidían cómo llamarlos…
Un animal que ya conocían se deslizó por el Suelo en medio de ambos llamando su atención. Eva, como siempre más curiosa, decidió seguirlo inmediatamente. Él más cauto, esperó a que Ella lo llamara, cuando así lo hizo, se dirigió hacia donde Eva le indicaba.

Un árbol de mediana altura se encontraba en el medio de un claro. La Luz se filtraba entre sus hojas haciendo que sus frutos brillaran tentadores. Eran grandes y rojos y por algún motivo que no comprendían parecían ser más apetecibles que el de las otras plantas.

A pesar de ello, ninguno de los Dos se decidió a tomar uno y probarlo. Algo les decía que era riesgoso, que no eran como los demás frutos de los que disponían libremente, como si Algo en su interior les dijera que aquello les cambiaría sus vidas.

La Serpiente, (así había nombrado Adán a aquel animal que no tenía patas) se deslizó sigilosa trepando por el tronco hacia las ramas más gruesas de aquél árbol desconocido y rozando con su cuerpo el más maduro de los frutos, hizo que éste se desprendiera de la rama y cayera al Suelo.

Fue Eva quien lo alzó y como era su costumbre, quiso compartir con Adán aquel nuevo descubrimiento. Tomándolo de un extremo lo sostuvo frente a sus bocas y los dos lo mordieron al mismo tiempo.

El jugo de aquel fruto resultó ser dulce y gustosa su pulpa. Con sorpresa, se sintieron muy complacidos y satisfechos, y mientras permanecían frente a frente, se miró uno en los ojos del otro y aún con el sabor delicioso de aquél fruto entre los labios, se fundieron en lo que juntos luego, nombraron como Beso.

A partir de ese momento Adán entendió su realidad de modo diferente: tuvo conciencia de que estaban en ese lugar por alguna determinada razón, aunque nunca logró entender bien cuál era, desde ese momento se sintió en falta…como si hubiera hecho algo que no debía hacer, y fue así que por primera vez experimentó la Culpa, ese intangible límite que más de una vez hizo que llorara en secreto.
También a partir de aquella vez comprendió con claridad que a toda Causa le sigue una Consecuencia, teniendo desde esa ocasión urgencia por averiguar la Razón de las cosas.

Descubrió que podían usar lo que les rodeaba de maneras diferentes. Probó distintos diseños imitando las formas y aprendiendo de lo que observaban. Supo también que podían lastimarse con algunas de sus decisiones y también que sin querer podían dañar al otro a veces hasta simplemente con una palabra.
Aprendió a encadenar sus razonamientos a partir de las experiencias pasadas, superando los inconvenientes cuando más dedicación ponía en ello.

Pero lo que realmente trastornó su inicial inocencia, fue descubrir junto a Eva la voluptuosidad de sus cuerpos y el sinfín de sensaciones que con ellos podían experimentar. Una extraña mezcla de Deseo y Culpa lo trastornaba permanentemente hasta llevarlo a pensar que eso que en apariencia era tan natural, era en realidad una debilidad que la misma Serpiente le había despertado al comer de aquel fruto al que comenzó a llamar Prohibido.

Desde esa vez, comenzó a confundir la Razón con la Emoción y desde entonces los sentidos de las cosas no les resultan tan claros y sencillos como en el principio. Ante la Duda que lo invadía y los conflictos que fue descubriendo, Adán intentó hilvanar una especie de leyenda para ser transmitida a través de los tiempos: en secreto al principio y a los gritos después culpó a Eva por haberlo tentado con aquel fruto que le abrió los ojos al Deseo y la necesidad del Conocimiento. Hasta escribió textos denigrándola diciendo que la Serpiente, encarnación del Mal, utilizó la estrechez de razonamiento de Eva para manipularlo con sus redes de seducción. Inconcientemente la acusó de ser el origen de su cruel Destino sobre la Tierra, a punto tal que llegó a olvidar la similitud de sus orígenes para terminar engañándose a sí mismo pensando que su mayor Fuerza era síntoma de total Superioridad.

En sus ansias de posesión incluyó a Eva en la lista de sus pertenencias llegando a convencerse de que aquella noche lejana, en la que, mientras dormía, experimentara una extraña sensación de pérdida, Alguien o Algo le sacó una parte de su costado para hacer con ella a su futura compañera.

En algunas ocasiones su vanidad lo engañaba a tal punto que le hacía creer que podía convertirse en el Amo de todas las cosas, pero poco después volvía a experimentar esa sensación que lo apesadumbró desde un principio y que le hizo elegir cómo nombrarse: esa honda angustia primordial de saberse Nada frente a la magnitud de la Creación.

VAYAN PONIÉNDOSE EN CLIMA









Parece que este primer mes del año ha resultado ser (al menos para mí) el mes de las re ediciones, jeje…aprovechando la mudanza y considerando la buena voluntad de ustedes, fieles lectores, que según me dicen no se sienten defraudados al releer mis viejos escritos, he decidido volver a publicar una de mis primeras trilogías.

Si bien es algo extensa (sé que a algunos eso los desalentará un poco) disfruté mucho al escribirla y por eso quisiera compartirla también desde este blog. La misma narra un mismo suceso desde tres diferentes puntos de vista, cosa que me resultó un desafío interesante y el tema, súper atractivo.

Reiterando mis disculpas a quienes ya la leyeron (creo que son los menos) les iré dejando en entradas sucesivas los tres relatos que se agrupan bajo el título “Trilogía del paraíso”.

Como quizás se imaginen, el tema es el de la Creación de Adán y Eva. El primero, está narrado desde la visión de Adán, el segundo, desde el de Eva, y en el tercero…es Dios mismo quien cuenta las cosas tal como sucedieron.

(Nota: el relato de los acontecimientos desde el punto de vista de la Serpiente quedará para otra oportunidad, jajajaa)

Así que bueno, les dejo música e imágenes acordes y los invito a que se vayan poniendo en clima…en la próxima entrada les dejo la primer parte. (Si les resulta muy extensa, por favor sepan disimularlo! Jejejeje)




viernes, 23 de enero de 2009

PAPEL EN BLANCO (reedición)












(No es mi culpa tener que recurrir a viejos escritos!
...son las musas que hoy faltaron a al cita! jeje)

Marcha el reloj
y de la mano
del ritmo cansino de la noche
intento en vano
hilvanar alguna frase…
algún pensamiento
que logre
trasladar al papel
mis sentimientos.
Pero mientras miro la luna
y la inspiración imploro,
las agujas inquietas
que miden el tipo
se empeñan en correr
hacia la aurora,
que llega ya…
sin que me de cuenta,
y amenaza con volver
a descubrir sin voz
lo que es ya, sin pudor,
…un papel en blanco.




miércoles, 21 de enero de 2009

APOCALIPSIS (ojalá nunca sea realidad)










Con la convicción terrible de ser el único sobreviviente,
el último humano otea el horizonte buscando, en vano
algún atisbo de esperanza al que atar su corazón marchito.
Se puede tener fe sabiendo que se está solo?
Se puede enfrentar con alguna expectativa un mañana?
Será que nada queda ya por esperar, tan solo la muerte
que aguarda, ya sin apuro, para cobrar la última deuda?
Después del Apocalipsis sangrante al que la humanidad
a sí misma se condenó y ejecutó, el último ser pensante
que marcha ahora por sobre la Tierra, se detiene a imaginar
cómo hubiese transcurrido en cambio la historia, si aún
estando a tiempo y con esperanzas guardadas, la humanidad,
lejos de arrogarse ser dueña y señora de todo lo creado
hubiese en cambio asumido su esencia primordial
de ser apenas parte del polvo estelar que decidió juntarse.
Frente al infinito que se despliega en lo alto, incólume ante sus ojos
aquel pobre ser al que le tocó poner punto final a la memoria
de todo lo que fue, incrédulo contempla la nada que ha quedado
y deshaciéndose en un ruego que más semeja un delirio
irrumpe en llanto final, ansiando que hubiera sido otro su destino.

HEMBRAS

















Esto lo publiqué hace ya bastante en mi viejo espacio, y fue escrito pensando en todas esas mujeres fuertes, valientes, que tengo la fortuna de cruzar en este mundo de blogs y realidades virtuales en el que continúo navegando. Para todas y cada una de ustedes, amigas blogueras, que encuentran en este medio un lugar donde volcar sus sentimientos, sus sueños y sus desvelos, van dedicados estos versos.


P.d


(y por favor...que los hombres no se sientan desplazados! jejeje)




HEMBRAS

Para todas las mujeres
de la edad del tiempo
o mejor dicho, aquellas,
quienes lo han vencido.

Para esas mujeres
expertas en sueños,
a quienes los años
no siguen gastando
porque siempre ellas
consiguen, ganando,
a fuerza de lucha
y de espíritu puro
vencer las desdichas
que atacan el alma.

Para las mujeres
que en cambio renacen
siempre, entre cenizas,
juntando razones
para seguir amando.

Para esas mujeres
de libertad infinita
que de pronto un día
se miran por dentro
y deciden por siempre
seguir aprendiendo.

Para ellas, mujeres
de carácter terco
las que no transigen
ni se dan por muertas
a pesar de espantos
llantos y desdichas,
ellas siguen firmes
creyendo en sus manos,
en sus corazones,
y en los hombres sanos.

Para ellas, mujeres
de sonrisa fácil
de los “buenhumores”
que se nos contagian,
amigas enteras,
que desbordan magia
tanto en las bonanzas
como en destemplanzas.

Para ellas, mujeres
en las que me reflejo,
que navegan juntas
como un gran cortejo,
por estos espacios
de los “ciberespejos”
para ellas, todas,
simplemente,


...un beso.





martes, 20 de enero de 2009

LA BELLEZA DE LAS PERSONAS










Cada cual tiene su propia belleza interior esperando ser descubierta. Altos y bajos, gordos o flacos, todos tenemos un potencial dispuesto a ser desarrollado como parte de nuestra identidad.
Los esquemas y cánones de belleza estereotipados e impuestos por nuestras sociedades llega a ahogar y desalentar a quienes se ven marginados de esa ilusión de perfección con que se nos bombardea a través de los medios. Son muchísimas las mujeres (cuya imagen es considerada cuasi un objeto estético vacío de contenido) que sufren, principalmente, las graves consecuencias de esta tiranía de las formas a tal punto, que llegan a arriesgar su propia salud buscando asemejarse a los modelos estéticos considerados “bellos”.
La bulimia y la anorexia son dos graves ejemplos. Terribles historias personales se podrían relatar, espantosas imágenes de chicas esqueléticas que se siguen viendo “gordas”, huyendo del mundo al que terminan asumiendo como enemigo. Son temas muy complejos que escapan a lo que aquí quiero considerar, pero que sin duda se enlazan con la idea de esta entrada.

Siguiendo la invitación del amigo Sinhué llegué a un espacio abierto especialmente para contradecir los postulados de muchas páginas abiertas en Internet con el objetivo de fomentar la bulimia y la anorexia (Ana y Mía, en la jerga de ese oscuro micromundo). Leyendo algunos comentarios advierto ciertas tragedias personales relacionadas con complejos generados por el “exceso” de peso y el concepto arraigado de que “gordura” pasa a ser antónimo de “belleza”. No creo para nada que eso sea cierto.
Más allá de que las famosas tablitas de peso y estatura me parecen distorsionantes si se las toman como algo más que simples datos indicativos, el concepto de que alguien “rellenito” carece de hermosura y por consiguiente, una persona “flaca” es portadora de belleza, me parece también muy nocivo e inexacto.
Basta comprobar cuántas personas que no caen dentro del rango de lo que nuestra sociedad etiqueta como flaco tienen una personalidad arrolladora, una hermosura y paz interior que trasciende al exterior y que se manifiesta a través de una personalidad de gran belleza, tanto física como integral. Por el contrario, personas consideradas delgadas trasuntan una personalidad conflictiva, dura, mezquina, desequilibrada que lejos están de generar lo que se asimila con “belleza”.

Quien se acepta en sus aspectos positivos (todos los tenemos, sin dudas!) tienen el camino allanado para lograr potenciarlos y manifestarlos exteriormente en forma estética y equilibrada.
Sobran los ejemplos de personas que, lejos de contar con un rostro de los etiquetados como “perfectos” potencian los atributos de que disponen de tal manera que logran trasuntar una imagen realmente bella. Miren el caso de Bárbara Streisan, sin ir más lejos. Portadora de una nariz que hubiese acomplejado a muchas, lejos de limitarla en su autoestima, ese rasgo contribuyó, equilibrándose adecuadamente con otras particularidades de su personalidad, a darle una muy agraciada imagen, envidiada por muchos.

Con el peso y la estatura sucede lo mismo. Se puede irradiar una imagen estéticamente muy agradable sin estar dentro de los cánones estereotipados de lo que nos venden como “belleza”.
El amor y el respeto con que nos veamos a nosotros mismos tienen mucho que ver con ello. Sólo es cuestión de aceptarnos, mirarnos con objetividad, buscar qué aspectos deberíamos resaltar, potenciar, disimular, equilibrar y asumir que valemos, que somos tan únicos y bellos como el que más, que nuestra belleza real está allí, en nuestro interior, como una gema sin trabajar, lista y esperando, dispuesta a relucir cuando nosotros mismos nos decidamos a descubrirla.


lunes, 19 de enero de 2009

PAZ









Puede ser mucho más
que una palabra.

Puede ser más
que un simple gesto
de esperanza
y fraternidad.

La paz puede ser
la diferencia
entre la vida y la muerte,
entre el nacer
o morir
de niños inocentes,
de hermanos
lejanos
de los que no conocemos
ni virtudes
ni nombres

pero igual con un lazo
de conexión invisible
con ellos andamos
habitando este mundo
que con odios y guerras
se desangra en horror
clamando por no morir.




domingo, 18 de enero de 2009

NOSOTROS Y EL TIEMPO








...2009 años, a partir del momento en que elegimos comenzamos a contar, y otra cantidad bien diferente si elegimos como inicio otro hito fundamental dentro de la Historia.

La Humanidad, en su afán de dominar el Tiempo, siempre ha sido amiga de mensurarlo y numerarlo como si se pudieran contabilizar así los infinitos momentos de tristezas y alegrías individuales, o la incesante sucesión de guerras, hazañas y demás etcéteras colectivos que en perpetuo paso cíclico han ido trazando desde un principio (desde ese momento impreciso en que un primate se transforma en humano) el constante avance de nuestro trayecto.

El recorrido incierto, cruento, contradictorio, maravilloso y trascendente de esta Humanidad a la que pertenecemos (como las células son parte activa dentro de un gran organismo complejo y unitario) no se detiene, y a tientas continúa su marcha sin saber bien hacia dónde (o sí, pero por lo mismo nos angustia). Es esa incógnita existencial lo que más nos inquieta y trastorna.

El Tiempo, ese implacable tirano que nos precipita constantemente hacia un Destino al que nadie puede escapar y al que a todos iguala, tiene a la vez la extraordinaria cualidad de resultarnos breve en los momentos de gozo e interminables en los de agonía. De qué sustancia estará hecho que no alcanza a ser presente para inmediatamente transformarse en pasado, y así, atormentarnos con nuestra incapacidad de asirlo y poder detenerlo?

Quién pudiera dominarlo para retener los recuerdos más alegres y la compañía de los que se han ido! Pero si así fuera, esa capacidad idílica se volvería nuestro propio freno en el crecimiento constante y en al maduración de nuestros espíritus.

Así que no veamos al paso del Tiempo como enemigo que nos cerca y amenaza. Veámoslo más bien como compañero que nos induce en el crecimiento constante que implica el vivir, veámoslo como el punto de fuga en la perspectiva de nuestras historias, la dirección hacia la que se encauzan nuestros días y desde donde, a la vez, se inician.

Somos una infinitésima fracción de segundo dentro de la historia de la Humanidad, pero a la vez, esa línea temporal no sería la misma si faltara nuestro munúsculo trazo. Somos mínimos pero irreemplazables, temporales, pero a la vez eternos, porque cuando nos hayamos ido permaneceremos en la memoria de quienes nos amaron y aún después, si nuestra pequeña huella dejara su impronta en el bienestar de nuestro entorno.

Cada día es una nueva oportunidad para iniciar la construcción del mañana...no lo olvidemos!





sábado, 17 de enero de 2009

MENSAJES










Desde aquí, en un nuevo principio

frente a un año, recién estrenado

se renuevan las viejas promesas,

se transforma la magia guardada.

Prometiendo auxiliar a la suerte

brindaré por los logros ganados

Honraré a mis viejos ausentes

celebrando lo que es bien amado.

Lucharé por un mundo plausible

construyendo futuros deseados


Soñaré, aunque suene a imposible

enfrentando al prejuicio indeseado.

Pugnaré a que con nuevas palabras

mi optimismo se quede engarzado.

Desde aquí sembraré mis semillas

(que el viento virtual las reparta)

y en profuso reguero de estrellas,

entre versos e historias contadas,

hasta a ti, mi mensaje y mis huellas

llegarán como voces doradas.





viernes, 16 de enero de 2009

TODO Y AUNQUE











Todo tiene una razón…aunque tú no la comprendas.
Todos tienen inquietudes…aunque tú no los entiendas.
Todos sueñan imposibles…aunque tú los desmerezcas.
Todo tiene consecuencias…aunque tú no las adviertas.
Todo tiene antecedente…aunque tú no lo consientas.
Todos tienen lado débil…aunque en ti se muestren fuertes.
Todo tiene algún final…aunque cueste que lo aceptes.



jueves, 15 de enero de 2009

MEME

























Recibí la invitación a continuar este Meme (aprendí el significado de esta palabra el año pasado!) de parte del amigo Sinhué, a quien agradezco la deferencia.
Según parece es un premio en cadena que va de blog en blog.






Esta compuesto de varias preguntas y a continuación hay que especificar los 5 blogs a los que se debe enviar la invitación el meme y entregar el premio.




Mis respuestas son las siguientes:




1- ¿Qué te motivó a escribir el blog?



Mi inquietud de explorar y conocer cosas nuevas (cuando comencé con mi primer espacio en Spaces, ni siquiera sabía de qué se trataba)




2- ¿Consideras que escribes bien?


Tipeo pésimo!





3- ¿Cuál sería un adjetivo (o varios) para describir tu blog?


“Reflexivoexpresivomanifiesto”




4- ¿Has pensado a veces que se ha vuelto una obligación?¿Cuándo?


Hasta ahora no




5- Seguro que hay blogs que no te gustan ¿cuáles? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por qué?


No me gustan los que están dedicados a “entendidos”, sea cual fuere la temática



6- ¿Comentas a veces por obligación?


Me impongo la obligación de contestar a todos mis amigos que actualizan, y cuando lo hago, me esmero en dejarles comentarios relacionados con los que han escrito, aunque sean muy breve.




7- ¿Cuál es tu post preferido de este año?


Todavía no lo he escrito




8- ¿Cuál es tu blogger preferido? No valen preferencias afectivas.


No tengo, sí en cambio tengo personas con las que he hecho una gran amistad y me encanta leer.




9- ¿Temes que algún día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentar?


Perdería todo el encanto si notara que la gente pasa sin leer. En ese sentido, mis dos viejos blogs en Spaces me dejan un gustito amargo al haber perdido la asiduidad de los visitantes que solían pasar.




10- ¿Qué crees que no serías capaz de escribir?


Insultos gratuitos o groserías.




11- ¿Piensas que un blog es una especie de terapia?


Puede servir, si se lo asume de esa forma.




12- Una pregunta que te gustaría contesten tus lectores.


¿No les aburren mis textos largos?




Le doy el meme a:
Quien quiera continuarlo…

y perdonen si esto resulta mala onda,
pero prefiero que quien realmente quiera sumarse lo haga espontáneamente
y no porque se sienta en el compromiso de aceptar la invitación.








miércoles, 14 de enero de 2009

PORQUE SÍ










Porque no es fácil ser optimista
cuando el mundo nos asusta

Porque es complicado sonreír
cuando lejos, (o cerca) alguien llora

Porque caer en la tentación
de querer abandonar el barco

es cosa común y entendible
…y a más de uno le pasa.

Porque hacen falta más manos tendidas
hombros anchos y corazones diáfanos.

Porque elegir “dar” es mejor que “recibir”
y entregarse es mejor que negarse.

Porque nadie es perfecto y aceptarlo
es ser honesto con uno mismo.

Porque quizás conociéndose
es como mejor se empieza

Porque el mundo se inicia en nuestro entorno
y es ahí donde debemos intentar el primer paso.

Porque elijo la coherencia
entre lo que digo y hago…

Aquí estoy…tendiendo manos
ofreciendo hombros, consolando llantos

Sonriendo, escuchando, dando y recibiendo
aceptándome y asumiéndolo.

Proponiendo en nuestra vida
el inicio del comienzo

para poder dar, poder hacer, poder intentar…
…aunque algunos crean que pecamos de inocentes.






HIPOCRESÍAS










Hipocresía…
por lo que es y no se quiere ver
por lo que se niega
y aún así existe
por las verdades a medias
por las falsas dialécticas
por las promesas incumplidas
por la moralina
del que no tiene principios.
Por la ambigüedad
del que no actúa con firmeza
…por no hacer lo que se debe
y por hacer lo que no se aconseja.







martes, 13 de enero de 2009

UN TÉ ENTRE TIGRES Y LABERINTOS (inspirado en una historia real)







(...y siguen las re ediciones! ...sepan disculpar!)


Ella era estudiante de filosofía y letras. Desde siempre se supo una exigente lectora, no todo lo que caía en sus manos era de su agrado, siempre fue muy selectiva, y como tal tenía en su personal escalafón de escritores a dos o tres que concebía como genios, como los que realmente tendrían que estar siempre en el podio de la excelencia.

Entre ese grupo estaba el que eligió para realizar su tesis final, sobre él quería escribir, quería poder entrever esa magia del que escribe y con ello consigue despertar no sólo la imaginación del lector sino que también lo acompaña en la búsqueda profunda del significado de la vida.

Sabía que su proyecto era pretencioso, sabía que por eso mismo corría el riesgo de que resultara el peor de los fracasos. Pero siempre fue caprichosa en las decisiones que tomaba y una vez que se decidía por algo no había quien lograra hacerla cambiar de opinión.

Preparó y repasó el proyecto una y mil veces. Buscó todos los datos de las biografías que de él se habían escrito. Aprendió cada detalle de su vida y obra hasta sentir la sensación que ella misma la había vivido. Releyó cada libro, cada poema, cada cuento, con la minuciosidad de quien está a punto de enfrentar un momento decisivo y sumamente esperado y no quiere dejar detalle en manos de la improvisación.

Recurriendo a las mejores fuentes consiguió el número de teléfono del maestro.

No lo podía creer, estaba frente a la posibilidad cierta de concertar una entrevista con aquél que desde niña le abriera las puertas de la poesía y el amor por la literatura.

Sabía también, que eran muy pocas las probabilidades de que pudiera concertar una entrevista, el hombre era ya mayor, sumamente famoso y muy solicitado por todo tipo de medios. Precisamente en esos días había tenido oportunidad de ver por televisión un reportaje que le habían realizado en un programa de un canal capitalino. El entrevistador estaba a la altura de la situación, pero más de una vez había resultado, a su criterio, demasiado obvio en las preguntas que realizaba, perdiendo la oportunidad de explorar en aspectos de la obra del escritor poco difundidos.

Precisamente a ella le interesaba bucear en ellos para intentar conectarse particularmente con los pormenores del proceso creativo y la inspiración en cuanto a los temas filosóficos que sostenían la obra literaria.

Se le ocurrió pensar que tal vez no debía pretender demasiado de la improbable entrevista, y muchas veces se veía tentada de abandonar lo que sin lugar a dudas sería un privilegio al que pocos y muy selectos personajes pudieron acceder.

Pero como además de joven era terca, no quiso darse por vencida sin intentar. Hizo una guía de lo que debía preguntar cuando la atendieran por teléfono, porque no quería que la memoria le jugara una mala pasada. Se esmeró por ser concisa pero sin dejar de dar detalles sobre su particular admiración sobre la obra del maestro. Apelaría a la humildad que había escuchado tanto alabar en él, porque a pesar de encontrarse en el momento de mayor fama y prestigio, se decía que el hombre era muy sencillo y de buen trato.

Al fin se decidió y cuando ya tenía resuelto el tema del viaje y del hospedaje, juntó coraje y marcó el número.

El teléfono sonó varias veces sin que nadie lo atendiera, cuando ya estaba por colgar, una voz de mujer preguntó quién hablaba. La joven tartamudeó un poco al principio, pero enseguida logró encaminar correctamente la conversación, presentándose para solicitar la entrevista. Apenas unos minutos más de espera y la respuesta la dejó casi sin palabras. El viejo escritor aceptó de buen grado recibirla, acordándose una tarde de la siguiente semana para concretar la reunión, que sería obviamente en su casa, ya que el hombre, ya muy mayor y ciego, no quería trasladarse.

La rápida resolución de los acontecimientos la tomó por sorpresa, quedando perpleja por lo fácil que le había resultado aquello que desde el vamos intuyó como una verdadera locura, muestra de su gran desparpajo rayano en la imprudencia.

Luego que le dejaran de temblar las manos hizo una lista con las preguntas que tenía en mente para organizar la entrevista, aunque creía que lo mejor sería, si la situación así lo permitiera, dejar que el maestro hablara libre, sin la insidia de preguntas preconcebidas.

Estuvo cavilando el resto de la semana por el cariz que prefería tomara la reunión, no quería parecer irreverente, pero tampoco convencional. Ni uno ni lo otro sería bueno para evitar que el encuentro se convirtiera en algo muy breve que no rindiera buenos frutos. Toda esta tensión y la ansiedad que le producía el hecho próximo de encontrarse frente a su admirado escritor hacía que, por momentos, el objetivo último del encuentro, que era realizar la tesis decisiva de su carrera, pasara a segundo plano, siendo suficiente como logro, el privilegio que iba a tener: estar frente a frente con uno de los más grandes de la literatura contemporánea.

Los días pasaron más lento de lo que ella deseaba, pero al fin la fecha señalada llegó, y la joven emprendió su tan esperado viaje a la capital.

La ansiedad era tal que ni siquiera se detuvo en disfrutar de los árboles recién reverdecidos, ni de las primeras flores de la primavera que había coincidido en llegar con ella.

El edificio de departamentos estaba ubicado en una elegante calle de la zona más tradicional de la ciudad porteña.

Anunciándose por el portero eléctrico, la misma voz de mujer que la había atendido en el teléfono, la invitó a subir.

Sin exageraciones ni carencias, la suntuosa lámpara de cristal que señoreaba en el techo de yeso decorado con molduras despertaba respeto a quien cruzaba por primera vez aquel hall.

Un espejo de bordes biselados duplicaba su figura que parecía, sin motivo, haberse vuelto más pequeña.

El ascensor subía lentamente, mientras su corazón, por el contrario, se aceleraba con rapidez.

Apenas unos segundos frente a la puerta del departamento, y una señora mayor, de aspecto sencillo, la invitó a pasar hasta la sala, donde, envuelto en la tenue luz de la tarde, el viejo escritor se encontraba solo, sentado en un sillón de pana roja, con sus manos cruzadas reposando sobre su bastón que formaba parte inseparable de su persona desde que se había quedado ciego.

Con la mirada lejana, atento a los menores sonidos, aquél hombre sabio y discreto, la esperaba para satisfacer su más atrevida ocurrencia. Con un hilo de voz, apenas pudo pronunciar su nombre cuando la criada la presentó y el hombre, mirándola sin verla, le extendió la mano para saludarla.

Sin duda su nerviosismo la delató, el temblor que la recorría de pies a cabeza no pudo pasar desapercibido, a pesar de la ceguera.

Con una inesperada calma, el hombre fue el que comenzó a preguntar, allanando el camino que hasta ese momento se presentaba cuesta arriba.

Poco a poco y sin que ella se diera cuenta, ya estaban hablando de literatura, recuerdos, anécdotas, viajes, familia, regalándole así la vida, aquella oportunidad reservada para unos pocos.

El anciano le relató los pasajes de su niñez, muy especial y solitaria, debido al temor que sus padres tenían de que él y su hermana contrajeran alguna enfermedad - comunes en aquella época - por lo que crecieron entre las paredes de la casona familiar, educados por varias institutrices y rodeados de libros.

Una a una se sucedieron las anécdotas y el tiempo parecía revivirse para los apagados ojos del anciano y para su embelezada interlocutora. Por momentos se dedicaron a recorrer, él con la memoria y ella con los ojos, los maravillosos tesoros de su biblioteca.

Hablaron de tigres, de laberintos, de la magia de los espejos. No faltó a la cita el tema de la muerte ni tampoco el de la búsqueda de la trascendencia. Cada una de aquellas palabras tan ciertas volaban blandamente desde los labios del anciano hasta el corazón de la joven.

De improviso, el ama de llaves entró a la sala y le preguntó si le resultaba inconveniente que ella se ausentara por una media hora, para realizar unos trámites. La joven, bastante confusa, le dijo que no había ningún problema, que no tenía límite de horarios, por lo que podía salir tranquila. La mujer le agradeció y se fue enseguida.

Mientras la charla se hacía cada vez más amena, un viejo reloj de pared sonó anunciando que ya eran las cinco de la tarde, - hora del té – interrumpió gentilmente el hombre, y con una de sus más abiertas sonrisas la invitó a dirigirse hacia la cocina, donde le pidió, si era tan amable, de preparar ella misma el té que iban a compartir.

Aquel pedido singular la hizo otra vez entrar en la noción de lo extraordinario de la situación que estaba viviendo: no sólo había podido concretar una larga y fructífera entrevista con el autor de los mejores poema y cuentos que había leído en toda su vida, sino que , además, ahora se le había agregado el privilegio, no sólo de ser invitada, sino de preparar con sus propias manos, el té que una tarde muy especial de primavera, el señor Jorge Luis Borges iba a compartir con ella conversando ambos en la cocina de su casa.




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